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La Minerva


El pasado 2 de julio comenzaba unas cortas pero deseadas vacaciones de una semana en compañía de unos amigos, destino Cádiz, sus playas y sobre todo su luz.

Desde Asturias es un viaje largo, pero al que me estoy aficionando, ya que la Ruta de La Plata resulta más entretenida que los aburridos viajes atravesando Madrid. Sin duda por equilibrio en distancias Cáceres, resulta un lugar ideal para hacer noche y así me empeñe con mis compañeros de viaje.

Ellos no son de planear, pues como si se tratara de la “nave del misterio” de Iker Jiménez, siempre les ocurren cosas rarísimas. Lo pude vivir en mis propias carnes y por primera vez en mi vida a escasos 20kms de Salamanca, ví como reventaba nuestra rueda. Lo importante fue que sólo quedó en un susto y hoy os lo puedo contar.

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Podría decirse que han sido las vacaciones del renacimiento. Si habitualmente ya valoro muy mucho cada momento de esta loca vida, circunstancias como esta y otra mucho más triste que os contaré en un próximo artículo cobran especial valor en la expresión latina Carpe Diem.

Dentro de mi planificación traté de buscar un hotel céntrico con encanto, sin duda el NH Collection Palacio de Oquendo resultó un acierto. A escasos metros de la Plaza Mayor este edificio histórico resulta perfecto para el descanso del viajero.

Cáceres es una ciudad preciosa, con mucha vida y en este año 2015 ostenta la capitalidad de la gastronomía española. Inviable pasarlo por alto y dado que el año pasado ya había visitado los top Atrio y Javier Martín, esta vez me dejé guiar por la recomendación de Fernando Buitrón y su blog El Emparrao.

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La bulliciosa Plaza Mayor data del siglo XIV y en las noches de verano cobra especial relevancia su vida nocturna, las temperaturas bajan y todo el mundo sale a la calle para celebrarlo.

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En su cara oeste se ubican casi todos los restaurantes y bares. Recorriendo sus soportales nos encontramos con La Minerva, un local no excesivamente grande al que da vida una magnífica terraza.

La Minerva

En su interior están definidas dos zonas, una de barra con mesas altas y otra de comedor en la que mezclan ambos conceptos altos y bajos.

Sin lugar a dudas en una noche con 24º el lugar para estar es la terraza, la temperatura y las vistas te hacen sentirte parte de un cuadro costumbrista.

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Para beber nada mejor que unas merecidas Brabante, de trigo y oscura fueron las seleccionadas.

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Tocaba elegir qué comer y dentro de una carta donde predomina el picoteo y tapas tomé las riendas. Eramos tres comensales, así que le dí un buen repaso ante el asombro e incredulidad de los atentos camareros.

Comenzamos con una ensaladita de hojas tiernas y germinados, con queso de cabra marinado en aceite de regaliz, manzana translúcida y pimientos asados al carbón.

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Seguimos con nuestras patatas bravas. Efectivamente, son muy suyas, la salsa tenía textura de mousse aderezada con pimentón y la papa era arrugá frita y cortada en gajos. Resultaron chocantes para lo que estaba acostumbrado pero se agradece probar conceptos diferentes.

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Extremadura es buena tierra de jamones, así que no pudo faltar una ración de jamón ibérico de bellota con tostitas de chapata, aceite de oliva, sal en escamas y salmorejo para untar. Delicioso y con ese calor ambiente sudado a la perfección.

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Estar en Cáceres y no pedir la Torta del Casar D.O. y nuestras compotas caseras hubiese sido un sacrilegio. Aún recuerdo la torta que me traje el año pasado que aromatizó mi coche durante 400kms.

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Llega el hermoso canelón de pato con hongos, pera y cardamomo. Muy sabroso y con gran cantidad de rillettes en su interior, imposible decir que se habían quedado escasos de pato.

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El calamar rizado, con hongos, sopa de su tinta y salteado de nueces y ajetes. Le faltaba un pelín más de plancha pero al igual que el pulpo y sepia, los cefalópodos me gustan al punto de tener que masticar, lo blandengue me resulta abominable.

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Carrillera ibérica, guisada con PX, crema de coliflor trufada (una vez más entra en escena, está de moda sí o sí). Muy rica, estamos en la zona apropiada para degustar los manjares del cerdo.

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Cerramos el grueso del amplio menú con una chuleta trinchada de ternera con D.O. Extremadura. Definitivamente tenía un sabor diferente, más fuerte, comparada con una ternera gallega por poner un ejemplo, creo recordar que se trataba de berrenda. Dependiendo del trozo había partes más firmes (que no duras) y otras más tiernas.

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Remataríamos el menú de resurrección con el postre 100% Chocolate, creo que visionando la foto no requiere muchas más explicaciones.

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En definitiva fue una excelente cena para nuestro primer día de vacaciones y agradezco la recomendación de Fernando Buitrón. Los camareros aún siguen preguntándose donde metímos la comida, espero que muchos asturianos más se dejen caer y esta clase de comandas pasen a resultar familiares, realmente merece la pena.

La Minerva – Plaza Mayor, 26 – Cáceres    Tlf: 927 261 052

https://www.facebook.com/LaMinervaCaceres

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Atrio


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El primer ciclo vacacional toca a su fin y la despedida iba a ser por todo lo grande, cena en el Atrio, ¿cuantos planes mejores se os ocurren estando en Cáceres?, sinceramente, a mi ninguno. Fue la manera de redondear unas vacaciones perfectas en todos los sentidos.

La mañana había sido muy intensa, el viaje desde Zahara de los Atunes, el reencuentro familiar para celebrar el cumpleaños del pater familias, comida generosa y placentera en el Restaurante Javier Martín del que ya leísteis la experiencia. Una primera fase del día repleta de emociones en la que hubo que hacer un paréntesis con una merecida siesta antes de proseguir con la visita a la ciudad antes de ir a cenar.

Pasear por Cáceres es hacerlo por la historia, un recorrido que aúna el mestizaje de culturas y sus legados, impronta que la UNESCO reconoció en 1986 nombrando su ciudad vieja como Patrimonio de la Humanidad.

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Precisamente en su casco viejo se encuentra el Restaurante Hotel Atrio que forma parte de la exclusiva cadena Relais & Châteaux que en este año cumple su 60 aniversario. La integración en el entorno refleja el buen trabajo de los arquitectos Luis Moreno Mansilla y Emilio Tuñón Álvarez con su diseño contemporáneo.

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Toño Pérez y José Polo son los artífices del proyecto, uno al frente de los fogones y el otro como jefe de sala, coleccionista y gran conocedor del mundo del vino. La bodega pasa por ser una de las mejores de España y el mundo, cuenta con mas de 40.000 botellas y alberga casi todas las referencias imprescindibles para el buen amante del vino. El diseño de la misma es todo un espectáculo al margen de las joyas que reposan en su interior, alguna botella como el ejemplar de 1.806 de  Château d’Yquem se han convertido en leyenda por derecho propio. Adquirida en una subasta en Christie’s se rompió por debajo del cuello a la hora de colocarla en unos estuches de madera, se consiguió rescatar gran parte del contenido y trasladar a una nueva botella que se rellenó con perlas de cristal para compensar el vino perdido.

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La historia de este exitoso binomio (como uno de sus platos más característicos) comienza precisamente en 1986, fecha en la que abrén su restaurante, pero no sería hasta el 2010 en que se trasladaran a la actual ubicación. Comienzos duros que con grandes esfuerzos, dedicación e ilusión han conseguido evolucionar y crecer hasta la merecida posición que hoy ostentan.

Llego con tiempo de antelación suficiente para poder tomar un aperitivo antes de cenar, la temperatura invita a disfrutar en su terraza de una cerveza bien fría. Mi inquietud hace que me asome a la cocina, ver como funciona la sala de maquinas es toda una experiencia, es una coreografía digna de los mejores ballet y al frente Toño, el bailarín principal, el Nuréyev de los fogones. En un momento dado vino José para invitarme a conocer la bodega algo que hice al final de la cena acompañado por Jesús, el responsable de presentarme y explicarme la mayoría de platos y con el que mantuve interesantes conversaciones.

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A pesar de que me hallaba muy a gusto en la terraza disfrutando de la frondosidad de las plantas y de las lineas rectas de su arquitectura, estaba impaciente por sentarme a la mesa y empezar a sentir.

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Ya sentado a la mesa las vistas de toda la sala eran magnificas, una decoración sumamente agradable donde predominan blancos y madera. La luz natural que proviene de la terraza aporta sensación de amplitud.

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 A la hora de elegir un menú tenemos dos alternativas: uno confeccionado con platos tradicionales de la casa que han formado parte en algún momento de sus trabajados menús “De Siempre” y por otro lado el que que se elabora como novedad de temporada, fue este último por el que me decidí con la de denominación “Menú Degustación Verano 2014”.

Comenzamos con un aperitivo formado por unos macaron de remolacha con apionabo y caviar.

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El inicio del menú propiamente dicho empieza con Zanahoria, con ortiguilla e hinojo. Se trata de un ravioli de zanahoria relleno de ortiguilla al que acompaña un caldo de zanahoria e hinojo.

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Guisantes falsos, cochinito crujiente y crema de guisantes. Nos encontramos ante unos guisantes en tres texturas que se compone de una tierra de guisantes, una mantequilla de guisantes y unos falsos guisantes de wasabi que cubren un crujiente de cochinillo.

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Bloody Mary, con helado de cebolletas. Lleva una tierra de tomate, berberechos y un sorbete de cebolleta a modo de islas en medio del mar rojo.

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Hasta la elaboración del artículo no me había dado cuenta del juego cromático y puede que Toño nos haya querido decir algo. El comienzo del viaje y a modo de semáforo nos advierte precaución con el naranja de la zanahoria, después nos da luz verde con los guisantes y después nos indica una pausa con el rojo del Bloody Mary en lo que podríamos denominar como entrantes.

Nuestro viaje por la ciudad Patrimonio de la Humanidad continua y lo hace con Ostras…,una con infusión de melisa. Efectivamente, algo nerviosos estamos y nada mejor que la melisa acompañada de la ostra y un puré de apionabo y mostaza para tranquilizarnos.

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La otra, frita, con unos frutos rojos, cayena, papel infusionado de frutos rojos y kimchi. Este último ingrediente es básico en la gastronomía coreana y una de sus mayores virtudes es estimular el apetito, parece que el Chef quiere reactivarnos de nuevo.

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Cigala, verde con pan de algas y tierra de aceite. Se trata de una cigala “verde” que lleva un crujiente de alga de igual textura que los de gamba que ponen de aperitivo en restaurantes asiáticos. Siguiendo con esta tendencia asiática se decora con pak choi que es una verdura perteneciente a la familia de las coles chinas y que por aspecto nos recuerda a nuestras acelgas. Redondeamos el plato con kiwi y una tierra de aceite de oliva.

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Carabinero, maíz y meloso de cerdo ibérico. Se nos presenta en tres formatos o divisiones del mismo producto, por una lado el cuerpo con maíz y un atrevido meloso de cerdo ibérico. Por otro lado la cabeza para poder disfrutar de todos sus jugos y que por si fuera escasa de potencia se acompaña de una mousse de los mismos.

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Llegamos a un ceda el paso tras salir de la glorieta de moluscos y crustáceos. Avanzamos en nuestra ruta y damos preferencia al Rape, cítricos, mil y una noches y pan de cominos que circula por nuestra derecha. Pasa por ser uno de mis pescados favoritos y el tratamiento que hacen con toques de curry (quizás ras al hanut) y comino es todo un homenaje al pasado almohade de la ciudad.

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Vamos con precaución, controlamos nuestros espejos mirando lo que dejamos atrás pero sin apartar la mirada de lo que aún está por venir, aparece delante nuestro un tandem, Solomillo de retinto en dos pases….

El primero, en tartar con helado de mostaza acompañado de un crujiente de avellanas, parece arriesgado con el shichimi togarashi pero supera con creces el primer envite.

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El segundo, asado, con costra crujiente de hierba. Apuesta por el brocoli y pipas, un puré de brocoli y apionabo y un toque de mostaza.

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Poco a poco, sin prisa pero sin pausa nos vamos acercando a nuestro destino y no se me ocurre mejor manera que con el Binomio, de torta del casar con membrillo y aceite especiado. Muchos son los atractivos de Cáceres y si en su nombramiento como Patrimonio de la Humanidad hubo alguna duda creo que este magnífico queso algo tuvo que influir en el jurado. Se nos presenta en dos texturas: en su estado natural lo tenemos en la parte inferior y en el superior en forma de helado con un poquito de membrillo y aceite de vainilla. Se sirve con un pan de pasas y orejones para poder untar.

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Avistamos el sitio idóneo para ir aparcando y comenzamos la maniobra con La Piña, en texturas. De derecha a izquierda, una perlita de piña colada, base de tierra de piña con helado de coco, canelón de piña y plátano, helado de piña tostada con un crujiente de leche.

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Alguna maniobra más de la cuenta, pues el sitio engañaba como el trampantojo de La cereza que no es cereza. Una gelatina de cereza con licor, rabo de chocolate y pepitas de chocolate y canela.

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Quitamos la llave del contacto con un café y Las golosinas y entretenimientos de sobremesa. Mini magdalenas, macaron de limón, trufas y gominolas de frambuesa.

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Hemos llegado a destino SATISFACCIÓN, un hermoso e intenso viaje. Las vistas han sido fabulosas, todos y cada uno de los platos ofrecían una armonía de colores y sabores que me han dejado perplejo y con ganas de volver a realizar la ruta, quizás la próxima vez haciendo el recorrido por los clásicos.

Todos y cada uno de los pequeños detalles, a veces imperceptibles, hacen que la experiencia en Atrio merezca la pena siendo viajero de paso o planeando una estancia prolongada en Cáceres. Uno entiende a la finalización el porqué de sus dos Estrella Michelín, resulta fácil una vez imbuido en la experiencia pero quizás lo más interesante sea el poso que deja. En mi caso han transcurrido dos meses desde mi visita hasta la finalización de este artículo y ser capaz de emocionarse con el simple recuerdo dice mucho de su trabajo, ha transcendido más allá de las fronteras y del espacio temporal.

Toca despedirse y mientras espero por el taxi me obsequian con unos caramelos caseros y una cajita que contiene unos macaron. Estuvieron pendientes de mi ofreciéndome conversación hasta que partí, esta es la clase de detalles que marca la diferencia.

Atrio – Plaza de San Mateo 1, Cáceres   Tlf: 927 242 928

http://restauranteatrio.com/restaurante/

https://www.facebook.com/pages/Restaurante-Atrio/162037940506052

Restaurante Javier Martín


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Hay días que salen redondos y este 18 de julio del que os voy a hablar ya nació perfecto desde su planificación un mes antes. Cuando hablé con mis padres de los planes para el verano sin duda el día 19 de julio resulta muy importante en la familia ya que el patriarca cumple años, mi alquiler en Zahara de los Atunes acababa el día antes y había hecho reserva para pernoctar en Cáceres. Coincidió que habían planificado para ese día acudir al espectáculo del teatro romano de Mérida y adelantamos un día la celebración porque el sábado tenía que estar en Gijón en otro cumpleaños de un buen amigo. Bien podían haber organizado una visita a Cuenca o Tarragona y no nos hubiésemos visto, cosas del destino.

Hablar de Cáceres en su aspecto histórico y monumental nos llevaría páginas y más páginas, aquí hablamos de gastronomía y esta bella ciudad tiene en el Restaurante Atrio uno de sus puntos de referencia. Como quiera que ya había reservado para cenar, mi padre se quedó huérfano de ideas y la elección correría de mi cargo.

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Me reconozco con incontinencia verbal, me gusta hablar, lo hago por los codos y quizás este “problema” se convierte en ventaja cuando uno viaja solo, no tengo reparos en preguntar y extenderme cuanto haga falta. Tomando una cerveza en el chiringuito asalté a los compañeros de barra, unos cacereños que me podían aportar buena información para mi visita y así fue. El dueño de una empresa de distribución de productos de peluquería para salones de belleza me ofreció mucha garantía, comidas y cenas de negocios son parte del trabajo y cuando me insistió tanto con el Restaurante Javier Martín no lo dudé un instante, ya había encontrado lugar para el reencuentro familiar.

La última noche en Zahara la exprimí a conciencia y con evidente falta de sueño tuve que despedirme de mi pequeño paraíso terrenal y afrontar los 437kms que me separaban de Cáceres con el tiempo justo. El restaurante tiene una nueva ubicación, está en el Nuevo Cáceres, una zona de grandes avenidas y muy convenientemente situado para el viajero de paso.

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La entrada e interior destacan por el enrejado de listones verticales de madera y unos grandes y luminosos ventanales que junto con unos techos altos dan gran sensación de amplitud. Antes de ir había leído algunos comentarios del Tripadvisor y recuerdo uno del típico hater que se ensañaba con la mantelería, personalmente me gusto mucho, me pareció atrevida, divertida y moderna acorde con el tipo de comida fusión entre tradición y vanguardia que Javier nos ofrece. No queda otra cosa que pensar que este hater seguro tiene en su casa sofas de skay con cabeceros de ganchillo, una televisión con antena de cuernos y probablemente hasta la tapa del inodoro tapizada.

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Dos menús degustación de diferente composición, ambos igual de sugerentes pero optamos por el que no incluía bebida ya que mis padres tenía aún ruta por delante. Yo sigo fiel a mi cerveza, en este caso una Legado de Yuste de estilo abadía belga, una lager de tono ambar sin demasiado cuerpo.

Comenzamos con un aperitivo de la casa compuesto de sepia, guisantes y unas virutas de jamón. No soy amigo de los guisantes pero no dejé ni uno, estoy en proceso de adaptación forzada, quiero que me gusten y con platos como este seguro lo conseguiré.

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Carpaccio de solomillo ibérico, láminas de foie y canónigos. Me llamó la atención la generosidad en la lámina de foie, nada de transparencias.

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Saquitos crujientes rellenos de marisco.

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Rape con bogavante gratinado y salsa holandesa. Jugoso conjunto de pescado y marisco en el que quizás para mi gusto peca algo de exceso de salsa.

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Sorbete de limón al cava, un cortante que mi amigo Alfredo se empecina siempre en pedir aunque no lo vea en la carta de postres.

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Solomillo de ternera con salsa de foie y torta del Casar. Si en Asturias usamos el Cabrales a discrección en la tierra de la torta del Casar no podía faltar este magnífico clásico, un majar que nadie debería dejar de probar.

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Sopita de fresas con helado de coco y virutas de chocolate. Muy refrescante y atractivo con la decoración del enrejado de caramelo.

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Con los cafés nos sirven una teja, perfecta.

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Tanta carretera me había abierto el apetito y sin lugar a dudas en el restaurante Javier Martín no solo se come rico, también se come abundante, esa tradición se traduce en sus raciones bastante alejadas del minimalismo. Todo un reto para el comensal y un acierto de mi compañero de barra en el Chiringuito de Zahara.

Un éxito de celebración de los 69 veranos paternos, un mozalbete andaluz con mucha cuerda por delante del que no paro de aprender.

Restaurante Javier Martín –  Calle Juan Solano Pedrero,15,  Cáceres   Tlf:   927 235 906

https://www.facebook.com/pages/Restaurante-Javier-Martin/161945547194808?ref=br_tf