Archivo de la categoría: DUBAI

Brothaus


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Los años, la vida y el carácter, nos hace ser individuos con unos comportamientos muy particulares, que en algunos casos podrían considerarse como manías.

Yo no me alejo de estas pautas y una de las que tengo grabadas a fuego, es la de que no me tomen el pelo con los desayunos de los hoteles. Pagar 25€ por tomarme un café con un bollo, aún no entra en mi cabeza, será por sitios para poder desayunar!.

Vale que hay ocasiones en las que un desayuno potente de buffet resulta conveniente si vamos a estar todo el día de excursión, no es una modalidad que rechace, de hecho en la segunda parte de mis vacaciones elegí un plan de desayunos y cena porque no había opciones cercanas.

Puede que os resulte raro pero a la hora de buscar hotel en Booking, una de las cosas que valoré, fue la cercanía de un Starbucks y el Steigenberger Dubai cumplía este requisito.

Del dicho al hecho hay un trecho y en este caso, nunca mejor dicho. Las distancias en Dubai son demasiado grandes y en esta ocasión el mapa no lo aguanto todo. El hotel es fantástico, con una decoración moderna de las habitaciones que también era uno de mis requisitos (no soporto los hoteles de decoración rancia con profusión de maderas, dorados y lamparas de cristal en plan antiguo).

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Una de las alegrías fue descubrir que en sus bajos y conectado con el hotel teníamos un lugar perfecto para desayunar. En cierto modo me recordó bastante al Mamá Framboise del Platea, en Madrid.

Se trata de una cadena de panaderías-pastelerías alemana cuyos orígenes se remontan a 1.616, ahí es nada, 400 años de historia a sus espaldas. La decoración es muy agradable y destaca por un obrador visto y una zona de venta de panes bastante llamativa.

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Preparan zumos naturales que presentan en unas simpáticas botellas, un detalle muy cool. Bollería alemana con la que no estoy familiarizado pero que estaba muy rica en cualquiera de sus versiones dulces o saladas. Y por si fuera poco también funcionan como bistro y preparan hamburguesas, arroces, ensaladas…etc.

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Danish Pastry
Danish Pastry
Laugen Croissant
Laugen Croissant
Laugen Cheese
Laugen Cheese

Brothaus – Al Abraj St., Steigenberger Hotel Business Bay    Tlf: +971 4 369 0000

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Cena en el Desierto


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Muchas son las imágenes que tengáis en mente de lo que puede suponer visitar este pequeño emirato llamado Dubai, y en el siguiente artículo os intentaré dar mi visión de lo que me ha aportado este viaje, eso si, concluyendo con una fascinante cena en medio del Desierto Arábico.

Tengo la fea costumbre u osadía de catalogar las ciudades que visito por días y a Dubai no le doy más de tres. Por supuesto que es un destino muy atractivo, divertido en el que podríais pasar una quincena, tienen sol, playas y la ciudad en si es un gran parque temático tal y como os conté en el artículo del At.Mosphere Burj Khalifa.

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Ahora bien, lo que se dice ver, si por ejemplo lo comparamos con París, Roma, Londres, NYC, …etc, da para bastante poco. Cuatro edificaciones, un par de mercados y para de contar, claro está, después hay muchas actividades dependiendo de los gustos.

Si descartamos los centros comerciales, que son fascinantes, pero a los que no doy más de una hora, ya que mi fuerte por economía y gusto no es la compra de tropecientos relojes o joyas de super lujo, ni ropa exclusiva que tampoco necesito, hacer window shopping llega a cansarme.

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Si también descartamos el interior de muchas edificaciones a las que sólo se accede con reserva, lo dicho, las visitas turísticas quedan bastante restringidas y deberemos buscarnos otras alternativas de ocio como un aqua park, un acuario, una bolera, una pista de ski, una pista de patinaje sobre hielo, un descenso en tirolina…eso si, los mejores del mundo.

Espero que por ahora mis palabras no os estén desanimando, es una ciudad que hay que visitar alguna vez en la vida pero de la que no me han quedado ganas de volver al menos en los próximos 20 años, periodo que estimo necesario para una verdadera consolidación de lo que es el “centro” y no tener la sensación de encontrarnos ante algo inacabado. Con la misma ligereza que contemplamos rascacielos infinitos, estos están salpicados de gruas y andamios lo cual afea bastante las vistas

Habiendo despejado la experiencia del Burj Khalifa y las fuentes más grandes del mundo, ¿cual podría ser el típico día de un turista en Dubai?. Es imprescindible visitar los zocos de las especias y el oro, están pegados y se sitúan en la parte antigua de Dubai, son tan entretenidos y coloridos como cansinos en lo que se refiere al asedio de los comerciantes.

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Si buscáis falsificaciones no dudéis en dejaros guiar a un callejón, subir en un ascensor de un edificio raruno, porque allí están todos los negocios clandestinos. Resultan más pobres que los de Hong Kong, Bangkok o Shanghai, son algo más caros y los árabes son negociantes más pesados que los asiáticos, a no ser que busquéis algo concreto se pierde mucho de vuestro preciado tiempo de turista. Para este menester es mejor ir al Mercado de Karama, bastante cerca de los dos zocos.

Si os va el tema religioso, la mezquita más importante es la de Jumeirah. Arquitectónicamente en su exterior no es es gran cosa, igual el interior es una preciosidad, pero nuestro atuendo no era el indicado y preferimos mostrar respeto y disfrutarla desde el Starbucks situado cruzando la gran avenida paralela a la costa.

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La playa pública de Jumeirah parece que está cerca pero hay una buena caminata de al menos media hora bajo un sol abrasador. Imprescindible en Dubai es moverse en taxis, son muy baratos para las grandes distancias que recorren, y además tienen aire acondicionado a todo trapo, por cuatro duros os garantizareis no pillar una insolación.

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Desde la playa o desde la barrera de entrada son las mejores vistas que obtendréis del Burj Al Arab, el famoso hotel de 7 estrellas con forma de vela al que no tendréis acceso si no hay una reserva previa para un brunch, comida o cena.

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Turno de visitar el fiasco de The Palm, vale que es una pasada y una obra de ingeniería majestuosa pero circulando por las grandes avenidas de su tronco no hay nada más que ver que grandes complejos residenciales. Lo impresionante es divisarla desde el aire y para ello hay algunos tours aéreos.

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Llegamos al final, el hotel Atlantis, y?, pues más de lo mismo, o estáis alojados o tenéis reserva por ejemplo en el fenomenal Nobu o tendréis que conformaros con ver su famoso pórtico desde afuera porque si queréis beber algo, debéis recorrer unos metros y acercaros al Aqua Park.

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¿Que más nos queda por ver o hacer?, quizás acercarse hasta la zona de Dubai Marina o reservar una cena romántica en un barco desde el que contemplar el skyline dubaití nocturno o la que para mi se convierte en una experiencia irrenunciable, una cena en medio del desierto previa ruta 4×4 en las dunas viendo el atardecer.

Mi reserva la hice a través de Civitatis.com que son la correa transmisora con los locales North Tours LLC. Por 114$ dos personas podrán disfrutar a tope de una experiencia única que dura unas 6 horas.

Puntualmente os recogerán entre 3-3:30 en el lobby de vuestro hotel, 6 personas por todo terreno, el nuestro un Toyota Land Cruiser al que accedemos con cierta dificultad a sus asientos traseros, las barras antivuelco interiores ya nos advierten que este 4×4 va en serio.

Dejamos atrás las autopistas de 4-6 carriles y nos dirigimos al punto de encuentro, aquella especie de gasolinera tienda parece salida de Mad Max, un negocio más donde nos invitan a cosumir comprando turbantes u otras baratijas destinadas al guiri. Mientras aprovechan para bajar la presión de los neumáticos.

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Llegamos a las dunas, nuestro piloto se enfunda el turbante como si fuese un casco y empieza la versión del Ferrari World por la arena, derrapadas, aceleraciones, inclinaciones y algún que otro coscorron contra las barras o ventanillas, a ritmo de Gnarls Barkley con su canción Crazy (muy apropiada), o La Mordidita de Ricky Martin hace que nos lo pasemos en grande.

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Un árabe, dos japones, dos turcos y dos españoles, crisol de culturas y caracteres. Los japos más serios que una geisha en la ceremonia del te, los turcos en medio con ese carácter entre latino y asiático, y los latinos atrás dando el cante, disfrutando de la vida. Mi pareja tiene una risa contagiosa y nuestro Al Ain Projhs se viene arriba, cada vez hace más el cabra y claro, se veía venir, accidente. Nos comemos una duna y aterrizamos en una vaguada de la que somos incapaces de salir, medio coche enterrado.

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A mi que me gusta el mundo del motor ya me di cuenta que de allí sólo salíamos remolcados. El piloto salió corriendo a la cima de la duna, móvil en mano para avisar al compañero. Aprovechamos para salir, hacer fotos de la puesta de sol, pisar y saltar por las dunas y de paso reírnos un poco de la situación.

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Allí mirando a la Meca, pala en mano no hubo manera de sacar el coche, no quedó más remedio que remolcar, eso sí, tuvieron que buscar varios ángulos de ataque tras dos ocasiones fallidas.

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Ya con el coche en su sitio, la música desapareció, el piloto más suave que la seda nos llevó al lugar de la cena, en medio de la nada. Un recinto cuadrado, abierto, con un escenario central, rodeándolo un sin fin de alfombras, cojines y mesas bajas. En las zonas perimetrales lugares donde tatuarse con henna, fumar sisha, ver un halcón de cerca, abastecerse de bebidas alcohólicas, disfrazarse como un árabe, comprar botellas con arena del desierto personalizadas o montar en camello, casi todo incluido en nuestro paquete.

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La cena no es nada del otro mundo, es de estilo barbacoa buffet donde cada cual se sirve. Comienza con unas samosas para disfrutar del primer espectáculo, un bailarín derviche nos muestras sus habilidades y constantes giros sobre si mismo en la danza Al Tannoura, parecida a la de origen turco, pero en estas muestran colorido en sus pesadas faldas y habilidades equilibristas.

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Un descanso y nos acercamos a por el resto de comida. Ensaladas, arroces, hummus, pan pita, brochetas de cordero y pollo, ternera massala y un pescado indeterminado junto con alguna cosa más es lo que podréis degustar. En este caso la comida es lo de menos, no hubo nada que pudiese destacar, era una parte más de la experiencia.

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Ya con la comida en nuestras mesas comienza la segunda actuación de la noche, una Sherezade nos bailará la danza de los Siete Velos y la del vientre.

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En global, nos sentimos plenamente satisfechos. Diversión en estado puro y recuerdos imborrables donde os podréis sentir Aladin y Jazmina, en la alfombra, bajo la luz de las estrellas y sin que venga Ali Babá con sus 40 ladrones, porque por 50€, resulta una ganga ocupar 6 horas si lo comparo con algún concierto de hora y media.

Si ya conocéis Dubai, puede que no estéis de acuerdo con mi análisis, esto va en gustos aunque he tratado de ser bastante aséptico y poco pasional. Os recomiendo el viaje, sin lugar a la menor duda, es un lugar que no os dejará indiferentes y os aportará mucha riqueza emocional porque lo que es económica, la tienen toda ellos.

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Se suele decir que a veces la comida nos eleva a las alturas y en esta ocasión podemos asegurar que lo ha hecho, no por su delicadeza culinaria sino por encontrarnos en el restaurante más alto del mundo.

Con 828 metros de altura y 163 plantas, el Burj Khalifa de Dubai es el edificio más alto del mundo y en su planta 122 a 422 metros nos encontramos con el lugar perfecto para cenar, viendo el atardecer, y contemplar bajo nuestros pies la ciudad emergente más fascinante del mundo.

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Visitar Dubai es hacerlo a la meca de las excentricidades, la locura constructiva que los petrodolares han dado a este emirato, convierten a este exótico destino en un inmenso parque de atracciones donde su afán de mostrar al mundo su poderío y lujo les ha llevado a construir el sumun de todo lo que tocan.

El rascacielos más grande del mundo, el centro comercial más grande, la fuente más grande, la pista de ski indoor mas grande del mundo en medio del desierto, islas artificiales con forma de palmera o replicando el mapa del mundo, hoteles de 7 estrellas como el Burj Al Arab, aquí todo cabe y si no existe, se lo inventan.

Desde que supe que visitaría Dubai, una de mis obsesiones ha sido subir a este rascacielos. A pesar de mi vértigo, tengo atracción por las alturas, son como una droga y allá donde voy siempre busco la edificación más alta. Las Petronas en Kuala Lumpur, el observatorio SWFC de Shanghai, Torre Eiffel, Torre de televisión en Berlin, Empire State, Rockefeller Center o las desaparecidas Torres Gemelas, son pecata minuta comparadas con este gigante, para que os hagáis una idea, la azotea de Las Gemelas estaba a 417 metros.

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Tenéis dos opciones para visitar el Burj Khalifa: una es subir desde el acceso del Dubai Mall y otra reservando en el At.Mosphere bien sea en el restaurante o en el lounge. Como quiera que para el restaurante exigían una código de vestimenta smart elegant, a mi no me iban a pillar con una corbata a 35º, así que opté por el smart casual del lounge.

La cocina corre a cargo de Jerome Lagarde, un chef frances con amplia experiencia en los restaurantes de 2 y 3 estrellas Michelin de André Daguin, Michel Guérard y Dominique Toulousy.

Con antelación suficiente deberéis hacer vuestra reserva a través de su página web o de lo contrario lo más que podreis llegar es hasta la barrera de entrada del Hotel Armani, donde amablemente os darán la vuelta tal y como hicieron conmigo en el Burj Al Arab o en el Atlantis.

Traspasar esas barreras te concede un nuevo estatus, te hace sentir importante aunque lleguéis a bordo de un flamante taxi Toyota. Bentley, Ferraris, Rolls Royce, McLarens os harán compañía ya que estamos a la puerta de un exclusivo hotel que incluye una zona de suites/apartamentos.

El diseño del lobby con sus esculturas, marmoles, maderas, sofas, tiendas no os dejará indiferentes mientras esperamos a que una señorita nos guie a un ascensor que desciende 2 plantas. En esta nueva estancia daremos cuenta de nuestra reserva y tomaremos el acceso directo a un ascensor que a la velocidad de 10 m/s nos llevará en menos de un minuto a la deseada planta 123.

Sin tiempo a que se destaponen los oídos se abre la puerta y presenciamos una de las cristaleras con el desierto al fondo, descendemos unas elegantes escaleras y pegamos las narices al vidrio para sentirnos flotar en el cielo. Todo allá abajo se ve muy pequeño, pero la vista de pájaro nos permite ver el diseño del urbanismo más dinámico de este siglo.

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Una nueva recepción, la definitiva. Nos acompañan a la mesa y no podía ser mejor, en el centro, pegada a la cristalera tal y como había solicitado, hay veces que es mejor no improvisar y dejar las cosas bien amarradas.

La decoración es elegante, con profusión de madera de caoba pulida a mano. Una barra central redondeada preside el espacio y a su alrededor, en dos niveles, se distribuyen unos mullidos bancos corridos y unas mesas tu y yo con butacas individuales.

De entre los diferentes horarios que podía manejar me decidí por las 5 de la tarde, más guiri imposible. Cenar a estas horas para un español supone una aberración, pero uno no puede cambiar la naturaleza y por estas latitudes el sol se pone pronto, así que era la única manera de poder disfrutar de la maravillosa puesta de sol en el edificio que quería tocar las estrellas.

Para hacer tiempo, refrescarnos y disfrutar de la puesta de sol con calma, nada mejor que elegir un cocktail de su kilométrica carta de combinados y espirituosos. Para mi un Sunset @ATM, compuesto por Tanqueray 10, brandy de albaricoque, absenta, zumo de piña y lima, infusión especiada, Peychaud bitter y rajita de pomelo. Mi pareja eligió algo más afrutado, el Fintasia que se elabora con vodka, lychee en licor y natural, zumo de limón y grosella, hoja de lima kaffir y sirope de azúcar.

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Las bebidas las acompañan de unas aceitunas rellenas y unas almendras especiadas.

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La carta que podréis encontrar en el Lounge es informal, de tapeo así que lo mejor es hacer una comanda variada para compartir, las porciones son adecuadas, ni abundantes ni excasas.

Comenzamos con unas ostras de la bahía de Saint-Malo que en su día ya había disfrutado en esta preciosa ciudad amurallada de la la Bretaña. Son de la clase tsarskaya que destacan por su sabor yodado y ofrecen dos aliños, el clásico mignonette y otro con mango y caviar. Por si queremos aportar picante, un coqueto mini frasco de Tabasco y el detalle del limón envuelto, para que no salpique, me pareció muy cool.

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Un poco de sushi siempre es apetecible y las opciones fueron el California roll y el K Express. Los primeros con cangrejo, aguacate y caviar, los segundos con vieiras, vinagre de mango y pepino.

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Seguimos con el finger food, unos deliciosos tacos de langosta con verduras en juliana y aliño de yuzu. La masa era hojaldrada, todo un acierto para no disipar el relleno.

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A continuación unas Pop Shrimp con mayonesa de wasabi. Más bien eran langostinos y la tempura estaba en su punto.

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Turno de la carne con las Mini Chili Chuck, unas mini hamburguesa de wagyu con queso cheddar Montgomery y panecillo al carbón.

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Cerraríamos con las brochetas de wagyu, complementadas con cebolla, jengibre y una salsa reducida picante.

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Todo lo degustado era de mucha calidad y bien cocinado, lo peor fue servirlo todo de golpe y porrazo, la mesa era minúscula para tanta comida y tuvimos la sensación de que nos querían apurar para dar cabida al siguiente turno.

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Si ya habíamos disfrutado generosamente con la puesta de sol, durante la comida pudimos ampliar la experiencia contemplando desde las alturas el serpentear de las fuentes del Dubai Mall, las más grandes del mundo. De todas maneras, lo mejor es ver el espectáculo a nivel de calle, para darnos cuenta realmente de la altura que alcanzan sus chorros y escuchar la música que acompaña a las coreografías, en nuestro caso tocó el Thriller de Michael Jackson.

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Espero haberos transmitido mi experiencia de una manera en que sea lo próximo que deseéis hacer, resulta difícil describir tantas sensaciones tan excitantes.

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