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Clandestino


Clandestino_León

El vínculo que une a los asturianos con los leoneses es muy grande, y no es que lo diga yo, la wikipedia dice que El Reino de Asturias es el precedente histórico de la Corona de Castilla y del Reino de Portugal y tradicionalmente ha sido considerado el embrión de España.

Sin falta de remontarnos al año 925 cuando Fruela II de Asturias sucede a su hermano Ordoño II y une sus territorios al Reino de León, la relación que nos une mucho tiene que ver con la climatología y la gastronomía. Mientras unos buscamos el secano, los embutidos y el vino otros se acercan en busca de la lluvia, el mar, los mariscos y la sidra, unidos per secula seculorum por el infernal Puerto de Pajares.

Para un asturiano ser Clandestino en León es como pedirle a la vieja del visillo que no cotillee. Darse un paseo por el Barrio Húmedo es como estar de sidras en la calle Gascona, seguro te encuentras con el vecino.

Veranos en Benavides de Orbigo y Valencia de Don Juan formaron parte de mi infancia y a pesar del afecto que le tengo a esta tierra, en los últimos tiempos les tengo gastronómicamente descuidados.

En mi última visita relámpago, guiado por mi amiga Silvia descubrí un trocito de Oriente en un gastrobar que casualidades de la vida, no era tan ajeno. A la hora de despedirme descubro que también son los propietarios de la Trastienda del 13 en la Calle Ancha y tras una breve pero animada charla, la chica me dice que también en Vigo tienen La Trastienda del 4, “coño!!!!!!, pero si ahí ya estuve y le hice un artículo”, repliqué.

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Algo ya debería haberme olido porque al igual que sucediera en Vigo, me gustó mucho la decoración del local. El tipo de locales que no guardan una uniformidad aparente, donde mezclan diferentes sillas, mesas, decoraciones, reconozco que me atrae mucho y este tiene un sabor muy underground con suelos de hormigón, ventilaciones vistas y paredes de ladrillo roto.

Si encima tienen un jardín vertical como el de CaixaForum en Madrid, que diseñara Patrick Blanc y que también había visto a la entrada del restaurante de Sergi Arola, el resultado no podía resultarme más acogedor y atractivo.

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Como no tenía ni idea de donde me adentraba, fue toda una sorpresa encontrarme con una carta de claras tendencias orientales y es que además en la planta superior se ubica el restaurante japones Koi, del que mi amiga transmitió muy buenas palabras.

Viendo el concepto, raro me hubiese parecido que no dispusiesen de alguna cerveza artesana, efectivamente, una tostada orensana llamada Manuel Carreño, fue mi elección.

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La comanda sería la clásica de compartir unos entrantes y elegir cada uno un plato principal, aunque también es clásico que yo acabe comiendo de todo. Si sois de los que tenéis buen saque ya sabréis que la compañía femenina además de ser más lustrosa, siempre te da más oportunidades de comer en abundancia.

Comenzamos con un tartar de atún rojo, mango, aguacate y yuzu-wasabi.

tartar_atun_rojo

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Le siguieron unos pan bao con mollejas de ternera al carbón y mahonesa de tomillo. Un sabor celestial del que difícilmente os cansareis y que podréis potenciar con una salsa chipotle.

pan_bao_mollejas

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Uno de los principales fue el plato de mayor contundencia, os recomiendo compartirlo porque además de abundante llena mucho. Cremoso de patata con huevo a 60º, niscalos, trufa negra y panceta “crunch”. Mucho sabor en diferentes texturas.

cremoso_patata

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Para el pad thai incorporan calamar a los clásicos noodles, huevo, cilantro, cacahuete y resto de salsas.

pad_thai

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Yo elegí un poco de carne, la picaña, con zanahorias baby, espárragos trigueros y “mash” de patata. Un plato muy conjuntado acompañado de una potente salsa.

picaña

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Había que regresar de inmediato a Oviedo y pedir postre habría tenido graves consecuencias al volante, habría dado positivo en un hipotético control anti gula. Mucho mejor tomarse un concentrado café solo en el espacio abierto para fumadores.

Una pena que me coja tan alejado porque sin duda sería uno de mis restaurantes habituales.

Clandestino Gastrobar – C/ Cervantes, nº 1   –  León      Tlf: 987 793 971

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La Cueva del Cura


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Todos conocemos la expresión “comer como un cura”, básicamente significa comer bien aunque si forzamos el término y nos remontamos a tiempos de escasez, estos ministros de Dios,  además solían hacerlo de babero, by the face, por el morro. Cuando gran parte del pueblo, exceptuando los nobles, las pasaban canutas para llevarse algo decente al estómago ellos tenían ciertos privilegios, por ello también existe la expresión “vivir como un cura”.

Aunque pagamos religiosamente, tuvimos la sensación de comer gratis, como buenos curas. Bueno, abundante y de precio moderado es algo a lo que los ovetenses no estamos acostumbrados y en general salir a cualquiera de las provincias limítrofes, nos deja con la sensación de que en Asturias muchos sitios se han subido a la parra, o al manzano, mejor dicho.

Una escapada de fin de semana a León con unos amigos, además de ser un plan divertido y apetecible, resulta más económico incluida pernocta que hacer lo mismo en tu propia tierra.

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Salir por El Húmedo de vinos o cañas es toda una experiencia, se sale comido o cenado según decidamos y el ambiente que hay por sus calles es increíble. ¿Acaso son tontos estos cazurros? (con cariño), ¿atan los perros con longanizas?, ¿cómo es rentable dar esas tapas con un vino?. Muy sencillo, facturación basada en volumen y las cuentas salen; unas patatas recién fritas con un poco de pimentón, un trozo de buen chorizo, no son la quinta esencia gastronómica ni la ruina de ningún negocio, pero hace que hordas de gente se muevan alrededor de estos negocios.

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El día que se termine la infame Variante de Pajares y seamos capaces de plantarnos en el apeadero de la calle Astorga en poco más de una hora, se consumará la invasión asturiana. Estamos cansados y demasiado habituados a pagar 20-30€ por un par de botellas de sidra, unos calamares y unas croquetas o pagar cañas a más de 2€ sin nada que echarnos a la boca.

Alejándonos de la capital, gastronómicamente podemos optar por dos planes muy apetecibles: acercarnos por la zona de Astorga, pongamos Castrillo de los Polvazares, y disfrutar de un cocido maragato o visitar Valedevimbre y sus famosas cuevas.

Valdevimbre es zona de vinos y de ahí es su afamado Prieto Picudo con Denominación de Origen Tierra de León. Las cuevas, de las que se catalogan más de 300 y algunas con antigüedad de 500 años están excavadas en unas laderas y mantienen una temperatura constante durante todo el año que propiciaba la elaboración y conservación del vino. En la actualidad muchas de ellas,  por su gran atractivo, dieron un giro orientado hacia la hostelería y en ellas podemos disfrutar de lo más granado de la gastronomía de la zona.

Cueva del Cura

En esta ocasión nos dejamos caer por La Cueva del Cura que data del siglo XVII y lleva abierta como restaurante 25 años ofreciendo calidad a precio justo. Excavada a pico y pala, teje un laberinto de galerías con huecos que se abren con distintas capacidades para los comensales. Cada estancia alberga un pequeño tesoro y conserva elementos utilizados en la elaboración del vino y resulta muy entretenido perderse por sus galerías descubriendo cada rincón.

Mapa

La noche de León había sido dura y si bien es cierto que los cuatro comensales regamos la comida con agua y mi infalible cerveza, salir a 19€/persona no hizo más que confirmar lo hablado anteriormente.

Aunque prescindimos del buen embutido leonés no faltaron clásicos como la morcilla o la tortilla guisada, secundados por unas cuantas carnes y algo de verde.

Morcilla de León
Morcilla de León
Ensalada Mixta
Ensalada Mixta
Tortilla Guisada
Tortilla Guisada
Chuletillas de Cordero
Chuletillas de Cordero

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Churrasco
Churrasco

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Paletilla de Lechazo
Paletilla de Lechazo

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No habían pasado ni seis meses desde que había visitado El Capricho en Jiménez de Jamuz y si aún sois de los que no habéis vivido una experiencia en una de estas cuevas, ya estáis tardando en disfrutar una experiencia gastronómica en un lugar tan singular.

Como suele ser habitual en estos sitios las fotos no son de muy buena calidad, muy poca luz para un iphone. Como podréis comprobar en alguna durante mi paseo, presentan mejor calidad por ser zonas iluminadas.

La Cueva del Cura – C/ Manuel Cadenas S/N  –  Valdevimbre (León)  Tlf: 987 304 037

https://www.facebook.com/pages/La-Cueva-del-Cura/148569525192081

 

El Capricho


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Comenzando este artículo no se me ocurre mejor manera de iniciarlo, que con la definición de la Real Academia de la Lengua (RAE).

(Del it. capriccio).

1. m. Determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original.

Hacía bastante tiempo que como carnívoro tenía un antojo, deseaba dejarme caer por este templo del buey, pero la ocasión no acababa de llegar. Creo que es un sitio al que se debe acudir en compañía de al menos otro comensal, para poder degustar cierta variedad.

Tomando la descripción, no creo que resulte muy extravagante comer carne y de original tiene poco, es más, suelen acusarme de poco original por abusar pidiendo carnes, pero ¡oye! cada cual es feliz con lo que le gusta. Quizás en mi caso, lo más razonable es asumir que me pone de buen humor y ese deleite está garantizado.

No obstante lo anterior, vamos con las matizaciones o puntualizaciones. A día de hoy resulta extravagante poder comer una auténtica carne de buey, no debéis engañaros, lo que habitualmente se sirve en restaurantes o se compra en carnicerías suele ser vaca vieja. Nada que objetar, está muy rica pero no nos hagan comulgar con ruedas de molino. Ni por precio, ni sabor, se parece una a la otra aunque muchos pretendan hacer su particular agosto.

El Capricho

¿Cuando ha sido la última vez que habéis visto a un labriego arar los campos con un animal de tiro?. Todos tienen su tractor amarillo y aunque el precio del gasoleo se haya disparado, siempre saldrá mas rentable y eficiente que alimentar a moles de 1.500kgs. El yugo ya no está en las reses, es el del exigente mercado que demanda una producción elevada para rentabilizar costes.

Por todo ello, resulta inviable que exista tanta carne de “supuesto” buey en el mercado. Seguiré comiendo vaca vieja encantado, pero de vez en cuando no está de más darse un capricho Como todo en la vida, cuando se nada en la abundancia llegaremos al hartazgo y no daremos valor a las cosas. El que come habitualmente langosta, ostras, buey, jamón 5J’s, os garantizo que nunca llega a disfrutar tanto como los que lo hacen de manera ocasional, aún así, con cualquiera de los productos mencionados, no me importaría llegar a una etapa de hartazgo.

Si bien una carne no resulta original, sí lo es el lugar donde la degustaremos. La Bodega El Capricho está labrada en cuevas subterráneas de piedra, esas que albergan buenos caldos a temperatura perfecta y que nos resguardan de los rigores del calor castellano en verano y del intenso frío del páramo en invierno.

Cuando mi amigo me planteó acudir al concierto de ACDC en Madrid, rápidamente pensé en emular a los australianos con su música y hacer nuestro particular tour gastronómico recorriendo tres de los pilares cárnicos de nuestra España. A la ida cochinillo y lechazo, su elección,  pero a la vuelta el buey no era moneda negociable. En menos de 24 horas, quedaría marcado a fuego este día como uno de los mejores de mi vida.

Tras despistarnos en un par de ocasiones llegamos a Jiménez de Jamuz pletóricos y entusiasmados. A tan sólo hora y media de llegar al final de nuestro viaje, tuvimos el colofón final que muchos pueden soñar, una excelente comida en buena compañía.

Varias son las entradas pero sin duda la más estimulante es la de la cocina, observar la gran materia prima, las brasas y la destreza del cocinero en el despiece, bien merecerían un artículo aparte.

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Descendemos la escalinata hacia la cueva y notamos como baja la temperatura un grado por cada escalón bajado. Los treinta y pico bajan hasta unos quince mas o menos, pero no os asustéis, se está de maravilla y no creo que necesitéis un jersey, pero nunca hagáis caso a un asturiano en materia de frió, somos gente recia.

Finalizada la comida, me dí un paseo por el resto de las cuevas pues ya con pocos comensales, mi documentación gráfica no resultaría tan incomoda. Me invitaron a pasar a la bodega y disfruté viendo todas referencias disponibles.

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Ya en la mesa tocaba refrescarse con una Kadabra, una cerveza artesana leonesa que elegí en su versión IPA (Indian Pale Ale) en la que su mezcla de maltas caramelizadas, es intensa, sabrosa, muy aromática y de buen cuerpo.

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Para entretenernos sirvieron un aperitivo a base de un paté de cecina acompañada de pan tostado.

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Como queríamos probar unas cuantas cosas, mi amigo optó por el menú básico y yo por una chuleta de buey, lo complementaríamos con una lengua tibia de vacuno curada y aliñada.

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El menú consiste en cecina de buey, tortilla guisada, ensalada y buey a la plancha.

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El corte de chuleta de buey me fue presentada antes de ser preparada, fue la opción más “sencilla” pero también tienen una premium que ni me quiero imaginar, pues la degustada ya era de altísimo nivel. En total fueron 750gr, podría parecer mucha cantidad pero una vez cocinada quitando el hueso y la grasa que merma, no es para tanto, me hubiese comido otra de igual tamaño sin problemas. La carne es mantequilla, color rojo carmesí, un sabor contundente nada rancio, una fortaleza que no llega a la de la caza, punto perfecto medium rare, en definitiva, una carne prodigiosa.

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Para finalizar nuestro homenaje al buey en los postres elegimos la torta de buey, helado de galleta con agar de café y espuma de chocolate blanco. Por momentos nos recuerda a un tiramisú deconstruido, la torta hecha con la grasa del buey es celestial y no resulta nada empalagosa.

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Más refrescante resultó el sorbete de manzana verde, yogur de Coladilla, avellana garrapiñada y polvo de manzana espolvoreado.

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Todas las expectativas fueron superadas con creces y cada vez que baje a Madrid me va a resultar difícil pasar de largo sin plantearme volver a visitarlos.

A la despedida tuve que volver a pasar por la cocina para felicitarlos por el gran trabajo y excelente calidad demostrada. Aproveché para saciar mi curiosidad y preguntar cual había sido el mayor corte que habían servido, ¿estáis preparados? más de 8kgs, lo que hubiese dado por fotografiar esa pieza en el antes y el después. Aunque no es lo mismo, os dejo esta otra pieza de 3,3kgs, que fácilmente podría ser la Playmate de Junio, para los que amamos la carne, esto es pornfood.

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Os pido disculpas por las fotos, no son buenas. Entre la escasa luz y la utilización del móvil , no pude hacer mejor trabajo pero confío en que sea suficiente para poder transmitir mi felicidad.

Para finalizar, me resulta muy interesante la aportación que hacen pudiendo llevarte a casa la mayoría de productos que ofrecen en la carta. Si no disponéis de tiempo para que os lo den hecho o queréis repetir en vuestras casas, nada mejor que elegir calidad y peso para llevarse un buen recuerdo envasado al vacío.

El Capricho – Paraje de la Vega S/N  Jiménez de Jamuz – León  Tel: 987 664 227

http://www.bodegaelcapricho.com/

https://www.facebook.com/BodegaElCapricho