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Goiko Grill


Goiko Grill Oviedo

Goiko Grill – C/ San Francisco, 13  –  Oviedo     Tlf: 984 689 973

Goiko Grill ofrece hamburguesas de haute couture en formato pret a porter, excelente calidad por encima de todo, al servicio de un cliente exigente y sabio en el arte de una buena hamburguesa.

Este sándwich de carne, tan extendido como vilipendiado por las grandes cadenas alcanza con Goiko Grill el estatus de hamburguesa gourmet, de autor, que aún habiéndose expandido a la velocidad del rayo con 42 locales en poco más de cinco años, en todos ellos mantiene el mismo espíritu familiar de calidad guiado por Andoni Goicoechea.

Venezolano de ascendencia familiar vasca, este joven llegó a Madrid para ejercer como MIR en el Hospital de La Paz y acabó convirtiéndose en empresario de un fast food. Tan rápido como el concepto de comida, ha sido su crecimiento y tras recientes movimientos accionariales ya programa su internacionalización.

Una valoración del negocio en 150 millones de euros ha hecho que de no querer franquiciar para mantener ese estilo familiar, se haya pasado a vender el 80% del negocio al fondo de capital riesgo de Louis Vuitton (LVMH) para poder seguir creciendo en modo exponencial.

Siguiendo inmersos en este mundo de la moda, ya es casualidad que el local elegido para instalarse en Oviedo haya sido el que ocupara por muchos años Modesta, una boutique que tenía un gran muestrario de las últimas colecciones de grandes diseñadores.

Goiko Grill Oviedo

Pero por si fuera poco, está casi pegado al local que en su día ocupara la primera hamburguesería de Oviedo, el City Burger. Ya es casualidad!

Ahora los Moschino, Missoni, Kenzo nos los llevamos puestos en modo hamburguesa, elaboraciones con combinaciones muy cuidadas que incluso añaden ediciones exclusivas dependiendo de donde se ubique el local. De este modo, en Oviedo es el único lugar donde se puede disfrutar de la Carbayona, una burger con crema de membrillo, queso Cabrales, pimientos fritos y jamón serrano.

En Oviedo llevan instalados un par de meses y comer en el local resulta algo complicado sin reserva, pero disponen de servicio delivery con plataformas como Glovo o Just Eat o el conveniente take away. Precisamente este último servicio fue el que utilicé para mi primer encuentro con Goiko y en casa pude disfrutar de sus excelentes hamburguesas.

Ahora que ya he visitado el local puedo hacer una valoración más acertada que incluye otros aspectos de la restauración. El servicio es muy amable, agradable sin excesos de colegueo y las comandas salen bastante rápidas tal y como esperamos en este tipo de restaurante.

Y por qué es una hamburguesa gourmet, no sólo la calidad de los ingredientes, el hecho de sentarte y que tomen nota está muy por encima de las tediosas colas y atención que te proporcionan en otros locales. Aquí os dejo este glorioso sketch de Cruz y Raya por si no me habéis entendido.

El local es muy amplio, ambientación de hamburguesería americana de calidad desde su entrada con el llamativo neon light, cuadros y fotos de hamburguesas que nos hacen salivar, zona de banco corrido, ventilación industrial vista, iluminación cálida que no ayuda con las fotos…etc.

Para beber, milk shakes, smoothies y una muy valorada selección de cervezas. Para el picoteo nos encontramos con guiños al origen venezolano de Andoni, como son los teques y si deseamos continuarlo con la hamburguesa Camburger encontrareis ingredientes como el plátano dorado y una emulsión de ron Santa Teresa.

Si lo vuestro son las ensaladas, disponen de la clásica Caesar, un fresh bowl y hasta una ensalada thai.

Nosotros elegimos como entrantes unas clásicas alitas de pollo que están fritas a la perfección, la carne se despega del hueso y está jugosa y se acompaña de una salsa barbacoa casera.

alitas de pollo

Los nachos Daniela son espectaculares, como los querrías encontrar siempre. Es un entrante que aprecio mucho y me pone de muy mal humor cuando encuentro casi siempre versiones de bajísima calidad por falta de interés.

Nachos Daniela

Totopos, guacamole, abundante queso, chili con carne, crema agria, jalapeños y por poner un pero en vez de pico de gallo ponen unos daditos de tomate natural.

Dentro de las hamburguesas os encontrareis con 14 variedades. 12 + 1 exclusiva como la Carbayona + la posibilidad de haceros vuestra propia combinación.

En esta ocasión mi elegida fue la Yankee. Carne de vaca, costilla de cerdo deshuesada en salsa barbacoa Goiko, queso americano, cebolla al grill y lechuga batavia. Deliciosa combinación y de tamaño sólo apto para boas constrictor (como todas).

Goiko Yankee

Goiko Yankee

La Puchi lleva champiñones en su salsa, bacon, queso americano y salsa barbacoa.

Goiko Puchi

La Chipotle lleva un guacamole casero rústico con una salsa de chipotle Goiko.

Goiko Chipotle

La Kevin Bacon es la más vendida y se compone de carne picada mezclada con bacon, cebolla crunchy y queso americano.

Goiko Kevin Bacon

Una de las novedades es la Chiliraptor, carne picada mezclada con chili, queso americano y Monterrey Jack con topping de guacamole.

Goiko Chiliraptor

La Threeler son 180grs de carne divididos en 3 patties de 90grs, bacon bits, queso americano, pepinillo y cebolla. Todas las hamburguesas se acompañan de patatas rústicas que son frescas y peladas cada día.

Goiko Threeler

Para terminar, a modo de postre un Goiko Shake, un batido de helado de vainilla con galleta de chocolate, sirope de chocolate y nata montada.

Goiko Shake

Hoy por hoy, la calidad y variedad de Goiko me ha conquistado y ha reemplazado a las también excelentes hamburguesas de La Pepita. Sin duda, en Oviedo, estos dos locales son los que mantienen un estilo más fiel a lo que debe ser una buena hamburguesa americana.

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El Molinón


El Molinón – Calle del Águila, 13   –  Oviedo    Tlf: 984 061 589

Bodega, vinatería un concepto muy antiguo que ha derivado en los actuales gastro bares. Ya quedan muy pocos exponentes, al menos en Oviedo, de lo que eran aquellos locales de encuentro donde chatos, pintas e incluso porrones competían con las sidrerías, cuestión de gustos pero unanimidad en la misma finalidad de compartir tertulias.

La fisonomía de las ciudades cambia en pos de la modernidad y vestustos edificios dejan paso a nuevas construcciones, algunas de ellas rehabilitaciones, que aún conservando la esencia estética, pierden en la mayoría de casos emblemas del comercio local.

El local del que hoy hablaré aunque lleva más de 20 años en funcionamiento, desde 1997, cuando reabre sus puertas la antigua panadería El Molinón. El origen de dicha panadería se remonta a la primera mitad del siglo XIX y durante ciento cincuenta años fue una referencia carbayona.

El Molinón, pionero en Asturias en los procesos industrializados para la fabricación de pan, había sido fundada por Francisco Acebal y su hermano Xuan María, este último considerado como el mejor poeta en lengua asturiana.

Con raíces en Piloña, los Acebal también crearon una fundición de metales en el mismo solar, de la cual salieron piezas importantes para la catedral de Oviedo.

Esa fundición se fusionó posteriormente con la firma La Amistad, con fábrica en la calle Río San Pedro. En la geografía urbana carbayona la vieja chimenea de El Molinón, de ladrillo y planta cuadrada, fue una referencia.. A su pié estuvo durante años Casa Modesta, un afamado establecimiento de comidas.

Se trata de un local bastante reducido, con muchos recovecos y diferentes niveles, donde la zona de barra y cocina sorprenden por lo minúsculo. Parece mentira que de ahí puedan salir tantos platos, sin demasiadas pretensiones, no hay sitio para más.

Visitar El Molinón es quedar con los amigos, tomarse unos vinos o cervezas y aprovechar para picar algo. Embutidos y quesos servidos de manera individual o en tablas se combinan con una buena selección de tostas, pero aún hay margen para explorar una carta que repito, bastante amplia es para la capacidad del lugar.

De todo lo que pedimos me gustaría destacar los callos y el cachopo que para mi gusto sobresalieron del resto. Por el contrario, la tortilla de patata guisada con pisto, sin estar mala, resultó algo seca y más bien llevaba el pisto por encima.

Ensalada de queso de cabra y bacon con vinagreta de melocotón, verduras en tempura con una salsa agridulce, morcilla de León y unos bocartes con jamón conformaron el resto de la comanda.

Si a todo esto le añadimos un buen servicio y unos buenos precios, El Molinón resulta una opción muy apropiada para extender una buena charla.

Chinastur


¿Qué ha pasado con los chinos?, ¿por qué han ido desapareciendo?. El boom de los 70-80 donde todo eran Grandes Murallas, Dragones Rojos, Hong Kong, Shanghai…fueron los pioneros en la expansión de las cocinas internacionales, incluso antes de que llegaran las grandes cadenas de hamburguesas americanas.

Mi primera experiencia con un chino se remonta a Benidorm, cuando tan solo debía tener 4 o 5 años, aquellos sabores tan distintos me cautivaron. Con los años descubrí que había una cosa que se llamaba glutamato monosódico, que además de perjudicial era el causante de hacer que esos sabores engancharan.

Aunque graciosos, nunca le di validad a las leyendas urbanas respecto a la comida china. El gato por liebre ha sido la más utilizada, otras hablaban de la falta de decesos y de donde podían acabar inmigrantes ilegales que por su gran parecido nadie se daría cuenta de su sustitución.

Llevo toda la vida comiendo chino y nunca nada me ha sentado mal, también debo decir que no soy persona con escrúpulos y me aplico el dicho ese de “lo que no afuega, engorda”.

Donde mejor chino he comido ha sido durante mis años en San Francisco, uno de los chinatown más antiguos fuera de su continente. Había platos realmente deliciosos y restaurantes dignos de hacer cola de espera.

Con los años he podido viajar a Hong Kong y Shanghai y he comido de cine, al igual que hace poco en mi viaje a Nueva York donde visité Da Dong, el nuevo restaurante del más afamado chef de toda China.

Los restaurantes han ido desapareciendo y ya quedan muy pocos exponentes. Los japoneses les han tomado la delantera desde que los chinos se han trasladado al mundo del “Todo a 100”. Aún así, en general, la comida asiática no está muy conseguida y son pocos los exponentes que merezcan la pena, al menos en Oviedo.

De los pocos supervivientes fui a Chinastur, mi madre tenía ganas de ir y reconozco que hasta me hacía ilusión. Traspasé la puerta y comenzó la decepción.

Se trata de un local grande, no tiene mala ubicación pero dentro transmite más frialdad que un jugador de ajedrez. La decoración es paupérrima y se nota descuidado, han cambiado luminarias y ni tan siquiera se han dignado a dar una mano de pintura.

El servicio, con tan sólo tres mesas ocupadas resultó muy ecléptico, por no decir que requiere la mano de Chicote. Unos platos llegaban y el otro miraba, cuando llega por fin el tuyo al poco aparecen con el segundo, menos mal que es una comida que aguanta bastante caliente.

Tras analizar la carta, me dí cuenta que lo más rentable era pedir su menú. Para qué pagar más cuando hay tantas opciones a elegir entre entrantes, primeros y segundos.

La sopa agripicante muy mediocre, los tallarines un auténtico batiburrillo de pollo y ternera, el pollo con setas fue la mejor opción, el cerdo agridulce para devolverlo al instante y lo mismo con el plátano frito.

Quiero incidir en el cerdo agridulce, un plato que me encanta y que siempre suelo pedir. La primera vez en mi vida que me sirven este formato bolas que parecen firmadas por Findus. La salsa agridulce no se que coño era, parecía una macedonia de frutas triturada donde prevalecía el mango.

El plátano, ya con ver el tamaño no me pude resistir a la disección. Insípido y negruzco.

Lo siento mamá, pero la próxima vez no seré yo el que te acompañe. Creedme que siento especial tristeza porque es un tipo de comida que me encanta pero hoy por hoy, en Oviedo, me siento huérfano.

Tierra Astur


Tierra Astur Águila  – Plg. Águila del Nora – Colloto   Tlf: 985 791 228

Son miles los clientes que este grupo hostelero recibe a lo largo del año en sus distintas ubicaciones de Oviedo, Gijón y Avilés, pero igual no todos saben que esto comenzó hace 37 años, allá por 1981 con la creación de Crivencar, una empresa que se afanó por recuperar y aunar el producto alimentario asturiano, en especial, sus quesos de los que tan orgullosos estamos como región.

Desde sus tiendas, han sido los responsables de que más de un conocido fuera de la provincia, haya recibido como obsequio una de sus tablas. Algo que ahora nos parece tan simple, como juntar diferentes quesos en una tabla y envasarlos al vacío para sus distribución, no era común y puso en valor uno de nuestros más preciados patrimonios.

Poco a poco el listado de productos fue en aumento, desde los embutidos, legumbres, hasta los pack de sidra con su vaso, llegando a controlar una ganadería de ternera con denominación IGP asturiana con la que nutrir los restaurantes.

Su primer establecimiento lo abrieron en la calle Gascona, el conocido como Bulevard de la Sidra y pronto se ganarían su fama en sana competencia con sidrerías de mucha solera. La decoración y abundancia siempre han sido santo y seña de la casa, por ello muchos hemos tirado de sus establecimientos para impresionar a nuestras visitas. Somos grandones, lo sabemos y nos gusta vacilar de ello.

Aún siendo un reconocido fartón, mi opinión personal es que ya han alcanzado cotas demasiado exageradas. Algunos de sus tablones si bien llenan páginas de Instagramers, excederse con comida que acaba sobrando, no me parece muy razonable.

Soy consciente que esto también es una herramienta de marketing y cada cual posiciona su empresa como quiere, sus éxitos están más que demostrados pero no por ello deja de sorprender. La carta es un ejemplar de El Quijote con ilustraciones, muy bien editado, con fotos suculentas de todos los platos que al primerizo le hará dudar de si son una realidad aumentada. Cuando llegan los platos, nadie puede decir que le han engañado con las fotos, son tal cual.

Exceptuando el de Gijón he comido en todos, varias veces, y nunca he salido defraudado ya haya sido con carnes o pescados. La calidad que ofrecen, a unos precios muy competitivos, hace que las mesas vacías se puedan contar con los dedos de una mano.

Como ya anunciaba, la decoración es otro de los fuertes de Tierra Astur. Han sabido dar un toque “franquicia” que rebosa asturianía y del que otros han imitado. Esa profusión decorativa de nuestra clásica botella de sidra llama mucho la atención y como en el caso del Tierra Astur Águila con sus más de 3.000 botellas junto con los toneles mesa hace del restaurante un auténtico museo vanguardista.

Ya que estamos en Colloto, en el polígono donde antes se fabricaba la cerveza Águila Negra, de la que toma el nombre, he de hablaros de la original propuesta que ponen en marcha todos los jueves.

Organizan espichas tradicionales en las que la música de diferentes grupos es reclamo suficiente para salir de la rutina y recibir el fin de semana adelantado. De ideas el mundo está lleno, pero implementarlas con acierto es caso aparte y sin duda ofrecer un servicio de autobuses gratuitos desde el centro de Oviedo ha sido clave para su éxito. Ya llovió desde el “si bebes, no conduzcas” de Stevie Wonder, pero hoy por hoy con el acecho de la DGT, toma más sentido.

Aunque la mayoría de platos provienen de mi última vista al Águila, he recuperado algunos del último restaurante incorporado al grupo, Tierra Astur Parrilla donde por muchos años estuviera la Sidrería Asturias en la calle Gascona de Oviedo.

La sidra por supuesto no puede faltar y en esta ocasión como nos encontrábamos en un tonel donde no escancian aunque si podemos echar sidra con los tapones, decidimos utilizar un escanciador mecánico que le acababan de regalar a nuestros visitantes vascos.

Uno de los platos que no deberían faltar son los tortos de maíz en sus múltiples versiones.

La Jamonería


La Jamonería – C/ Fuertes Acevedo, 21   –  Oviedo    Tlf: 985 250 770

El establecimiento del que hoy os hablaré, abierto desde 1994 podría parecer y de hecho lo es, todo un veterano del barrio. Con casi 25 años,  en hostelería hay que multiplicarlo por dos o tres, como la vida de los perros, pero para alguien que se ha criado ahí, aún es un jovenzuelo.

Uno de los éxitos de esta casa de comidas reside en su carácter familiar, no solo por su gerencia sino por ese bienestar que se respira sentado en una de sus mesas. Todo resulta muy afable, por un lado el trato recibido y por otra las bondades de una carta que radica su éxito en una buena materia prima.

Podría contaros muchas anécdotas, mi abuela vivía en el número 3 y soy consciente de muchas vivencias que guardo en el recuerdo, desde el chigre que ocupaba sus bajos, El Bodegón, la tienda de Ultra Marinos Casa Tomás donde mi objetivo era sacarle a mi abuela una tableta de chocolate La Cibeles con almendra, la carnicería de José Antonio…etc.

Desde su balcón veía la densidad de tráfico que se dirigía a la carretera que nos comunicaba con Galicia, La Ería eran prados llenos de huertas donde correteé con la advertencia de no acercarme a la Tejera porque allí estaban los gitanos, viví fiestas de barrio con barracas y hasta recuerdo los disturbios con la policía escorriendo calle abajo desde la Plaza de Toros a los fans de Miguel Ríos, que protestaban por la cancelación de su concierto.

Siento este ataque de nostalgia, será la edad que me va transformando en el Abuelo Cebolleta y aunque no corrí delante de los grises, si que comí el bollo en los praos del Cristo atiborrándome de sidra del Benidorm. Esta es la memoria histórica que si deberíamos conservar, otras miserias mejor dejarlas en el cajón desastre de los recuerdos.

Con un nombre como La Jamonería, nos hace pensar que aquí todo gira en torno al jamón y no podemos estar más equivocados. Si que tienen jamones que lucen hermosos tras la barra, podemos degustarlo en una ración, en una ensalada o en unas croquetas pero pare usted de contar.

Todos los platos que encontramos en la carta son de cocina tradicional, muy bien ejecutada, con mucha calidad, sin estridencias ni emplatados imposibles. Si no estuviese dentro de la ciudad, pensaríamos que es uno de esos emblemáticos lugares que la periodista Ana Paz Paredes nos descubre en algún pueblin remoto de su libro Asturias, Pucheros en el Paraíso

La Jamonería es uno de esos restaurantes esquivos de los que no vale acordarse a última hora, siempre suelen estar lleno de incondicionales del buen yantar y por ello os aconsejo planificar con antelación.

El local es muy simple y diáfano, según entramos a golpe de vista ya tenemos la foto perfecta. A la derecha la barra con taburetes para los que gustan del chateo y picar algo en plan informal. A la izquierda el comedor sobreelevado con un peldaño y separado por unas pequeñas mamparas. Desde mi última visita de la que guardaba un recuerdo de un local algo oscuro, esta vez me ha transmitido mucha luminosidad, puede que hayan pintado recientemente.

Comencemos por una ensalada de tomate, algo tan simple y difícil de encontrar de buena calidad. Retos superado.

Nos recomendaron unas croquetas de chosco fuera de carta a las que obviamente no renunciamos, exquisitas.

Como iba acompañado de niños se les pidió un plato de lomo con huevos y patatas. Espera que te ayudo a partirlo, una pa ti dos pa mi, se apreciaba la calidad de la carne.

Seguimos con la tortilla de bacalao, me gustó que utilizasen en la mezcla una fritada de pimientos, la hace diferente.

Continuamos con la morcilla de León, setas y langostinos. Aquí se adornaron con la patatas paja que en principio no me hace mucha gracia pero al mezclarlo le dio un punto crujiente a una morcilla bastante alegre.

Como platos principales optamos por la carrillera de ternera guisada, no conseguí el suficiente apoyo para la lengua estofada. La carrillera estaba muy tierna y la salsa glaseada densa y fina.

Entrecot de vaca vieja, cada cosa por su nombre. Cada vez veo más sitios con el nombre correcto que no quita un ápice de calidad a la carne.

Con los postres optamos por una buena tarta de queso, un requesón con miel y nueces y una torrija acompañada de una quenelle de chocolate excesivamente mantequillosa.