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Platos de Pescado

Flor de Lubina


Siempre he presumido de memoria, pero por cuestión de años o quizás por tener muchas cosas en la cabeza, he cogido la costumbre de llevar una agenda donde plasmo ideas, artículos pendientes y cualquier cosa relacionada con el blog.

Llega el buen tiempo y cada vez apetecen menos platos contundentes, además no está mi cuerpo para muchos excesos y no creo que llegue a lucir bañador tipo Borat. Así que revisando la agenda, vi que tenía pendiente replicar la flor de lubina de Dani García en Bibo, que tras mi última visita a Madrid me causó tan buenas sensaciones.

Como no me gusta fusilar recetas le he dado un toque diferente, aunque la base permanece intacta. Es un plato muy refrescante y saludable que no tiene apenas complicación, tan sólo un poco de arte para dar forma a la flor.

Por otro lado, tenía uno de los regalos de las cenas mensuales sin estrenar y ha resultado de mucha ayuda en el corte del pepino. El manejo es muy simple y ya se me están ocurriendo varias ideas más.

En la receta original, Dani utiliza el yuzu un cítrico asiático que yo he sustituido por el calamondín, de la misma procedencia. La ventaja es que no he tenido que mercar, salí a la terraza y recolecté unos cuantos que ya estaban maduros. Es una planta muy dura, yo la tengo en el exterior y me da frutos todo el año.

Como casi siempre, acudí a la pescadería de mi Alimerka. Todas las chicas son maravillosas y me tratan con mucho cariño eligiendo el mejor producto. En este caso buscaba una lubina de ración y como esta vez no me apetecía limpiar pescado, me sacaron los dos lomos con su habitual maestría.

Ingredientes:

1 lubina, 1 pepino, 1 fresa, 1 trozo de jengibre fresco, 5 piezas de calamondín, salsa de soja, sésamo negro, shichimi togarashi, sal y AOVE.

Primeramente torneé el pepino para sacar unas láminas continuas que prescinden de la pulpa más interior, la que tiene las pepitas.

Con los lomos ya limpios, los salé y les hice unos cortes en tiras con todo el ancho que pude. En lubinas grandes os será más fácil sacar cortes anchos. Hechas las tiras las pincelé con un poco de aceite para darles brillo.

Tal y como os enseñe por San Valentín, trabajé una fresa para darle apariencia de flor, como si del cáliz se tratase y a partir de él, centrado, coloqué un par de vueltas de lubina al tresbolillo, luego vino una tira perimetral de pepino y proseguí con la lubina, así hasta dar el tamaño que busquéis.

Para la salsa machaqué los calamodines en el mortero, colé el zumo. Rallé el jengibre y extraje el zumo con el colador, mezclamos.

Salseamos por encima de la flor, aplicamos un poco de salsa de soja y esparcimos el sésamo negro y el shichimi togarashi con mesura para que visualmente no se pierda la esencia de la flor.

Cuando vamos a servir se mezclan todas las salsas y adquiere cierta cremosidad. Podríamos describir este plato como un híbrido entre el sashimi y el ceviche. Os recomiendo refrigerar antes de echar las salsas para que al comerlo sea más refrescante.

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Merluza Caribeña (papaya, plátano macho, mole y chile)


La mente es un ordenador tan complejo, que es capaz de crear algoritmos hasta del subconsciente y cuando menos lo esperas, te presenta una asociación de ideas tan loca como la que os presento en esta merluza.

Mi amigo Chema, del blog Cocina Mientras Puedas hizo una receta de arroz de campo con pollo en la que utilizaba un majado de tomillo, romero, pimentón, azafrán, ajo y aceite, al cual le comenté de manera jocosa que hasta podría casar con un plátano macho.

Pues con el plátano macho rondando la cabeza me quedé y empecé a viajar mentalmente por el caribe. Me vinieron los recuerdos de Cuba, donde es una guarnición muy apreciada y salté a México por culpa del chocolate. Plátano con chocolate es una combinación magnífica y rápidamente recordé que aún tenía un brick de mole poblano con chocolate.

Estando por México me vino el colorido de su artesanía, sus vestidos regionales y por supuesto el verde de sus reconocidos chiles serranos. Sin duda el punch del picante me puso carnavalero y volé a Brasil para endulzarme con la papaya y el azúcar moreno.

Sólo me quedaba buscar un nexo de unión, ¿carne o pescado?. Me incliné por este último con la finura y sutileza de una merluza que respetaría al máximo con una breve cocción al vapor y unas gotas de aceite de oliva orgánico (hojiblanca, arbequina y manzanilla) de la Hacienda Guzmán.

Puede que ante tanto ingrediente “extraño” os preguntéis si realmente esta receta estaba buena o es un batiburrillo de rarezas tiradas al azahar. Pues si, está muy buena y todos los ingredientes empastan a la perfección, desde el picante del chile a los dulces contenidos del mole y papaya apoyados por la neutralidad del plátano y la elegancia de la merluza.

Ingredientes:

500grs de merluza, 1/2 papayon, 1 lata de chiles serranos, 1 manojo de cilantro, 1 lima, mole poblano con chocolate, 200ml de nata 35% M.G., 2 hojas de gelatina, 1 cucharada de azúcar moreno, 1 plátano macho, 1 nuez de manteca de cerdo, 100ml de agua, 2 ramas de tomillo fresco, sal y AOVE.

Aunque es una receta relativamente rápida, nos llevará algo de tiempo al tener que refrigerar nuestro sifón con la espuma de papaya, por ello esta será nuestra primera elaboración.

Despepitamos y pelamos la papaya, cortamos en cuadrados e introducimos en una cacerola con 100ml de agua y una cucharada de azúcar moreno. Llevamos a hervor y dejamos que ablande durante unos 10 minutos, hidratamos las hojas de gelatina en agua fría y añadimos a la compota, removemos y transcurridos un par de minutos, retiramos, trituramos y colamos con un colador de malla fina. Reservamos.

Con la nata bien fría la batimos con la varilla sin que se monte, tan sólo queremos meterle un poco de aire, la incorporamos a la papaya y con una espátula mezclamos suavemente. Vertemos el contenido en el sifón, con él boca abajo introducimos dos cargas de gas (mi sifón es de 1L, para uno más pequeño con una sería suficiente), agitamos y guardamos en la nevera en posición horizontal durante 45′

A continuación preparemos la salsa de chiles serranos escurriendo el líquido de la lata, retiramos los rabos y cortamos en rodajas, añadimos al vaso batidor junto con la zanahoria y cebolla, le ponemos unas hojas de cilantro en abundancia, un poco de sal, un chorrito de aceite y exprimimos la lima. Trituramos y colamos. Si la lima tenía tanto zumo como la mía, una vez colado lo ponemos al fuego para que evaporen los líquidos y nos quede una salsa de cierta consistencia, necesaria para un emplatado fino.

Pelamos el plátano macho y cortamos en rodajas de cierto grosor. En una sartén ponemos la manteca de cerdo a fundir a fuego suave, colocamos las rodajas de plátano y a esa misma temperatura de fuego medio dejamos que se doren, les damos la vuelta una a una y con una espátula ejercemos cierta presión aplastándolas. Las salamos y reservamos.

Introducimos las salsas de mole y chile en sendos biberones. En el plato que vayamos a servir posicionamos un aro de emplatar en el centro para tomar medidas. Coloqué el plato en una bandeja giratoria de madera y fui haciendo las circunferencias apretando el biberón a la vez que giraba el plato.

Salamos la merluza y en una vaporera con un poco de tomillo fresco la hacemos durante 4 minutos desde que el agua comience a bullir. Mientras colocamos el plátano en el aro y vamos sacando la espuma de papaya para hacer una prueba en un bowl (la primera prensada suele salir con mucha presión), elegimos nuestra boquilla preferida.

Sacamos la merluza y la dejamos reposar un par de minutos para que suelte agua y no nos arruine la espuma al estar muy caliente. Ponemos unos puntos de espuma y colocamos una pieza de merluza sobre la que habremos echado unas gotas de AOVE. En los huecos que nos queden aplicamos otros puntos de espuma de papaya, rematamos con una ramita de tomillo y ya tenemos lista nuestra merluza caribeña.

Xiaolongbao de Thai Clam Chowder


En una de mis últimas recetas de noodles se me ocurría plantear una hipotética sección llamada “tu pides, yo proveo” y pronto obtuve respuesta de la fiel seguidora Natalia, que me lanzó un órdago a la grande. Se trataba de unos dim sum típicos de Shanghai rellenos de sopa, ahí es ná!.

Esto me pasa por mi incontinencia verbal, para que hablaré tanto. Me gustan los retos, no me amilano y que no sea por no intentarlo, bueno soy yo.

La verdad que la vida da muchas vueltas y  cuando los probé en los Jardines Yuyuan nunca imaginé que acabaría haciéndolos. Colas y colas de chinos esperando para comerlos, ¿que tendrían de especial?. Pues a día de hoy, informándome, averiguo que se trata de una receta exclusiva del Este de China y claro, con lo grande que es este país, muchos turistas chinos estaban igual de intrigados que yo.

En Shanghai los llaman xiaolong mantou y se trata de una masa tipo baozi no crecida (sin levadura) que rellenan habitualmente con una sopa de cerdo y verduras. La primera pregunta que nos asalta es, como carajo meten la sopa dentro y cuando te enteras que en la elaboración va sólida, en forma de gelatina, y que al cerrarlos y someterlos a la cocción al vapor, se funde y queda líquida, se nos queda cara de chinos.

También llama la atención que para comerlos, si os los llevais puestos, te los ponen con una pajita para sorber la sopa.

Averiguado el truco del almendruco chinorris, la cosa no parece tan difícil y me vengo arriba. Con un par, fiel a la filosofía del blog, mi cabeza da vueltas y me propongo tunear una receta milenaria, ole mis c……kamikazes!.

En esta vuelta de tuerca ya no se trata de cambiar el relleno, es que además adapto una receta anglosajona como el clam chowder (sopa espesa de almejas) a la cocina tailandesa. Esto si que es cocina fusión.

En mi artículo de dumplings, ya había trabajado con este tipo de masa, es muy sencilla en cuanto a proporciones, una medida de harina y la mitad de agua. En esta ocasión he seguido unas proporciones de un restaurante chino en las que combinan harina de repostería con harina de pan y he aprendido que usan una medida llamada Tael, que equivale a 40 de nuestros gramos.

Para el clam chowder (ver receta original), obviamente la patata me sobra y he sustituido la leche entera por una leche de coco, además de incorporar jengibre, thai chili y cilantro.

Para conseguir que la sopa solidifique he empleado agar agar natural, es un gelificante ideal para platos calientes y actúa bastante rápido.

Sin duda la parte más difícil de este tipo de recetas son los pliegues, por más que veo vídeos y parece sencillo, no consigo hacer uno medianamente bonito, mis manos de los Picapiedra no están diseñadas para tanta finura.

El resultado final ha sido bastante satisfactorio, se puede decir que he superado el reto aunque alguno se me abrió. Por dentro estaban líquidos aunque con una textura algo más densa propia del chowder, de sabor, para quedarte con los ojos guiñados de por vida.

Ingredientes:

Para la masa: 6 tael – 240grs de harina de repostería, 2 tael – 80grs de harina para pan, 4 tael – 160grs de agua caliente y media cucharilla de sal.

Para el relleno: 600grs de almeja babosa, 1 cebolla mediana, 130grs de bacon, 25grs de mantequilla, 100ml de nata para cocinar, 300ml de leche de coco, un chorrito de licor chino, 1 thai chili, 1 trozo de jengibre fresco, cilantro fresco, agua y sal.

Lo primero que haremos es limpiar las almejas de cualquier resto de arena depurándolas en agua fría con un poco de sal durante una hora, cambiaremos el agua un par de veces.

Pelamos y cortamos la cebolla en una fina brunoise y el bacon en tiras no muy gruesas. En una cacerola derretimos a fuego lento la mantequilla, doramos el bacon para que suelte toda la grasa pero sin que quede muy crujiente. Añadimos la cebolla y pochamos hasta que quede transparente sin dorarse, para ello tapamos la cacerola para que sude.

Una vez que estén limpias las almejas las hacemos al vapor durante dos minutos desde que hiervan un par de dedos de agua. Colamos el agua y reservamos. Retiramos la concha de las almejas y reservamos.

Pelamos y rallamos el jengibre, cortamos el thai chili e incorporamos ambos al pochado de cebolla y bacon. Cuando esté bien pochadito añadimos un chorrete de licor, a fuego fuerte dejamos evaporar, incorporamos una cucharada de harina y como si de una bechamel se tratase, poco a poco vamos añadiendo el agua colada de la cocción de las almejas.

Cuando tenga una textura no muy líquida añadimos las almejas que habremos cortado a la mitad, la nata y la leche de coco. Cocinamos durante 10 minutos y a la mitas añadimos el cilantro picado rectificando de sal si fuera necesario.

Una vez terminada la sopa, la pasamos por un chino obteniendo por un lado el líquido y por otro los tropezones que reservaremos. En una cacerola ponemos la sopa y añadimos unas tiras de agar agar, llevamos a ebullición y mezclamos bien. Vertemos sobre un recipiente largo y plano dejándolo enfriar hasta que se gelifique.

Durante esta espera preparamos nuestra masa. Hacemos un volcán de harina, escarbamos un cráter y añadimos el agua con la sal diluida poco a poco, mezclamos todo hasta que la masa absorba todo el agua, os quedará un poco pegajosa. Dejamos reposar cubriendo con un paño a temperatura ambiente durante media hora.

Hacemos una bola, espolvoreamos un poco de harina en la encimera, cortamos unos trozos y hacemos un rulo alargado, cortamos en trozos y boleamos porciones individuales. Estiramos y para dar una forma mas redonda con un aro de emplatar troquelamos.

Colocamos el circulo de masa en la palma de la mano, ponemos un poco de la sopa gelificada y otro poco del relleno de almejas, desde un lado comenzamos con los pliegues y nos ayudamos del dedo gordo para empujar el relleno e ir dando forma. Hechos todos los pliegues retorcemos un poco las puntas para sellarlos definitivamente, los colocamos sobre un papel aceitado, unas hojas de lechuga, de banano…para que no se peguen en la vaporera.

En una cacerola ponemos abundante agua y colocamos encima la vaporera china, a partir de que hierva, los dejamos tapados unos 7 minutos. Los servimos en la misma vaporera inmediatamente y para comerlos se colocan encima de una cuchara, se mordisquea el cierre con cuidado de no quemarse con el vapor, se sorbe la sopa y nos introducimos el bollito con su relleno. Aunque como habéis visto, también es válido introducir una pajita.

Como me sobraba masa, intenté un experimento que no salió muy allá. Hice un bao grande relleno que tuvo unos 15 minutos de cocción, demasiada masa que al no llevar levadura chupó los líquidos. Es mejor rellenarlos con una crema mas densa y hacer la masa bao con impulsor.

Espero que os haya gustado y os animéis a prepararlos, son deliciosos. Quien no arriesga, no gana.

 

Chipirones Afogaos


Hoy os hablaré de una receta muy típica de mi región, Asturias y por ello tiene este nombre que en su traducción sería Chipirones Ahogados. Es un plato que podréis encontrar en muchas sidrerías y locales que ofrezcan cartas de claro tinte marinero.

La elaboración de la misma surge a raíz de buscar un acompañante para mi pan de plancton marino, y os sorprenderéis de lo fácil que resulta.

El termino afogar significa cubrir de líquido aunque en mi interpretación entiendo que también se debe al hecho de cubrir la cacerola con una tapa y crear un baño de vapor que ayuda a la cocción de los chipirones.

He buceado por las redes y no encuentro el origen ni una fuente fidedigna que enumere los ingredientes originales. Lo que si he descubierto es que algunas recetas incluyen pimiento verde (mi versión no lo lleva) y que el líquido empleado complementa ron y vino blanco.

Sinceramente, me parece una deriva más propia de una salsa americana en la que emplean brandy o bourbon. Asturias no brilla por sus cultivos de caña de azúcar ni por sus viñedos, aquí lo que hay son pumaradas (prados llenos de manzanos) y nuestra bebida típica es la sidra natural de manzana, por ello, entiendo que esta receta ha de hacerse con sidra, si o si.

La sidra aporta una acidez y dulzura muy característica que nunca conseguiremos con esas otras dos bebidas, además ¿cual sería si no el elemento diferenciador con la elaboración de unos chipirones en salsa que pudiesen hacer en otras regiones?.

La receta no puede ser más sencilla, esta al alcance de cualquiera y si exceptuamos la limpieza escrupulosa de los chipirones, os llevará menos tiempo que hacer una pizza casera, tal y como podéis comprobar en la vídeoreceta.

Ingredientes:

1kg de chipirones, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 2 guindillas cayenas, 1 hoja de laurel, 1/2 vaso de sidra natural de manzana, AOVE, sal y perejil.

Primeramente limpiaremos los chipirones, para mi, es la parte clave de la receta porque comerse uno y encontrar “el plástico” (pluma), resulta muy desagradable. Retiramos la cabeza con cuidado, saldrán todas las entrañas, repasamos debajo del grifo introduciendo el dedo para que el cuerpo quede totalmente limpio. No retiréis la telilla exterior, le aporta color y sabor.

La cabeza la pinzaremos con los dedos por encima de los ojos, tan solo nos quedamos con los tentáculos y apretando le sacamos una bola central que es la boca. Aclaramos, escurrimos, salamos y reservamos.

Pelamos y cortamos el ajo en láminas, la cebolla en una fina brunoise y las guindillas en varios trozos. Pochamos en una cacerola con un par de cucharadas de aceite, cuando este la cebolla tierna y dorada incorporamos los chipirones subiendo el fuego al máximo.

El chipirón comenzará a soltar su propia agua, rehogamos e incorporamos la sidra, un par de meneos dejando que evapore el poco alcohol que tiene esta bebida, tapamos y bajamos el fuego a la mitad. En 15-20 minutos la mayor parte del líquido se habrá evaporado y los chipirones estarán tiernos y listos para servir.

Para un emplatado bonito podéis colocarlos en forma de estrella, juntando los extremos inferiores, colocamos los tentáculos recomponiendo la forma original y esparcimos un poco de perejil fresco.

En esta ocasión utilicé una cazuela de barro para darle una apariencia de sidrería. A mi madre no le ha gustado nada esta presentación, dice que oscurece el plato y lleva razón, pero así es como los veréis muchas veces y sin florituras estéticas.

Por cierto, hay gente que corta el chipirón en anillas. Yo prefiero que este entero porque al morderlo os encontrareis salsa en su interior.

Papas con Choco


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Claro esta, que un blog como el mío, no tiene ni un ápice de la presión que se puede respirar en una cocina profesional. En esta última semana tras visionar la película El Chef y el comienzo de la nueva temporada de Top Chef, mi auto presión se queda en agua de borrajas.

Cada cual en lo suyo, mi nivel de auto exigencia es máximo y cuando una empresa como La Chulapona confía en mi trabajo para ensalzar su producto, la patata, uno además de orgullo siente vértigo.

Nos debemos trasladar a la Comunidad de Madrid, concretamente al sur de la provincia, en Aranjuez. En las tierras bañadas por el Tajo y el Jarama, crecen estas patatas nuevas de la variedad Spunta, certificadas con el sello M de la Comunidad de Madrid con las que he tenido el privilegio de trabajar.

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La variedad Spunta es  un tipo de patata modificada genéticamente para que aguante enfermedades. Funciona muy bien cocida, frita, al horno, en puré, podríamos decir que es la variedad más versátil. La única pega es que al ser nueva no puede almacenarse por largos periodos sin que espigue, por ello debemos aprovechar su sabor suave y mantequilloso cuando están en su punto, con esa piel fina y ese aporte extra de agua propia de una recolección temprana.

Aunque seguiré probando con platos en los que la patata sea la reina o la princesa, ¿quien se resiste a una buena tortilla de patata?. Mi primera aproximación ha sido este guisote, estamos en invierno y es lo que pide el cuerpo.

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Ya sabéis que siempre me gusta dar una vuelta de tuerca y ofreceros platos que aún siendo tradicionales, tengan ese punto diferente que nos haga destacar. Viendo el telediario y los próximos carnavales de Cádiz, me vino la inspiración, papas con choco pero disfrazadas.

Se trata de un plato muy andaluz, un guiso tradicional con un envoltorio diferente. Las aportaciones de Ángel León al mundo de la gastronomía son mundialmente reconocidas, su embutido marino, la luminiscencia y cómo no, las diferentes aplicaciones del plancton marino.

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Desde que me hice con el plancton marino de Veta la Palma, he trabajado en recetas con las que trato de aplicar las diferentes técnicas y para estas papas con choco, se me ha ocurrido pintar una patata cocida que sirve de recipiente.

La idea conceptual es que al partir la patata, rellena con el choco y su caldo, el líquido se desparrama por el plato y se entremezcla con el plancton. Para el relleno, obviamente he prescindido de la patata guisada y el choco lleva un corte más fino, acorde con el recipiente.

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El plato en su ejecución básica, no pierde la esencia tradicional y como veis, también puede ser servido a la vieja usanza. Guiso con mucho sabor al que me hubiese gustado añadir un majado con las entrañas del choco, pero no pude encontrar la sepia entera, ya estaban limpias.

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Aunque el plancton aporta mucho sabor, la patata no podía cocerse sin más. La cocción la hice en un caldo de pescado hecho con alga kombu, apio y congrio, el mismo que utilizo para mojar el guiso. Se trata de un caldo suave hecho con un pescado que no domine al protagonista de la receta, el choco.

Otro de los puntos interesantes de la receta es el tostado del choco en seco. Al ponerlo en la cacerola directamente, sin nada de aceite, crea una costra en la base que se transferirá a las verduras aportando mucho sabor.

Aquí podéis ver la vídeo receta con una amplia explicación.

He quedado muy satisfecho con el resultado, es tal y como había surgido en mi cabeza. Vosotros si no queréis complicaciones, podéis hacerlo al modo tradicional, pero si algún día os sentís modernos y decidís impresionar, esta versión no tiene nada de chirigota por mucho disfraz que lleve.

papas_con_choco

Ingredientes:

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1 sepia, 6 patatas nuevas, 2 dientes de ajo, 1 tomate, 1 pimiento verde, 1 cebolla, 2 sobres de azafrán, perejil, romero, plancton marino, alga kombu, 1 trozo de congrio, 1 rama de apio, 5cl de vino Fino, sal y AOVE.

Comenzamos por lavar y pelar las patatas y limpiar muy bien la sepia. Mientras, hacemos nuestro caldo de pescado con el apio, alga kombu de Algamar y congrio. Transcurridos 5 minutos desde su ebullición añadimos un par de patatas enteras y dejamos cocer.

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Picamos el ajo, pimiento y cebolla en una fina brunoise. El tomate lo pelamos y en esta ocasión lo rallamos. Cortamos el choco en trozos grandes y en una cacerola baja lo tostamos sin nada de aceite, apenas suelta agua, no se os va a quemar, la costra que se crea en el fondo será fundamental para aportar sabor.

Retiramos el choco y parte lo picaremos en dados pequeños. Reservamos. Sacamos las patatas cocidas y cuando enfríen un poco, con la precisión de un cirujano y un sacabolas las vamos vaciando hasta obtener un recipiente de patata. Las virutas de patata podéis añadirlas al guiso más adelante si queréis más espesor en el caldo.

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En la cacerola con la costra de choco añadimos un poco de aceite, pocharemos el ajo, cebolla y pimiento. Veréis que cuando empiecen a sudar la costra se irá despegando y transfiriendo a la verdura.

Cuando el pochado esté listo añadimos el tomate y dejamos que se haga soltando todo su agua. Hecho el tomate incorporamos las patatas, han de estar escachadas (meter punta del cuchillo y tirar, rompen de manera irregular y es fundamental para que ligue la salsa). Las rehogamos un par de minutos, mientras pulverizamos en un mortero el azafrán La Barraca, añadimos, removemos unos segundos y ponemos el choco removiendo un minuto más.

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Vertemos el fino Jarana de las Bodegas Lustau, removemos y a fuego fuerte dejamos que se evapore el alcohol. En este momento añadimos nuestro caldo de alga y pescado, cubriendo la patata. Tapamos y a fuego medio lo dejamos hacerse durante unos 20 minutos.

Cuando casi esté listo retiramos la tapa y añadimos el perejil y el romero, un par de minutos será suficiente. Retiramos del fuego, dejamos reposar y ya tenemos nuestras papas con choco tradicionales.

Hidratamos el plancton con un poco de caldo, removemos muy bien hasta que no queden grumos. Pincelamos las patatas que habíamos vaciado asiéndolas por su interior boca abajo. Las colocamos en un plato hondo.

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Con un cucharón vamos rescatando en un bowl los trozos de choco que cortamos menudos, rellenamos la patata y salseamos sólo en el interior. Habéis de ser un poco pacientes, si prisas, primero el caldo va siendo absorbido por la patata hasta que ya no retiene más líquido, es cuando el hueco se irá inundando, tened cuidado porque no queremos que rebose.

Ya está listo para servir. El efecto es brutal, cuando hundimos la cuchara y partimos la patata, el caldo empieza a escurrirse y se impregna del plancton. Espero os haya gustado y os animéis a prepararla, si lo hacéis mandadme alguna foto por las versiones de Fuego de Mortero en Facebook, Twitter o Instagram.

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Por último os enseño la versión más cañera. Con el guiso reposado un día, le añadí el plancton que me había sobrado directamente al caldo y además le puse un par de guindillas cayenas. Ahora si que es un guisote ponente de verdad.

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