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A Lanzada – Arrocería & SunSet


Espero que a mis paisanos asturianos no se les ocurra hacer lo mismo que con Mariano Rajoy, declarado persona non grata en Pontevedra, por la ampliación del contrato de ENCE. La trayectoria de mis últimos años, resulta coincidente con que en cada fiesta de la Comunidad o de mi ciudad, decido escaparme a esta excepcional provincia que me acoje de maravilla con su sol, comida y calidez de sus gentes.

La tradicional fiesta del Martes de Campo, en Oviedo, hizo que pudiese enlazar un puente en busca de esas sensaciones que nos aproximan al verano. Y si de verano se trata, la rebautizada Galifornia nos ofrece todo aquello que algunos buscan en otros destinos más exóticos y alejados de nuestro país.

Las Rías Baixas tienen un micro clima que contrasta con Santiago de Compostela, a unos 70kms de distancia y que es considerada como la ciudad más lluviosa de España. La península de O Grove nos ofrece idílicas playas como la de La Lanzada, su arenal de 2,5kms poco debe envidiar a las playas caribeñas, tan solo la temperatura de sus aguas si lo que os gusta es la sopa de camarones, yo me quedo con el caldo gallego aunque tenga 15º menos.

Para mi sorpresa, en esta tempranera visita de comienzos de junio, me ha llamado la atención la escasa actividad. La mayoría de restaurantes e incluso una panadería en la que pretendía avituallarme en San Vicente, estaban cerradas a cal y canto. Supongo que llegado el mes de julio todo volverá a la normalidad de una zona que claramente vive del turismo.

Como no hay mal que por bien no venga, la ausencia de gente nos permitió disfrutar de las calas de la ruta de Pedras Negras como si fuesen nuestra playa privada. La leve lluvia del día anterior dejó una jornada de cielos nítidos donde el sol apretaba de lo lindo, una excusa más para darse un baño en sus cristalinas aguas.

Ante las escasas opciones reparé en la ida hacia San Vicente Do Mar, que uno de los restaurantes con mejores vistas a la playa estaba abierto y fuimos afortunados de encontrar una mesa en la terraza y ser servidos pasadas las tres de la tarde de un martes.

El restaurante, cuya especialidad son los arroces os llamará la atención por ser el único que tiene una estética de diseño muy cuidada. Es algo que se echa en falta por la zona, gran parte de los negocios hosteleros parece que los han montado en un fin de semana, aunque esto también tenga cierto atractivo.

Siendo algo tiquismiquis me hubiese gustado que en la terraza hubiesen mantenido esa línea moderna, porque las vistas merecen algo más glamuroso que mesas de Estrella Galicia y sombrillas de Nestlé.

Sin embargo a su favor tienen que en la parte del jardín hay montada una zona chill out denominada SunSet donde poder tomarse un cocktail y disfrutar de las magnificas puestas de sol mientras los niños se divierten en una cama elástica.

La zona interior del restaurante es muy bonita con esos toques de madera blanca en listones que hace de respaldo en los bancos, la cerámica del suelo, las lamparas de bombillas colgantes ayudan a realzar la belleza que la naturaleza nos ofrece a través de sus cristaleras.

Teniendo en cuenta que tras la comida nos quedaban tres horas de regreso, no pudo ser todo lo copiosa que me hubiese gustado, me apetecía todo lo de la carta, va a ser que es verdad eso de que la playa abre el apetito.

Como entrantes y para dar tiempo a que se hiciera el arroz, nos conformamos con unos pimientos del Padrón tratando de encontrar alguno que picase. Misión Imposible, ni el mismísimo Ethan Hunt (Tom Cruise) es capaz de encontrar uno que acabe de estallar en nuestra boca y nos haga pedir misericordia.

Menos mal que unos berberechos al vapor nunca defraudan en esta tierra de rías.

Puesto que La Lanzada se describe como una arrocería, no quedaba otra que probar una de sus especialidades. Tenéis paella de marisco, arroz con pulpo y almejas, con zamburiñas y almejas y otra que no recuerdo.

El arroz elegido siguiendo la recomendación de nuestra camarera fue el de zamburiñas (volandeiras) y almejas. Quizás por las horas que eran creo que le faltaron unos 3 minutos de cocción y otros 5 de reposo, de hecho en la segunda tanda que nos servimos mejoró ostensiblemente al seguir haciéndose con el calor en reposo.

A mi me gusta el arroz al punto y de haber esperado ese pelín más de tiempo hubiese estado perfecta en su totalidad. Son pequeños matices porque como os digo la culpa es nuestra por aparecer a esas horas y bastante agradecidos quedamos de que nos sirvieran.

En lo que respecta al sabor, resultó estupenda y con abundancia de bichos pero sin escasez de arroz que al fin y al cabo es lo que queremos comer, arroz con mucho sabor.

Llegadas las cinco de la tarde y con mucho pesar cambiamos la siesta de arenas blancas por el tostado de los asientos del coche, no se puede tener todo y bastante es lo que ya tuvimos en un glorioso día de Martes de Campo reconvertido en Martes de Playa.

Sin duda La Lanzada queda en la recamara para repetir en mi próxima visita a O Grove.

A Lanzada Arrocería & Sunset – Crta. San Vicente do Mar – O Grove   Tlf: 986 738 400

 

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El Mosquito


Cuando escribo un artículo y tengo que remontarme muchos años atrás para conocer sus orígenes, me produce muchas satisfacción porque es un indicativo de que en ese local se han hecho las cosas bien y adquiere esa categoría de lugar histórico con encanto.

Para hablar de los inicios de El Mosquito debemos irnos allá por 1930 cuando Dª Carmen Roel abrió sin la aprobación de su marido, una tasca marinera que pronto se hizo famosa por sus tazas de vino y tapa de raya frita. El dulzor del vino atraía a los mosquitos a las tazas y de ahí su curioso nombre.

Trascurridos 20 años se convierte en casa de comidas y mantiene el mismo éxito, llevándoles incluso a obtener la preciada Estrella Michelín en 1980, siendo María Rodríguez la primera mujer gallega en recibir este galardón.

Tras 63 de intensa actividad, Carmiña Valverde decide pasar el legado que comenzara su madre a los nuevos gerentes, Santiago y Sonia, que a buen seguro están manteniendo los estándares de calidad.

Con una ubicación privilegiada en la Plaza da Pedra, 4 se trata de un restaurante que no pasa desapercibido para cualquier turista que frecuente la zona, los locales son buenos conocedores de su tradición. Por sus mesas han pasado a lo largo de todos estos años, lo más granado de la sociedad intelectual, política, y artística, tal y como reflejan con orgullo las fotos fotos expuestas en sus paredes.

Precisamente con el cambio de gerencia, se le ha dado un lavado de cara al local, eso si, manteniendo la esencia pues lo que encontraremos sentados en cualquiera de sus mesas es pura tradición de la mejor cocina gallega donde el producto es el protagonista principal.

El interior del local nos recibe con un hall muy acogedor en el que a modo de museo fotográfico, recogen la historia en bloques de 20-25 años. Llama la atención el sinuoso camino hasta el comedor, situado al fondo del local dejando la cocina tras nosotros.

Sin luz natural, la sala combina una parte de paredes piedra con otras en las que unos listones de madera pintados en blanco al igual que el resto de paredes, aportan toda la luminosidad.

Mientras disfrutaba de una cerveza Gastro nos sirvieron un magnífico aperitivo de unos mejillones en escabeche casero, estupendas piezas que raramente disfrutamos en el resto de la península.

Dicen que hay que cenar ligero y en Galicia esto resulta muy fácil, un poco de marisco y un pescado nos dejan satisfechos sin realizar un aporte calórico extra.

Comenzamos con unos berberechos al vapor.

De segundo optamos por unas vieiras, las tradicionales a la gallega con su sofrito y horneadas con pan rallado.

Y otra versión sobre un parmentier de patata y crujiente de jamón.

Como platos principales un rape y langostinos caldosos y una parrillada de verduras.

Rematamos con una larpeirada atención de la casa. Un cremosos de frutos rojos con nata.

El Mosquito – Plaza da Pedra, 4  –   Vigo     Tlf: 986 433 570 / 616 504 544

La Marina


Vigo es una de las ciudades de España con mayor actividad portuaria y esto sin duda se refleja en la economía de la zona. Más allá de las industrias relacionadas con la automoción o la pesca, su puerto es destino de múltiples cruceros que desembarcan miles de personas ávidas de conocer la ciudad en un tiempo muy limitado.

Sin duda una de las estrellas de estos circuitos es el Mercado de A Pedra, donde hace muchos años era lugar ideal para conseguir tabaco de contrabando, ese rubio americano que tanto escaseaba durante los años 70.

Pero si por algo es famoso este mercado es por sus ostras. En la calle de las ostras nos encontramos con restaurantes a ambos lados y unas mesas de granito que con los años y gracias al Ayuntamiento de Vigo han mejorado. Incorporan unas cámara refrigeradoras y un fregadero anexo donde los expertos ostreros despliegan su técnica abriendo por docenas este delicioso manjar.

Podéis encargar las ostras en cualquier puesto y os las acercarán a la mesa de cualquiera de los restaurantes. Al natural o a la plancha, este marisco del que se dice tiene efectos afrodisíacos, supone un auténtico bocado al mar.

Si en mi penúltima visita a Vigo lo visité después de una jornada playera en las Islas Cíes, esta vez cambié la merienda por la comida, el tiempo amenazante de lluvia hizo que el plan inicial de volver a las islas se truncase.

De entre todos los restaurantes, esta vez recalé en La Marina, había una mesa en la terraza justo detrás de uno de los puestos y 100 años de historia la avalan. Ocasión ideal para comerse una docena y charlar con los profesionales mientras trataba de aprender sus técnicas con esta ostra plana.

Sólo en este puesto, me comentaron que sus ventas oscilan entre las 500-1.500 unidades al día, siendo los meses fuertes aquellos de verano donde desembarcan los turistas en masa. Nuestras ostras procedían de los viveros Daporta, tres generaciones utilizando el mismo puesto y que son primos de Yayo Daporta, el cocinero con Estrella Michelín en Cambados del que ya publicara artículo.

Como en la mayoría de locales de Galicia, sobre todo en sus zonas antiguas, nos encontramos con locales en cuyo interior las paredes de granito son las grandes protagonistas, en muchos casos son pareces medianeras. La Marina tiene techos muy altos y una gran sala interior con lamparas colgantes donde las mesas se distribuyen para dar cabida a muchos comensales.

Las ostras son sin duda el plato estrella y una docena nunca deberá faltar en vuestra mesa, ya sean al natural o a la plancha. En este caso hicimos media y media.

El resto de la comanda incluyó otros clásicos como los pimientos del Padrón, el pulpo a la gallega que se diferencia del a feira por incluir los cachelos, y unas almejas a la marinera.

Cuando llega la hora del postre y ves que aún te sobra ese excelente pan, inmediatamente pensamos en una ración de queso de tetilla con membrillo.

Rematamos con una tarta de queso al orujo.

Comienza a orbayar así que tras unas horas de pateada por esas cuestas y una buena comida, lo más aconsejable fue irse al hotel para echarse una buena siesta. A falta de sol, no se me ocurre como mejorar este plan.

La Marina – C/ Pescadería, 5  (Mercado de A Pedra)  –  Vigo      Tlf: 628 625 343

Brasería Sansibar


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Supongo que a todos nos gusta cerrar círculos o en este caso vacaciones, de la mejor manera, y fruto de una casualidad así lo hice en mi periplo gallego de O Grove 2016.

Creo en el destino y hay veces que suceden alegrías o fatalidades de las que nos será imposible huir. Esta vez las meigas hicieron su labor para que en una playa desierta me encontrara con Cecília y su hermana María, gran seguidora del blog a la que no tenía el gusto de conocer.

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Veraneantes asiduas de la zona durante los últimos 12 años, era la primera vez que recalaban en una playa de la Ruta do Con Negro ubicada en el área de San Vicente do Mar y casualmente allí estaba yo con mis amigos.

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Se trata de una zona preciosa de 2,5kms con una senda que va paralela al litoral llena de formaciones graníticas, calas y un área militar restringida con antiguas baterías y que hoy se usa por la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable (BRILAT) como campo de tiro y maniobras.

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Una animada charla en la que no podía faltar la gastronomía, me proporcionó dos destinos en su opinión, irrenunciables, que sin duda me apuré a encajar en los dos días que restaban para finalizar las vacaciones.

Como quiera que tras varios intentos me fue imposible reservar en D’Berto, tenía clavada la espina de poder encajar al menos un gran restaurante. Con la visita a Sansibar me desquité y una vez más refuerza mi opinión sobre el gran camelo de Tripadvisor, puesto 35 cuando claramente es un Top Ten.

Christian Reise y Luisa Moldes son el matrimonio alma mater de este negocio. Él tras las brasas y ella atendiendo las mesas llevan a sus espaldas muchos años de experiencia en el mundo de la restauración selecta centroeuropea. La meticulosidad germana se asocia con la riqueza del producto gallego de primer nivel y estaba claro que nada malo podía salir de esas brasas.

La arquitectura de la zona es muy similar pero si prestamos atención esta casa-chalet tiene un toque distinto, que aunque no sea muy llamativa lleva nuestra vista hacia un cartel anunciador que nos indica que aquello es un restaurante. No es de extrañar que recorriendo las pequeñas carreteras y caminos de O Grove pueda pasar desapercibida, tuve la misma sensación cuando visité el Culler de Pau.

Disponen de una zona de parking, suficiente para el número de comensales que por capacidad puede albergar el restaurante. Ese concepto de sitio pequeño que tanto me gusta, sientes como todo esta controlado y me transmite sensaciones de intimidad propias de un hogar.

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La zona de terraza mejor dejarla para los almuerzos, las noches de Baixas son frescas incluso en agosto y podría no resultar una cena agradable si la comparamos con el sencillo pero acogedor comedor interior de ocho mesas.

La acogedora barra de entrada, diseño de los muebles de servicio auxiliares, mantelería, cristalería, paredes mixtas con aplacado de piedra, suelo cerámico y una parrilla inodora nos indican calidez y calidad.

Para beber nada mejor que una König Ludwig de trigo. Ya la había tomado en varias ocasiones, pero me satisfizo ver que un alemán confíe en ella para servirla en su restaurante, mala no sera porque de cervezas saben un buen rato.

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Comenzamos con una ensalada de la huerta, un majar cuando realmente son productos de esa procedencia.

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Tenía el capricho de comerme unas ostras, pero si encima son Napoleón, las preparan a la brasa y aderezan con unas algas harán que a día de hoy siga soñando con ellas. Nunca las había comido braseadas y son todo un acierto.

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Seguimos poniendo a prueba las brasas con un pulpo aliñado con aceite de pimentón, ajo y lima.

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Para sorpresa de mis amigos abandono mis hábitos paleolíticos y me decido por un rodaballo, un pescado que está entre mi Top 3. La sencillez de la brasa resalta toda la frescura del producto.

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Ellos se animaron con un chuletón de ternera gallega ecológica que también pude degustar en su formato hueso, ese que inconscientemente la mayoría deshecha. Creo que equivoqué la profesión y debería haber sido cirujano, no os hacéis a la idea de cuanta carne se puede aprovechar si sois diestros en el manejo del cuchillo, además es una parte con mucho sabor.

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Christian observó mi destreza y me ofreció un señor cuchillo, “prueba con este que está más afilado”. Al terminar me comentaron que mucha gente había degustado sus carnes pero nunca nadie había dejado un hueso tan pelado. La gente suele disfrutar viéndome tanto como yo lo hago extrayendo hasta la más minúscula hebra.

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En los postres ninguno perdonamos y todos eran de magnífica factura, desde el helado de chocolate artesano a la tarta de queso, pasando por la torrija de brioche-piña a la brasa y helado de nata.

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Unos cafés y algún licor remataron los 9 días por el paraíso gallego.

Brasería Sansibar – Balea, nº 20B  O Grove     Tlf: 986 738 513

Seixeliño


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Ubicado entre O Caballo y el Asador Luis Kabalo nos encontramos en una de las rectas principales de San Vicente do Mar con este restaurante que tiene el mismo estilo y concepto de los otros dos, contiguos.

Tal y como os había hablado en el artículo de Luis Kabalo, se trata de unos chiringuitos restaurantes cuyo aspecto exterior no resulta nada llamativo, lo magnífico del sitio son las vistas y poder estar comiendo a pié de playa del Área da Cruz. Se que la comparación os parecerá extraña pero me recuerdan a las casas de la afamada Malibú, pegadas a la carretera sin gran ostentación, cuando se abren hacia el mar se disfruta de esa magnificencia constructiva y sobre todo vistas incomparables.

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Cuando visitas el lugar por la mañana antes de que abra,  parece increíble el ambiente que se genera por la noche y lo triste que resulta de día.  Tendría un potencial enorme como chill out si se cuidara más la estética, pues lo que sobra son veraneantes ávidos de relax y con ganas de prolongar esas cenas con una ronda de copas.

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El servicio resultó de lo más amable y simpático, el sentido del humor gallego es un tanto peculiar si lo comparamos con la gente del sur, digamos que es menos directo pero con más retranca.

La comida está al nivel de lo que buscamos, producto, sencillez y buenos precios. Además la fluidez resultó aceptable dando espacio al comensal ya que otros lugares tienden a soltarte la comanda de golpe inundando la mesa de raciones que acaban quedándose frías.

Unos boquerones en vinagre para abrir boca mientras damos cuenta de la cuadragésima Estrella Galicia de estas vacaciones.

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Unas navajas carnosas y unas croquetas de calamares en tinta muy cremosas darían continuidad.

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Una ensalada con rulo de cabra y semillas resultó bastante elaborada y sabrosa.

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Finalizamos con los platos fuertes salidos de la parrilla, unos criollos y churrasco para los carnívoros. Aún estoy desconcertado con el concepto churrasco, me esperaba otro tipo de carne y como veis se trata de costillas de cerdo, era la segunda vez que me ocurría estas vacaciones.

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Un sargo muy fresco haría las delicias de mis amigos aunque obviamente lo probé.

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De postre un Dalky casero aderezado con unos frutos rojos y frutos secos.

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Seixeliño – Avda de la Lanzada, s/n – San vicente do mar    Tlf: 653 729 987