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El Campero


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En esta nueva vista al Campero regresamos a lo grande y es que desde mi primera visita hace dos años, han confluido una serie de adversidades que hacen de esta edición, una entrada muy emotiva.

Aún teniendo reserva, el año pasado por circunstancias ajenas a mi voluntad tuve que cancelar, porque disfrutar sólo de esta magnifica experiencia hubiese supuesto una ingesta interruptus.

Para esta ocasión me llevé acompañante de lujo, mi señora madre. Cuando me confirmó que se venía conmigo de vacaciones a Zahara de los Atunes, la reserva debía ser para una fecha especial, el 19 de julio, cumpleaños de mi padre que hubiese cumplido 71 años.

En este tiempo El Campero se ha hecho un lifting como el de Cher, es decir, de los buenos. Aunque la esencia interior perdura y sigue siendo el templo del atún rojo salvaje de almadraba, su estética ha cambiado muchísimo. Misma ubicación pero un diseño mucho más actual y funcional que apenas deja rincón que no se haya remodelado.

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Esta vez, reserve en el comedor y coincidencias caprichosas hicieron que ocupásemos la misma mesa en la que el pasado octubre ellos solos habían estado durante una escapada por El Pilar.

Me hubiese gustado poder elegir un menú degustación pero durante los meses de verano por el tremendo volumen que mueve no resulta factible así que visitarlos fuera de la temporada estival puede suponer un aliciente más.

Como aperitivo nos sirven unas croquetas de puchero con un alioli de almendra que acompañamos de una manzanilla en rama Gabriela Oro y de una Besaro La Janda, pale ale artesana de la zona, hecha en Vejer de la Frontera.

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Como entrantes unas ortiguillas, su justo rebozo crujiente con ese interior de anémona y textura tan particular.

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Seguimos con un ceviche de lomo de atún rojo.

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Como en la primera visita, repito con el surtido de crudo (sashimi, tataki y tartar).

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Viendo los platos que quedan, cambiamos a una versión de stout para maridar específicamente con el atún más graso.

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Para los platos fuertes y más grasos dejamos el morrillo a la plancha y el contramormo al horno con patatas panadera y mahonesa de yuzu.

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Llegamos intactos a los postres y nos animamos con la refrescante crema helada de chocolate y coco aunque también podéis elegir piñones tostados, vainilla, queso y membrillo o yogur con frambuesa.

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Manteniendo el nivel de dulce sin llegar a ser empalagoso, me dejo aconsejar y degusté el panel de queso, polen, miel y helado de yogur.

Aunque con ciertas dosis de tristeza damos por concluida la visita, toca seguir el camino y mantener los buenos recuerdos.

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Ha llegado el verano y con el unas merecidísimas vacaciones, toca disfrutar de 15 días seguidos de puro disfrute personal, sin nada más en la cabeza que buenas intenciones de pasarlo lo mejor que se pueda y esto en mi caso es bastante fácil, solo necesito sol, playa y grandes dosis de gastronomía.

Toca el momento de potenciar la sección Me Lo Dan Hecho y no se me ocurre mejor manera de estrenar esta serie de artículos que con mi visita a El Campero, el templo del atún rojo salvaje de almadraba.

Este año no tuve que dar demasiadas vueltas a mi destino vacacional, fue surgiendo su gestación como el engranaje perfecto de la cadena de mi bicicleta. Por un lado mi amiga barbateña Ros hacía una invitación extensiva a visitar su maravillosa tierra y como uno tiene sus contactos recordé que mi amigo Eloy alquilaba un apartamento en Zahara de los Atunes, tan solo debía cuadrar las fechas, quizás la parte mas complicada.

La provincia de Cádiz no es una zona que haya explorado en profundidad y la verdad estoy muy motivado a sacarle todo el partido posible, sus playas y paisajes era algo que no podía fallar y si gastronómicamente tengo una buena guía lugareña acabamos de cuadrar el circulo, nada de perder el tiempo con probaturas, no hay nada como que alguien te diga aquí si, allí no, aquí esto y allá lo otro.

Puestos a disfrutar por qué no empezar a lo grande, que tiempo hay que perder y es que reconozco que una de mis motivaciones ha sido buscar la tierra donde el atún rojo salvaje de almadraba se convierte en una religión. Ros se encargo con sus contactos de encajar mesa un sábado noche en pleno mes de julio, supongo que entenderéis que no resulta tarea fácil en estas fechas, con anfitrionas como ella poco más se puede decir.

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He leído y visto diferente información pero una cosa es que te lo cuenten y otra vivirlo en primera persona. No hace mucho el presentador del telediario de Telecinco Pepe Ribagorda tuvo un programa del que no perdía uno, se titulaba Cocineros Sin Estrella y en su primer capitulo recaló en El Campero, en Barbate, lugar de peregrinaje para los amantes de este manjar.

Al frente de El Campero esta Pepe Melero, artífice de la profusión de un producto que aunque consumido desde antaño lo ha elevado a los altares, casi por necesidad y muchas dosis de inconformismo pues el origen de este restaurante se remonta a 1965 donde por circunstancias familiares su padre proveniente del campo se instala en Barbate haciéndose cargo de la ya existente tasca El Compaso, al lado del mercado de abastos donde servían cafés y copas desde horas muy tempranas a los marineros y a los trabajadores del mercado de abastos que abría a las 5.

El nombre de El Campero era como se les llamaba de manera despectiva a los que llegaban del campo a la costa. Cuando el padre de Pepe cae enfermo y se tiene que hacer cargo del negocio familiar decide darle un pequeño giro ofreciendo tapas pues no pudiendo renunciar a su única fuente de ingresos el concepto anterior no le satisfacía y se aplicó la máxima de renovarse o morir, ese es el inconformismo del que os hablaba.

Pronto se cumplirán 50 años, medio siglo de existencia y El Campero es un referente a nivel mundial si de atún rojo hablamos, sin duda un restaurante, una institución, abanderado de una cultura con raíces sólidamente cimentadas y que sin duda verán como alcanza un siglo, los mimbres y el buen hacer ahí están y solo de las futuras generaciones depende mantener el hervidero humano que diariamente corre por sus mesas.

El local es muy amplio con una gran terraza a su entrada, la zona del bar es sin duda la mas atractiva y la elegida para comer en esta ocasión, aquí es donde realmente se aprecia el ambiente y la verdadera esencia de El Campero. Sus paredes decoradas con mosaicos de azulejo, fotos antiguas mostrando algunas capturas de atún de excelso tamaño, unas vitrinas donde exponer sus premios, certificaciones y demás objetos de los que sentirse orgulloso.

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La carta supone un problema, qué no elegir entres sus opciones de tapa o platos, resulta muy complicado ya que cualquiera de sus apuestas con una simple lectura ya nos hace salivar, lo queremos todo y al final hacemos una primera comanda para ir quitando el gusanillo y descartar opciones. Obviamente hubo una segunda ronda pero han quedado muchas en el tintero y espero de aquí a mi partida poder volver a repetir y completar más mi experiencia.

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Cuando la materia prima es de tanta calidad y se lleva tanto tiempo perfeccionando diariamente todo aquello que sale de su cocina, sólo nos queda disfrutar. Todo lo seleccionado fue de mi agrado y como una imagen vale más que mil palabras aquí os dejo el muestrario de lo degustado.

Tartar de atún rojo salvaje de Almadraba.

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Tosta de semi mojama de atún (queso y vinagreta de tomate seco).

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Falso tomate rrelleno de hueva de atun y alioli de pera.

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Surtido de crudo (sashimi de lomo, tartar y tataki)

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Lasaña fría de atún.

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El Campero –  Avd. Constitución, Local 5 C, 11160 Barbate, Cadiz   Tel. 956 43 23 00

https://www.facebook.com/ElCamperoRestaurante

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21 Restaurante


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No es que empiece la casa por el tejado, pero en esta ocasión me apetece editar mi última visita al principio del artículo y si mostráis interés por conocer mi primera visita, seguid leyendo.

Ya en mi primera y única visita al 21 hace dos años, tuve una conexión especial con Marina y Ali que hizo que siguiéramos nuestras andanzas a través del mundo Facebook. El año pasado tras un periplo por Dubai y la participación de Ali en el programa de Telecinco, Cocineros al Volante complicó mi visita y no llegué a tiempo para la re apertura estival.

En este año no quería fallar y tuve la fortuna de poder hacer reserva un día 21, fecha del calendario en que cada mes elaboran un completo y distinto menú degustación. Estaba ansioso por reencontrarme y volver a degustar su cuidada cocina que como veríais, incluso en un food truck, junto a Olly en el Somewhere Café, eran capaces de aportar una cocina diferente y creativa.

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El recibimiento fue muy afectuoso y tal y como me había despedido la última vez, hice incursión en cocina para un breve saludo entre los ajetreados pases. Algo había cambiado, la terraza había aumentado de tamaño y aunque preferí cenar dentro, el espacio exterior resulta de lo más agradable, como comprobaría en mi larguísima sobremesa.

El mismo dinamismo de los platos se refleja en la decoración, había cambiado pero mantenía la esencia primigenia. Un ambiente cosmopolita donde es frecuente encontrarse una Torre de Babel donde la cúspide esta presidida por el turismo alemán, fuertemente asentado en la zona.

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La cocina de Ali digamos que se aleja bastante de lo que en general podéis encontrar en Zahara de los Atunes, es un concepto internacional basado en el producto y sobre todo en las cocciones y punto de los ingredientes, algo distante del monopolio del atún rojo y carne de retinta que reina en la zona.

Procedente de una familia italiana dedicada a la salumería de la mortadela, conoce el producto de cerca y en sus múltiples viajes alrededor del mundo siempre muestra interés por conocer lo autóctono en origen, ya sean una fiesta del cabrito en el Nepal o unos germinados en Holanda.

Creo que el menú en si, es bastante descriptivo, por lo que prescindiré de hacer mis habituales comentarios. Todos y cada uno de los platos aportan mucho sabor, texturas, calidad, decoración, algo que esperamos conociendo su background profesional y del que no nos extrañaría pudiese obtener una Estrella Michelín si estuviese ubicado en otra población, pongamos Marbella, por cercanía.

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Tal y como os comentaba antes, tras el servicio, Marina y Ali se sentaron conmigo en la terraza, disfrutando de algún espirituoso mantuvimos una animada charla de gastronomía y viajes  a la que se unió una encantadora pareja de pacenses. Aunque no teníamos música, ya os digo que la banda sonora fue de Sabina, …y nos dieron las dos y las tres, aunque nosotros hicimos un extended play hasta las cuatro y las cinco.

Cuando se está tan a gusto no existe el tiempo y por desgracia transcurrirá un año hasta la próxima, aunque espero acepten mi invitación y puedan añadir Asturias a ese listado de tierras que explorar, en busca de productos autóctonos.

Julio 2014 – Erase una vez, un renegado del balonpié…

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Me gustaría empezar este artículo dando las gracias a todos los amantes del fútbol, gracias a ellos he podido disfrutar de una cena maravillosa en un restaurante estupendo que tal parece hubiese reservado para mi solo.

La final del mundial de fútbol fue la ocasión elegida para acercarme al 21. Mientras media humanidad estaba frente a un televisor, mi estomago regateaba entre plato y plato y os garantizo que vivir en un constante fuera de juego da muchas satisfacciones. Poder charlar con el personal (Marina y Nadia) y cambiar opiniones con el chef en la cocina, como si estuviese en la de de mi casa, es una oportunidad que con una sala repleta resulta complicado.

Precisamente un alemán, Ingo, fue el que me recomendó este restaurante, así que me alegro por el ya que ambos disfrutamos esa noche, él con su copa de Campeones del Mundo y yo con una cena a la altura de una final mundialista.

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El restaurante tiene una pequeña terraza que nos da la bienvenida con un par de exclusivas mesas. El interior resulta muy acogedor, unos techos altos inclinados y con una apertura cenital que nos permite contemplar las estrellas.

La madera predomina contrastando tonalidades castaño con techos y paredes blancas, una gran alacena preside la entrada, una antigua cámara de fotos llama la atención en una de sus esquinas y la frescura que aportan las plantas de gran porte y unas mesas decoradas con flores frescas aportando colorido. No soy ningún experto en decoración pero yo diría que se trata de una mezcla de estilo nórdico con colonial y toques marineros.

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La carta esta presentada en un sobre, son pequeños toques de originalidad que valoro muy positivamente, dicen mucho de un lugar, significa que prestan atención al más mínimo detalle y para los que nos gusta el diseño reparamos en cosas como esta, al igual que lo hice con la colocación transversal del mantel de mi mesa.

El chef Ali Palmieri copropietario junto a Marina Azahara, hace honor a sus raíces aussi e italianas y en su carta podemos encontrar varios guiños a ambas cocinas. Precisamente el solomillo de canguro era uno de los platos que tuve claro que tenía que probar pero no tuve suerte y se había agotado, que le vamos a hacer, estas cosas pasan y lo que unos puedan ver como algo negativo yo lo valoro como una señal positiva ya que sin duda volveré en otra ocasión para saldar mi particular cuenta pendiente.

En esta ocasión hacer mi elección pese a la contrariedad del canguro resulto bastante sencilla ya que entre los entrantes, primeros y segundos su carta se compone de una docena de platos que cambian cada día 21, este dinamismo y adaptación al mercado de su carta nos garantiza frescura de productos sobre todo teniendo en cuenta que es un local que exceptuando el día loco de mi visita esta permanentemente lleno.

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Antes de que nos sirvan el primer plato me sirven un pan con mantequilla, lo que en otros lugares resulta un mero complemento en el 21 se convierte en arte, unos panes artesanales y unas mantequillas caseras de sal negra volcánica de Hawaii que conozco perfectamente por utilizarla mucho en mi casa y otra de especias marroquíes que tenía una potencia de sabor inaudita.

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Mientras espero por el entrante me sirven un aperitivo que se compone de una gamba , crema de almendra, aceite de vainilla, crumble de brioche, caviar negro y de aceite de oliva y germinado de lombarda.

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Llega mi entrante de sardinas ahumadas sobre hojaldre comprimido, con tomate caramelizado, cebolla y aceituna negra. Sorprende el grosor de los lomos y sobre todo la mezcla de sabores.

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Turno del foie fresco de pato de Saint Pierre du Mont con brioche casero y puré de leche quemada y dátiles. El punto del foie era perfecto y la combinación con el brioche crujiente recién hecho todo un acierto así como la decoración con el crujiente de patata violeta.

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Rompiendo mi regla de oro de no comer ni arroz ni pasta para la cena me vi “forzado” a pedir el risotto con porcini, codorniz y trufa blanca. Quería comprobar esas raíces italianas y la verdad no me defraudo, muy cremoso, el arroz al dente, ese olor de la trufa blanca que inundaba mis pituitarias, la simulación del parmesano que era nuez de Brasil rallada, el crujiente brioche de tinta que servía de base a los muslitos de una codorniz en su punto hicieron mis delicias.

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Ya que no cuadró el canguro no nos movemos de las antípodas y mi elección para el segundo plato fue un carré de cordero de Nueva Zelanda de 8-9 meses de edad, servido con puré de guisantes y espinacas, boniato y salsa de tomillo y lavanda. También llevaba una salsa demi-glacé y un crujiente de patata con lavanda.

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Terminé con una tarta de almendras acompañada de helado de vainilla que estaba muy suave, no se me hizo nada pesada.

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A parte del magnífico sabor de todos sus platos, la decoración de cada uno de ellos merece una mención destacada. Sin duda uno de los mejores sitios visitados en estas vacaciones, el equilibrio sería la palabra que mejor definiría este restaurante, no cojea por ningún lado y los que lo han catalogado en el Tripadvisor como el mejor de Zahara de los Atunes no están equivocados.

21 Restaurante  – C/Palacio de Las Pilas, 21, – Zahara de los Atunes    Tel: 696 46 22 36

https://facebook.com/21Restaurante

La Mamma


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Podría parecer que nos encontramos ante un restaurante italiano más y no seré yo el que lo desmienta, el tipo de comida no varía mucho y sería sorprendente encontrarnos que sirven enchiladas o un pad thai.

Sentada la base de lo que encontraremos,  ahora solo queda comprobar si lo usual es de buena factura y si el lugar resulta agradable. Ya os anticipo que ambos requisitos se cumplen por lo que se trata de una opción muy válida aunque estemos de vacaciones y nos encontremos en la tierra del atún rojo y de la carne retinta.

Ya lo descubrí hace dos años y parece que las buenas costumbres se repiten. Cuando tras unas ocho horas de viaje, llegas a Zahara de los Atunes desde Oviedo atravesando toda España, lo único que apetece es darse un chapuzón, comer algo y descansar para estar fresco al día siguiente y comenzar las vacaciones con toda la energía del mundo.

Así fue mi primera vez, por cercanía con el apartamento, unos 30mts, decidí llevarme una pizza a casa y relajarme en el sofá. Este año, he ido un paso más allá y decidí sentarme a la mesa del restaurante.

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A la entrada de Atlanterra, decoración típica italiana con sus manteles de cuadros blancos y rojos, tampoco es que nos impresione, de hecho se me paso hacer fotos del interior aunque la verdadera decoración es la que pone el paisaje con sus atardeceres. Una postal preciosa para nuestra cena, si bien durante el día, el parking de tierra situado delante, no resulte nada agradable.

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Antipasto, pizzas, pasta son los habituales de este tipo de restaurantes pero antes de lanzarnos por las pizzas me llamó la atención el carpaccio de atún. No es para tirar cohetes pero si está correcto y resulta muy diferente, eso si, el exceso de incomestibles ralladuras de limón y flores no comestibles decoran pero no alimentan. Todo lo que se sirva en un plato se debe poder comer.

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Por lo que respecta a las pizzas, son muy buenas. La masa tiene un grosor medio, crujiente y esponjosa, grande, abundancia de queso y demás ingredientes según la versión que elijamos.

Una bastante tradicional con atún para mi poco arriesgada madre y para mi una con queso de cabra, salmón y tomates cherry.

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La Mamma – Carretera de Atlanterra Km 1,8 – Zahara de los Atunes    Tlf: 956 457 322

 

La Azotea de la Mejorana


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No sabría decir a ciencia cierta cuantas veces he recorrido la calle Cádiz en Conil pero cada vez que lo hacía me sentía atraído por este local y comente a mis amigos que no me marchaba sin cenar aquí. Ellos ya habían cenado el año pasado en el otro local que tienen en el número 10 de la misma calle Cádiz y si la cocina era la misma, el éxito me lo daban por asegurado.

Me hice una escapada de dos días a Zahara de los Atunes y cuando estos me dijeron que iban a cenar allí casi los mato. Afortunadamente les hice entrar en razón y esperaron a mi llegada.

Llegado el día hicimos reserva en la azotea, hay dos zonas de terraza y nosotros nos ubicamos en la más alta desde donde se puede observar el trasiego de turistas de esta movida calle.

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Quizás una de las cosas que más me llamaba la atención del local que inauguraban unos 20 días antes de nuestra visita, era el colorido de sillas, manteles, ese suelo cerámico tan morisco, el blanco radiante….quizás sean apreciaciones de un norteño acostumbrado a decoraciones grises y apagadas que van en consonancia con nuestro clima.

La Mejorana

Como no todo se puede tener en esta vida, el romanticismo de cenar en la azotea a la luz de la luna y velas, en un ambiente con poca luz la calidad de las fotos brilla por su ausencia. Tampoco era plan de sacar la reflex de marcha, hubiese sido algo muy muy güiri.

No lo recuerdo muy bien pero el aperitivo de cortesía que nos sirvieron creo que era una empanada de verduras y un granizado de tomate, en cualquier caso, estaba rico y se agradece que se cuiden estos detalles. Los años de unas simples olivas o la mantequilla han pasado al a historia y lo que es mejor, no nos cobran por ello, al menos como concepto a parte de algo que no solicitamos.

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Para empezar nada como un platito de paletilla de bellota, una ración de 50grs, bien cortada y sudada.

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Que mejor acompañamiento para un jamón que unos quesos, en este caso un payoyo con membrillo artesano y nueces (el membrillo se había acabado y sustituyeron por unas fresas escandalosas). Este tipo de queso como ya os comente en algún otro artículo, es propio de la zona gaditana y se obtiene de la leche de cabra payoya. Estaban todos excelentes pero el que más gusto fue el cremosito, el camarero tuvo la amabilidad de facilitarme las clases en una nota que se completaría con el pata mulo, cuajo vegetal y crema romero.

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Turno del verde que tanto le gusta a mi amiga María y del que casi fue imposible evadirse en todas las vacaciones. Nada que objetar, una buena ensalada como esta siempre será bienvenida. Rúcula, pera, Gorgonzola e higos secos.

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Se acerca el final de nuestras vacaciones y hay que aprovechar a comer todo el atún rojo que se pueda. Un tartar de tarantelo al gusto de María, en tamaño de 150grs aunque también lo tienen de 80grs que venía acompañado de una sabrosa ensalada. El tarantelo es una de las partes nobles del atún, de forma triangular se encuentra entre la ventresca y la cola blanca.

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Tocan los platos fuertes. Nada que objetar y mucho que alabar de una buena ventresca, da la sensación de estar comiendo mantequilla.

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El curry verde de gambas con leche de coco y cacahuetes sobre arroz basmati no entusiasmo pero es correcto. Para mi gusto le faltaba algo de sabor, pero es que habiéndome saturado de este tipo de platos por el sudeste asiático, mi nivel de exigencia está muy alto.

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Hoy si hubo hueco para postres y nos decidimos por la tarta templada de chocolate con helado de vainilla. Un tipo coulant.

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El café copa y puro se compone de helado de brandy Cardenal Mendoza, licor de café y savoiardi. Este último es el otro nombre con el que se conocen a los bizcochos de soletilla que se suelen utilizar para los tiramisu. Así como el primer postre me pareció normal, este fue todo un acierto.

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Al final la espera y las ganas fueron ratificadas con un buen servicio y una buena comida. Sin duda este nuevo espacio de La Mejorana está destinado a ser una de las visitas obligadas de la calle Cádiz.

La Azotea de la Mejorana – C/ Cádiz, 9 – Conil      Tlf: 648 454 896 / 629 380 150

https://www.facebook.com/LaMejoranaConil

Los Lunares


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Hoy hace un mes que regresé de mis vacaciones y creedme, resulta muy duro escribir este tipo de artículos cuando sabes que tardarás en volver a disfrutar de unos días de descanso y los vividos son parte de un lejano recuerdo.

El primer día de vacaciones se coge con muchas ganas y hacerse 900kms en busca de sol y playa no es cuestión baladí. Son muchas horas de carretera en las que somos incapaces de quitar la sonrisa de nuestros rostros, no existe el cansancio.

Llegamos a Conil de la Frontera. El apartamento nos sorprende por amplitud y vistas, el buen tiempo no es un factor que nos preocupe, está garantizado. Ahora tan sólo queda disfrutar de un baño y nuestra primera puesta de sol antes de salir a buscar nuestro primer restaurante.

Los Lunares

Para empezar a disfrutar del ambiente de Conil, nada mejor que darse un paseo por la calle Cádiz. Numerosos restaurantes con sus terracitas, puestecillos con artículos propios de verano y un trasiego de gente constante nos hace decir las palabras mágicas “por fin!”.

Indecisiones aparte, localizamos una mesa al aire libre y esto ya es un premio. Lo primero sería buscar la hidratación que habría de acompañarnos todos los días a estas horas, una botella de Barbadillo.

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Nuestra primera elección fue una ensalada templada con taquitos de bacon tostado y queso de cabra al grill en vinagreta de eneldo y miel. Correcta sin ser la quinta esencia de las ensaladas.

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Un clásico que no puede faltar y menos en nuestro primer día, son las tortillitas de camarones. No eran nada buenas, demasiado gordas, masa cruda en el interior, bordes demasiado tostados y poco sabor.

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Seguimos con la fritura. Unas croquetas caseras, en este caso de puchero, nos quitaron las penas del plato anterior. Sabrosas.

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Unos chocos remataron el trío salido de las freidoras o sartenes. Aunque parezca mentira ya nos encontrábamos empachados y esto no era normal.

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Turno del plato fuerte que nos había llamado la atención en carta, el wok de langostinos y calamares con arroz. Sin duda, como podéis comprobar por la foto, existe un error conceptual de lo que es un wok y el nombre resultó engañoso o al menos no era lo esperado.  Se dejó comer pero sin entusiasmos.

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El servicio fue compartido por dos personas. El muchacho todo lo que tenía de agradable y simpático, lo tenía de atolondrado y olvidadizo, menos mal que su compañera era mucho más despierta y siempre estuvo al quite.

No hubo hueco para el postre, estábamos saturados y no se correspondía con la cantidad de comida. Pasaron las horas y aún seguíamos con una digestión muy pesada, no cabe la menor duda que existió un problema con los aceites y agradecimos que sólo fuesen medias raciones en el apartado fritura. Quizás si nuestra visita hubiese coincidido con el día de cambio de aceite la experiencia hubiese resultado más positiva y no hubiese sacado tanto los colores a unos platos que transmitieron muy poco.

 Los Lunares – C/ Bahía de Cádiz, 3 – Conil de la Frontera/Cádiz      Tlf: 692 206 157