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Cuevas de San José


Cuevas de San José – Avda. de Lugo, 151   – Raíces (Avilés)   Tlf: 985 564 076

Hoy, por fin puedo hablaros de mi experiencia en las Cuevas de San José, un merendero tradicional, pero muy poco convencional, al que había intentado ir en un par de ocasiones pero que siempre había encontrado cerrado.

Ahora ya se que abren desde el Día del Padre (19 de marzo), hasta bien entrado septiembre o quizás principios de octubre si se goza de buena climatología y se puede estirar el verano.

Se trata de un merendero-bar-parrilla en una ubicación insospechada, en la que no se cae de casualidad aunque se encuentre a escasos metros de la carretera general que atraviesa la población de Raíces (Avilés). Es un recinto muy amplio que no os dejará indiferentes, esa decoración con muñecos XXL no pasará a los catálogos de ningún museo escultórico pero resulta muy campechana y divertida.

Un gran patio abierto con una zona de parrilla al fondo, está escoltada por unas zonas cubiertas llenas de murales de trazo infantil que aportan un colorido que incita a la diversión familiar. Sus verdes bancos corridos congregan tanto a familias como a parejas ávidas de un picoteo que puede convertirse en un ir más allá si optamos por carnes más contundentes o pescados variados a la espalda.

El recinto con forma de cuevas se distribuye en diferentes comedores revestidos por unas paredes de carga con canto rodado.

Los ritmos de cocina y parrilla no se rigen por una ortodoxia, aquí la comida va saliendo al ritmo que marcan los cocineros, eso si, de una eficiencia intachable porque si de rapidez hablamos en menos que canta un gallo teníamos la mesa repleta con toda la comanda.

Un merendero es equivalente a beber sidra y si la primera de Los Angones resultó algo ácida, el cambio de palo a la de Vallina, más dulce, resultó un acierto.

La jornada playera desgasta y con un trozo de empanada y una nectarina uno llega a la cena con mucho apetito, que de no mirar un poco por esa dieta auto impuesta, hubiese dado cuenta de más raciones.

Zamburiñas, media ración de sardinas a la plancha, morcilla Matachana y unas costillas de cerdo resultaron suficientes para rematar con un par de buenos postres caseros, una tarta de la abuela y otra de queso que preparó la simpática y servicial camarera, habitualmente cocinera.

No es de extrañar que este negocio con 60 años a sus espaldas siga siendo cita obligada de aquellos que visitan el concejo de Castrillón, no hay mejor remate para una jornada playera.

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El Barrigón de Bertín


El Barrigón de Bertín – C/ San José  s/n   – Lastres     Tlf:  985 850 445

No se si llamarlo capricho o tozudez, pero cuando se me mete algo entre ceja y ceja, no paro hasta conseguirlo. Tan buenas cosas había escuchado del Barrigón de Bertín, que cuando me lo encontré cerrado al regreso del concierto de Guns and Roses, la espina que tenía clavada con este restaurante de la villa marinera de Lastres, se clavó más profunda.

El sabio refranero español dice que al que quiera peces, que se moje el culo. Pues dicho y hecho, porque la que caía en Lastres el día de mi visita no fue ni medio normal para estar inmersos en pleno mes de agosto.

La lluvia constante en verano, no deja muchas más opciones que dedicarse al bello arte del manduque y esto mismo debieron pensar todos los turistas que visitaban la zona, porque si ya es complicado encontrar aparcamiento un día normal, lo vivido para encontrar hueco, se asemejó a un sábado de tarde en cualquier Centro Comercial.

Lastres es muy bonito, su orografía hace que la configuración de las casas se encuentren escalonadas y sus escalinatas y callejuelas empedradas con las que salvar los grandes desniveles, se convierten en un auténtico laberinto del que mejor disfrutar en un día soleado.

Con el coche aparcado cerca de San Roque, más allá sólo estaba el cielo, el descenso con zapato de verano y paraguas en mano hubiese ocupado un programa completo de Jesús Calleja, hubiese sido menos peligroso sortear los adoquines rapelando.

Con casi media hora de retraso (cuando se trata de comer suelo ser más puntual que la Reina de Inglaterra) llegamos al Barrio El Barrigón donde nos esperaba la cocina de Alberto Asensio y la sonrisa permanente de Itziar Salamanca como Jefa de Sala.

La que en su día fue bodega de vinos y sidra, con el tiempo se convirtió en chigre donde las mujeres llevaban la comida mientras sus marineros consumían medias de vino. El nombre procede de la pronunciada curva donde se encuentra, aunque desde 2006 con la nueva gerencia de Bertín e Itziar, bien podría referirse a la curva de la felicidad que manejamos aquellos a los que se nos salen los ojos de las órbitas con un plato de comida.

Si con la referencia de la curva del barrigón no tiene pérdida, los bancos y maceteros exteriores en un rojo vibrante son una de sus señas de identidad, un color que repiten en el interior de un comedor diáfano en el que además se combina con la piedra vista y unos suelos cerámicos.

Una simbólica y reducida barra de bar con un par de taburetes sirve al personal de mesa de operaciones, por lo que no es muy aconsejable como punto de reunión previo si somos un grupo grande. El local invita a una comida sosegada, sin bullicios.

Por ubicación, con la magnífica rula de Lastres o simplemente con acercarse a la puerta de al lado, de la pescadería La Chucha, podréis imaginaros que cualquiera de los platos de pescados y mariscos son de máxima calidad en cuanto a materia prima y además en ejecución.

La cocina de El Barrigón de Bertín, es una cocina tradicional basada en el producto pero que no rehuye de elaboraciones más actuales. Si encima cuenta con su huerto propio, la experiencia en el restaurante nos traslada a sabores auténticos.

Las celebraciones por mi cumpleaños comenzaron el día anterior con esta comida en la que me acompaño mi madre y nada mejor que brindar con mi sempiterna cerveza y un vermú Izaguirre.

Comenzamos con un carpaccio de langostinos en el que se agradeció el corte no excesivamente fino, los he comido tan finos que parecían una calcomanía del plato, imposible de despegar.

Continuamos con media ración de croquetas de jamón ibérico de excelente factura, bechamel al punto y plenitud de sabor a jamón.

El siguiente plato de temporada fue un bonito curado en sal, fresquísimo y muy sabroso con los diferentes aliños.

Terminados los entrantes afrontamos los platos principales, yo tenía muchas ganas de arroz y siguiendo las recomendaciones de Itziar me incliné por el cremoso de centollo guisado aunque el de boletus y langostinos o el cremoso de almejas hubiese sido también buena elección visto el buen punto del grano y la potencia de sabor de sus ingredientes.

Los calamares en tinta de mi madre estaban muy tiernos y la salsa perfecta para absorber las buenas patatas fritas, acabé comiéndome media ración.

Al postre compartimos un vasito de lo que podría ser una piña colada porque esta iba macerada en ron Malibú.

Sin duda, las expectativas creadas sobre El Barrigón de Bertín fueron sobradamente cumplidas tal y como le transmití al chef, que tuvo la amabilidad de salir para ver como había ido la cosa.

Cuidar al cliente no sólo es darle bien de comer, hay detalles de agradecer como el de recoger las mesas de otros comensales volviendo a montar una mesa pulcra. Por desgracia me he encontrado con equipos de sala muy numerosos en afamados Estrella Michelín que han obviado algo tan simple y estético para el resto de comensales.

En resumen, El Barrigón de Bertín y su curva transmiten felicidad y aunque el regreso al coche se hiciese muy cuesta arriba por culpa de un barrigón rebosante y la incesante lluvia, estaré encantado de volver a repetir experiencia en un imprescindible para el visitante de esta televisiva villa marinera asturiana.

Las Canteronas del Centro


Las Canteronas del Centro – C/ Suárez de la Riva, 5   –  Oviedo    Tlf: 984 118 234

Renovarse o morir. Tampoco hemos de ser tan tremendistas, existen negocios que nos gustan tal y como son, darles un giro decorativo harían que se perdiera el encanto y en este caso sería una gran perdida de la historia de Asturias.

La genialidad de Chus Quiros quedó plasmada en este local a finales de los 90 cuando abrió sus puertas como La Tabla del Rey Ramiro (Ramiro I fue Rey de Asturias entre los años 842 y 850). Años después el negocio cambió de manos y se consolido como Punto y Coma, recientemente se convirtió en La Brasa Al Punto, del que he tomado la base del artículo que publiqué, pero en poco más de año y medio cesaba y ocupa su lugar Las Canteronas.

 

Aunque disponen de un local en La Florida, al que solía acercarme era la parrilla que tenían en la Avenida de los Monumentos, uno de esos locales que a pesar de su buena ubicación, parecen gafados y al tiempo me remito desde que lo conociera como Meraxko. Parece ser que el vecindario residencial de chalets no resulta muy amistoso por lo que me comentan y los malos humos no eran los que salían de una chimenea industrial. Veremos lo que dura el actual Terra Verde.

A rey muerto, rey puesto, ley de vida y el corto reinado de La Brasa al Punto esperemos que de lugar a uno bien largo por parte de la nueva gerencia de Las Canteronas, porque me gusta disfrutar de una parrilla en el centro de la ciudad sin tener que sacar el coche.

Otro de los puntos atractivos del local, es su terraza, no demasiado extensa pero totalmente mimetizada con el entorno.

Exceptuando detalles, la base decorativa sigue siendo la misma y así deberá permanecer. El concepto de parrilla sigue intacto y al no tratarse de noveles el tratamiento de sus carnes es muy aceptable.

Aunque la carta es variada lo que impera es disfrutar de aquellos productos cocinados en las brasas. Aquí tenéis una muestra de lo que hacían en la antigua ubicación, que por otro lado entiendo no variará sustancialmente.

En la última visita cayeron la típica morcilla tipo Matachana, chorizo criollo, churrasco, una milhojas y una mousse de chocolate.

Casa Lin


Casa Lin – Avd. Telares, 3  –  Avilés   Tlf: 985 564 827

Cuando hablo de un restaurante en el que no existe nadie capaz de hablar en primera persona de sus inicios, es sinónimo de calidad en el sentido más amplio de la palabra, un negocio con una historia de 127 no se sostiene en el tiempo sin ofrecer, buena comida, buen servicio y por supuesto buena sidra.

En Casa Lin, llevan desde 1890 siendo el referente chigrero por excelencia de Avilés y ya son unas cuantas generaciones, las que hemos disfrutado de la esencia más pura de la gastronomía asturiana.

A pocos pasos de la estación de ferrocarril, inaugurada el mismo año, en Casa Lin fueron capaces de ver el negocio y las posibilidades que la industrialización atraía a la ciudad. Por aquel entonces, el nuevo servicio ferroviario atraería miles de posibles clientes, en su mayoría hambrientos y sedientos, así que no había mejor lugar para convertirse en puerta de entrada y salida de la Villa del Adelantado.

En esta antigua casona, poco ha variado en más de un siglo y ese es precisamente uno de los encantos del local, la solera, el sentirse como alguno de aquellos emigrantes que llegaron a Asturias para buscar su particular Dorado, o al menos salir de las miserias que una España, mayormente agrícola sumergida, ofrecía en la mayoría del territorio.

En Casa Lin son tan auténticos que aún podemos ver sus suelos llenos de serrín, sin duda una de las características extintas de aquellas sidrerías de antaño. Porque si de sidra hablamos, tienen unos cuantos palos disponibles, algo que también se ha perdido con el transcurrir de los años.

Exteriormente llama la atención una ventana con el género expuesto, marketing a la antigua usanza, porque si del comer hablamos, hemos de reconocer que por la vista es donde empezamos a naguar (salivar). La pequeña terraza cubierta, a modo de patio, con sus dos pilares porticados de madera hace años era un hervidero de gente, hoy en día se ha convertido en reducto de apestados fumadores.

La sidrería cuenta con una extensa barra y dos comedores para “picoteo”, al fondo hayamos el restaurante que aunque mantiene la misma estética, incluidos los manteles de papel, nos aleja del bullicio. Su característica principal, es una réplica de un hórreo, con todos sus elementos arquitectónicos y ornamentales.

En Casa Lin tienen fama sus pescados y mariscos, sin duda, contar con cetárea propia nos garantiza la frescura del producto. Mi visita durante la Semana Santa se centro en un picoteo alejado de la vigília, cualquiera renuncia a una longaniza de Avilés o a un chuletón.

Acompañado de cuatro mujeres me sentí costalero y sobre mi recayó el peso de la comanda y sobre todo del apurar todas las cantidades que el camarero apuntó con escepticismo y esa media sonrisa del “tu verás, advertido quedas de que es mucha comida”.

Comenzamos con unos fabulosos mejillones en salsa picantes, una espectacular docena de zamburiñas con un tamaño considerable y unas parrochas algo pasadas de tamaño.

La mencionada longaniza de Avilés y el chuletón de ternera sembraron la mesa de suspiros y la penitencia de algunas se convirtió en mi particular resurrección. Unos pimientos del Padrón y patatas fritas lo acompañaron a la perfección mientras las botellas vacías de sidra Canal se apilaban.

Obtenido el beneplácito del camarero, sin dejar sitio para el postre, continuamos la procesión por los bares de la ciudad a ritmo de bombos y trompetas.

El Alto – Casa Carmen


El Alto – Casa Carmen   –  El Alto del Caleyo, 1 – Ribera de Arriba   Tlf: 985 796 023

El lunes pasado me entro un ataque de nostalgia, quizás sea la cercanía de un nuevo cumpleaños o la búsqueda de sabores que han dejado huella. El plan original fue buscar el restaurante La Antoxana, donde preparaban una setas a la parrilla difíciles de olvidar.

Ya sabía que habían desaparecido de su ubicación en Argame, detrás de la gasolinera, pero tenía noticias de que se habían ido unos kilómetros más allá y buscando en Google me los localizaba en La Ara, en el concejo de Riosa. La búsqueda fue infructuosa y he de reconocer que decepcionante.

Como no me iba a quedar sin mi particular revival, deshice lo andado y me dirigí a El Alto, también conocido como Casa Carmen. Se trata de un restaurante de carretera, de toda la vida, situado en el Alto del Caleyo a escasos minutos de Oviedo en dirección Mieres por la antigua carretera.

Hace treinta años era uno de los lugares favoritos de mi pandilla, solíamos desplazarnos entre 15-20 amigotes para disfrutar de su parrilla, hoy en día ya no la manejan y me quedé sin uno de sus chuletones con el que fijé mi nuevo destino.

En el exterior disponen de una terraza cubierta que hace años no existía, una estructura de madera con cubierta a dos aguas que imagino se vieron forzados a construir tras la maldita ley anti tabaco pues el restaurante es muy amplio y ya contaba con tres amplios comedores.

En menos de media hora me había frustrado dos veces y cuando piensas que tienes el día aciago, sorpresas te da la vida. Unas gambas al ajillo para abrir boca y un cachopo fueron los platos elegidos.

Seguro que más de un cachopo pedimos en su día, pero no lo recordaba. En aquella época no existía este fulgor mediático del que intentan convertir en nuevo santo y seña de la gastronomía asturiana, el cachopo se pedía porque era grande, fácil de compartir y barato.

El que nos ocupa lo sirven con dos salsas disponibles: la española, que es una clásica salsa de carne; y la del archiduque, que es una salsa hecha con champiñones y un ligero toque de pimienta negra.

El cachopo tiene un tamaño considerable sin convertirse en una aberración XXL, el filete de ternera es bueno y no está sobre cocinado. En vez de utilizar dos filetes lo hacen con uno al que le dan una doblez para sustentar el abundante relleno, particularmente esta técnica me gusta menos porque la parte del doblez nos rompe la homogeneidad del bocado.

 

El relleno tiene abundancia de queso y de buen jamón, resulta muy jugoso por si mismo, sin la necesidad de añadir ninguna salsa. El empanado es fino y muy crujiente, muy acertado ya que no cansa. Las salsas me gustaron y si tuviese que quedarme con una, la del archiduque gana por goleada.

El salseo ha de hacerse poco a poco, en cada bocado elegido, de lo contrario perderéis la textura crujiente. Se acompaña con unas excelentes patatas fritas.

Hasta aquí puedo escribir, no hubo hueco para el postre. No puedo hablaros de otras elaboraciones pero con este excelente cachopo creo que es suficiente para recomendar su visita.

A la tercera fue la vencida y el objetivo revival se superó con éxito, eso si, si alguno conoce la ubicación exacta de La Antoxana le agradecería la información.