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Las Canteronas del Centro


Las Canteronas del Centro – C/ Suárez de la Riva, 5   –  Oviedo    Tlf: 984 118 234

Renovarse o morir. Tampoco hemos de ser tan tremendistas, existen negocios que nos gustan tal y como son, darles un giro decorativo harían que se perdiera el encanto y en este caso sería una gran perdida de la historia de Asturias.

La genialidad de Chus Quiros quedó plasmada en este local a finales de los 90 cuando abrió sus puertas como La Tabla del Rey Ramiro (Ramiro I fue Rey de Asturias entre los años 842 y 850). Años después el negocio cambió de manos y se consolido como Punto y Coma, recientemente se convirtió en La Brasa Al Punto, del que he tomado la base del artículo que publiqué, pero en poco más de año y medio cesaba y ocupa su lugar Las Canteronas.

 

Aunque disponen de un local en La Florida, al que solía acercarme era la parrilla que tenían en la Avenida de los Monumentos, uno de esos locales que a pesar de su buena ubicación, parecen gafados y al tiempo me remito desde que lo conociera como Meraxko. Parece ser que el vecindario residencial de chalets no resulta muy amistoso por lo que me comentan y los malos humos no eran los que salían de una chimenea industrial. Veremos lo que dura el actual Terra Verde.

A rey muerto, rey puesto, ley de vida y el corto reinado de La Brasa al Punto esperemos que de lugar a uno bien largo por parte de la nueva gerencia de Las Canteronas, porque me gusta disfrutar de una parrilla en el centro de la ciudad sin tener que sacar el coche.

Otro de los puntos atractivos del local, es su terraza, no demasiado extensa pero totalmente mimetizada con el entorno.

Exceptuando detalles, la base decorativa sigue siendo la misma y así deberá permanecer. El concepto de parrilla sigue intacto y al no tratarse de noveles el tratamiento de sus carnes es muy aceptable.

Aunque la carta es variada lo que impera es disfrutar de aquellos productos cocinados en las brasas. Aquí tenéis una muestra de lo que hacían en la antigua ubicación, que por otro lado entiendo no variará sustancialmente.

En la última visita cayeron la típica morcilla tipo Matachana, chorizo criollo, churrasco, una milhojas y una mousse de chocolate.

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La Leyenda del Gallo


La Leyenda del Gallo – C/ Altamirano, 9  –  Oviedo     Tlf: 984 840 684

La historia de la aburguesada ciudad de Oviedo está repleta de crónicas y aunque muchas de ellas se remontan al siglo pasado, la verdad, no hace ni cien años de que algunas transcurriesen.

Hoy en día existe un exceso de comunicación a través de los diferentes medios, todos tenemos un móvil que nos permite inmortalizar vivencias que rápidamente subimos a redes sociales. Los historiadores, desde finales de los noventa lo tienen más fácil, Google es el ente supremo que tiene todas las respuestas.

Tras la Guerra Civil abría en la calle Altamirano Casa Manolo que junto al Lito han sido testimonio de las páginas más gloriosas del ocio, como era entendido antaño. Bebida, comida y tertulia, mismos exponentes a los de la actualidad, pero con la diferencia de que aquellos se acercaban más a la cultura y menos a la vanalidad.

En Casa Manolo,  cabezas de jabalíes, rebecos y hasta de una jirafa, y la mandíbula de un rinoceronte ornamentaban las paredes. Los domingos se organizaban en su patio peleas de gallos en las que no existían apuestas pecuniarias, los asistentes se jugaban chatos de vino para una vez cubierta la sangre con papeles de periódico, beber y disfrutar de los cantes del barítono Joaquín Villa.

Hoy, en La Leyenda del Gallo, algún domingo podremos asistir a una sesión vermú donde asistir a un mercadillo instalado en el local y aunque la música resulta elegante a estas horas, será difícil disociarla del reggaeton nocturno vivido en la madrugada.

Casa Manolo con Ángel Fernandez Cabal al frente y sus animadas tertulias de caza, micología y colombofilia pasaron a mejor vida en 1998 dando paso al Green, un bar de copas que por capacidad, ubicación pronto se convirtió en referente del ocio nocturno de la ciudad.

Con el inicio de las fiestas de San Mateo en Oviedo, hace casi dos años se inauguraba La Leyenda del Gallo, un proyecto que apostaba por un ocio más elevado que incluía la gastronomía y cocktelería tratando de eliminar la simple imagen de un lugar de copas.

Algo no ha cambiado con los años, sigue habiendo otro tipo de gallos pero también gallinas, si bien las peleas no están permitidas so pena de enfrentarse con los rigurosos “gorilas” que velan a la entrada por un ocio saludable.

La magnífica reforma efectuada con sus paredes de piedra vista, los suelos cerámicos con grecas, los elementos de forja que dividen los diferentes ambientes, sus techos altos y esas barras con estanterías infinitas surtidas con una colección de espirituosos intachable lo ha convertido en un imprescindible del ocio nocturno donde ver y ser visto.

Los pavoneos dan paso a los bailes de cortejo, mientras copa balón en mano disfrutamos de una buena selección de cocktails, nada más apropiado en un lugar con este nombre, ya que la traducción del ingles significa cola de gallo. La selección musical a partir de ciertas horas y si permanecemos más de la cuenta, se convierte en cansina, las listas de reproducción en bucle son cómodas para la hostelería y se echa en falta un poco de variedad y dirección musical, tanto Despacito puede que nos haga abandonar Rapidito.

Disponen de un reservado que he visitado en varias ocasiones, sin duda una opción excepcional cuando nos hemos reunido un grupo numeroso para alguna celebración especial. Ver los gallos desde la balaustrada del piso superior, con autoservicio, sin tener que lidiar con la “pelea” del abrevaje, hace la noche más relajada.

Precisamente, así es como acabamos en una despedida de soltero conjunta, donde además pude por primera vez degustar su gastronomía. Citados un sábado a las 9 de la noche, adentrarnos el local casi vacío nos permite darnos cuenta de las excelencias del recinto y disfrutar sosegadamente de una bebida que nos acompañan de unos finger de pollo con salsa de mostaza y miel.

Al ser unos cuantos optamos por un menú concertado de platos al centro para compartir compuesto por unas sabrosas gyozas; jamón ibérico con tumaca y tostas crujientes; langostinos crujientes con mayonesa de fruta de la pasión; unos deliciosos roll de salmón y anguila ahumada; pulpo, patata y zanahoria al kimchi; tacos de pitu con guacamole y pico de gallo y de postre una tarta de queso deconstruida.

En el tintero, para futuras ocasiones han quedado platos tan atractivos como el black pixin con caldo de berberechos o la excelente carne de txogitxu.

La formula gastro+drinks de La Leyenda del Gallo esperemos que siga funcionando durante mucho tiempo, la ciudad se merece conservar apuestas que en su día ya vivimos con el Salsipuedes y que realmente echábamos de menos.

La Pepita


La Pepita – C/ Campoamor, 27 – Oviedo    Tlf: 984 053 371

Este es uno de esos artículos que me satisface editar, no sólo porque he vuelto a probar sus suculentas hamburguesas, si no porque en Oviedo ahora tenemos la suerte de poder contar con uno de sus restaurantes y es que ya suman 10 localizaciones.

Tal acontecimiento no podía hacerse esperar y al día siguiente de su apertura, el 17 de febrero a modo de San Valentín retrasado, volvía a enamorarme. Me faltaba una foto decente del exterior del local y me ha retrasado la edición.

Si tras mi primera visita en Vigo, como podéis leer más abajo, había quedado totalmente prendado, en Oviedo puedo refrendar esas sensaciones y gustos.

El local elegido mantiene la estética y resulta más agradable que el de la calle Oporto de Vigo, los toques de naturaleza verde lo hacen muy atractivo y la distribución de las mesas por configuración del local, le dan más movimiento. Además está situada en la Ruta de los Vinos, un emplazamiento muy conveniente y una alternativa más de las bulliciosas calles Manuel Pedregal y Campoamor.

Comerse una buena hamburguesa como las de La Pepita requiere unos estándares de calidad que agradezco no dispongan del servicio delivery, en su lugar si que podemos hacer un take away y la responsabilidad de donde y cuanto tardamos en comernos la hamburguesa, recae en el cliente.

La Pepita se hace notar y en los días previos a su apertura, circulaba por nuestras calles el magnífico autobus ingles de dos pisos que #lapepitaontheroad utiliza para estar presente en eventos, conciertos, acontecimientos gastronómicos y deportivos, fiestas privadas, etc…

En La Pepita podemos encontrar hamburguesas de todo tipo de carnes e incluso de pescado. Trabajan con materia prima de alta calidad y ya sea de ternera, buey, cordero, pollo, cerdo, salmón o una versión vegetariana, sus hamburguesas siempre te dejan ganas de repetir.

Incluso para los amantes de la cerveza, tiene su propia versión artesana y esto ya redondea el círculo.

Como ya había probado la yuca, en esta ocasión el acompañamiento fue con las patatas tradicionales y las gruesas.

Las hamburguesas que elegimos en esta ocasión fueron La Pepita Reily, 180grs de carne de vacuno, bacon, pepinillos, cheddar, salsa barbacoa, lechuga, tomate y cebolla roja.

La Pepita Rianxeira también es de 180grs, de vacuno, queso San Simón gratinado, panceta crujiente, lechuga, tomate y cebolla roja.

Yo me incliné por La Pepita Manteca, carne de buey a la que añadí el comodín de hacerla más grande, 220grs y al doble de queso cheddar, lechuga, tomate y cebolla roja, le añadí la panceta crujiente y la cebolla caramelizada.

Poco más se puede decir, las fotos espero reflejen la jugosidad. Los oventenses estamos en enhorabuena, La Pepita seguro se convertirá en lugar de peregrinaje.

Llagar El Güelu


Llagar El Guelu – C/ Campomanes, 24 – Oviedo      Tlf  985 20 83 82

Hoy por fin publico un artículo que lleva tres años en el tintero, una verdadera vergüenza por mi parte, se ha ido quedando atrás porque no había hecho fotos del interior, tan simple y estúpido como eso.

¿Realmente unas fotos marcan la diferencia?, la verdad, en el caso del Llagar El Güelo creo que si, porque el interior merecía la pena ser retratado. Mezcla lo antiguo con lo moderno y sus grandes espacios invitan a tomarse una botella de sidra.

El local que nos ocupa, es lo que antes era el Yantar de Campomanes aunque a parte del cambio de gerencia y nombre le han dado un lavado de cara muy acertado, resulta un sitio muy acogedor en su estilo y con el tamaño que tiene es un lugar muy apropiado para celebrar espichas en el centro de Oviedo.

Por lo que respecta a la sidra que ofrecen, tienen una marca propia puesto que cuentan con otro llagar en Pruvia. La gastronomía que encontrareis es la típica asturiana y las veces que he comido algo han resultado satisfactorias.

Mención interesante son las ofertas que ofrecen, no se trata de saldos de baja calidad. Botella de sidra más centollo por 7€ o 5€ si lo sustituimos por un chorizo criollo, se me antoja como una elección muy sabia si queremos salir a tomar algo y picar sin muchas pretensiones.

El centollo que pedimos hubo de ser cocido sobre la marcha y preparado su carro, la espera sin duda mereció la pena.

Parece que con la sidra si esta fresca te acabas viniendo arriba y al final mi pareja y yo completamos con unas parrochas con jamón. Un centollo, las parrochas y 3 botellas de sidra por 20€ es lo que llamo un plan perfecto de jueves.

Algo que deberéis tener muy en cuenta son sus ajustados horarios, sólo abren de jueves a domingo, de 12:00 a 2:00 y es bastante recomendable hacer reserva aunque en barra seréis perfectamente servidos si os hacéis con un hueco.

El servicio es muy atento y escancian la sidra a muy buen ritmo, todo un peligro 😉

Aquí os dejo una pequeña muestra de su extensa carta que pude disfrutar hace tres años con mis amigas María y Lola, de Avilés, y os recomiendo que guardéis sitio para el postre, mi favorita la tarta de almendra con el azúcar escarchada, una locura.

Pulpo a la Parrilla
Pulpo a la Parrilla
Tortos Variados
Tortos Variados
Cachopo
Cachopo
Tarta Tatin de Manzana
Tarta Tatin de Manzana
Tarta de Almendra
Tarta de Almendra
Tarta de Queso

Bocamar


Bocamar – Marques de Pidal, 20  –  Oviedo    Tlf: 985 271 611 – 985 237 092

Si sonaran los acordes del Fly Me To The Moon de Sinatra, cerramos los ojos y al abrirlos tenemos frente a nosotros al mismísimo Woody Allen, muchos podrían pensar que se trata de una vivencia de la Gran Manzana cuando en realidad estamos en el centro de Oviedo.

Cuando Manuel Fernández abrió por primera vez las puertas de la Cafetería Aeropuerto allá por 1982, despegaba con un avión a hélices lleno de ensoñaciones. Un local amplio en el que se concitaban muchos viajeros con destino al Aeropuerto.

Pasaban los años y todos íbamos creciendo, de mis doce años iniciales en la apertura pasé a una adolescencia en la que se puso de moda jugar al billar americano y las cafeterías Aeropuerto y Rio Bamba eran nuestro lugar de encuentro. Cuan distinto es todo 30 años después, viendo a nuestros adolescentes hacer las mismas quedadas, pero en un McDonalds o plazoleta ávida de botellón.

Trás veinte años el Fokker F-50 de hélices decidió dar el salto a la turbina de un Airbus y convertirse en un restaurante marisquería, que desde comienzos del presente siglo, se ha consolidado en referente del buen comer en la capital del Principado.

Si hablaba de Woody Allen en el comienzo del artículo no es por casualidad, este genio cinematográfico recibió en 2002 el galardón del Premio Príncipe de Asturias a las artes y al contrario que otro genio, Bob Dylan, vino a recoger en persona el premio.

Fue tal el flechazo que tuvo con Oviedo, que años más tarde grabaría en la ciudad, alguna de las escenas de Vicky, Cristina, Barcelona. La ciudad ha sabido corresponderle y una estatua suya tamaño natural, luce mirando al Campo San Francisco.

Supongo que por recomendación o cercanía con el hotel de La Reconquista, recaló en el Bocamar y desde entonces, en cada visita que hace a la ciudad le reciben con los brazos abiertos, siendo uno de sus clientes más notables.

Por supuesto, con menos arte que el newyorkino, yo también me considero cliente y han sido numerosas mis visitas, de las que aquí recojo mis dos últimas. Ambas han sido celebraciones personales, una de ellas por el cumpleaños de mi fallecido padre, porque la no presencia física, nunca podrá eclipsar el recuerdo de quien hubiese cumplido 72 años.

La decoración del restaurante tiene alusiones a motivos marineros, desde su logotipo a un timón en la zona de bar o una escafandra de buzo en el comedor principal. Fotografías de personajes públicos, estampas del pasado y algunos cuadros de corte clásico visten sus paredes.

El comedor principal se caracteriza por un gran lucernario, mesas vestidas con una mantelería que conjuga el blanco y azul de clara alusión marinera. El servicio es muy profesional, discreto y amable.

Para beber una 1906 de Estrella Galicia y un aperitivo de manzanilla. Suelen servir algún pica pica de cortesía pudiendo encontraros con un pastel de cabracho , unas aceitunas o unas patatas aliñadas.

Juntando las comandas de ambos días os dejo por orden racional nuestras elecciones, en las que por supuesto no puede faltar algo de marisco, no en vano estamos en una marisquería y cualquier producto es de máxima calidad.

Ya sean unas simples andaricas (nécoras) o un bogavante, los puntos de cocción son impecables.

Unos calamares frescos siempre son una buena elección si tienen la categoría de estos.

Si hablamos de pescados, el respeto por la materia prima es máximo, su frescura hace que la mejor manera de disfrutarlos sea a la plancha y sus acompañamientos de patata cocida y tomate sean meramente decorativos, menos es más.

Este año voy con un poco de retraso en el disfrute de la costera del bonito del norte y esta fue mi primera ventresca, pero vaya ventresca, pura mantequilla.

Otro de los platos fue un mero, un pescado que no suelo pedir pero que resulta muy sabroso y tiene muy poca espina. Sin duda manejar formatos grandes, favorece el resultado en plato.

Para finalizar, una merluza a la cazuela, todo un clásico que nunca defrauda.

A los postres, tan solo pude probar este tiramisu, muy refrescante y con muy buenas texturas.

Aunque no pidáis postre no os marchareis sin algo dulce, a los cafés sirven unas tejas caseras que son estratosféricas, por tamaño, grosor y potente sabor a almendra puede que sean las mejores que haya probado nunca.

Poco más puedo añadir a un restaurante que resulta imprescindible para cualquier amante de los productos del mar. Los ríos tampoco se quedan atrás y en una apuesta personal de Manuel Fernández, Bocamar se hizo con el Campanu del Narcea en 2009 pudiendo ser disfrutado por unos pocos elegidos.

Feliz vuelo!