Cuando alguien da el 100% consciente de sus limitaciones y no trata de enmascararlo se merece un sonoro aplauso. Este es el caso de nuestra tercera cena mensual, esas de las que ya os hable en el artículo de la Sopa de Ika.
Todos tenemos algún amigo al que los fogones le sobrepasan, a mi me gusta llamarlos cariñosamente «muñoncitos», da igual el empeño que pongan en hacerlo bien, esto no es lo suyo y como rezan los virales de Julio Iglesias, …….y lo sabes.
Conocedor de esas limitaciones pero con el arrojo del Antoñete de las mejores tardes se presentó ante el tendido con un brindis que prometía una gran faena: » hoy cocino yo y no os voy a defraudar» a lo que el público expectante respondió: «suerte, Maestro».
Tremendos Miuras de afilada cornamenta a los que se enfrentaba, dispuestos a colaborar en la faena pero listos para empitonar.
El traje de luces brillaba, me refiero a la buena decoración de la mesa no al delantal de peto con el que nos recibió casi a puerta gayola y que dio inicio al tercio de varas donde nos tomamos unos vinos mientras llegaban todos y profesábamos la suerte de varas lanzando puyas a los rezagados.
Ya sentados a la mesa y desplegando el menú, comenzaba el tercio de banderillas donde sin ayuda de subalternos clava el primer par de manera certera, unas carnosas anchoas de Laredo y unos percebes de Ribadesella.
Expectantes por el segundo par el Maestro sacando pecho encaraba a los Miuras diciéndoles, «mirar como cocino!!!!, vaya producto eh?» mientras recogía otro par de banderillas en forma de embutidos de Jabugo, Salamanca y La Mancha, que vuelve a hincar con maestría.
Llega la faena de muleta, donde el matador se tiene que lucir, y nos asombra con un lomo bajo de buey de Trasacar, natural aquí verónica allá en forma de pimientos del piquillo caramelizados y unas patatas al romero, nadie quería salir del burladero, la faena estaba resultando gloriosa y animados por el Marques de Murrieta Reserva 2007 se sucedían los pases por la espalda, los de pecho, algún molinete esquivando las astas que se cruzaban camino de la piedra, todo un clamor de vítores y aplausos.
Ya sería difícil empañar la faena pero aún quedaba entrar a matar con los postres, ese estoque acertó de lleno entre los omóplatos y llegó directo al corazón con un tocinillo de Grado mortal de necesidad pero que por si no fuera suficiente acompaño con una puntilla de helado de turrón de Diego Verdú.
Olés y gritos de torero!!!!, torero!!!!!!, se escucharon en toda la plaza mientras se humedecían los ojos de la esposa henchida de orgullo. El maestro «Chentel» había triunfado en su homenaje al producto, las dos orejas fueron concedidas por la Presidencia por abrumadora presencia de pañuelos blancos. El rabo fue más discutido pero como se nos hacía tarde no pudimos saber si había obtenido el preciado trofeo, aunque nos consta que su mujer fue una gran valedora y creo que al final lo obtuvo, sin lugar a duda la faena fue digna de ello.
El próximo 28 de marzo será la cuarta y nos consta que el organizador lleva semanas haciendo probaturas, incluso desplazamientos a San Sebastian buscando los consejos de Martín Berasategui para dar cuerpo al menú.
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