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Casa Fran


Casa Fran – Avda. Conde de Stª Barbara, 37 –  Lugones    Tlf: 985 260 074

Por concentración, la zona Centro de Asturias es la que alberga mayor cantidad de llagares, ya sean en Gijón, Villaviciosa, Nava o Siero. Muchos de estos lugares donde se elabora la sidra natural asturiana, además son restaurantes donde podemos disfrutar in situ de bebida y gastronomía de tradiciones arraigadas.

Otros llagares no cuentan con servicio permanente de restaurante, pero si ofrecen la posibilidad de celebrar espichas. El termino proviene de “espichar” abrir un tonel o pipa, y escanciar directamente desde él, donde se juntarán grupos numerosos que beben sin control y acompañan de menús cerrados de una cocina de picoteo, de pié.

En Siero existen unos cuantos referentes que ofrecen estas modalidades, entre ellos La Morena, el Llagar de Quelo, Fanjul, Juanin y Casa Fran.

En este año que se cumple su centenario, situado a las afueras de Lugones, por las AS-17 dirección Avilés, no tiene pérdida. A mano izquierda entráis en un recinto con un amplio aparcamiento. Han estado de obras y ahora la terraza es mucho más aprovechable en días soleados.

En el interior de la casona se distinguen dos zonas, una más pequeña con la configuración de chigre de toda la vida, con su chimenea y ambiente más recogido. En la parte de atrás un gran comedor presidido por dos grandes toneles, mucha altura, paredes de piedra y mesas de madera clásicas.

Casa Fran tiene su propia sidra, la normal y la Denominación de Origen, no vayáis a meter la pata y pedir una botella de Foncueva o Zapatero.

La carta es lo suficientemente amplia como para tardar en decidirse, además tienen una pizarra con fueras de carta.

Si hay un entrante que disfruto mucho mientras llegan los restantes, esos son los chorizos a la sidra, que sirven para hacer tiempo y asentar el estomago con las primeras botellas.

Croquetas caseras con leche fresca. Parece mentira que se especifique la procedencia de la leche, pero esto hoy en día es un lujo y ciertamente tienen un sabor diferente.

Tortilla de patata. Ni fina, ni gruesa, con un cuajado tirando a hecha, está muy buena.

Ensalada de tomate y cebolla. La cebolla estaba debajo del tomate y con una buena calidad de tomate, poco más se le puede pedir a un plato tan simple como maltratado.

Calamares frescos fritos. Un capricho personal, estando en las previas en el chigre me vino un olor que ya indicaba que los calamares serían buenos.

Parrochas con jamón. Deliciosas, frescas, bien fritas, sin exceso de aceite.

Pollo al ajillo. Crujiente, jugoso y equilibrado de ajo.

Hígado de ternera al ajillo con patatas fritas. Había bastante expectación pero al final, por unanimidad, nos pareció que estaba demasiado hecho.

Entrecot de buey con patatas fritas y pimientos confitados. Ya, ya se que no es buey, nadie me ha engañado, porque cobrando 20€ es suficiente razón para que lo supiese al pedirlo. Lo importante, ¿estaba buena la vaca vieja?, pues si, extraordinaria con el punto clavao.

De postre un solitario arroz con leche, con canela. Muy cremoso, supongo que esta hecho con la misma leche fresca de las croquetas, pero demasiado caliente.

Supongo que tendré más oportunidades de ir antes de que lleguen los días de calor, pero ya estoy deseando acercarme tras una jornada de playa y disfrutar de esa terraza hasta más allá de la media noche.

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Marcelino


Sidreria Marcelino – C/ Santa Clara, 6  –  Oviedo    Tlf: 985 220 111

Juernes, veroño, sinpa, son algunos vocablos que poco a poco se han incrustado con mayor o menor acierto en nuestro vocabulario. Hoy os hablaré de un viejoven, pues aunque sólo lleva entre nosotros desde 1987, podemos considerar a esta sidrería de la calle Santa Clara, como un clásico.

Claro que 27 años son muchos, especialmente en el mundo de la hostelería donde deberían equiparase a los años de un perro o gato. Existen negocios centenarios o al menos con medio siglo a las espaldas y otros que en especial durante los últimos años de crisis han durado lo que viene siendo un suspiro, por ello Marcelino es un viejoven.

Como vecino del barrio, durante los diez años que viví en la próxima calle de La Luna, el Marcelino era uno de mis habituales cuando buscaba una sidrería sin entrar en la turística Gascona. Ya sea con sus menús del día o a la carta, nunca me ha defraudado y su personal resulta muy eficiente y amable.

Si de sidra hablamos, es un local donde saben escanciar y mantienen un buen ritmo, sin tener que recurrir a los escanciadores mecánicos de los que tengo una relación amor-odio. Por un lado han hecho que la sidra vuelva a resurgir y cada vez encontremos más restaurantes que la ofrezcan, resulta limpio y no requiere de la atención de un camarero, por otro se va perdiendo una de las señas identitarias.

Zapatero a tus zapatos, mucho mejor esta excelente sidra naveta que el peor Presidente de Gobierno, ya sabíamos que cruzando el Negron, en León la sidra no espalma bien.

Mientras corrían las primeras botellas en espera de nuestra comanda, nos sirvieron un generoso aperitivo de cecina, aquí si que en León lo saben hacer bien.

Si hay niños en la mesa, la croqueta de jamón nunca puede faltar y si resulta tan sabrosa como estas, va a ser que los niños van a llegar con hambre a la merienda, mientras ellos soplan y se comen una los adultos ya vamos por el par.

Al no haber andaricas decidimos compartir un centollo recién cocido, no estaba muy lleno pero con el huevo cocido resultó un buen entretenimiento mientras se hacía el arroz.

Arroz caldoso con bogavante del Cantábrico, buen punto del arroz y plenitud de sabor en las abundantes tres raciones.

Comenzar las rebajas y cambiar algunos errores de tallaje de los Reyes abre mucho el apetito y conscientes de que esa sería la última comida copiosa de las navidades, no podía faltar la carne.

Cuando te recomiendan el lechazo que está recién asado, uno carece de fuerza de voluntad y aunque sobraron un par de trozos, ahí nos lanzamos. Como yo nunca desperdicio nada, el tupper se hizo hueco para una futura receta entre las bolsas de comercios.

Arroz con bogavante y arroz con leche de postre, sólo faltó poner a Rod Steward de música de acompañamiento. Cremosísimo, con azúcar requemado, de 10.

Hacía tiempo que no los visitaba pero hay cosas que no cambian, en el Marcelino se come de toma pan y sidra.

El Centenario


El Centenario – Plaza Mayor, 7  –  Gijón      Tlf: 985 343 561

Recientemente visitaba Gijón, es una ciudad que siempre me sorprende por sus gentes y el ambiente que se respira. Parece mentira que los 25kms que nos distancian desde Oviedo puedan suscitar tantas diferencias, y no hablo de futbol, tener playa o no creo marca esos límites.

Las estaciones del año parece que en Gijón siempre van por delante. A principios de mayo las minifaldas, chanclas y camisetas ya despuntan mientras en Oviedo se resisten a quitarse el cuello de cisne y los abrigos.

El ambiente callejero es mucho mas animado, desconozco si se refleja en el comercio pero un sábado previo a las navidades me encontré hordas de gente paseando como pitus sin cabeza, pese a la intermitente lluvia.

No había planeado nada y nos dejamos llevar, alcanzada la Plaza del Ayuntamiento volvemos a explorar un mercadillo navideño, ya habíamos estado en el del Paseo de Begoña. Las 20:30 es buena hora para tomar una botella de sidra y de entre todos los que hay por la zona, entramos en El Centenario, una sidrería-marisquería de toda la vida.

Aunque cuentan con un comedor en la primera planta, en la zona de sidrería ya se empezaba a acumular mucha gente y por si entraba el hambre y no fuese a ser demasiado tarde, nos sentamos en la única mesa libre que quedaba.

Val de Boides fue el palo elegido, una DOP del Llagar Castañón que fue galardonada como mejor sidra DOP en 2016.

Dicen que la sidra hay que acompañarla de algo de comida para que no caiga mal, pues oye, a rajatabla, tráenos un par de andaricas. Muy sabrosas y cargadinas.

Parece que el chupeteo y la segunda botella abrió el apetito y decidimos quedar a cenar. Unas buenas zamburiñas sirvieron de excusa para mojar algo de pan.

Por seguir con marisco y bajo la premisa de culo veo, culo quiero, ver las caras de satisfacción de la mesa de al lado mientras se comían una ñocla a la plancha, definió el siguiente plato.

Creo que ya os lo comente alguna vez, la gente se pirra por las centollas y no puedo decir que un buen carro no me encante, pero si de patas y más carne hablamos, no se puede comparar con un buey de mar. Encima si lo pedís a la plancha, la cosa mejora con creces.

Turno del pescado, con la chopa no hubo discusión pero pedirla con salsa, a la espalda o al ajillo fue otro cantar. Al final elegimos la última opción en función de mantener un poco la línea.

Si todo lo degustado anteriormente estuvo perfecto, la chopa defraudo muy mucho. Escaso tamaño, super seca y los ajillos laminados estaban tan pasados que su amargor eclipso cualquier preocupación por el mal aliento. Lo mejor la ensalada.

Aunque no somos de postre, por quitar el mal sabor de boca, el bombón crema de leche de La Ibense nos devolvió la sonrisa.

Una tarta de chocolate correcta cerró la experiencia de luces y sombras en este clásico.

Taberna Salcedo


Taberna Salcedo – Puerto de Tarna, 11  –  Oviedo     Tlf: 984 283 749

Suele ser habitual que asociemos un local de restauración a buenos momentos, esos que pasamos con familia o amigos alrededor de una buena mesa o barra de bar, sin embargo el caso que hoy me ocupa, tiene mi estigma particular asociado al dolor y la tristeza.

Antes de que sigáis leyendo más, mi caso personal nada tiene que ver con lo bien que he comido en este local, de hecho veréis que he repetido, pero en este mi cuaderno de bitacora reflejo gran parte de mi vida, y no siempre es de gozo y alegría.

Precisamente, por esta asociación he tardado dos años en escribir este artículo pues en fechas como estas la vida de mi padre se estaba apagando. En una de las visitas al hospital, por cercanía, acompañado de mi madre, recalamos en la Taberna Salcedo en su antigua ubicación de Bermudez de Castro.

Era un local pequeño, estrecho y algo oscuro, como los momentos que vivíamos pero su cocina puso ese punto de alegría que necesitábamos.

La ensalada de jamón de pato, foie y mango con crujiente de almendra casera nos dejó boquiabiertos, excelente presentación y sabor.

Seguimos con unos callos de los que había oído hablar. No soy nada maniático con el tamaño, me gustan pequeñinos y también grandinos, valoro por encima de todo el sabor y estos son deliciosos.

La sartén de huevos y picadillo de matanza, además de abundante tiene buen material y está bien cocinada.

Poco sitio quedaba para algo más, pero nos recomendaron el tiramisú y a la hora de escribir este artículo muchas piezas del puzzle me empiezan a encajar. Delicioso.

Transcurrido el tiempo, me enteré que habían cambiado de local, se habían mudado a la cercana calle del Puerto de Tarna, al local que ocupara la sidrería La Quinta. Por cercanía y tras visitar con mi novia la mutua Fraternidad (una vez más los médicos), rechazó mi invitación, desplazarte con muletas supongo quita las ganas de todo.

Como no hay dos sin tres, aprovechando una visita a Urgencias de mi madre tras un cólico renal, decidí dar carpetazo, afrontar una nueva situación y regresar con los mismos actores a un plató nuevo pero con la misma Directora.

La nueva Taberna Salcedo es mucho más grande, luminosa y amplia. Su entrada principal tiene una agradable terracita, una larga barra de bar da acceso al comedor distribuido en dos alturas, donde en su parte alta conservan el mismo cuadro que recordaba. La parte trasera tiene otra terraza abierta que da a una amplia plazoleta que comparte con otros locales de hostelería y que tiene buen ambiente en días de climatología benigna.

Las piezas del puzzle que os comentaba giran en torno a la figura de Annalisa Lusso, de origen italiano, es miembro del club de las guisanderas y además de ofrecer cocina tradicional, mantiene sus raíces transalpinas deleitándonos la última semana de cada mes, con unos menús italianos.

Por mi parte, no tuve más remedio que repetir los callos si bien en un ejercicio de auto control, pedí que no me sirvieran las patatas.

Como complemento a mi dieta sui generis, un secreto ibérico a la plancha del que sólo disfruté de los pimientos del Padrón de su guarnición.

Para venir de Urgencias, mi madre no lo hizo nada mal con el menú italiano aunque os confieso que necesitó de mi ayuda.

Ensalada Toscana, tortiglioni con trigueros y jamón, lasagna bolognesa con setas, y panna cotta con avellanas tostadas y compota de manzana casera fue el menú del mes. Ciertamente, por 19€, me parece que en no muchos italianos se puede comer así de variado y rico.

Yo creo que la deuda con la tristeza ya la tengo saldada, así que espero volver a repetir en circunstancias más festivas. El barrio de Teatinos ofrece buenas alternativas de ocio y tras ver una película en el C.C. Los Prados, la visita a la Taberna Salcedo puede rematar una jornada perfecta.

Hotel Palacio de Libardón


Palacio de Libardon – Barrio de Arriba, 197  –  Libardon (Colunga)  Tlf: 605 816 387

Desde que hace años descubrí el Palacio de Libardón han sido unas cuantas veces en las que su visita me traslada a otros mundos. Alojarse bajo sus muros nos remonta a épocas feudales, su construcción original data de 1625 pero con los años fue creciendo en función de los diferentes herederos.

La actual propiedad se encontró un edificio en estado de abandono y desde principios del nuevo siglo, tras una meticulosa restauración, abrieron este hotel de dos estrellas donde el viajero encuentra el relax alejado de bulliciosas rutinas, en medio de la naturaleza.

No se trata de frases hechas, aquí no encontrareis televisión en vuestras habitaciones y creedme, es de agradecer, existen mejores alternativas, sobre todo si vais en pareja. Los suelos crujen y el aislamiento de las diferentes dependencias puede crear situaciones embarazosas, como el que te identifiquen como el jabalí de la 205 que roncaba.

Todo tiene su encanto, desde el trayecto de 10 kilómetros desde Colunga por una sinuosa carretera atravesando bosques, hasta el emblemático bar del hotel que denominan “La Mazmorra”, donde tomarse una copa junto a la chimenea escuchando buena música o jugando una partida de billar resulta mucho más divertido que el pub de moda de una gran ciudad.

La familia que regenta el hotel tiene una estrecha vinculación con México y este es precisamente uno de los mejores atractivos de la visita al Palacio de Libardón. Los sábados ofrecen unas cenas con temática mexicana que por si solas ya deberían ser suficiente reclamo para visitarlos.

Se trata de una cocina casera como la que podríais encontrar en cualquier casa azteca y resulta curioso que, ni abusando del picante, os sentiréis con ese malestar estomacal que a veces nos dejan restaurantes con este tipo de cocina.

Estas cenas dan comienzo a las 9pm con un cocktail de bienvenida, donde las bebidas y el picoteo sirven para relacionarse con otros huéspedes o comensales. Margaritas tradicionales, de mango con chile piquín, bloody mary, mojitos o un San Francisco para los que no beban alcohol riegan el guacamole, quesadillas, crema de queso con chipocluda, flautitas, datiles con bacon y las gorditas de flor de calabaza.

Para beber elegimos una versión de sangría, muy acertada

Ya en el comedor comenzamos el menú con una degustación de tres tacos, que podremos acompañar con salsa de tomatillo verde, de jitomate o unos jalapeños escabechados.

Los chiles en nogada es uno de los platos más característicos del Estado de Puebla y encierran una curiosa historia en cuanto a su colorido.

Los chiles en nogada tienen su leyenda propia, pues se dice que cuando Agustín de Iturbide pasó, junto con el Ejército Trigarante, por Puebla rumbo a la Ciudad de México en septiembre de 1821 tras haber firmado los Tratados de Córdoba, las monjas agustinas del convento de Santa Mónica decidieron hacerlo el 28 de septiembre con motivo de su santo con un platillo original. Tomando como referencia el símbolo del Ejército Trigarante, que era una bandera de colores blanco, verde y rojo, los cuales representaban las tres garantías; religión, unión e independencia.

El chile poblano va relleno de un guisado de carne de res y puerco, mezclado con fruta que esté en temporada (plátano, manzana, pera, durazno). Después se capea con claras de huevo batido o montado y, por último, se fríe.

Para la presentación se prepara una salsa blanca hecha de nuez de Castilla, finamente picada y licuada con dulce moscatel, crema y queso fresco. La combinación de estos ingredientes forma la nogada, con la cual se baña el chile y se decora junto con la fruta de la granada y hojas de perejil.

Por este entonces nos declaramos devotos del picante y reivindicamos nuestro amplio aguante. Nos sirvieron unos chiles chipotles que sin duda mejoraron nuestros gustos.

Seguimos con unas enchiladas de pollo con salsa verde. Las tortillas de maíz se remojan en la salsa con base de tomate verde y cilantro, se rellenan de pollo y por encima se cubren con queso.

Terminamos con un solomillo de cochinito al tequila. Muy tierno y sabroso, acompañado de unos frijoles negros con arroz, un poco de guacamole y otra salsa que no recuerdo.

Para el postre rematamos con unas crepas rellenas de cajeta, es decir, crêpes rellenos de dulce de leche.

Para bajar la comida nos auto condenamos a “La Mazmorra del Palacio”, cambiamos los tequilas por unos gin tonic. Los berreos que de allí salían supongo fueron autentica tortura para los “carceleros – barman”, los culpables fueron The Beatles, James Brown, Burning, Loquillo, entre otros y por supuesto unos sombreros mexicanos con los que uno siempre se viene arriba, arriba!!!!.

El jabalí se retiró a su madriguera pensando en el suculento desayuno que a la mañana siguiente le esperaba, otro de los atractivos de este hotel. Aunque podréis degustar chilaquiles, carnitas o huevos a la mexicana, decidimos ser más clásicos a la española.

Creo que esta es mi cuarta vez y seguro habrá una quinta. Es una escapada rural diferente que siempre me deja ganas de repetir.