Archivo de la categoría: ME LO DAN HECHO

Compendio destacado de restaurantes, chigres, bares, cafeterias..etc que merecen la pena ser visitados

Cibo


Cibo – Blvd. Príncipe Alfonso von Hohenlohe, 11 – Marbella   Tlf: 952 900 380

Hoy os hablaré de un restaurante italiano que me ha sorprendido por su calidad y del que estaba lleno de prejuicios, en el que casualmente acabé cenando durante mis pasadas vacaciones.

Son muchos los años que llevaba viendo este local, esta casi pegado a uno de mis restaurantes thai favoritos de Marbella, y a pesar de que siempre lo veía lleno, me echaba para atrás el hecho de que la gran mayoría de clientela es extranjera.

Al escribir este articulo y buscar información, descubro que pertenece a Metro Group, que cuenta con una serie de restaurantes y bares distribuidos entre Marbella, Puerto Banus, Benalmadena y Puerto Cabopino.

Los de Puerto Banus los conozco todos de hacer mi paseillo: el piano bar Joys Live, una brasseria americana como el Jacks Smokehouse, y el restaurante hindú Mumtaz.

Esta ha sido la confirmación de que son negocios orientados al turista, sobre todo de habla inglesa pues no hay más que echar un vistazo a su web y al Facebook para comprobar que el ingles predomina.

Superado ese primer rechazo, insisto una estupidez por mi parte, ya dentro del Cibo (alimento, comida en italiano), se trata de un amplio local con una buena terraza. La decoración es muy agradable aunque el rollito de leds multicolor no le pega para nada.

El servicio fue de lo más amable y el horno de piedra, sin duda una garantía en las pizzas. Para acompañar unos grissini que venían con cuatro salsas a parte, pedimos la archiconocida birra Peroni, que en este caso era de barril, algo que mejora esta suave elección.

De primero una ensalada cesar con pollo a la parrilla, que además de los clásicos ingredientes,  incluía unas llamativas anchoas.

La pizza elegida fue una de champiñones con queso Fontina y aceite de trufa, excelente tamaño y calidad además de una masa de grosor y crujiente ideal.

El otro plato elegido fue una pasta, unos fettuccine gamberetti con langostinos, ajo, guindilla y limón. Una de las mejores pastas que haya tomado fuera de casa.

En conclusión, los prejuicios nos llevan a errores y me recuerda al lema del anuncio de Aquarius: “convierte tus prejuicios en posjuicios”.

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Nobu


Nobu Marbella – Blv. Príncipe Alfonso von Hohenlohe, s/n – Marbella   Tlf: 952 778 686

El lujo asiático ha desembarcado en las costas españolas este verano. Si el 15 de junio se inauguraba el restaurante Nobu en Marbella, en el complejo del Hotel Puente Romano; quince días más tarde se inauguraba el Nobu Hotel Ibiza Bay en la Bahía de Playa Talamanca, un resort 5* que por supuesto incluye la oferta gastronómica junto a otros tres restaurantes.

En Marbella, ya se está trabajando para abrir durante la primavera  de 2018, las primeras 49 suites del proyecto hotelero que complementará el restaurante, en su misma ubicación de Puente Romano.

¿Qué y quien esta detrás del Nobu?. Nobu es el apodo por el que se conoce a Nobuyuki Matsuhisa, un japones de 68 años más famoso que el emperador Hirohito y Yoko Ono juntos, si al mundo de la gastronomía y el business lo trasladamos.

Habiéndose desplazado hace más de cuatro décadas a Perú desde su Saitama natal, en 1987 se instaló en Los Ángeles para acabar creando un imperio gastronómico que abarca 32 restaurantes en 28 ciudades punteras, bajo las marcas Nobu y Matsuhisa.

Pero, ¿cómo haciendo sushi y friendo tempuras uno llega a este nivel empresarial?. Pues supongo que por trabajo, carisma, visión y estar en ese sitio ideal en un tiempo concreto. Hollywood, la gran meca del cine conoce de muchas historias de éxito y fracaso, y cuando el actor Robert De Niro y el productor Meir Teper se cruzaron en la vida de Nobuyuki, se empezó a escribir el guión de una oscarizada mega producción.

Una cosa lleva a la otra y este poderoso trió se ha diversificado al mundo hotelero, abriendo su primer hotel en Las Vegas en 2013 dentro del Caesars Palace. A fecha de hoy ya tienen abiertos además en Miami, Malibú, Manila, Riad, Londres e Ibiza y pronto sumarán el de Marbella, Chicago, Los Cabos, Toronto y Barherin.

Estás cosas pasan con más frecuencia de la que creemos, el mundo del cine, deporte y espectáculos en general mueve mucho dinero y los inteligentes bien asesorados buscan la diversificación. Ahí tenemos un ejemplo muy español como es Tatel, proyecto tras el que están Rafa Nadal, Pau Gasol, Enrique Iglesias y el recién incorporado Cristiano Ronaldo.

Grandes inversiones buscan grandes rentabilidades y al final de toda la cadena, lo paga el consumidor con precios desorbitados. Si te compras un Ferrari, no te puedes sentir engañado cuando te cobren por la revisión 2.000€, ya sabes lo que hay.

No pretendo hacer crítica negativa pues cada cosa tiene su clientela y la del Nobu es elitista, con listas de espera. Por suerte gente adinerada nos visita, somos referente turístico y el chiringuito convive perfectamente con decenas descorchadas de Dom Perignon o Cristal, cada uno debe saber donde está su sitio.

Tengo claro que mi sitio natural no se encuentra en el Nobu, de hecho os confieso mi incomodidad cuando lo visité en Miami Beach hace doce años, me sentí que estaba de prestado con todo el mamoneo y postureo que me rodeaba. Todo esto no quita para que uno pueda vivir y contar experiencias e incluso disfrutarlas, aún cuando sabes que te van a afeitar el bolsillo, sarna con gusto pica menos.

Vale que pagar 18€ por un cocktail u 8€ por una Sapporo es una sobrada, pero doy gracias que no me gusta el vino porque leyendo el artículo de Carlos Maribona en su Salsa de Chiles del ABC, su título lo deja bastante claro, Crónica de un disparate.

Dejemos los preludios y pasemos a lo que realmente interesa, la experiencia de Nobu Marbella. El hotel Puente Romano no era ningún desconocido, dentro de su precioso patio ajardinado ya había disfrutado de las maravillas que Dani García ofrece en su restaurante 2* Michelín y Bibo.

Precisamente, por conocer el entorno, mi petición de reserva fue para la terraza y en horario guiri, cena a las 8:30pm. En septiembre los días se acortan mucho y quería mostrar a mi novia el recinto aún con luz solar, que por otro lado me venía mucho mejor para las fotos.

El Nobu se encuentra en la parte alta, decoración minimalista, profusión de maderas, porcentaje de mesas bastante parejo entre las de la terraza y las del interior. Me gusta que muchas de ellas sean redondas y el resto utilizan bancos.

Destaca su barra de sushi con capacidad para unos 10 comensales y como gran elemento decorativo una bodega vista iluminada. En la terraza tienen una barra de bar desde donde ofician la bebida y otra denominada lounge donde poder alternar con música.

En general, el ambiente del patio es muy bullicioso y a medida que pasan las horas se convierte en ruidoso. Los españoles tenemos fama de hablar alto, pero los extranjeros en cuanto se cargan de alcohol son más escandalosos que una granja de ocas y se vuelven obnoxious con aires de prepotencia.

Nos identificamos en la recepción y cuando nos acompañan a la mesa todo el personal al unísono nos da la bienvenida coral en japones, irasshaimase!

Por defecto, el idioma que emplean es el ingles, algo muy común en Marbella y que como español me molesta mucho. Afortunadamente, al contrario de muchos establecimientos en Puerto Banus, al identificarnos como nacionales emana el acento y gracejo andaluz.

Si no os empapizasteis con el precio y os ha dado por seguir leyendo, los cocktail elegidos fueron el Yuzu Kumquat Cooler (kumquat, naranja, menta, vodka Ketel One Citron, yuzu y limonada) y el Peruvian Caipirihna (pisco, lima fresca, shiso y cerveza de jengibre).

Comenzamos con unos tacos de sashimi al estilo Nobu, el de salmón con miso picante y el de wagyu con salsa ponzu picante. Excelente bocado, literal, con ese tamaño va todo de una sentada.

Seguimos con un temaki de cangrejo de concha blanda. No se si es por su forma cónica o porque son más grandes, los temaki son mi sushi favorito.

Turno de los maki roll. El de anguila y pepino junto con el especial de la casa que llevaba varios pescados se sirven en formato seis unidades. Deliciosos, al nivel esperado.

Rematamos con algo que debería ser más contundente, aunque ya sabemos que el japones no es excesivo en su gastronomía. Un toban-yaki de ternera con setas y verduras para el que incorpora una salsa de sake, yuzu y soja. Se trata de una sabrosa elaboración hecha en ese plato cerámico, cuidado de no quemarse.

Comer en un japones para aquellos que somos de buen diente y salir satisfechos en cuanto a cantidad, es algo que nunca he conseguido hacer por menos de 100€, pero cuando superas estas cifras con creces y acabas comiendo una hamburguesa a las 12 de la noche en Puerto Banus para no irte a dormir con esa sensación de estomago vacío, parece que duele un poco.

Que si, que los restaurantes japoneses son caros, que todo estaba muy bueno, que la calidad del producto es innegable, que el ambiente es exclusivo pero señor@s, por lo pagado prefiero cruzarme el patio y coger una congestión en el Bibo de Dani García.

A un par de kilómetros en el centro de Marbella tengo el Takumi que nada tiene que envidiar y en Tenerife el Kazan, un Estrella Michelín japones del que no te arrepientes de pagar ni uno solo de sus euros.

La experiencia en el Nobu Marbella me ha dejado igual que el Kabuki Abama, satisfecho por la calidad, contento por la experiencia, pero hambriento y desperrado.

Lobito de Mar


Lobito de Mar – Blvd. Principe Alfonso von Hohenlohe, nº 178 – Marbella  Tlf: 951 554 554

Desde que escuche las primeras noticias sobre el nuevo proyecto de Dani García en Marbella, reconozco que a medida que iba conociendo mas información, mi entusiasmo crecía exponencialmente.

Ese entusiasmo se veía alimentado por el hecho de tener una parte de las vacaciones en Marbella, para ese entonces la apertura y los primeros meses de rodaje ya serían una realidad.

Lobito de mar es uno de los nombres con el que se conoce al cazón, un escualo santo y seña de la cocina andaluza costera. Desde Almeria a Huelva, pasando por Granada, Málaga y Cadiz, este pescado adobado forma parte de las clásicas frituras.

¿Que buscaba Dani con la apertura de su bar resalao?, ni mas ni menos que la reivindicación de una cocina tradicional de la costa malagueña a precios democráticos. Producto de gran calidad, tratado con mimo para el que utiliza técnicas tradicionales revisadas y mejoradas.

El espeto es tan malagueño como Picasso, es uno de los patrimonios de sus playas. El chiringuito, con sus barcas anexas llenas de arena y las brasas proyectando el calor a unas tradicionales cañas que con la inclinación adecuada y su pescado ensartado, aportan ese delicioso sabor ahumado al que nadie se puede resistir.

Dani es un amante y estudioso de la cocina asiática, pero sobre todo en Japón ha encontrado la pureza y veneración a las especies marinas, que con técnicas milenarias que a priori resultan simples buscan la excelencia en la textura. El sangrado, el corte, la fritura son secretos que su amigo y colega Nobuyuki “Nobu” Matsuhisa ha compartido, un nuevo vecino de élite en las instalaciones del hotel Puente Romano.

Entre esas técnicas renovadas de las que os he hablado, se encuentran los espetos horizontales. Boquerones, jureles y salmonetes de roca tendidos y prendidos por la cabeza para cocinarlos casi intactos a la lumbre de unas brasas de olivo.

Otro de los clásicos que se puede encontrar en cualquier chiringuito de la costa española son las paellas, esas que nos han dado fama internacional. En Lobito de Mar se afanan por conseguir unos arroces donde el fuego de unas brasas de sarmiento (3kgs por paella) es el buen comienzo que este, a veces vilipendiado manjar, requiere.

En la zona del Levante, los puristas los considerarían arroces y no paella, algo que en Lobito de Mar se encargan de matizar. Se trata de paellas andaluzas con alma alicantina, para las que emplean 6 y 10 veces más de caldo por peso de arroz, dependiendo si se trata de un arroz seco o meloso.

Situado en plena Milla de Oro, el local que ocupa Lobito fue en su día El Portalón, un restaurante de carnes que durante el esplendor de finales de siglo acogía a lo mas granado de la Jet Set y de esos infames políticos que tanto daño hicieron al pueblo y al turismo marbellí.

Si algo he observado en esta ultima visita es el renacer de una nueva Marbella, mas sosegada y menos excesiva, un levantar cabeza para volver a posicionarse como uno de los destinos privilegiados de los cinco continentes.

Lobito de Mar es un chiringuito urbano, eso si, con mucha clase y gusto, ese que caracteriza a todos los locales del Grupo Dani Garcia. Una estética que no se queda en la fachada, detalles como los diseños gráficos de cartas, las tarjetas de visita, la barca con la cuenta espetada, la cortesía de las botellas de agua a la entrada/salida, el numeroso y amable personal (68 lobit@s) y detalles como una copa de champagne por las molestias de reubicarnos a otra mesa, son muestras de la elegancia y know how a la hora de regentar un local puntero.

El local cuenta con parking propio y lo primero que nos encontramos es una agradable terraza donde poder tomarnos el aperitivo, el cafe o una copa nocturna de esa magnifica carta de atractivos cocktail.

Cruzamos la puerta roja de entrada y el pequeño hall nos emboca a la mesa de recepción desde donde nos acompañan a nuestra mesa. A primera vista, bajo la cúpula, una gran barra de bar que delimita de manera abierta dos áreas, una mas informal de tapeo con mesas altas a nuestra izquierda y otra con diferentes comedores mas formales a nuestra derecha.

Mención especial merece el escaparate del Tiffany del mar, uno queda alelado por el tamaño de un mero o por la frescura de sus carabineros, salmonetes, langostinos de Sanlúcar, cigalas del Atlántico andaluz, gambas roja de Garrucha, rodaballo, conchas finas, cañaillas, bolos, coquinas, etc. Al igual que sucede con las joyas, nos gustan todas y nos lo comeríamos todo, por lo que se antojaban decisiones y disyuntivas difíciles de tomar.

Recorro todo el local aprovechando mi reserva temprana, horarios en los que no molesto ni incomodo a los comensales con mis numerosas fotos. Busco la cocina y la encuentro pegada a una especie de reservado desde el que observar todas las evoluciones a través de la vidriera vista.

No deja de resultar extraño ver las brasas y espetos dentro de una cocina industrial, no es el habitat natural, pero ya podían animarse muchos mas a ofrecer este tipo de elaboraciones. El trinomio de fuego, brasas y humo eleva en gusto la calidad de muchas elaboraciones.

Además de las frituras, espetos, paellas, mariscos y pescados, el atún rojo salvaje de almadraba procedente de la cercana Cádiz, ocupa un lugar muy prominente dentro de la carta. Recién aterrizados en Marbella, tras diez días en Zahara de los Atunes, nuestro cupo de atún ya estaba cubierto.

Dani es una persona muy activa en redes sociales. Su restaurante 2* Michelín, Bibo Marbella, Bibo Madrid y ahora Lobito de Mar, nos deja a diario a sus fieles seguidores, numerosas imágenes y vídeos de platos terminados y otros en proceso de elaboración.

Por todo ello, cuando tienes la oportunidad de visitar sus restaurantes, quieres vivir y sentir en primera persona todo el entusiasmo y buen hacer que transmiten. Una visita se quedaba corta, no me podía marchar sin probar uno de sus arroces, así que todo lo que aquí veréis se enmarca dentro de las dos cenas que disfrutamos mi novia y yo.

Para beber, agua y una Cruzcampo Reserva que está rica pero….se echa en falta una mayor diversidad de cervezas. Hay que potenciar esas numerosas malagueñas salerosas y artesanas e imponerse al dictado de las grandes marcas.

Como plato de apertura, el que da nombre al chiringuito urbano, un lobito de mar en adobo. Mucho sabor y un rebozo muy sutil que se aleja de esas costras excesivas.

Por seguir con las excelentes frituras, servidas sobre un clásico papel, las deliciosas ortiguillas fritas.

Con esta machacada de gambas y aceitunas, ya son tres las versiones de ensaladilla rusa que he probado en sus restaurantes. La de ventresca de atún y otra con huevos de codorniz y ajitos fritos fueron las afortunadas a primeros de año en Bibo Madrid.

Uno de los días tenían dentro de la carta especial esta tapa de pez limón al limón, una marinado que se acompaña de una salsa sriracha.

Turno de los moluscos y crustáceos. Dos de mis favoritos a los que nunca doy la espalda cuando visito Málaga. Unas conchas finas, esta vez a la parrilla.

Y el elegante carabinero por el que suspiro y muero de amor.

Espetos verticales de toda la vida, unas sardinas con las que mancharse los dedos sin ningún pudor. Gente que utiliza los cubiertos, por favor, dejad de hacer el ridículo, tanto postureo no tiene sentido.

Los horizontales de salmonetes de roca, ¿de verdad existe algún pescado más sabroso que este?.

Rematamos con uno de los platos estrella, esas paellas donde cada grano parece estar alineado formando esa fina capa que esconde el socarrat de una buena terminación. En esta ocasión nos inclinamos por una seca de pescado y marisco con jibia, rape, gambas, mejillones y aroma de azafrán.

A nadie nos gustan las esperas, pero reconozco que los 25′ que se tardan en elaborar las paellas, son minutos de entusiasmo, deseo, salivación, expectación que forman parte de un ritual que se consuma cuando el camarero aparece mostrándonos tan hermoso cuadro.

Aunque el camarero te la suele revolver para servir, este acto supremo de veneración me gusta disfrutarlo en la intimidad así que espátula en mano solicité que la pusieran al centro de la mesa, junto con su alioli.  Suelen decirme que no hace falta que rasque hasta el último grano (literal), para mi no es grosería, es respeto y una forma de comunicarle al cocinero mi total satisfacción.

La suculencia de toda la comida se debía rematar con un par de postres a la altura, de ello se encargaron el Happy Hippo Lobito de Mar, una versión en helado de avellana del famoso snack dulce de Kinder (Ferrero). Hasta el recipiente es una réplica del famoso hipopótamo que hace las delicias de pequeños y grandes.

Yo, que nunca he sido de chuches, me incliné por algo más acorde con mi carácter, una tarta suave de queso azul payoyo. Pese a soledad de una presentación sosa que se arreglaría con un plato más colorido y llamativo, lo que realmente importa es su sabor.

 

Con una textura suave y muy cremosa el sabor se asemejaba mucho al de los quesos azules de mi tierra, Asturias, y sabiendo que Dani había estado de visita por Güeyu Mar me recordó a la de Gamoneu de Abel. Tanto le insistí a la camarera en su ejecución, creía que llevaba mezcla de Payoyo con Cabrales o Gamoneu, que acabó mandándome a un superior.

Pues resulta que hay un queso azul Payoyo, algo que desconocía. Se llama Andazul y es el único queso azul andaluz desde 2014 (San José del Valle, Cádiz) y uno de los únicos tres azules del país que se elabora con leche de cabra. Incluso me trajo la pieza a la mesa y mantuvimos una instructiva charla, una muestra más del gran servicio.

Una vez más, salgo entusiasmado de uno de los restaurantes del Grupo Dani García. Lejos de mi admiración, creo ser objetivo con mis valoraciones, pero la mejor manera para refrendar mis palabras es que lo comprobéis por vosotros mismos.

Arohaz


Arohaz – C/ Zahora, 25, Los Caños de Meca (Barbate)   Tlf: 956 437 005

Dentro del “pequeño” listado que me había confeccionado para subsistir gastronómicamente durante diez días en mi estancia anual de Zahara de los Atunes, este año surgió con fuerza el nombre de Arohaz, o lo que es lo mismo, Zahora al revés.

La pedanía de Zahora se encuentra entre el Palmar y Caños de Meca, su preciosa playa además de un buen ambiente de chiringuitos tiene unas fabulosas vistas al Faro de Trafalgar.

A escasos metros del desvío de la carretera comarcal hacia la playa, nos encontramos con Arohaz, junto al estanco. Se trata de un pequeño pero muy coqueto hotel que abrió sus puertas en 2012 y cuyo gastrobar ha sido incluido en 2017 como Bib Gourmand dentro de la Guía Michelín. Los Bib Gourmand son aquellos restaurantes que además de una gran calidad en sus cocinas, se esfuerzan en ofrecerla a precios comedidos.

Podríamos decir que los BG son la cantera de futuros Estrella Michelín y en esta edición 2017 los agraciados son 250 locales. En Asturias para que os hagáis una idea, sólo tiene esta distinción La Corriquera de Nuria González Prado.

Si además de estos avales de la publicación francesa, un vecino de tu ciudad como Frank, propietario del restaurante Salazogue en Oviedo, te lo recomienda porque lleva años conociendo su trabajo y progresión, la cosa esta hecha, solo quedaba fijar día y hora.

¿Pero quien está detrás del proyecto Arohaz?. Como socios propietarios Alberto Reyes y José Manuel Morillo, como jefe de cocina Rafael Flor y como asesor de lujo durante los dos primeros años, Mauro Martínez Barreiro antiguo jefe de cocina del Estrella Michelin Skina en Marbella y hoy instalado en Cádiz con su Curiosidad de Mauro.

Tras 10 años de buena experiencia en el hotel La Breña esta claro que a estos empresarios les mueve la inquietud y este mismo año Alberto Reyes ha cumplido su sueño de abrir el 4 Estaciones, en su Vejer de la Frontera natal. Un negocio que su propio nombre indica, pretende dar un paso más abriendo todo el año, dada la estacionalidad veraniega a la que se someten los lugares próximos a la playa.

En Arohaz se combina tradición con fusión, así nos resulta fácil distinguir aportaciones de otras cocinas como la asíatica, sudamericana o magrebí. El mestizaje hecho con elegancia y sutileza ensalza productos tan autóctonos como el atún rojo, el choco, la carne de retinta, etc.

Como corresponde a la zona, a la hora de buscar una cerveza artesana, la vejeriega Besaro siempre ha de estar presente.

Ya en la mesa nos sirvieron un refrescante sorbete de piña, lima y hierbabuena.

Durante el servicio fuimos atendidos por el mismo Alberto, que como manager del establecimiento nos indico algunos platos que consideraba irrenunciables.

Dentro de la carta, tienen un apartado donde sugieren cosas especiales y para comenzar, nos iniciamos con el sorprendente sorbete de gazpacho, huevo poché y langostinos salteados, una combinación que sobre el papel resultaba tan atractiva como extraña.

Jamón, salicornias y polvo de oliva negra completaban un plato muy refrescante, lleno de texturas y contrastes.

Estando en la mejor zona para degustar atún rojo salvaje de Almadraba, no dudamos en darle su merecido protagonismo en la comanda, así que empezamos por un tartar de lomo blanco sobre ensalada de wakame y noodles.

Cola blanca de atún marinado con vinagreta picante de yuzu (cítrico asiático).

Sashimi rociado con garum. Y os estaréis preguntando que es eso del garum, pues ni más ni menos que una salsa de pescado preparada con las vísceras y sangre fermentadas que consumían las clases altas de la sociedad en la Antigua Roma y a la que se le atribuyen virtudes afrodisíacas.

Málaga, Cádiz, Sevilla guardan vestigios de las fábricas que en su día nutrían el Imperio. Se han encontrado restos en las cercanas ruinas de Baelo Claudia en la Playa de Bolonia, pero no ha sido hasta 2014 cuando se ha podido saber exactamente su composición tras el hallazgo de garum en perfecto estado de conservación procedente de las ruinas de Pompeya.

Se trata de una salsa que podríamos asemejar con la soja asiática, su finalidad era dar sabor aportando salinidad. Hoy en día se suele preparar con anchoas.

Charlando con Alberto sobre mi blog y las vueltas de tuerca que me gusta hacer, salieron a relucir mis papas con choco y plancton. Me dijo que no podía dejar de probar las suyas que sirven con un fondo muy trabajado, el choco bien marcado en tiras, unas patatas que se deshacían y unas hebras de chile ahumado. Deliciosas.

Finalizamos la parte salada con unos canelones de retinto. Bien rellenos, con unos trozos totalmente perceptibles de esta sabrosa y tierna carne de vacuno de la zona.

Para terminar, aunque las fuerzas flaqueaban, nos ofreció un postre que me habría arrepentido por no probar. Un coulant, si, ese postre tan manido que ha alcanzado el mismo protagonismo que en su día las reducciones de PX o Módena en sus versiones chocolate.

El que en Arohaz degustamos se puede comparar con el film de Nagisa Oshima, El Imperio de los Sentidos, porn food elegante. Sobre una base de crema inglesa, el coulant desborda su interior de alfajor, no el argentino, ese español al que tan poco protagonismo dan en las cajas de polvorones surtidos y que es mi gran debilidad navideña, por encima de turrones y demás dulces típicos.

Definitivamente, de ese listado que había confeccionado, Arohaz se encuentra entre los Top y sin duda será uno de mis fijos en próximas visitas, y espero que de las vuestras, porque es un restaurante que merece muchísimo la pena probar y repetir.

El Timón de Roche


El Timón de Roche – Urb Roche Avda. Inglaterra s/n  – Conil    Tlf: 956 446 232

Por muy bien que manejes el timón y los vientos te sean favorables, hay veces que los imponderables de una tormenta perfecta pueden hacer que pierdas el rumbo. Lo que había comenzado como una jornada relajada y divertida por las playas de Conil, acabó truncándose con la triste noticia de un fallecimiento y un inesperado e indeseado viaje a Elche.

Así se plantearon los momentos previos a la visita de este privilegiado restaurante en la Cala Encendida, sito a 6kms de Conil. Recomendado por unos amigos, además de su comida nos habían insistido en tomarnos una copa, algo a lo que tuvimos que renunciar, ya bastante que pudimos comer sin atragantarnos con la terrible noticia.

Si os acercáis a la cena, es condición sine qua non hacerlo antes de que el sol se ponga, lo que en un mes de septiembre te convierte en un auténtico guiri sentándote a cenar a las 20:30, como se nota que los días se acortan.

La ambientación del restaurante, ya desde la entrada de su jardín, resulta muy marinera. Nos reciben dos piratas, uno de ellos guarda con celo una nutrida bodega y otro luce lustroso junto a un cañón mientras en lo alto comprueba con el catalejo el estado de la mar.

En el interior brillan las maderas de caoba que decoran suelos y una barra. Numerosos elementos marinos salpican la sala principal en cuyo techo luce una gran rosa de los vientos.

Cubierto por una gran jaima nos ubican en la proa, una de esas mesas privilegiadas en primera línea desde donde contemplar la majestuosa puesta de sol mientras los bañistas más rezagados aprovechan un último chapuzón.

Aprovechando y salvando mediante escaleras la orografía escarpada, disponen de varios comedores banqueados a diferentes niveles, todos siguen la misma decoración y tal parece que nos encontramos en La Perla Negra, desde la bodega hasta los camarotes, pasando por la cubierta.

Ante la pregunta del millón en cuanto a la oferta de cervezas artesanas, la respuesta fue perfecta en un lugar como este. Disponen de la valenciana Er Boqueron, elaborada con agua de mar.

Fuera de carta y como entrante, nos animamos con unos sabrosísimos pulpitos fritos.

Uno de mis mariscos fetiche son los carabineros. Ante la pregunta de si cocidos o plancha creo que la duda ofende, algo tan exquisito nunca debería cocerse. Eso si, por grande que sea el tamaño, no recomiendo abrirlos a la mitad, nos perderíamos todos los jugos de la cabeza.

Como platos principales nos inclinamos por el ceviche de atún. Aunque estaba sabroso, creo que en el plato hay un exceso de emulsiones y aditamentos que enmascaran el marinado del atún, la de lima, de AOVE, un wasabi, las huevas, la piel de naranja…etc.

Lo que en el anterior resulta excesivo, en los dados de atún marinado con toque picante, mango y ajo blanco de coco, el salserío combina mucho mejor porque ayuda a equilibrar los sabores y en su conjunto lo hace muy sabroso. Del mango me sobraba la piel, se hace incomodo tener que pelarlos.

Ante un día torcido, hasta las fotos no salieron según lo esperado. Con la cabeza puesta en los 1.300kms del día siguiente, espero poder volver a repetir en una situación más festiva porque esta es sólo una pequeña muestra de todo lo bueno que El Timón de Roche ofrece al comensal.