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Apiñon Bistro


Apiñon Bistro – C/ Galiana, 30  –  Avilés    Tlf: 984 390 398

Visitar Avilés en plenas fiestas de la ciudad, un sábado, puede convertirse en una locura y por ello me siento muy afortunado de haber podido encajar esta visita en un restaurante de lo más apetecible para aquellos que busquéis algo diferente con toques asiáticos.

Llevo tiempo promocionando la villa, tiene muchos lugares atractivos para aquellos que buscamos una opción gastro diferente. Una de las cosas que me gusta de Avilés en comparación con la amplitud de Gijón, es que todo está muy a mano y dejando el coche aparcado en la plaza del Ayuntamiento a escasos metros tendremos opciones tan interesantes como las del Pandora, Abilius, Yume, Ronda 14 o el reubicado Apiñon Bistro.

Quítate tu para ponerme yo. La desaparición del Llamber, ha permitido que Juan Pablo Pérez González y Sandra Verdayes Vallejo hayan ampliado sus instalaciones de la calle Julia de la Riva en uno de los locales emblemáticos de la ciudad, en plena calle de Galiana.

Me contratula comprobar que la cocina de Apiñon es digna sucesora de esa oferta gastronómica diferente que ofrecían en el Llamber, es más, para mi gusto personal enfocado a la cocina asiática fusión, me satisface más la actual oferta.

La configuración del local se mantiene intacta tras los diferentes toques decorativos de adaptación al nuevo negocio. Su terraza en la zona porticada tiene un ambiente increíble y nos traslada a otra época, estas edificaciones son parte esencial de Avilés y por ello le confieren un atractivo único.

Atravesando la puerta nos encontramos con una barra de bar labrada en madera digna del mejor ebanista, mesas altas son la seña de identidad del local aunque también tiene una pequeña zona de comedor más tradicional. Por el tipo de comida que se sirve, invita al picoteo informal, platos al centro y probar las suculentas creaciones.

A la hora de reservar por teléfono, desconociendo que se trataba del mismo sitio que el de Llamber, Juan Pablo me recomendó la zona cercana a la cocina porque allí podría disfrutar del baile típico de un servicio azaroso de gran coordinación y de paso ver salir aquellos platos que no elegiríamos.

Sentados en primera fila, si sois de los que os gusta ver lo que se mueve en una cocina, disfrutareis tanto como lo hice yo.

Para beber, la oferta cervecera es amplia aunque no demasiado alternativa, sin embargo contar con las opciones de Brabante hizo que la elección fuese sencilla.

Otra parte importante dentro de las atractivas y originales cartas de Cuadernos Rubio, es la posibilidad de pedir un plato de panes. Recién horneados, en variedades de tomate, cebolla, maíz y cebada, resultan altamente recomendables para aquellos que valoren los buenos panes.

Muchas de las cosas que os encontrareis en la carta os sonarán a chino si no sois aficionados a la gastronomía asiática, aunque muchas de las elaboraciones cada vez son más conocidas. No os preocupéis, porque Sandra os explicará ala perfección la composición de aquellos en los que dudéis.

Comenzamos por un steak tartar, hacía tiempo que no me tomaba uno, se puso tan de moda que acabó saturándome. Este es super acertado y diferente, mantiene la esencia pero hace partícipe al comensal rematándolo este para su servicio.

La carne esta recién picada a cuchillo (como debe ser), incluye alcaparrones y complementa la cebolla picada con un aire de cebolla y un huevo de codorniz crudo que habremos de mezclar nosotros mismos. Resultó muy equilibrado y encima su estética está muy trabajada alejándolo de presentaciones más tradicionales (aburridas).

Continuamos con unos takoyaki, unos buñuelos japoneses que se elaboran a base de harina de trigo y pulpo. Aún estando muy buenos, fue el plato que menos pasiones despertó.

Llegaron las gyozas de sepia y aunque no era el día de los fuegos artificiales la explosión de sabor, la finura de la masa y la sabrosa salsa iluminaron nuestras caras.

Seguimos con una tabla de mantou, una elaboración de panes chinos hechos al vapor pero planchados. Se sirven con tres elaboraciones que recomiendan comer en el siguiente orden: primero el pulpo a la parrilla con una espuma de patata, la anchoa con un chutney de fresa y rematamos con la papada a baja temperatura con un huevo frito de codorniz. En la base lleva una salsa de chiles rebajada con miel que le aporta un sabor picante muy aceptable.

Finalizamos con un saam coreano de costilla de cerdo. Estas elaboraciones son la versión asiática de un taco mexicano, en vez de usar una tortilla de trigo usan en  la base hojas de verdura, en este caso repollo cocido aunque también os encontrareis con algas, hojas de sisho, lechuga…etc.

La costilla deshuesada se coloca sobre un poco de arroz variado y se termina con una salsa griega de tzatziki (yogur y pepino como ingredientes principales) y otra de berenjenas ahumadas. Son adictivos y para los amantes del finger food son la excusa perfecta para sacar nuestros instintos básicos, pringarnos y disfrutar como enanos.

Para rematar la comida elegimos un variado de helados caseros, todos muy cremosos. Las quenelle de frambuesa, naranja sanguina, mango y plátano se colocan sobre un crumble.

Sin exceder del tiempo comprometido, habíamos de dejar la mesa libre para el turno de las 11pm, nos retiramos a pasear nuestra alegría gastronómica del fin de semana por las calles de Avilés.

La carta cuenta con unos 20 platos y quedaron pendientes unos cuantos muy atractivos, motivo más que suficiente para intentar repetir a la vuelta de las vacaciones.

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El Bistró


El Bistró – C/ Policarpo Herrero s/n  Hotel Ayre   –  Oviedo   Tlf: 984 110 525

Hay muchas veces que nos afanamos en buscar los sitios más cool de otras ciudades ya sean dentro de España o en el extranjero y descuidamos lo propio. Este podría ser el caso del restaurante que hoy reviso con algo de retraso respecto a sus múltiples visitas, El Bistró.

Nos abstraemos y pensamos que en vez de Oviedo estamos en Nueva York o Sydney, abrimos los ojos y nos encontramos ante el Palacio de Exposiciones y Congresos Ciudad de Oviedo, diseñado por el controvertido Santiago Calatrava, también conocido como “El Centollo” entre los ovetenses.

Ni me gusta, ni me disgusta, pero nadie puede negar su majestuosidad y lo impropio de su ubicación en la parcela que ocupara el antiguo Estadio Carlos Tartiere. Creo que este tipo de edificaciones singulares deben lucir exentas de distracciones tan vetustas como en este caso las torres de Buenavista. Con la apertura de la ciudad al sur, en el área de Montecerrado, hubiese sido un emplazamiento inigualable que habría dado la bienvenida al viajero.

Mención aparte merece el hablar de que la supuesta visera movil que no funciona y que el coste inicial presupuestado de 76 M€ acabara siendo quintuplicado hasta los 360 millones de €, que se dice pronto. Este señor va dejando cadáveres de acero y hormigón allá por donde pasa y los juicios se le amontonan más que a Julián Muñoz y la Pantoja.

Sea como fuere, habremos de velar al muerto, pero el centro comercial que aloja es un walking dead. Además del auditorio y salas polivalentes, alberga oficinas del Principado y el moderno Hotel Ayre dentro del cual nos encontramos con El Bistró.

El hotel es de los que me gusta, tiene un toque de modernidad que siempre busco en mis alojamientos aunque está claro que en este nunca me alojaré viviendo en Oviedo. Predominan los blancos y azules y desde que cruzamos su entrada, con  las grandes alturas, nos sentimos hormiguitas curiosas visitando cada parte común.

Subimos las escaleras a mano derecha hasta la primera planta y allí nos encontraremos con El Bistró, un coqueto e intimo restaurante que a mediados de septiembre cumplirá su quinto aniversario.

El ideólogo de este espacio es Javier Loya, un chef de larga trayectoria y recorrido desde sus inicios en el establecimiento familiar del Real Balnerario de Salinas. Desde el 2005 ha ido sumando diferentes conceptos al que ahora se denomina Deloya Gastronomía.

Comenzaría la andadura en Oviedo con su restaurante Deloya en el hotel Santo Domingo Plaza para mudarse años más tarde al emplazamiento más céntrico del Hotel España, donde su restaurante Mestura y cocktelería The Black Bar supusieron un gran soplo de aire fresco a la ciudad. Siguiendo con los emplazamientos hoteleros que tan bien le han funcionado, en 2012 abrió El Bistró y en 2014 el Avant Garde sito en el hotel NH de Gijón. A la par, ha ido potenciando los servicios de catering con ubicaciones tan emblemáticas como Rua Quince (Oviedo) o el Palacio de la Concepción (Gijón).

En El Bistró ha querido potenciar elaboraciones a la brasa, platos sugerentes a precios asequibles en un ambiente distendido donde las mesas corridas dan cabida a grandes grupos que combinados con otras más reducidas pueden ser disfrutadas de manera más romántica en pareja.

Una gran bodega vista es la protagonista de la sala junto a unas lámparas de gran porte y unos modernos panelados en paramentos verticales y horizontales. Su carta es dinámica y van variando sus propuestas aunque algunos de sus clásicos como los tacos de pitu de caleya permanecen.

Aquí os dejo un collage con fotos de mala calidad (que diferencia del Iphone 4 al 6) de algunos platos que pude disfrutar en mis primeras visitas.

El presente articulo se centra en una cena en pareja que si bien salió redonda, no me deja otra alternativa que ser bastante crítico con uno de sus platos.

En todos los restaurantes del grupo cuidan mucho la selección de panes y cervezas y en esta ocasión deguste la Gastro, una artesana de Cuenca declarada como la mejor artesana del mundo en 2015 por el ITQ de Belgica. Hecha con 3 tipos de malta y 7 lúpulos de tres continentes esta cerveza de 5,5º es una delicia.

La otra elección fue La Socarrada, una valenciana de 6º con muchos aromas a miel y romero que maridaría fenomenal con nuestra carne.

De aperitivo nos sirvieron unos grissini con una salsa y una copita, creo que de mango. Esto es lo que tiene dejar el trabajo atrasado pues la visita se remonta a hace más de un año.

Imprescindible empezar con los tacos de pitu de caleya a la mexicana, son todo un acierto y nunca fallan.

Seguimos con un tataki de salmón marinado con guacamole y cítricos. Perfecto.

Rematamos con el esperpento de la noche, el pato azulón a la brasa con cuscús y berenjena a la miel. Quiero dejar constancia de que el plato en si es excelente, sabrosísimo, de altísima calidad en materia prima y elaboración pero en vez de vendernos tanto las excelencias de esta ave, el camarero debería haber empleado ese tiempo en acudir a un curso de trinchado.

Menos mal que estaba bien hecho a la brasa, de lo contrario hubiésemos presenciado la secuela de La Matanza de Texas, el pobre pato no merecía ese mal trato. Cuchillo en mano, hubiese sido más eficaz la motosierra de LeatherFace, contemplamos una parafernalia gore del desconocimiento anatómico de un ave.

Con ese trinchado estaba claro que una ración de aceitunas con hueso nos hubiese creado menos dificultades a la hora de degustarlo, más huesecillos triturados no pudimos encontrar con lo sencillo que es sacar un muslo y una pechuga para cada comensal, cortes limpios y dejar una carcasa sin apurar con la que habiéndola dejado allí nos hubiésemos buscado la vida en caso de querer extraer hasta la última hebra de carne.

He comprobado que ya no lo tienen en carta, una pena porque está delicioso, pero la impericia se debe suplir con aprendizaje y que conste que el camarero fue muy profesional en el resto del servicio.

Obviando este episodio, El Bistró es un lugar muy recomendable, siempre he salido muy satisfecho, el ambiente es muy agradable y aunque se encuentre fuera de las rutas gastro de la ciudad, escaparse hasta el Calatrava y sentirse turista en tu propia ciudad es una experiencia altamente gratificante.

La Fustariega


La Fustariega – Ctra. de Avilés – Cabo de Peñas  –  Verdicio  Tlf: 985 878 103

Como asiduo visitante a las playas de Verdicio, La Fustariega, ubicada en un pequeño alto, a 9 kms de Luanco, es una de esas sidrerías que no pasan desapercibidas, su especial visibilidad en la carretera que desemboca en el Cabo Peñas convierte su parking  e instalaciones en parada obligatoria ya sea para tomarse una refrescante botella de sidra tras una jornada playera o alejarse de la arena y comer como señores.

Aunque este año ha perdido la distinción Bib Gourmand, este negocio familiar que lleva desde 1998 creciendo sobre los cimientos de apasionados que no tenían vinculación hostelera, sigue siendo uno de esos lugares donde se come bien a precio contenido.

Realizan una cocina tradicional asturiana donde el tratamiento de una buena materia prima nos permite comer pescados y mariscos con buenos puntos de cocción sin olvidarnos del tapeo con el que iniciaron el negocio.

Las instalaciones son muy amplias y su gran parking y zonas ajardinadas nos permiten comer disfrutando de las generosas vistas que ofrece el Mar Cantábrico. Lo que antiguamente era una vieja cuadra se distribuye en tres comedores, el principal, el de la sidrería donde al frente destaca una gran barra alberga 23 mesas tradicionales, los otros dos de 6 y 9 mesas, son más íntimos y por decirlo de alguna manera, nobles, donde poder comer a la carta en mesas vestidas con manteles.

La decoración abunda en elementos rústicos tradicionales del campo, desde garabatos hasta yugos, suelos cerámicos, piedra natural y ladrillo cara vista es la imagen que os encontrareis al atravesar una entrada que simula un hórreo.

Mi artículo se corresponde con la última visita de hace un año, ya iba siendo hora!! pero hay veces que se me quedan en el tintero. Por aquel entonces visitaba a una amiga en el mercadillo de Las Dunas, no había día de playa así que nos acercamos a La Fustariega y tuvimos suerte, conseguimos reservar una mesa en el jardín, el mejor sitio para que los niños pudiesen esparcer.

La comida fue de picoteo, de esas para compartir y por supuesto no pudo faltar el cachopo, un plato que por el concejo de Gozón es un clásico existiendo unos cuantos templos cachopistas, alguno como La Figal ya desaparecido me trae muy buenos recuerdos de juventud así como El Rexidor y Casa Paquín.

Comenzamos con una longaniza de Avilés, unas croquetas variadas de jamón, oricio y centollo, patatas tres salsas, unos buenos calamares y rematamos con el cachopo y hamburguesa para los niños.

De postre una buena tabla de quesos y dos tartas bastante ricas.

La verdad que con estos elementos de juicio no puedo valorar en profundidad la cocina de La Fustariega, me faltan sus platos destacados de cuchara como les fabes o el repollo con almejas y cualquiera de sus pescados, mariscos o carnes rojas.

En plan picoteo todo es muy correcto y me quedo con la abundancia de la longaniza, los buenos calamares y la jugosidad del cachopo además del buen servicio y trato recibido.

El Cascayu


El Cascayu – C/ Fuente Les Xanes, 2   –  Mieres  Tlf: 985 466 040

Aunque probablemente será uno de mis artículos más flojos de contenido, no por ello puedo dejar en el tintero alguno de los lugares que haciendo un repaso, han quedado postergados entre mi documentación.

He de remontarme al principios del mes de marzo cuando al regreso de ver a India Martínez en Valladolid, decidimos parar en Mieres para comer. Se trataba de una comida rápida puesto que había ganas de llegar a casa y quizás por ello, no tengo la suficiente documentación gráfica del local, es más, he tenido que sacar una foto del exterior del Street View.

Se trata de una una sidrería céntrica, en una calle peatonal que está entre el Parque de Jovellanos y la Plaza de Santa Barbara, justo enfrente de otra sidrería de la que ya os hablé, el Barolaya.

Por lo que respecta a su interior, no hay mucho que destacar del local, tiene un pequeño altillo que diferencia una supuesta zona de comedor aunque podréis comer o picar algo en cualquiera de sus mesas. Lo más favorable que encontré es su estupenda terraza y lo peor, una pequeña zona de juegos infantiles en su interior, a modo de corralito que para las dimensiones del local y el bullicio que crea, puede acabar atorando al comensal.

En cuanto a la sidra, es del llagar Cortina (Villaviciosa) y también disponen de su DOP Villacubera. El ritmo de escanciado es muy bueno.

En cuanto a la comida, disponen de una carta típica de platos donde la abundancia y correcta elaboración os dejarán satisfechos. Comenzamos por una ensalada mixta y unas zamburiñas, unos chipirones a la plancha y unas chuletillas de cordero sería el resto de la comanda.

En Mieres hay un gran ambiente chigrero y sin duda es un referente si buscamos locales donde la sidra sea la protagonista.

Cuevas de San José


Cuevas de San José – Avda. de Lugo, 151   – Raíces (Avilés)   Tlf: 985 564 076

Hoy, por fin puedo hablaros de mi experiencia en las Cuevas de San José, un merendero tradicional, pero muy poco convencional, al que había intentado ir en un par de ocasiones pero que siempre había encontrado cerrado.

Ahora ya se que abren desde el Día del Padre (19 de marzo), hasta bien entrado septiembre o quizás principios de octubre si se goza de buena climatología y se puede estirar el verano.

Se trata de un merendero-bar-parrilla en una ubicación insospechada, en la que no se cae de casualidad aunque se encuentre a escasos metros de la carretera general que atraviesa la población de Raíces (Avilés). Es un recinto muy amplio que no os dejará indiferentes, esa decoración con muñecos XXL no pasará a los catálogos de ningún museo escultórico pero resulta muy campechana y divertida.

Un gran patio abierto con una zona de parrilla al fondo, está escoltada por unas zonas cubiertas llenas de murales de trazo infantil que aportan un colorido que incita a la diversión familiar. Sus verdes bancos corridos congregan tanto a familias como a parejas ávidas de un picoteo que puede convertirse en un ir más allá si optamos por carnes más contundentes o pescados variados a la espalda.

El recinto con forma de cuevas se distribuye en diferentes comedores revestidos por unas paredes de carga con canto rodado.

Los ritmos de cocina y parrilla no se rigen por una ortodoxia, aquí la comida va saliendo al ritmo que marcan los cocineros, eso si, de una eficiencia intachable porque si de rapidez hablamos en menos que canta un gallo teníamos la mesa repleta con toda la comanda.

Un merendero es equivalente a beber sidra y si la primera de Los Angones resultó algo ácida, el cambio de palo a la de Vallina, más dulce, resultó un acierto.

La jornada playera desgasta y con un trozo de empanada y una nectarina uno llega a la cena con mucho apetito, que de no mirar un poco por esa dieta auto impuesta, hubiese dado cuenta de más raciones.

Zamburiñas, media ración de sardinas a la plancha, morcilla Matachana y unas costillas de cerdo resultaron suficientes para rematar con un par de buenos postres caseros, una tarta de la abuela y otra de queso que preparó la simpática y servicial camarera, habitualmente cocinera.

No es de extrañar que este negocio con 60 años a sus espaldas siga siendo cita obligada de aquellos que visitan el concejo de Castrillón, no hay mejor remate para una jornada playera.