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Belcanto


Belcanto

Desde 1960, junto al Tajo, una inmensa carabela con treinta y tres personalidades rinde homenaje con su Monumento a los Descubrimientos, al gran pasado portugués que guió hace 500 años, muchos de los destinos de la vieja Europa con la apertura a nuevos mundos.

No sólo podemos identificar a navegantes como Enrique, al frente, otras disciplinas como la poesía y pintura también fueron reflejadas. Transportándonos a la realidad actual, no sería descabellado pensar que José de Avillez Burnay Ereira pudiese ser uno de ellos por todo lo que está aportando a la cocina portuguesa.

Más conocido como José Avillez, este joven de Cascais (pronto cumplirá 39 años), ha conseguido en poco tiempo aportar lustre a una cocina tradicional llevándola por derroteros hasta entonces no conocidos .

Sin lugar a dudas, haber trabajado con una eminencia casi renacentista como José Bento dos Santos en la Quinta do Monte d’Oiro y tomando lecciones particulares de María de Lourdes Modesto, considerada como la madre de la cocina tradicional portuguesa, ha forjado los cimientos del que hoy en día puede ser considerado como el mejor chef de Portugal.

Los cimientos son muy importantes pero ir poniendo pilares y consolidándolos con las viguetas y forjados adecuados, hace crecer la sólida estructura empresarial en la vertiente que José Avillez tiene como restaurador.

Alain Ducasse, Éric Fréchon y Ferrán Adriá han sido piezas angulares en su carrera y poder vivir la época excelsa de El Bulli desde su departamento creativo, ha marcado un antes y un después en su destino.

En 2009 siendo el el chef ejecutivo del restaurante Tavares, el más antiguo de Lisboa y el segundo más longevo de la península ibérica, consiguió su primera Estrella Michelín. En 2012 re inaugura el clásico Belcanto, fundado en 1958, y consigue la estrella Michelín en el mismo año, en 2014 obtendría la segunda y en años posteriores entraría en el prestigioso listado de los World Best 100 Restaurants empezando por el número 91 en 20015 y escalando al 75 en este 2018.

José Avillez – Foto de Luis Mileu

La inquietud del chef y las mas que prestigiosas tablas en el oficio le llevan a la apertura de su primer negocio en 2011, Canntinho do Avillez, momento en el que se puede considerar como arranque de una carrera meteórica pese a su juventud.

El soporte de la estrella Michelín, esta vez conseguida para su restaurante Belcanto, no ha hizo mas que espolear a José en una frenética carrera donde mostrar todo su saber culinario.

Consciente de que los 28 comensales que puede albergar Belcanto no eran suficientes para poder expresarse, hasta la fecha lleva abiertos 11 negocios en los que se mueve igual de bien con la cocina peruana, en el mundo del pan pita, o en opciones tan interesantes como el Cabaret o el de una pizzeria.

No dudéis en pinchar en el enlace a su web y conocer mas en profundidad todas las propuestas. Dan para hacer un viaje monográfico de una semana a Lisboa y tener cubierta comida y cena siempre en el entorno Avillez.

Como casi todos los grandes chef que tienen diversos negocios, antes de lanzarse a estas aventuras, son conscientes, porque lo han mamado, de que trabajar en cocina requiere de un gran equipo y saber delegar es tan importante como crear platos imponentes.

Belcanto

En el caso de Belcanto tiene plena confianza en su chef ejecutivo David Jesus, que maneja un excelente equipo donde todos cuentan por igual. No es que tenga yo capacidad y nombre, pero recibí el mismo trato que en abril había tenido Eneko Atxa. Reunió a todo su equipo para ser participe del momento, un gran detalle que revela la humanidad, disciplina y humildad, todos a una FuenteOvejuna, para lo bueno y lo malo.

Ya conocéis un poco de la persona, ahora toca ir al grano y centrarnos en el restaurante, que como avance antes, lleva abierto en el barrio de Chiado desde 1958.

Se trata de un restaurante de corte clásico, era uno de los lugares favoritos elegidos por empresarios y es que su reducido tamaño invita a la privacidad y largas sobremesas.

Justo enfrente, una plaza donde destaca por un lado el Teatro Nacional de San Carlos, únicamente destinado a la opera y precisamente ahí esta el Café Lisboa, uno de los locales del Grupo Avillez.

Teatro Nacional San Carlos

Esta plaza también destaca por albergar el edificio donde nació el poeta Fernando Pessoa y cuenta con una escultura muy curiosa,  además de la que ya os había mostrado en artículos anteriores junto al Cafe Brazileira.

La sala resulta muy sobria y sus elementos mas destacados son un gran espejo, unos bancos corridos en cuero chocolate, las sillas en verde musgo que contrastan con los marrones de las maderas claras, una gran escultura de platos y un panel con mariposas.

La cocina es vista, aunque no visible desde todos los ángulos. Tiene mucha luminosidad y alberga una exclusiva mesa desde donde poder ver todas las evoluciones del equipo de cocina y degustar un menú misterioso.

Belcanto

El servicio es muy bueno y el camarero principal que nos atendió habla un casi perfecto castellano y resultó muy amable, simpático y conversador, cuando la situación se terció.

Tenemos dos opciones de menú, uno un poco más largo que llaman Menú Evolución y otro más corto llamado Lisboa, donde hace un recorrido por platos de clara identidad portuguesa donde busca reinventar la tradición. Algo así como el cambio que ha dado la ciudad trasladado a la cocina y en el que encontraremos platos antiguos con los que Belcanto ha forjado su historia.

Comienzan sirviéndonos un martini donde la protagonista es la famosa aceituna líquida heredada de El Bulli.

martini

Siguen los aperitivos con unas pequeñas rocas que son un calco de una de verdad, la del medio es la que no se come. La blanca está rellena de hígado de bacalao y la negra de garbanzo.

rocas

rocas

 

Fiel a mis costumbres que me alejan del complejo mundo del vino, mis habituales cervezas me acompañan en todas las comidas.

La creatividad va increscendo  y llegan las pinzas de bogavante, la mini tortita de pollo y una espectacular maceta florida de la que emanan unos conos de alga rellenos de tartar de atún.

bogavante

bogavante

bogavante

taco de pollo

taco de pollo

conos de tartar de atun

conos de tartar de atun

cono de tartar de atun

Los panes y mantequillas tienen su importancia, así las elaboraciones de aceituna, centeno, maíz y trigo, las podemos untar con una mantequilla blanca de las Azores, una roja hecha con encurtidos de cerdo y tomate y por último una negra ahumada con romero.

panes

panes y mantequilla

mantequilla

Ahora si comienza el menú en serio y nos trasladamos a 2008 con la Huerta de la Gallina de los Huevos de Oro. Un perfecto huevo a baja temperatura que se envuelve en una lámina de oro comestible, con migas de pan y setas.

Huerta de la gallina de los huevos de oro

hueta de la gallina de los huevos de oro

huerta de la gallina de los huevos de oro

Nos acercamos al mar para bucear con su Mergulho do Mar, un plato de 2007 compuesto por un hermoso lomo de lubina con algas y bivalvos. Diferentes algas dan color y enriquecen el sabor cubriendo mejillones, navajas y berberechos.

Buceo del mar

Buceo en el mar

Buceo en el mar

El Cocido a la Portuguesa de 2014 es la tradición convertida en elegancia y sutileza. Un cocido clásico servido con una jarrita donde el caldo concentrado liga los avíos del puchero.

cocido a la portuguesa

cocido a la portuiguesa

cocido a la portuguesa

De 2012 es su cochinillo revisado, una visión muy personal donde cada elemento e incluso subelementos, como la carne y piel del cochinillo, son tratados con tremenda exquisitez y finura.

cochinillo

cochinillo

Una piel ultra crujiente, una carne jugosa, un salseado reducido que nos pincelan, unas patatas servidas en un bolsa comestible colgada de un tendal y la suave salsa de naranja que da color junto con una lechuga braseada, hacen que sea un plato redondo.

cochinillo

cochinillo

cochinillo

En los postres comenzamos por el más dulce, creado en 2014 el pudin Abade de Priscos, típico de Braga donde se ubica esta abadía. Es el equivalente a nuestro tocinillo de cielo y lo acompañan de un sorbete de frambuesa y wasabi, adornado con frambuesa hidrofilada y unos sorprendentes mini torreznos de cerdo.

Pudin Abade de Priscos

Pudim Abade de Prisco

Pudim Abade de Prisco

La Mandarina es un postre de 2010, presentada sobre un lecho de hojas de naranjo simula perfectamente a la fruta, está rellena de una mousse y al lado se acompaña con una quenelle de sorbete, ambas de mandarina. Estética y frescor para cerrar un estupendo menú.

Mandarina

Mandarina

Mandarina

Con los cafés llegan unos petit fours que mezclan chocolate, con bizcocho, gominolas en formato miniatura.

Petir fours

petit fours

El paso por Belcanto se convirtió en el broche perfecto para cerrar la primera parte de nuestras vacaciones. Lisboa tiene mucho tirón, es una ciudad que engancha y la cocina de José Avillez enamora. He descubierto esta joya lusa a la que sin duda los vientos de su carabela le habrán de llevar aún muy lejos, descubriendo nuevas rutas y destinos que consolidarán este nuevo florecimiento de nuestros vecinos.

 

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Sea Me


Sea MeSea Me Peixeria Moderna  – Rua do Loreto,21  –  Lisboa     Tlf: +351 21 346 1564

En el artículo de hoy, además de seguir con la ruta turística por episodios, os invito a conocer Sea Me, un concepto de pescadería moderna donde podemos elegir las piezas y cantidad de pescado o marisco que nos pueden cocinar sobre la marcha.

La primera aproximación en su ubicación del Barrio de Chiado había sido infructuosa, largas colas y reservas para el día siguiente que sólo dejaban alternativas más propias de una merienda, hizo que nos olvidáramos de seguir las recomendaciones de mi amiga Marta.

Lisboa no cansa, hay mucho que ver, pero por cercanía de poco más de 30kms, uno no debe dejar de visitar Sintra. Esta era mi segunda vez y no quería que mi Cenicienta se perdiera la visita a un palacio de cuento, el Palacio da Pena.

Palacio da Pena

Agosto hace de las suyas y llegar hasta el alto nos cuesta más de una hora, una caravana de coches que nos anuncia el posible infierno. Casi derrotados, pensando en volvernos de vacío porque no había sitio para aparcar, en el último parking disponible, ya en la bajada, encontramos la fortuna.

Ahora había que lidiar con las colas para sacar los tickets y ya dentro, otra cola para acceder a su interior. Así como os dije que para El Castelo de Sao Jorge no merecía la pena, aquí nunca dudaría, es una visita impactante.

Palacio da Pena - Sintra

Como no os voy a aburrir con historias de reyes y princesas, lo mejor es que veáis unas fotos y ya que estamos en un blog de cocina, nada mejor que visitar las cocinas y el comedor.

De regreso en Baixa podemos organizar otra ruta turística por la tarde. Mi recomendación es tomar uno de los numerosos tuck tuck indicando el final del destino en la Torre de Belém. Además de ser divertido y una prueba de fuego para vuestros empastes, vais viendo la ciudad y os evitáis una larga caminata.

La Torre de Belém, el Monasterio de Los Jerónimos, el Monumento a Los Descubridores, el Puente de 25 de Abril son algunas de las visitas clásicas de este trayecto.

Lisboa

Unos 200mt antes de pasar por debajo del puente nos desviamos hacia el interior en busca de la Rua 1º de Mayo, en ella podremos visitar el Museo da Carris que muestra la historia del transporte público. Pero si lo vuestro no son los tranvías, un poco más allá encontrareis LX Factory un histórico complejo industrial lleno de espacios artísticos, cafés y tiendas variopintas.

LXFactory

Hemos regresado caminando, un trayecto de 7,5kms bajo un sol de justicia, estamos cansados, hambrientos y sedientos y se nos vuelve a cruzar en el camino Sea Me. Un déjà vu, mira por donde si que nos encajaría una cena tempranera, probamos suerte y bingo!!!

El local resulta muy atractivo,  tienen un gran trabajo de escaparatismo. Ya dentro nos encontramos con un espacio para el dj, un muestrario de ostras y champagne, una barra con sillas altas, bajamos un par de peldaños y tenemos el comedor.

Sea Me

Mesas bajas con unas atractivas sillas de madera, paredes blancas con ladrillo visto, a la izquierda una barra de sushi y al fondo la pescadería con su nutrido muestrario y una cocina vista.

Nos invitan a visitar la pescadería por si nos interesa alguna pieza. No soy de los que miro mucho los precios, para mis artículos siempre busco buen material pero algunas cosas allí expuestas me dejaron boquiabierto. Bígaros a 37,50€/Kg, ñoclas a 31,50€/kg, oricios 6€/ud son precios que asustan a un asturiano, y no quiero entrar con los peces que a bote pronto también me parecieron desfasadísimos.

SeaMe

Primero vamos a saciar la sed y echar un vistazo a la carta, no sea que lo visto en la pescadería fuese un espejismo. Pues va a ser que los precios en los platos de carta están muy aquilatados y se ve claramente donde está el negocio. La cuenta final fueron 68€ que como veréis a continuación, no resultó para nada abultada.

Mientras elegimos, nos ponen unos aperitivos que te endosan de remanguillé y que al final te cobran como cubierto, a 3,50€. Estamos de vacaciones en modo zen pero como me pillen un día con el pié cambiado…no resulta de recibo, la verdad.

Para empezar buscamos un par de platos para compartir y ambos resultaron sorprendentes. Primero unos chocos en tempura negra, abundantes, gruesos, sabrosos y con una tempura perfecta.

choco en tempura negra

choco en tempura negra

choco en tempura negra

Seguimos con unas almejas bulhao pato, que no son otra cosa que unas almejas con ajo, cilantro, aceite, limón y vino blanco que toman el apellido del poeta portugués que elogiaba en sus poemas algunos platos de la gastronomía portuguesa.

Almejas Bulhao Pato

almejas Bulhao Pato

Alemejas Bulhao Pato

Como principales un arroz negro bien presentado, que estaba con mucho color y melosidad.

arroz negro

arroz negro

arroz negro

Y como no, vuelvo con el bacalao en una elaboración que no recuerdo el nombre. Un buen taco y esta vez con buena cocción y unas hermosas lascas. Se acompañaba de unas patatas, grelos y ajitos.

bacalao

The Insólito


The Insolito

The Insólito –  Rua de Sao Pedro de Alcantara, 83  –  Lisboa   Tlf:  +351 21 130 3306

Este viaje por Lisboa llega a su cuarto episodio donde recalaremos otra vez en el Barrio Alto para cenar, junto al Mirador de San Pedro de Alcantara, una reserva presencial que había hecho el día anterior en The Insólito.

Tras la visita al barrio de Alfama os había dejado deliberadamente estancados junto a la Casa dos Bicos para tomar el vermut y anticiparme con el artículo de SOI-Asian Street Food. Aún quedaba algunas cosas por ver antes de comer, pero no quería aburriros con tanta visita, que al final esto es un blog de comida y no de viajes.

Ya os había comentado que la Rua Augusta es una de las calles comerciales con más ambiente, su desembocadura en el gran arco nos abre la puerta al río Tajo con su imponente Plaza del Comercio (una pena que parte estuviese en obras).

Plaza del Comercio

Seguimos caminando por la Rua do Arsenal y nos encontramos con el Ayuntamiento a mano derecha y el Palacio de Justicia a la izquierda.

Ayuntamiento de Lisboa

Ayuntamiento de Lisboa

Antes de llegar a SOI dejamos el Mercado da Ribera que al ver que por las horas recogían mercancía, no entramos, gran error puesto que según me ha comentado mi amigo Ramón, aquí podéis encontrar unos cuantos restaurantes con buena calidad.

Saliendo del restaurante en Rua Moeda, nos estrellamos con la Rua Sao Paulo y por casualidad descubrimos el Ascensor da Bica. Viendo que la gente se agrupaba haciendo cola, curioseamos y tras una pequeña puerta nos encontramos con este funicular que esta considerado Monumento Nacional desde 2002.

Ascensor da Bica

Ascensor da Bica

Aunque se trata del más moderno de los funiculares debemos remontarnos a su construcción en 1892. Inicialmente funcionaba como tren cremallera con contrapesos de agua, luego con vapor y en 1927 se electrificó para unir esta Rua Sao Paulo con la cima de Largo do Calhariz, 200 metros con un desnivel endiablado que está considerado como el más pintoresco de la ciudad.

Ascensor da Bica

Ya que estamos con los ascensores y elevadores, no puede faltar el céntrico Elevador de Santa Justa, que une los barrios de Baixa Pombalina y Chiado. Construido en 1902, su estructura metálica se eleva 45 metros que desembocan en la Plaza do Carmo, junto al Museo Arqueológico.

Elevador de Santa Justa

Si queréis ahorraros  los más de 5€ de ida y vuelta y sobre todo las largas colas, os enseñaré un pequeño truco y atajo para disfrutar de las mismas vistas y moverte por su pasarela. Lo único que os perderéis es subir hacinados en un trayecto muy corto.

Elevador de Santa Justa

Caminando por la Rua do Carmo, entre los números 27 y 31 encontrareis unas escaleras que si las seguís, acabarán dando al restaurante Bellalisa Elevador, del mismo grupo Fullfest al que pertenece la visitada Adega de Sao Roque.

Sin más dilación paso a contar cosas del Insólito que si no llega a ser por su cartel o porque os lo haya recomendado alguien, nunca pensaríais en acceder a este lugar insólito. Debemos acceder por el portal de una casa antigua y allí está una chica que gestiona las reservas y nos acompaña al ascensor previa comunicación por walkie con la parte de arriba.

The Insolito

El ritual de la subida en si, ya merece la pena, nos adentramos en un ascensor muy antiguo, según nos cuentan uno de los primeros privados en la ciudad. Paredes empapeladas, un espacio minúsculo con unas puertas de madera con ojos de buey ovalados con espejo, nos trasladan a otra época.

Curioseamos al salir y todo resulta muy ecléctico, la decoración extraña de los aseos, las lamparas, cachivaches que parecen salidos de un museo antiguo dan paso a dos grandes escenarios , el interior con capacidad de 30 personas que incluye 6 en barra y en la terraza exterior un poco más, 32.

Mariposas, pajaritas de papel colgadas, una jirafa, un ciervo, sillas de flores, suelos que mezclan cerámica colorida con madera, alguna alfombra persa, lamparas de lágrima, no sabes a donde mirar, todo resulta muy insólito.

The Insolito

El espacio exterior aunque decorativamente no llama la atención conjuga un comedor con una zona de copas, está claro que no hay mejor decoración que las vistas elevadas sobre la ciudad con el Castelo de Sao Jorge al fondo.

Para beber nos ofrecen la cerveza Sagres, que junto a la Superbock son emblemas nacionales, algo así como nuestra Mahou y San Miguel.

cerveza Sagres

La carta y la descripción de los platos ya nos avanzan una cocina algo más moderna de la que habíamos degustado anteriormente.

Comenzamos por una buena tabla de quesos y embutidos del país con focaccia (escasa). Tres y tres fueron los distintos ejemplares y la verdad que no defraudó ninguno. Los quesos, más parecidos a los españoles podrían ser unas versiones de manchego, cabra fresco y torta del Casar; en cuanto a los embutidos, chorizo y morcillas muy distintas pero muy sabrosas.

Tabla de quesos y embutidos

Tabla de quesos y embutidos

Tabla de quesos y embutidos

El siguiente plato para compartir fue un ceviche que sin ser malo le faltaba algo más de punch en la leche de tigre y sobretodo, sustituir el maíz cancha por esta palomitas no está acertado, eran excesivas y no estaban recién hechas con lo que pierden toda su gracia.

ceviche

ceviche

ceviche

El pescado elegido fue raya y se servía con berberechos y abundancia vegetal que le daba bastante colorido. Pimientos, cebolla roja, tomate cherry, espárragos trigueros, rabanitos y unas sorprendentes alcaparras fritas. No puedo decir mucho, un buen filete y mucho verde, un plato muy sano y rico.

Raya

Raya

Raya

Mi elección fue una carne, lejos de un entrecot busqué algo más elaborado como el rabo de buey estofado. Deshuesado a la perfección, encorsetado en un aro para dar la forma de terrina quizás se pasaron un poco en la cocción final de horno, el exterior quedó algo seco y el interior perfecto y meloso.

Rabo de buey

Rabo de buey

Rabo de buey

Esta buena ración se acompañaba además por otro generoso puré de patatas con habas de mayo y una salsa bearnesa que fue lo que más me chirrió, hubiese prescindido de ella y habría salseado más con la salsa del guiso más reducida.

En general la experiencia fue buena, el lugar es muy agradable y sorprende en todos los sentidos.

SOI – Asian Street Food


SOI Asian Street Food

SOI – Asian Street Food – R. Moeda, 1C   –  Lisboa   Tlf: +351 912 895 391

Comienza un día completo amaneciendo en Lisboa, el sueño ha sido reparador y uno tiene ganas de echarse a la calle para volver a visitar esos lugares imprescindibles que hacen a esta ciudad tener ese encanto especial.

Tal y como suelo plantear mis viajes, cuando voy a conocer, la hora de la comida no tiene excesivo protagonismo, por ello un buen desayuno energizante ha de ser suficiente para horas de caminata hasta buscar un lugar donde comer algo sencillo nos aguante hasta la cena.

Por cercanía con el hotel, nos dirigimos a la Rua Augusta donde en Casa Brasileira tomamos un exquisito croissant y probé un pingo de tocha, un pastel de yemas de huevo y toneladas de azúcar, acompañando al buen café portugués.

 

La mañana discurriría por el Barrio de Alfama, donde podréis encontrar muchos locales de fado. La primera parada por esas empinadas cuestas nos lleva al Castelo de Sao Jorge, parece que no fuimos los únicos y aquello era un hormiguero con largas colas.

  

  

Como ya lo conocía, ni me planteé perder el tiempo pues lo mejor son las vistas y ya os digo que hay muchos lugares de la ciudad con vistas parecidas e incluso mejores. Se nota que estamos en agosto y nada tiene que ver el gentío con el que recordaba de un mes de noviembre.

Callejeando un poco os encontrareis una iglesia a la que podéis subir a la torre, hacer el macarra tocando las campanas, ver parte del castillo por dentro y tener unas inmejorables vistas.

  

Ya sabéis que odio las paredes pintarrajeadas sin sentido ni arte. En este barrio os encontrareis las dos versiones y en este solar vacío me encontré este buen ejemplo artístico.

La siguiente parada fue en el mirador, iglesia y convento de Graça. Unas vistas muy bonitas desde las que contemplamos el Castelo de Sao Jorge con cierta proximidad y a lo lejos divisamos el Mirador de Sao Pedro de Alcantara del que ya os hable en el artículo de Adega do Sao Roque.

  

En el interior de la iglesia hay unos bonitos y característicos mosaicos de azulejo en blanco y azul, tan típicos en Portugal. Además podemos visitar el claustro.

Seguimos bajando en busca de la iglesia de Sao Vicente de Fora, donde podemos aprovechar para tomar una típica instantánea cuando se cruza el tranvía.

  

El cansancio y calor abundan, culminamos el descenso llegando a la atractiva Casa dos Bicos que es el lugar de la Fundación José Saramago. Aprovechamos para tomar el vermut con un par de cervezas heladas.

Termino la ruta turística que continuaré en el próximo artículo del lugar elegido para la cena, The Insolito.

Nos encontramos con este restaurante asiático cuya declaración de intenciones parecía leer nuestros pensamientos, comida asiática callejera pero sentados a la sombra, cómodamente, como señores.

SOI Asian Street Food

La decoración dista bastante de los clásicos restaurantes asiáticos, me gustó mucho, parecía que estábamos perdidos por alguna calle del lejano Tokyo. La carta es un batiburrillo de comida asiatica, sin centrarse en ningún país, algo muy atractivo para un pica en Tailandia, pica en Vietnam…

Empezamos por unas sabrosísimas alitas de pollo coreanas, crujientes y bastante picantes.

Alitas de pollo coreanas

Alitas de pollo coreanas

Nos vamos a Taiwan con unos bao de langostino en tempura con salsa satay de cacahuete.

Bao de langostino en tempura

bao de langostino en tempura

Como platos principales, un wok de arroz con verduras y un picante curry rojo con solomillo de cerdo que se acompañaba de un arroz basmati.

wok de arroz y verduras

wok de arroz y verduras

work de arroz y verduras

curry rojo

curry rojo

curry rojo

Todo estaba bien cocinado, a un buen nivel gustativo. En definitiva, lo esperado y deseado para una comida rápida y proseguir nuestra ruta.

Adega de Sao Roque


Adega de Sao Roque

Adega de Sao Roque – R. Da Misericórdia, 120 – Lisboa   Tlf: +351 21 343 2167

Este artículo está estructurado como la segunda parte del que recientemente habéis leído de la Pastelaria Benard. Es uno de los múltiples ejemplos que os podéis encontrar en vuestro primer día en la capital lisboeta, habiendo llegado a la hora de comer.

Dejaba el relato de Benard yéndonos de siesta al hotel para descansar del viaje y evitar unas horas de sol en que realmente pegaba fuerte, había que aclimatarse y sobre todo darse una reparadora ducha fría.

Teniendo en cuenta lo céntrico del hotel, en una boca calle de la Plaza Rossio, la cruzamos y llegamos a la Estación Central donde los amantes de Starbucks pueden obtener su dosis diaria, aunque yo os recomiendo tomar el café en alguna de las pastelerías de la próxima Rua Augusta.

A la izquierda de la Estación hay una calle estrecha llamada Largo do Duque Cadaval que desemboca en una plaza muy agradable ideal para tomarse un gin tonic. Veréis unas escaleras con un tránsito desmedido, es la Calçada do Carmo, el comienzo de un infierno de más de 250 peldaños que se extiende por la Calçada do Duque y que os llevará al Barrio Alto.

Elevador de la Gloria

Si amigos, esto es Lisboa, el San Francisco europeo, una ciudad con unos desniveles imponentes que os pondrá en forma, si o si. Pero tampoco os asustéis, para vagos o lesionados tienen algunos elevadores situados estratégicamente, como en este caso es el Elevador da Gloria que podéis tomarlo en la Plaza de los Restauradores en sentido ascendente.

Pero ya puestos a alcanzar la gloria, mejor subir cual sherpa manteniendo siempre un ojo en la calzada, es fácil despistarse y darse una morradinha que por muy graciosa que resulte, será dolorosa, no en vano habremos de sortear una elevación de 265mts con un porcentaje de inclinación sostenido del 17%.

Calçada do Duque

Y, ¿cual es la gloria que nos espera en el Barrio Alto?. Además de los numerosos locales para tomarnos una merecida cerveza, encontramos el jardín y mirador de Sao Pedro de Alcântara, con unas vistas increíbles sobre Baixa, Chiado y el también elevado barrio de Alfama, con su emblemático Castelo de Sao Jorge.

Mirador de San Pedro de Alcantara

Castillo de San Jorge

Habiendo recuperado el aliento se acercaba la hora de cenar, os recuerdo que en Portugal están muy influenciados por los británicos y no es que cuenten con una hora menos, además suelen hacer sus comidas a horas más tempranas de las que tenemos costumbre en el resto de la península.

Como toda gran ciudad, si estais empeñados en comer en algún sitio en concreto que os hayan recomendado o que os haya gustado al pasar, se hacen necesarias las reservas y así nos dieron la vuelta en uno que mi amiga Marta nos había indicado. Dejando el trabajo hecho para el día siguiente tocaba seguir buscando y ahí dimos con la Adega de Sao Roque.

Básicamente llegamos a él porque estaba en la zona y porque tenía una última mesa en la pequeña terraza. Tras un verano lluvioso y frío en Asturias, el primer día de vacaciones poder cenar en una terraza para nosotros ya era todo un lujo, la comida estaba en segundo plano.

Adega de Sao Roque

En el interior había bastante clientela, es luminoso y nos recuerda a una bodega, como su nombre en portugués indica, incluso tenía jamón al corte y una cetarea decente.

Pues resulta que esta bodega pertenece a un grupo empresarial llamado Fullest, que en 2009 comenzó su andadura llamándose Grupo Bellalisa, en el que englobaban tres restaurantes de corte italiano.

Tal ha sido su crecimiento, que a día de hoy ya tienen 16 restaurantes variados y han derivado su negocio al alojamiento, con nueve apartamentos de alquiler y organización de tours y eventos.

Al sentarnos y pedir dos jarras frías de cerveza me monté en el Delorean retrocediendo a 1982 en una vacaciones por el Algarve. En Portugal es muy típico que te den el sablazo con unos aperitivos que piensas son cortesía de la casa, así mantequilla, aceitunas o incluso un mini queso los degustareis con ganas y se os atragantarán cuando pidáis la cuenta. Sabedor de esta práctica, con las mismas le hice marcharse al camarero con esos aperitivos envenenados.

Desilusionado con el cocktail de gambas de por la mañana, soy como don erre que erre, nos animamos con unas al ajillo. Estas volvían a tener buen tamaño y el ajo y guindilla estaban muy marcados, pero cuando haces este plato con gamba cocida previamente, lo bajas de calidad muchísimo, por no hablar del exceso de aceite.

Gambas al ajillo

Con un par de horas que recorráis la ciudad, os daréis cuenta de la devoción que tienen por las sardinas, sus conservas son muy llamativas y las tiendas de souvenirs están plagadas de versiones cerámicas, en tela, de goma…etc.

Incluso hay una tienda llamada O Mundo Fantastico do Sardinha Portuguesa, donde venden llamativas latas con cada año en el que reflejan una efeméride y el nacimiento de famoso. Pues resulta que en 1970, mi año, se inventó el diskette para ordenador y nacieron Mariah Carey y Claudia Schiffer.

Bueno, que me desvío de la comida. Probar unas sardinas a la plancha era casi algo obligatorio y aquí tenéis una ración algo escasa, incluso algo chamuscadas, pero que estaban jugosas. Nada que envidiar a las que podamos comer en la Fiesta de la Sardina de Candás.

sardinas

sardinas

Dispuesto a darme un atracón de bacalao durante estos cuatro días, la versión elegida fue un bacalhau com broa. Se trata de un bacalao al horno que se cubre con una masa elaborada con migas de pan de maíz, aceite, ajo, cebolla y vino blanco.

Bacalao con broa

Bacalao con broa

Bacalao con broa

Supongo que irá por zonas, no me queda claro si la receta original se hace con un lomo o desmenuzando en lascas. Muchas recetas si que incluyen la aceituna y como acompañamiento verde, unos grelos o espinacas. Sea como fuere, me resultó algo aceitoso y el bacalao un tanto correoso.

Terminamos un día un tanto aciago en lo que al tema gastro se refiere, no puedo decir lo mismo del trato recibido que siempre fue muy amable y profesional. Menos mal que ahora sólo quedaba caminar cuesta abajo por la Rua da Misericórdia, la que tuvimos para esperar a días venideros para hacer un juicio más positivo en aquello del comer.