Archivo de la categoría: ME LO DAN HECHO

Compendio destacado de restaurantes, chigres, bares, cafeterias..etc que merecen la pena ser visitados

Lena by Jaime Uz


Lena by Jaime Uz – C/ Cervantes, 2   Villaviciosa       Tlf: 984 833 197

Me gustaría empezar este artículo con una estrofa de la canción Aguasanta de India Martínez, “Y si la vida te da limones, tú ponle tequila y sal.”

Me hacía mucha ilusión acudir a la puesta de largo de esta nueva sidrería en Villaviciosa el pasado 26 de marzo, pero el deber manda y la operación a mi madre de una piedra en el riñón, se convirtió en prioritaria.

El Aguasanta de los asturianos es la sidra, y el estrella Michelín Jaime Uz ha decidido darle un excelso protagonismo, el que se merece. Con una carta de sidras Denominación de Origen tan completa como arriesgada, a la que se unen destilados de manzana espumosos y las famosas sidras de hielo, convierten a esta sidrería gastronómica en el Nirvana de cualquier chigrero.

Aquellos limones me dejaron tres semanas a tequilas. Con la Semana Santa por medio, dos intentos de reserva fueron infructuosos, pero a la tercera fue la vencida, con premio incluido. Volver a reencontrarme con Jaime y poder cambiar impresiones del local y sus propuestas gastronómicas, redondeó una primera aproximación muy satisfactoria.

Lena es una sidrería que no cansa, está concebida para ser disfrutada muchas veces. Si la variedad de palos de sidra es única, su amplia carta no se queda atrás en platos tanto tradicionales, como en elaboraciones con sello Uz. Algunos de estos platos que ha trasladado a esta carta, son los mismos que lo encumbraran y dieran prestigio en su restaurante Arbidel de Ribadesella.

Cuando antes hablaba de riesgo, este ha de ser ligado con ambición y educación. Villaviciosa es uno de los municipios pertenecientes a la comarca de la sidra y se erige como la “capital manzanera de España”, aquí saben mucho de sidra pero como grandes consumidores, están preparados para querer pagar 3,30€ por D.O’s

La prosperidad y la exigencia nos llevan por caminos en los que “ya no vale todo”, se busca la excelencia y la distinción, y la sidra debe ir por el mismo camino de cualquier otro producto. Si nosotros no le damos valor, no seremos competitivos y puede acarrear la inviabilidad del modus vivendi de muchas familias que viven de la manzana.

Decimos que es cara una botella a 3,30€, pero pagamos 13€ por un vino mediocre. Somos cuatro veces más baratos y aún nos quejamos; acaso resulta una actividad lúdica recolectar manzana y convertirla en sidra en comparación con la uva. Yo he recogido mucha manzana y os digo que no era grato, lo hacía por dinero, ese mismo que hace que mucha manzana se pierda porque no compensa recogerla.

Lena, al igual que Gloria, la propuesta de sidrería casa de comidas de Nacho Manzano, va un paso por delante del concepto tradicional. La comida tiene tanta importancia como la bebida y aunque se deslicen platos típicos, tenemos la oportunidad de crecer gastronómicamente con propuestas y ejecuciones al más alto nivel.

Imagino que la nueva apertura ha creado mucha expectación en la villa, nada tiene que ver con El Roxu o Casa Leo, antiguos ocupantes del local sito en la calle Cervantes, 2. Supongo ya tendrá sus benefactores y sus detractores, pero con el movimiento turístico que tiene Villaviciosa, creo que la idea y apuesta de Jaime Uz cuajará y se consolidará como un reclamo turístico más.

Los escasos 40kms que separan Ribadesella de Villaviciosa permiten a Jaime multiplicarse y atender ambos negocios con la atención necesaria. De hecho el domingo llegó a Lena después de dejar encajado todo el servicio en Arbidel, algo que como clientes siempre agradecemos, porque por bueno que sea el discípulo encargado, se corre el riesgo de la despersonalización.

Hablemos de la imagen de Lena. Ya desde su logotipo en el que la L forma parte del tronco del manzano, se nota una imagen cuidada que trata de dar frescura con aires de modernidad. Esa modernidad con reclamo en forma calefactores de fuego provenientes de Dubai, alguno no la ha entendido y cuando están apagados piensa que son unos grandes ceniceros.

Se han mantenido unos cuantos elementos del anterior negocio, me parece un acierto haber conservado el gran mural de hierro. La zona de sidrería se ve muy luminosa y el nuevo foco de atención se centra en una escultura de un manzano así como en los cuatro grandes ojos en forma de tonel encima de la barra, tras los que se esconde el restaurante.

A mano derecha, subiendo unas pequeñas escaleras nos encontramos con un gran espacio destinado a espichas o como ampliación del comedor. Los volúmenes de todo el local en conjunto son muy amplios, el más pequeño la zona que le han ganado al comedor de arriba pero que con las grandes cristaleras de los toneles proporciona unas vistas cenitales envidiables.

Merece también ser destacada toda la obra pictórica de grandes dimensiones que cuelga de sus paredes. No soy ningún entendido y desconozco los autores pero alguno con personajes orondos me recordó a Fernando Botero, otros muestran la abstracción y el cubismo.

Habiendo llegado con tiempo, mientras realizaba parte del trabajo fotográfico nos quedamos en la barra escudriñando los detalles a la vez que nos escanciaban una de Trabanco. De vez en cuando pasaban pinchoteo, me perdí un trozo de empanada de cecina y queso de cabra pero llegué a tiempo para el de carne guisada, caliente, relleno abundante y sabroso y hojaldre perfecto.

Ya en el comedor, el escanciado se realiza con uno de estos aparatos que han hecho mucho por la promoción de la sidra. Más restaurantes se han animado a tenerla en carta y en nuestras casas resulta tan necesario como un mortero.

Cambiamos de palo por El Santu, la D.O. de Sidra Canal, otro llagar Gijón, como el de Trabanco. Si queréis saber más de la composición y sus notas de cata, pinchar en los enlaces directos.

Cuando quieres probar todo, qué difícil se hace la lectura de una carta, por eso os dije que Lena es una sidrería para repetir. Comenzamos con unas navajas, un clásico de los menús de sidrería, lo que buscamos es que tengan buen tamaño, que no se pasen de punto y al final con buen producto poco más hay que decir o pedir.

Seguimos con uno de esos platos con sello Arbidel, el aguachile de vieiras. Un plato que enamora por sabor y por color.

Atún al momento, aliño balinés y cebolleta. Refrescante, con esos toques del sureste asiático como el aceite de sésamo nos transporta a otros continentes.

Los langostinos fritos sería un plato típico, con ese rebozo tan característico “a la gabardina”, pero en este caso el rebozo se parece más a una tempura aunque es más grueso. El tamaño de los langostinos es muy bueno y el acompañamiento de la crema de zanahoria y comino el toque que los distingue.

Finalizamos con la costilla de Angus con mole poblano. Cocción a baja temperatura hace que la costilla se despegue del hueso como mantequilla, ese aporte de grasa interior la hace deliciosa con una salsa de mole que acompaña muy bien.

Pasamos a los postres y qué señores postres. Sobre el papel serían dos clásicos de muchas sidrerías, pero nada tienen que ver.

El frixuelo relleno de queso, toffee caliente y sorbete de sidra es espectacular. Pequeños pero gorditos, nada de sábanas con medio bote de nata en spray y sirope de chocolate. El sorbete de sidra, magistral, sabe como a manzanas asadas, quizás lo hagan con sidra hielo Panizales o Valverán porque tiene un sabor muy marcado.

La tarta cremosa de queso y helado especiado es de las que sientan cátedra. Elaborada con cinco quesos, regada con una salsa de mango, la potencia de sabor enamora. Es como si hubiésemos pedido queso al postre, incluso seguí regándolo con sidra algo que cuando llegan los postres nunca hago.

Olvidaros de esas tartas de queso hechas con Philadelphia y mermelada de frambuesa o arándanos. Sabe mucho a queso y esta es la gracia, me recordó a otra muy buena hecha con Gamoneu, la de Güeyu Mar.

En mi charla con Jaime lo comentamos y me dijo que había pensado en rebajarla. Yo creo que sería un error, la gracia y distinción que la hace única es que sabe a queso. Si que le sugerimos permutar el sorbete de sidra a la tarta de queso y el helado especiado pasarlo a los frixuelos.

Recapitulando, no queda otra que felicitar a Jaime Uz por su nueva apuesta, poco más puedo agregar exceptuando el pensar en nueva fecha para repetir y abordar todo lo que me hubiese gustado probar. Villaviciosa está de enhorabuena, ahora es más capital de la sidra que nunca.

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La Zíngara


Taberna La Zíngara – C/ Carreño Miranda, 8   – Oviedo   Tlf: 984 293 846

Asturias Patria Querida, Andalucía mi luz y mi alegría. Orgulloso de mis orígenes, por mis venas corre un 50% de sangre andaluza, esa que hizo cruzar a mi padre el Despeñaperros desde su adorada Cazorla (Jaén).

Andalucía arrastra tantos males endémicos en forma de implacable San Benito, como exalta grandes virtudes de unas fértiles tierras que su paisanaje, luz y sol se encargan de engrandecer.

¿Es tan pobre la gastronomía andaluza como para no merecer el sitio que le corresponde?. Solamente por su producción de oro líquido en forma de aceite de oliva, ya merecería estar en el primer puesto de la gastronomía española, pero es que además tienen frutas, verduras, pescados, carnes y lácteos de primer nivel que se expanden a lo largo de un vasto y milenario recetario lleno de mestizajes.

¿A donde quiero llegar con esto?. ¿Cuantos restaurantes andaluces conocéis en el norte?, ¿cuantos gallegos, asturianos, vascos conocéis en el sur?. El desequilibrio es pasmoso, esperpéntico y sin duda misterioso.

Pensando y divagando frente al teclado, creo que les tenemos tanto aprecio que no entendemos su gastronomía si no está acompañada de sus gentes, su luz, y su sol. Nos gusta ser peregrinos aunque sea sólo en época estival. Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña.

Por supuesto que podemos encontrar salpicando nuestras cartas, muchos platos sueltos  ejemplo de la gastronomía andaluza, pero se echa en falta restaurantes “temáticos”.

Uno de los pocos ejemplos que podemos encontrar en Asturias se llama Taberna La Zíngara, que desde su apertura en Gijón allá por el 2013, se ha ido consolidando como una excelente alternativa para los nostálgicos del buen comer sureño.

Biaggio Carroccio Muñoz, conocido por Blas, es el responsable de que su mestizaje napolitano y malagueño haya llegado a nuestra región. A finales de 2017 amplía la oferta de su cocina al escenario gastro ovetense, ya tenemos nuestra Zíngara en el magnífico local de la calle Carreño Miranda, 8.

El que en su día se inaugurara como El Cascanueces mantiene su morfología pero ahora aporta una luz especial a la zona de Valentín Masip. En poco tiempo, con un buen servicio y sobre todo, buena materia prima, ha conseguido ser esa montaña a la que todos se quieren acercar.

La Zíngara lleva por nombre una historia pasional y familiar en la que una gitana húngara, su bisabuela, estaría orgullosa de ver. Orígenes, familia, raíces, tan necesarios en todos los aspectos de la vida son el camino que forja una historia.

El local tiene tres ambientes diferentes, uno sería la zona de bar y tapeo, dos barras y unas cuantas mesas altas y taburetes. A un nivel inferior una zona de mesas para comer a un nivel más informal puesto que disponen de un amplio comedor con carácter más reservado.

Además de las típicas cañas tienen alguna buena cerveza, como una amplia selección de Mica que en esta ocasión nos acompañaron de una tapita de potarros fritos con papas y mojo picón.

Me queda mucha carta por explorar pues es bastante amplia y con secciones y platos muy apetecibles. Puede que alguno de ellos no esté disponible, mucho del producto fresco proviene del sur y dependen de la distribución, como quiera que suelen estar hasta la bandera, los vecinos de mesa pueden haber sido los últimos afortunados en una u otra cosa.

Aunque se trata de una cocina andaluza en su mayoría, el producto del Cantábrico también tiene presencia.

Comenzamos con unos mejillones abiertos a la brasa y golpe de Jerez. Una cacerola abundante de buenos mejillones con ese toque de Jerez al que unos barquitos no se resistieron, amén de palear con las conchas.

Seguimos con una de pipas, perdón, quiero decir coquinas de Ayamonte. Desconozco cuantos kilos sería capaz de comerme, ese chupeteo de dedos, qué sería de Andalucía sin sus coquinas.

Tomarse una cañita bien tirada con 35º sin una tapita no sería lo mismo y una de las reinas indiscutibles es la ensaladilla. En este caso sirven una excelente ensaladilla de gamba blanca y tronco de melva canutera.

Por recomendación probamos un plato que nunca había degustado, se trata del remojón granaíno que es una ensalada típica de Granada con base de bacalao asado, tomates confitados, naranjas cachorreñas y aderezos. Suprema!!!

Tienen varias versiones de huevos rotos, pero los que se acompañan de puntillitas de Sanlúcar y pimientos fritos es una de sus especialidades. Que no falte el pan!!!

Finalizamos con una magnífica pluma ibérica de bellota a la brasa D.O. Valle de los Pedroches. Me quedé con ganas de probar el lagarto con ajetes y oloroso de Jerez que obviamente no se trata de un reptil, es un cordón del lomo, una parte de la carne del cerdo que se extrae de la parte entre las costillas y el lomo, de manera que resultan tiras medianas de dos a cuatro centímetros de grosor.

No hubo postres, pero el gusto dulce nos lo llevamos con unos chupitos cortesía de la casa. Se trata de Licor 43 con nata, entran de lujo, tanto que pedimos una segunda ronda aunque fuese de pago.

Ya os aviso de que este artículo irá creciendo con ganas, tantas como las que me han quedado de regresar a La Zíngara.

Editado 20/04/2018

Tal y como había prometido, la segunda entrega de la Taberna La Zíngara, no se ha hecho esperar. Ya han pasado muchos años desde aquel 20 de Abril del 90 al que le cantaban los Celtas Cortos, pero mi amistad con Agustín sigue inquebrantable.

Soy padrino de una de sus hijas, el tiempo pasa volando y la mayor ya tiene 15 años. Al igual que hicimos nosotros hace casi 33 años, toca empezar a salir de bares y como padre responsable le había tocado venir desde Avilés a buscarla en Oviedo.

Aprovechando el acontecimiento nos fuimos mano a mano a cenar y hacer tiempo. Le propuse La Zingara, lugar que no conocía y le quedaba cerca tras haber ido al partido del Oviedo.

En esta ocasión nos despachamos con unos calamares fritos en su versión cartucho es decir una media ración. El calamar tenia un muy buen punto de fritura.

Seguimos con una ensalada variada de tomates y tronco de bonito. Los diferentes tipos de tomate aportaban una variedad de sabores muy interesantes que combinados con el bonito y unas soberbias aceitunas, es un plato muy completo.

Dentro de las recomendaciones tenían el tomahawk de cebón irlandes. Se trata de un corte de carne que últimamente se está poniendo de moda, y es que por su forma de hacha resulta tan atractivo que hasta algún comensal de la mesa adyacente vino a hacer una foto.

La pieza de 1,2kgs viene acompañada de un tomate asado y una gran fuente de patatas fritas. El punto fue perfecto y el sabor de la carne maravilloso, se cortaba como mantequilla y el disfrute fue máximo.

El Jardín de Yume


El Jardín de Yume – C/ San Bernardo, 16  –  Avilés     Tlf: 985 568 515

Lleva abierto poco más de dos meses pero el olor que sale del Jardín de Yume no es precisamente olor a nuevo, huele a pan y a repostería hecha con mimo, la familia Yume crece.

Aprovechando la última visita a su hermano mayor, no se me ocurrió mejor forma de terminar la comida que ir a tomar el postre y el café a la terraza del Jardín, aun a sabiendas que me perdería los deliciosos postres que ofrecen en el restaurante.

La cocina moderna, quizás saturada de espumas, esferificaciones, bajas temperaturas y demás experimentos que nos han aportado grandes momentos culinarios, está realizando una introspección a los orígenes, en busca de productos y técnicas milenarias que nos transporten a sabores y olores del pasado.

Una de esas búsquedas cada día más presentes, está en el pan, ese que dio de comer a los pobres en épocas de hambruna pero que sabía y olía como el mejor de los manjares. Afortunadamente la baguette ha muerto, y no me refiero a la excelente barra francesa, hablo de los engendros pre-cocinados, congelados y sabe dios que más maltratos.

Masas madre, fermentaciones largas, variedad de cereales, complementos naturales que den sabor, especias, semillas…etc es el nuevo camino a seguir y buscar para completar una buena comida.

El Jardín de Yume es un lugar con mucho encanto, de esos que no te esperas cuando juzgas la fachada de un local. Cuando localicé la calle y vi que era la misma del Café de Pandora, rápidamente sin poner un pie dentro ya me hice a la idea de cómo sería el local, al menos en su morfología.

Esta manzana tiene una zona interior con unos patios muy agradables en dos niveles, es como un oasis, un remanso de paz que te hace desconectar rápidamente de la ciudad.

La decoración sigue la línea vintage romántica del Yume (no se si existe este término pero es lo que me sugiere). Tiene ese je ne sais quoi que engancha, eso que llaman lugares con encanto o cuquis (tranquilos, no fui a tomar café con Tamara Falcó Preysler, mi compañía fue más grata).

Además de pan y café podemos encontrar diferentes tipos de bollería artesanal, dependiendo del día ofrecen unas cosas u otras. Por si fuera poco, los sábados y domingos previo encargo, realizan bruch a medida.

Un espacio como este invita a ser compartido y por ello, desde su apertura han venido organizando diferentes talleres, uno de ellos florales, qué mejor sitio que un jardín.

Supongo que a la mayor parte de los humanos les pasará desapercibido, pero una de las estrellas es el horno abovedado junto al pozo. Ahí se hacen panes de calidad pero también podríamos hacer unas pizzas de lujo, unos asados de quitar el sentido…etc, ay! como se me ve el plumero con lo salado.

Ya visteis más arriba el pan que degustamos en la comida, ahora os enseño la caracola, el doughnut y las madalaines de commercy que acompañaron nuestros café y tés.

El viejo catre de hierro que hace de sofá resultó demasiado tentador y con lo lleno y a gusto que estaba, a poco que me hubiesen animado, ahí hubiese echado una plácida siesta.

Desayuno, media mañana, café después de comer, merienda…ahora que ya entró la primavera, el Jardín de Yume no puede faltar en vuestras agendas.

Las Termas


Las Termas – C/ Santiago, 1   –  Astorga (León)   –   Tlf: 987 602 212

Hacía bastante tiempo que no visitaba Astorga físicamente, porque en espíritu gastronómico, me he transportado infinidad de veces a ella comiendo sus famosos hojaldres cubiertos con almíbar, uno de mis pocos vicios golosos.

Coincidiendo con la celebración de un cumpleaños familiar, allí nos fuimos de procesión en Jueves Santo para celebrarlo con la contundencia merecida de un cocido. Como quiera que en estas fechas impera el relax y el turismo está en pleno auge, la reserva en segundo turno me permitió explorar un poco de esta bella ciudad leonesa.

Astorga tiene muy arraigada su relación con la Iglesia y es uno de los destinos más importantes del Camino de Santiago. Nacida como campamento militar romano son bastantes los vestigios que quedan de aquella época.

Dentro de su arquitectura destacan su Catedral, el Palacio Episcopal proyectado por Gaudí, el Ayuntamiento con su Plaza Mayor y la muralla, de la que obtendremos las mejores vistas desde el Parque del Melgar.

Algo que me llamó la atención de la ciudad, es el exquisito cuidado con el que protegen las fachadas medianeras vistas, se ve una ciudad limpia y cuidada. Grandes y vistosos murales de una soberbia calidad decoran unas cuantas zonas, nada que ver con la suciedad visual de grafitties que Oviedo nos ofrece.

Es una ciudad muy golosa, son famosas sus mantecadas y los hojaldres pero además, llama la atención la cultura del chocolate. Allá por 1916 la ciudad contaba con 41 fábricas de chocolate de las que en la actualidad sólo quedan cuatro.

Para los amantes de los cocidos de garbanzos, Astorga y en general la comarca de la Maragatería, es lugar de obligado peregrinaje. Cada cocido tiene sus características, así existen diferencias entre el madrileño, el cocido Lebaniego o la olla gitana.

Uno de las características más llamativas es que los llamados tres vuelcos, son servidos al revés. Comenzaremos por las carnes, seguimos con los garbanzos y verdura para terminar con la sopa de fideos.

Una de las teorías dice que era comida de arrieros y como debían de comer durante el transporte se servían primero los alimentos más sólidos y contundentes por si no daba tiempo, otra teoría dice que siendo comida de labriegos que se la servían en el campo en olla de barro si empezara por la sopa se llegaría a las carnes cocidas frías, de esta forma lo hacían al contrario.

La ración es el nombre que se le da a la fuente con todas las carnes, que pueden llegar a ser hasta doce, entre ellas el chorizo de fiesta, morro y oreja de cerdo, tocino, gallina, cecina, morcillo, costilla..etc. Entre ellas se incorpora el relleno que es una masa elaborada con pan, huevo, ajo y perejil. Se acompaña de una deliciosa ensalada de tomate.

A continuación tocan los garbanzos, y qué garbanzos. La variedad es la pico pardal, se llaman así por acabar en punta como un pico de pájaro (pardal), son pequeñitos y muy mantequillosos. Sus lugares de cultivo más reconocidos son Valdeviejas, Quintanilla de Somoza, Piedralba de San Cristobal y Fuentesauco.

Se sirven secos y acompañados de patata y repollo. Se comen después de la ración, aunque esta no se quita de la mesa.

Para finalizar llega la sopa de fideos, y como dice la tradición, “si sobra, que sobre sopa”. También dice la tradición, que el anfitrión es el único que tiene el privilegio de hacer la envuelta, es decir, regar los garbanzos con la sopa de fideos.

Ya sabemos como va este cocido, ahora queda encontrar un buen sitio donde comerlo. Mi último había sido en la localidad de Castrillo de los Polvazares, un bonito pueblo en el que abundan los restaurantes que ofrecen este manjar.

Como quiera que en el grupo nos acompañaba Nacho, astorgano de pura cepa y conocedor de todos los buenos lugares donde sirven cocido, su experiencia indicaba que Las Termas ofrece el mejor de todos.

Huelga decir que la reserva es necesaria, especialmente en estas fechas de Semana Santa. En segundo turno de 3:15 nos plantamos en el número 1 de la calle Santiago, curiosamente el mismo nombre del dueño.

El restaurante es un comedor cuadrado sin especial encanto, no tienen barra de bar donde esperar tomando algo, aquí se viene a comer y punto, muy bien por cierto. Lleno hasta la bandera y Santiago, un afable señor con mucho oficio y cercano a su jubilación, no para un segundo, menuda vitalidad y oficio.

Me comentan que madruga y a primera hora ya está elaborando el cocido, aunque luego desaparece, lo tiene merecido, y vuelve a presentarse a la hora del servicio. Su hija Soraya también esta al pié del cañón y la estirpe está asegurada. Verlo como retira los platos, la fuente y una sopera de un solo viaje, me produjo admiración, tiene mejor muñeca que Rafa Nadal.

De postre y como parte del tradicional cocido, nos sirven unas natillas con bollo y café de puchero.

Alguna cosa más tienen en la carta pero si os soy sincero, a quién le importa. Aquí se come cocido y si no lo hacéis, alguien puede reírse de vosotros, no se puede dejar pasar una ocasión como esta para disfrutar del que probablemente haya sido mi mejor cocido maragato.

Quincy Market


En el artículo de hoy, además de pasearnos y comer por uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad de Boston, aprenderemos algo de historia, que nunca viene mal y nos enseña a valorar las cosas que tenemos y visitamos.

Si hablamos con propiedad deberíamos referirnos a este lugar como Faneuil Hall, fundado su edificio principal en 1742, es decir, 34 años antes de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Desde sus inicios se destinó a mercado en su planta baja y salas de reuniones y despachos en el resto de plantas. Actualmente en la cuarta planta hay un museo con la armería de la Compañía de Artillería de Massachusetts.

En mayo de 1823 fue elegido alcalde de la ciudad Josiah Quincy y teniendo el despacho en el edificio de Faneuil Hall le irritaba el caos que veía cada día a sus pies, un mercado al por mayor con poco más de 700m2 que ya no era capaz de abastecer las necesidades de la ciudad.

El alcalde formó un comité para dar solución al problema y comenzaron a negociar con los propietarios de los terrenos adyacentes. El 27 de abril de 1825 se encargó el proyecto al famoso arquitecto e ingeniero Alexander Parris, que concluyó la obra el 26 de agosto de 1826.

La parte central del mercado, la que hoy conocemos como Quincy Market, en sus dos plantas, con entradas que nos recuerdan a los templos griegos, tiene una longitud de 163 metros por 15 metros de ancho y en aquello días su planta baja la ocuparon 128 puestos de comida y en la planta superior se alojó una sala de exposiciones. La mayoría de estos puestos fueron ocupados por los ya existentes de Faneuil Hall.

El alcalde rehusó a dar su nombre al mercado tal y como quería el Consejo de la Ciudad, sin embargo nombraron a la sala central Quincy Hall. Ya en 1989 para conmemorar el esfuerzo de aquel alcalde, se colocaron los rótulos actuales en ambas entradas.

Actualmente el Quincy Market está lleno de puestos de comida en su parte baja, y tras las reformas de 1970 se abrió un espacio central ovalado que deja a la vista la cúpula, permite la entrada de luz natural y congrega en su planta baja y en la alta, numerosas mesas donde poder sentarse a comer lo comprado en los puestos.

En los laterales hay pequeñas tiendas e incluso una réplica del famoso bar de Cheers. El bar original en el que fue inspirada la serie de televisión nada tiene que ver con este, se corresponde con la recreación del bar en su plató de televisión.

El Quincy Market esta flanqueado por el North y South Market, construidos al mismo tiempo. Ahora estos alojan tiendas de marcas muy conocidas, son la zona de shopping.

¿Aburridos con tanta historia?, demos paso a la comida. Aquí tenemos puestos de todo tipo y resulta muy divertido pasearse e ir salivando hasta que nos hacemos una composición y elaboramos nuestro propio menú.

Pizzas, sopas, bocadillos, mariscos, helados, frutas, pasteles…etc, todo un sufrimiento para la vista, lo queremos probar todo.

Nuestro menú se compuso de una sopa de almejas en Walrus & Carpenter Oyster Bar. Estando en Boston no podéis perderos este clam chowder estilo New England. Os lo sirven en un vaso o en el tradicional bollo de pan sourdough ahuecado, nosotros optamos por el primero con unos crakers tipo ostra para no llenarnos demasiado.

La segunda parada fue en la pizzería Regina, un crujiente y delicioso slice de peperoni y sausage.

Finalizamos en Boston & Maine Fish Company probando uno de sus bocadillos de langosta. La verdad que está bueno, pero no para tirar voladores, a langosta casi no sabe porque las de Maine no son como las del Cantábrico y por las salsas que camuflan todos los sabores.

Los alrededores, con sus avenidas y plazoletas, tienen mucha vida y suele haber varios artistas callejeros que os dejarán con la boca abierta, como este simpático batería.