Archivo de la categoría: ASTURIAS

Casa Eutimio


Sexo, drogas y Rock & Roll era lo que se estilaba en la prolífica y fatal década de los 60 donde muchos se quedaron por el camino tratando de emular los excesos de una descontrolada juventud de artistas.

El tema no se quedó ahí y en décadas posteriores, los 70 y 80 la bola de nieve se iba haciendo más grande y países con cierto retraso musical como España, vieron como “La Movida” dejaba el mismo reguero de víctimas.

Los 90 y el cambio de siglo fueron a peor, la evolución musical nos llevó al Bakalao, Tecno, Electrónica o como queráis llamarlo, las drogas ahora son de diseño y los pipiolos ávidos de fiesta siguen cayendo como moscas, o lo que es peor, unos walking dead descerebrados.

Ahora estamos inmersos en el reggeton, perreo, twerking  y no se cuantos más ritmos latinos. Se me antoja que las secuelas acabarán con prótesis de cadera y meniscos destrozados, además de una pérdida de vocabulario, la R se extingue y la L toma posiciones, esto es veldad veldadera amoles.

De los supervivientes de aquellas épocas gloriosas, se dice que hacían lavados de sangre, alcanzaron la categoría de mitos y de vez en cuando se pasean por nuestro país. El año pasado me tocó AC/DC, este vuelven sus Satánicas Majestades, Aerosmith, U2 (30 aniversario del Joshua Tree) y los causantes de este artículo, los “re amigados” monto una gira y me lo llevo crudo, Guns & Roses.

La edad no perdona y mucho menos a los castigados por los excesos, todo tiene su época gloriosa, pero aquí seguimos idolatrando y comprobando de primera mano que son tan mortales como nosotros. Las arrugas y sus movimientos escénicos evidencian que muchos ya son abuelos y que por más botox que Axl Rose se ponga, ya es incapaz de contonearse como antaño, parece que hubiese probado todos los cachopos de Asturias.

Aún con todo, tres horas de concierto en el nuevo San Mames de Bilbao dieron para mucho Rock & Roll. Del sexo mejor ni hablar, aunque compartí cama matrimonial y mi amigo Christian se conserva muy bien, no me van los peludos, yo aún soy joven y me depilo.

Tan sólo me quedan las drogas y a esas reconozco estar enganchado. Con casi 47 años, mi droga es la comida, siempre salgo a pillar y el material que suelo encontrar siempre suele ser bueno, aunque esta claro que hay que saber buscarlo.

Un concierto a las 9:30pm es sinónimo de bocata y hasta en esto acertamos. En la calle Juan Antonio Zunzunegui Etorb, a escasa distancia de la boca de Metro de San Mames, nos encontramos con La Ibérica, una charcutería donde hacían bocadillos al momento.

Uno de paleta ibérica (bien cargado) con una cerveza al módico precio de 4,50€, no había tiempo para txuletones de asador, pero supo a gloria. Además pegado hay un kiosko para comprar pipas, una pastelería y un bar de copas, vamos que no pudimos encontrar mejor lugar tan cerca del estadio.

Las resacas ya no son lo mismo, ahora el motivo de quedarse pegado a las sábanas es por el cansancio de tanta hora de pié. Frescos como lechugas batavia emprendimos viaje de regreso sin rumbo fijo, la hora y ubicación nos marcaría el lugar del almuerzo.

A eso de las 13:30 pasábamos por Llanes y tocaba pensar, hice mis cálculos mentales y estos me situaban en Lastres para las 14:00. Para los de fuera, la villa marinera de Lastres con sus casas escalonadas, activará el resorte del recuerdo con la serie Doctor Mateo o el reciente spot de la Lotería de Navidad. Para los de aquí, inmediatamente pensamos en Casa Eutimio donde este restaurante-hotel, con su torreón al inicio de la cuesta de acceso al puerto, es imagen inseparable de Lastres.

Ya que os habéis tragado un poco de historia de la música, hablemos de la historia de este lugar emblemático, que a fin de cuentas de este va el artículo.

Los comienzos se remontan a 1964 cuando Rafael Eutimio Busta Otero y su mujer Aida Rosales Cambiella abren el Miramar, un pequeño local sito frente al actual. Ajenos al mundo de la hostelería pero con mucho amor por la profesión, estos emprendedores decidieron ganarse la vida con los fogones basándose en una cocina tradicional “de la abuela”.

Entre el fogón y la barca, por si les faltaba tiempo, alumbraron 7 hijos. Auténticos titanes, incansables trabajadores y con el pensamiento de alguien sin descendencia en 2017, unos locos. Pero viendo el resultado obtenido al esfuerzo, sin duda, el que estoy equivocado soy yo.

En 1976 habiéndose quedado pequeño el Miramar, compran y rehabilitan el edificio en su ubicación actual. Con los años han transformado la parte superior de la casona en un hotel de 11 habitaciones que ofrece unas vistas espectaculares.

Muchos son los éxitos obtenidos durante todos estos años, pero sin duda uno de los mayores réditos es saber que la continuidad está asegurada de mano de alguno de sus vástagos. Rafael, el único varón, ejerce de carismático anfitrión y jefe de sala junto a su hermana María Busta, que ha tomado plenas riendas de la cocina pese a su juventud.

Además de haberlo mamado desde niña, parte de su aprendizaje tuvo lugar en el emblemático Casa Fermín de Oviedo y es una de las integrantes más jóvenes del Club de las Guisanderas. A María le empiezan a sonreir los éxitos y recientemente acaba de alzarse con el primer puesto del 1er Concurso Nacional de Cachopos, algo que en este blog no podía pasar por alto y disfrutar en primera persona.

Con capacidad para 50 comensales, el restaurante tiene ese ambiente elegante y resulta luminoso. De no existir el edificio del Miramar las vistas serían prodigiosas, aún así nos conformamos con una de las mesas que tienen vista directa al mar.

Por ubicación, lo más sensato, es disfrutar de los frutos del mar en cualquiera de sus variantes, mariscos o pescados en diversas elaboraciones, pero en cuanto veáis y leáis acerca de su cachopo, la disyuntiva de carne o pescado se os hará cuesta arriba, por ello recomiendo no visitarles en solitario, entre dos podéis hacer un buen combo.

Para empezar y fuera de carta, nos ofrecieron un pulpo de pedreru de Lastres con boletus, sencillamente inigualable.

Para entretenerme me apeteció uno de mis mariscos preferidos, las andaricas o nécoras. Recién cocida y bien cargadita sofocó junto a la cerveza los calores del viaje.

Rape, besugo, virrey, merluza, mero, son los pescados que en la visita tenían, se ofrecen al horno o espalda exceptuando la merluza que puede ser a la cazuela o con la receta de Eutimio.

El elegido fue un San Martin o pez de San Pedro, no muy habitual en las cartas y que por su poca espina y textura es muy del agrado de aquellos que no nos gusta lidiar mucho con las espinas (tengo un trauma infantil al casi axfisiarme con la espina de un reo).

Fresco, perfecto con ese ligero toque de vinagre y unas patatas cocidas de acompañamiento.

El “cacholetus”, esta formado por un par de finos filetes de ternera asturiana IGP, jamón ibérico, queso Cueva de Llonín y boletus edulis.

La elección de este queso de leche de vaca elaborado en Peñamellera Alta resulta muy acertado por la tremenda cremosidad, que nos hace recordar a los Brie y Camembert. Se ve que no iba muy desacertado cuando hice mi receta de cachopo de setas y algún asturianista me puso en la picota por utilizar un queso Brie francés.

El empanado es brutal, ni un ápice de aceite y más crujiente que la Falla de San Andrés, no es broma, hacía ruido al cortarlo. El citado queso muy fundente, generoso, desbordante. El buen jamón se nota y el sabor de los boletus al igual que con el pulpo, divinos. Además esta bien acompañado por unas patatas y unos tomates cherry confitados.

De la ternura de la carne y el conjunto del cachopo, creo que con la siguiente anécdota os podéis hacer una idea muy gráfica. Como compartimos la carne y el pescado, mi amigo fue el segundo en afrontar el cachopo y sin darse cuenta lo fue cortado con la pala del pescado como si fuese espuma hasta que cayó en la cuenta, él y la camarera 🙂

Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición así que seguimos compartiendo hasta el postre. El semifrío de mango y chocolate está logradísimo, el chocolate es cacao del bueno, además adornan con un crujiente de azúcar como el de la costra del arroz con leche. Dulce pero sin pasarse, gustó mucho.

Y por si fuera poco, para rematar nos obsequiaron con unos vasitos de tarta al whisky caseros que nos dejaron con el mejor sabor de boca posible en esta nueva visita a Casa Eutimio.

Y ya que os he narrado una jornada de concierto y gastronomía completaré la historia dando un poco más de envidia. Para bajar la comida, con unos 22º en el ambiente y 18º en el agua, visitamos la vacía Playa de La Griega donde disfrutamos de 45 minutos de palas y uno de esos baños que siempre quedarán en mi memoria.

Casa Eutimio – C/ San Antonio S/N – Lastres (Colunga)      Tlf: 985 850 012

Anuncios

Umami


Si os hablo de Corgos, aquellos que sepáis un poco de atletismo español, sabréis que antes de que llegara el avilesino Yago Lamela con su record de 8,56 m en salto de longitud, durante los años 80 el dominador absoluto de esta categoría fue el barcelones Antonio Corgos,  9 veces Campeón de España y recordman nacional con 8,23 m.

Los Corgo Elvira que hoy traigo al blog son hermanos, Beatriz y Daniel, han dado el gran salto de su vida al inaugurar la semana pasada su sueño, un teppanyaki familiar en Oviedo. Lo de familiar es un término estricto, pues además de ellos, su madre ejerce labores de apoyo en cocina y le va como anillo al dedo a este concepto, donde compartimos plancha con otros comensales desconocidos.

Tras nueve años en De Labra, Beatriz es la encargada de mostrar su destreza con las espátulas y reparto de calor en estas complicadas planchas japonesas. Daniel, tras haber pasado por el Naguar y Las Caldas, ejerce las funciones de ayudante, camarero, sumiller y por supuesto anfitrión de este negocio tan familiar.

Si bien se trata de una apuesta de cocina oriental, queda lejos de este desmedido boom donde parece que ahora todos saben cortar pescado y hacer sushi. Siendo la cocina y cultura japonesa tan estricta y tradicional en métodos y costumbres, mucho de lo que se encuentra en el mercado no alcanza la calidad esperada.

La apuesta por el teppanyaki me parece muy acertada, exceptuando De Labra no se me ocurren más sitios en los que lo trabajen con solvencia. Básicamente necesitamos un teppan (parrilla, plancha) y una señora campana extractora, pero aquí la calidad hay que pagarla, porque a un deportivo de raza nunca le pondríamos unas ruedas del Carrefour.

Estas planchas pueden alcanzar temperaturas de hasta 300º y en este caso dispone de tres fogones que permiten rendir a tope para los ocho comensales que acoge en su perímetro. Sería posible ampliar a diez comensales pero estos han de ser conscientes de que la comodidad no será la misma y por ello solo se hace este tipo de reserva para un mismo grupo.

Umami es un vocablo japones que significa sabroso. Está considerado como uno de los 5 sabores básicos junto con el dulce, ácido, amargo y salado. Hasta comienzos del siglo pasado no se descubrió su origen y se ha determinado que cuando se combinan alimentos ricos en glutamato con ingredientes que contienen ribonucleótidos, la intensidad del sabor resultante es mayor que la suma de ambos ingredientes.

Umami es un sabor sutil pero de regusto prolongado y difícil de describir. Induce la salivación y una sensación aterciopelada en la lengua que estimula la garganta, el paladar y la parte posterior de la boca.

El local de la calle Jacinto Benavente es pequeño pero acogedor, además del gran protagonista el Teppan y su campana tienen un par de rincones con unas sillas y mesas muy atractivas donde podremos esperar por el resto de comensales y tomarnos un aperitivo. Las paredes lucen demasiado desnudas y requieren urgentemente ser vestidas con algún motivo decorativo japones que sin duda estará proyectado, hay que recordar que mañana cumple su primera semana de vida.

Y qué vida, en 7 dias ya han variado el menú tres veces, un dinamismo que nos deja con muchas ganas de seguir inundándonos de Umami. El concepto de carta se restringe a un menú cerrado muy variado en el que por 30€, bebida aparte, haréis un recorrido amplio por la gastronomía japonesa.

El que vaya buscando un espectáculo circense en este teppanyaki no lo va a encontrar, Beatriz no parece ningún ninja manejando los nunchaku. Aquí veremos un show cooking serio, porque “con la comida no se juega”.

En esta ocasión tuvimos a otra agradable pareja compartiendo el teppan, participativos en todo el proceso, algo de agradecer, porque al final estas comiendo codo con codo al lado de alguien al que no conoces, si bien al final descubrimos que eran seguidores del blog.

Para beber la siempre suave y refrescante Kirin, una cerveza de 5º que de no comer con sake, se me antoja como la mejor elección. Os recuerdo que el sake no es un licor para beber como si fuesen chupitos, es un vino de arroz con el que acompañar las comidas.

Comenzamos el menú con unos crujientes rollitos de algas, concretamente de kombu y agar agar que se acompañan de una salsa de manzana, cebolla, clavo, soja y miel. Deliciosos.

Seguimos con el sushi, presentado en piezas con diferentes formatos:

Un niguiri con un bocarte y una picada de tomate y albahaca; el uramaki de salmón y mazana con manzana caramelizada y un gunkan de verduras con huevas de tobiko (pez volador) al yuzu.

Comienza el arte del teppanyaki con unas setas shiitake salteadas con bambú. Lleva un poco de shichimi togarashi, cebollino y una mahonesa de miso.

Al mismo tiempo que el plato anterior, nos sirven una sopa miso con la que podremos acompañar toda la comida pues van rellenando el cuenco a medida que se acaba.

Una de las sorpresas de la jornada fue la okonomiyaki, lo que podría equivaler a una pizza, sólo en concepto porque a mi me recuerda más a unos pancakes salados. Se trata de una masa hecha con varias harinas, huevo, y caldo de atún que va rellena con brotes, calabacín y col shina. Por encima se salsea con una salsa de sésamo y otra de verduras y frutas. Nunca la había probado y espolvoreando shichimi togarashi para darle un ligero toque picante, me gustó mucho.

El siguiente plato se llama maguro tataki, es decir, atún rojo con un ligero marcado exterior e interior crudo. Se acompaña de una ensalada fresca coronada con encurtidos cuyo aliño es una soja con especias y jengibre y para acompañar al atún se sirve un guacamole con wasabi.

El último plato es una carne, en este caso un secreto ibérico con salsa teriyaki acompañado de la otra sorpresa del día, el dango. Se trata de unas bolas de arroz muy glutinoso al que se le trata de dar cierta gracia en el teppan con un azúcar moreno, ririn, soja y hoja de sisho. El secreto delicioso pero el dango aunque bien cocinado no acabé de encontrarle ninguna gracia, me resulta muy insulso y eso que resulta muy atractivo visualmente.

En lo que respecta a los postres, creo que los japoneses no destacan para nada en esta faceta y habitualmente nunca los pido. Los mochi, daifuku, dango dulce, kuzumochi pueden ser muy visuales con los colorines, pero para mi gusto dejan mucho que desear en el mundo de la repostería.

Afortunadamente, en Umami hacen su particular adaptación y los traen al terreno español, algo muy de agradecer si queremos quedarnos con bue sabor de boca.

En esta ocasión nos sirvieron una tarta de queso muy esponjosa con sabor a limón y jengibre que se acompañaba de un helado de mandarina.

El otro postre fueron unos dorayaki, que son dos bizcochitos circulares que venía rellenos de buen chocolate. La versión tradicional lleva un relleno de anko, una especie de mermelada que se elabora con una pasta de judía roja y azúcar.

El buen remate a la comida lo puso un café que nos recuerda mucho al de puchero. Para los muy cafeteros como yo se nos queda algo flojito, pero sólo por ver el método de decantación en la preciosa cafetera, merece la pena. Lo sirvieron acompañado de unas trufas de chocolate blanco rellenas de té matcha.

No soy de hacer muchas comparaciones pero hoy me mojaré puesto que en este tipo de comida la buena oferta es escasa. Si nos ceñimos al concepto de menú cerrado, las propuestas de Umami son mucho mejores que las de Fuente La Lloba, aunque está claro que la experiencia en plena naturaleza del Concejo de Piloña gana muchos enteros.

Por ahora el salto de los Corgo se está haciendo con mucha cabeza, los entrenos ya son pasado y ahora están inmersos en las clasificatorias. Apuntan muy buenas maneras y al igual que sucediera con el Kaisen, les auguro un gran crecimiento y pronto el local se les quedará pequeño y saltarán en busca del récord.

Por el momento su página web no está activa pero para conocer sus menús podéis visitarlos en las diferentes redes sociales de Facebook, Twitter e Instagram.

Umami – C/ Jacinto Benavente, 6  –  Oviedo     Tlf: 984 180 523 – 684 620 494

El Foralín


Qué tendrá la mar que tantas pasiones y llantos siembra. Su azul, su inmensidad, su bravura y su calma mecen esas olas que se transforman en ilusiones y anhelos viajeros, capaces de sucumbir al deseo terrenal de pisar puerto y regresar a casa. Que tendrá la mar que tantas pasiones y llantos siembra.

Podéis estar tranquilos, este sigue siendo un blog de gastronomía aunque haya comenzado el artículo jugando a ser poeta. Todo tiene su razón de ser, y es que el restaurante que hoy reviso, toma su nombre del barco donde el abuelo del chef y propietario Félix Martínez, recorrió muchas millas llegando incluso a caladeros de tierras irlandesas.

Al igual que El Foralín, un barco modesto, no hay empresa ni idea pequeña. Nuestros límites son tan inalcanzables como tesón y empeño pongamos para conseguirlos.

Félix Martínez, ovetense de nacimiento y llanisco de adopción, lleva muchos años curtiéndose en cocinas de renombre local y nacional. Desde que comenzara su andadura en el Siete Puertas de Llanes, su paso por El Real Balneario de Salinas, La Corrada del Obispo, La Mar del Medio, la mítica Broche de Sergi Arola y sobre manera el entorno Manzano en Casa Marcial, La Salgar y Gloria, han forjado un chef que transmite la honestidad del buen producto trabajado con mimo y sin estridencias.

A Nacho Manzano le llevo un año de ventaja, somos pseudo jóvenes, los cuarenta son los nuevos treinta. Además de su enorme talento, ha sido capaz de rodearse de un gran equipo de jóvenes “de verdad” que ya están escribiendo páginas de la historia gastronómica de nuestra región.

Forjados en la misma cocina, Ricardo Sotres (El Retiro) y Diego Fernández (Regueiro) llevan tiempo cosechando éxitos con sus proyectos personales. Ahora le toca a Félix y su Foralín, que habiendo zarpado a finales del año pasado, ya está surcando las olas a toda máquina.

En el muelle número 3 de la calle Alcalde Manuel García Conde podréis adentraros en el cálido camarote del Foralín, aunque previamente podamos quedarnos en la terraza de su cubierta tomando el aperitivo. Suelos y mobiliario de madera con decapados, unas preciosas y cómodas sillas en el comedor principal combinan los marrones envejecidos del cuero con los grises y blancos de paredes y mesas.

Sin duda su último atraque como Jefe de Cocina en Gloria le debió hacer pensar que la sidra debía estar presente y aunque sólo cuenta con un palo, la elección de la DOP naveta de Prau Monga del llagar Viuda de Angelón, es magnífica y si se acompaña de unas buenas olivas y guindillas cortesía de la casa, entra mucho mejor.

Hemos perdido el romanticismo de la cultura sidrera pero hemos ganado en deleite y efectividad. Los escanciadores automáticos nos permiten disfrutar de nuestra bebida en más sitios y en los últimos años cada vez se consume más, superando holgadamente los 50 litros/año por asturiano.

Si cuando abrió Gloria me llamó la atención la posibilidad de disfrutar sus platos en versiones tapa y media ración, en El Foralín toman buena nota y la mayoría pueden ser degustados en 2/3, lo que hace que podamos hacer comandas más extensas y probar más cosas.

Tras una primera visita, en poco más de una semana nos animamos a repetir los mismos tres comensales, optamos por los 2/3 en las entradas.

Unas deliciosas anchoas sobre ensalada de rúcula, albahaca y ajo negro.

Las ultra cremosas croquetas de jamón.

La irrenunciable tortilla de bacalao “Foralín” con sus callos en salsa verde.

El contraste del mar y montaña que nos ofrece el pulpo de pedreru y papada ahumada.

Y unas alcachofas naturales con cocochas y su pilpil.

Si mi padre levantara la cabeza, no podría ponerse más contento de ver que uno de los platos de moda es el tuétano, en este caso a la brasa con mollejas de ternera glaseadas. Lo sirven al modo tradicional, cortado como el del cocido de toda la vida en contraposición al corte longitudinal que tanto auge ha cogido.

La melosidad de la salsa e ingredientes me hace ser visceral, nunca mejor dicho, y lo califico de “c…do”, ¿resolvéis o compráis vocal?.

El siguiente plato es la picaña de vaca a la brasa. Otro plato que está de moda, hace referencia al corte ubicado en las patas traseras y cadera, muy típico de brasil y sus rodicios. Toma su nombre de la picanha, una vara terminada en punta de hierro que utilizan los ganaderos para guiar las reses.

El jarrete de cerdo glaseado y cuscus es una buena elección para aquellos que buscan algo clásico con ciertos toques viajeros. Sigo diciendo que el cuscus está mucho más bueno que la quinoa, absorbe mucho mejor las salsas y esta era deliciosa.

Del Manzano ¿la manzana?. Pues va a ser que me quedo con el arroz con pitu de caleya, que obviamente Felix borda.

Llega el turno de las llanvionadas (dulces). Mi madre, que ya no tiene mi buen comer, comentaba que eran muy abundantes, a lo que corregí diciendo que eran contundentes. Si pensamos en comandas compartidas me parecen unas raciones perfectas, pero si sois valientes y os animáis de manera individual, más vale que hayáis dejado hueco.

La tarta de galleta negra y queso Afuega’l Pitu es muy acertada, el contraste del dulce con la cierta acidez de este queso le va fenomenal y el helado de frambuesa le ayuda a suavizar.

Nevadito, crema de limón, merengue y helado de lima es un postre refrescante que engaña, tampoco es tan ligero, el merengue ademas de tener una textura muy fina realza la belleza del plato.

Por último la interpretación de una Nocilla. Leche, cacao, avellanas y azúcar con helado de chocolate blanco. Sin duda un postre para los más golosos.

Ya van cinco meses de navegación y El Foralín se ve un barco muy sólido capaz de surcar marejadas y calma chichas. Buen producto, carta contenida, buen servicio, ambiente agradable, céntrica ubicación, son argumentos suficientes para repetir y recomendar las delicias que el patrón Félix nos ofrece.

Casa Chuchu


Reza una de las canciones más famosas de Victor Manuel:

“Asturias si yo pudiera
si yo supiera cantarte
Asturias verde de monte
y negra de minerales.”….

Hoy nos desplazamos a uno de los epicentros mineros que más gloria ha dado a la industria y progreso de Asturias. En el concejo de Mieres, visitamos el Valle de Turón y hallamos una joya de sidrería que ha hecho su particular reconversión, Casa Chuchu.

El que en ocasiones pueda parecer un paraje medio desierto, cuenta en la actualidad con unos 4000 habitantes, pero allá por los años 60 llego a albergar 25.000 almas, la mayoría vinculadas a la minería de alguna u otra forma.

Llegó a contar con 9 pozos, 4.000 kilómetros de galerías en el subsuelo y más de 400 bocaminas. El Pozo Santa Barbara fue declarado en 2009 Bien de Interés Cultural y tras más de 140 años de explotación minera, el valle de Turón constituye uno de los territorios que en tan pequeño espacio físico conserva el mayor número de elementos del patrimonio industrial y minero más importante de Europa .

El turista interno y externo se suele quedar con esa parte de Asturias verde de monte, una magnífica franja costera llena de playas pero la belleza de las tierras negras de minerales también existe e impresiona verse empequeñecido en el valle ante la majestuosidad de sus montañas circundantes.

En una de mis visitas al Llagar La Morena, Alfonso Prado me recomendó este sitio y no dudé en seguir sus consejos. Los propios compañeros de profesión son conocedores de quien lo hace bien y no puedo más que certificar la excelencia de esta sidrería turonense.

El local se adapta a lo que es una sidrería de las “nuevas”, desde que ya no se echa serrín y se escancia en el suelo, todas han perdido esa esencia. Chisqueros, tapones, isidrines facilitan la labor, son más limpios pero se ha perdido parte de ese romanticismo y rituales que envuelven al mundo de la sidra.

Una amplia barra, mesas y sillas de madera sólida, manteles de papel, decoración sobria y una buena iluminación a priori parece más de lo mismo, nada novedoso en cuanto al ambiente chigrero.

La cosa cambia cuando nos traen la carta, la leemos con detenimiento y ya vislumbramos unas propuestas que se desmarcan de lo habitual. Si a ello unimos el entusiasmo y predisposición del personal por explicar y vender el producto, nos damos cuenta que la cosa promete.

Me acerqué con mi novia y otra pareja en el domingo del Puente de 1 de Mayo y aunque Turón no sea Covadonga, estaba hasta la bandera. Se agradece la honestidad del simpático Rafael Rodriguez, cuando se es consciente de no poder dar el mejor de tus servicios. Estaban algo desbordados, pero fuimos advertidos y cumplieron sobradamente con sus atenciones, eso si, llegado el momento todo salió al unísono y en perfectas condiciones.

Para beber, sidra del llagar Cortina en Villaviciosa, Villacubera pertenece a las D.O.P.

Mientras esperábamos nos ofrecieron unas estupendas aceitunas y unos tortinos con guacamole.

Como entrantes pedimos unas zamburiñas aunque como en realidad nos dijeron, son volandeiras. La zamburiña es muy pero que muy escasa y en la mayoría de sitios utilizan inapropiadamente el nombre, me recuerda a la polémica del chuletón de buey/vaca añeja.

Ambas son moluscos bivalvos pero su morfología es muy diferente, mientras en las zamburiñas la concha es oscura, tiene un cuerpo alargado y su lengua es blanca, en las volandeiras el color es marrón tostado y su interior redondo con una lengua naranja.

Aclarado este punto, estaban muy buenas con ese ajillo.

Turno de las croquetas cremosas de jamón ibérico, rebozo, cremosidad y sabor perfecto.

Aunque cada uno pidió su plato, acabamos probando todo de todos porque a cada cual estaba más rico.

Los callos con patatinas caseras estaban picantinos pero sin pasarse, pequeñinos y muy bien guisados.

Atún rojo escabechado, ajo negro y zanahoria encurtida. Ración generosa con unos buenos cortes, hecho como un tataki, sabores cítricos pronunciados que contrastan con el ajo negro. Muy buena presentación.

Pluma ibérica con puré de apionabo, manzana asada y mojo picón suave. No es muy común ver por estas latitudes pluma, habitualmente te encuentras en las cartas el secreto o la presa ibérica. De los tres la pluma es la más deliciosa y esta tenía el punto perfecto.

Finalmente la paletilla de lechazo asada a baja temperatura era un espectáculo, pura mantequilla.

Respecto a los postres, ya iba aleccionado con el milhojas y fue un irrenunciable al que siempre deberéis dejar sitio. Hojaldre clavao y la crema templada, de una finura digna del mejor obrador.

Tarta de queso, galleta y fresas. Muy buena, pero el nivel del milhojas eclipsa todo lo demás.

Al final de la comida pude charlar con Natalia Menéndez, alma mater de la cocina y desborda la misma pasión que el resto del equipo, sabe lo que se trae entre manos, y vaya manos!. Ya estáis tardando en acercaros por Turón porque esta sidrería dará mucho de lo que hablar.

Bar Chuchu – C/ El Parque s/n  –  Turón (Mieres)   Tlf:  985 43 02 26

Yume


Dijo el filósofo chino Confucio, “elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. En esta frase se puede concentrar mucho del espíritu en el que están imbuidos aquellos que profesan su amor por los fogones, y el tándem formado por Iratxe Miranda y Adrián San Julian pedalea con una cadencia armoniosa más propia de fondistas que de contrarelojistas.

Hasta llegar a Yume, ambos han pedaleado y curtido en muchos criteriums gastronómicos, donde diferentes directores de equipo, de tanta relevancia como Koldo Miranda, Sergi Arola o Paco Roncero, aportaron parte de la sabiduría que hoy atesoran.

Con el fallecimiento de Calderón de la Barca se pone fin al llamado Siglo de Oro y si “la vida es sueño, y los sueños, sueños son…”, por qué no pensar en el nuevo florecimiento de un siglo lleno de cocina fusión, mestiza, y de concepción universal.

Precisamente Yume significa sueño en japones y cuando el 10 de julio de 2015 abrieron sus puertas, su interior guardaba muchos, tantos como incertidumbres e ilusiones puestos al servicio de una clientela que debería abrir su mente a propuestas tan singulares como atractivas.

Tras casi dos años, Yume se ha convertido en una Genjitsu (realidad), que no tiene nada de virtual y que como la propia Iratxe nos anuncia cuando nos sentamos, se trata de un concepto Street Food de alta gastronomía donde muchos platos invitan a palpar y tomar con las manos.

Demasiado tiempo ha transcurrido hasta que he podido visitar esta fábrica de sueños, pero llegado el momento, en menos de una semana lo hice dos veces y puedo trasladaros todas las delicias que ofrecen en su nuevo menú, que cambian con una frecuencia trimestral.

Hablamos de fusión, entremezclar conceptos y productos autóctonos con otros procedentes de la cocina asiática. Si en España un norteño difiere mucho gastronómicamente de un sureño imaginaros el amplio abanico que Asia nos ofrece, Japón, Tailandia, Vietnam, Malasia, Filipinas….vale que todos tienen los ojos rasgados, pero poco tienen que ver unos con otros.

En una prueba eliminatoria de MasterChef les planteablan hacer una fusión con pescados y países al azar, algo muy complicado si nunca has probado una gastronomía concreta. En estos casos no vale tirar de lectura, porque las sensaciones gustativas son irreemplazables.

Yo que he tenido la suerte de viajar por alguno de esos países, y os aseguro que cerrando los ojos y soñando despiertos, los platos que Yume propone, nos trasladan de las bulliciosas calles de Shangai o Hong Kong a una terraza de Phuket o Seminyak.

El local es pequeño, intimo, muy cálido, una mezcla entre una Izakaya japonesa y un bistrot francés. La decoración, como los platos, tiene un poco de aquí y otro poco de allá, nos alejamos de esas estéticas uniformes que a veces resultan tan impersonales.

Al fondo una cocina vista, abierta, carente de humos donde nos entretenemos viendo la coordinación y mimo con el que tratan cada presentación, porque mucho del trabajo de elaboración se ha hecho previamente, cocciones a baja temperatura, fermentaciones…etc.

Simpatía, empatía, conocimiento, pasión, y muchas tablas es lo que nos transmite Iratxe, es el hilo conductor que nos lleva al sueño, como cuando unos padres nos leían un cuento para acostarnos.

Ya lo decía Juan Luis García Ruiz, sumiller de Casa Marcial en una mesa abierta de la reciente edición de AsturPaladea, los maître, camareros, sumilleres son los nuevos protagonistas de la restauración, son los encargados de vender un producto que necesita ser explicado para que los comensales entendamos parte del trabajo “sucio” que existe tras una creación culinaria y podamos juzgar con más criterio.

Para beber disponen de una buena selección de cervezas y vinos con producciones pequeñas pero de alto nivel. Yo elegí una artesana asturiana que por ahora fabrican en León, se trata de la Scone, una blonde ale de 5,5º.

Por falta de disponibilidad, no pude probar el foie marino, un higado de rape con crujiente de nori y agridulce de homebossi, pero el resto de la carta está al completo.

Comenzamos por un sabrosísimo bao relleno con una crema de maíz sobre el que se colocan unos filetes de pollo a la parrilla, unas hierbas aromáticas y salsa allas’t y toques de mojo rojo.

El niguiri de atún utiliza la ventresca del atún rojo sobre un tomate cherry lacado, una picada de aceituna negra y una salsa XO (salsa china) pero con adaptación ibérica de un fermentado con grasa de jamón.

Los platos anteriores son una pura explosión en boca donde la crema de maíz y el tomate hacen de pólvora con una onda expansiva que inunda nuestra nariz y boca.

Estamos en temporada de espárrago blanco y estos frescos a la parrilla, con mantequilla de yuzu, toffee de yema, crujiente de parmesano y cítricos, enamoran.

Callos de bacalao con salsa agripicante de cebolla. Un guisito que sella nuestra boca con su gelatinosidad y que el crujiente de su piel se encarga de abrir. Cebolla encurtida, gnocchis que con el cebollino, apio y eneldo realzan el sabor del bacalao.

Arroz, curry de guisantes y lengua de vaca. Un plato sabroso con el punto perfecto del arroz, sabor plenamente asiático con ese curry verde y el volumen y simpatía de las puntillas de clara y el toffee de yema del huevo.

Turno de los platos más contundentes, ideales para compartir porque una vez deshuesados y mezclados con la salsa se reparte muy bien.

El jarrete de cordero lacado con tamarillo y zanahoria fresca. Guisado a baja temperatura y después lacado en horno hace que la carne se desprenda del hueso como mantequilla, la decoración y sabor de una leche de coco le da mucha presencia, una salsa que también lleva ajo negro y el mini huerto de zanahorias en dos texturas, con albahaca y eneldo, acompaña a la perfección.

Guiso de pollo, chili, rabano y lichi tofu. Una hermosa zanca de pollo de corral en una salsa especiada de inconfundible sabor oriental y muy ligada con la gelatinosidad de unas crestas. El nabo encurtido en lichi tiene una forma que nos recuerda totalmente a esta fruta y el cilantro y la menta nos aportar unos matices muy frescos.

Terminamos con el tuétano con boloñesa coreana de carrillera. También lo ofrecen con carabinero. Este plato es un espectáculo si toleráis el tuétano, a mi me flipa y mezclado con esa boloñesa no dudé en preparar un mini bocadillo con un bao horneado de tomate. Todas las palabras que se me ocurren no son aptas para ser escritas y tan solo recordarlo me produce excitación.

Rematar con los postres es tarea fácil, hay dos y a cada cual más glorioso y bonito. Para los que busquen algo más dulce tenemos la fresa y rosa, una presentación escultural con ese papel de hibiscus, la rosa, mousse de fresa y fresas al sauvignon.

Por otro lado el mango, coco y curry es una combinación muy especiada, dulces y picantes contrastando sabores y colores. Un “huevo” de dos chocolates relleno de mousse de mango sobre una base de curry verde, unas esponjas de té matcha y unas estrellas de merengue de coco.

Creo que está claro mi entusiasmo por Yume y podéis pensar que con este tipo de comida a mi se me gana fácilmente. Es cierto, pero igual de cierto es mi nivel de exigencia con los sabores asiáticos, y aquí, a 30kms de casa, sin tener que pasarme 30 horas de viaje, los he identificado a la perfección.

En compañía de amigos o de mi madre, todos opinaron igual que yo y esto me da la seguridad y certeza para verter unos merecidos elogios al trabajo valiente de una apuesta arriesgada.

Y ya que empecé el artículo con Confucio, lo cerrraré de igual manera, “¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.”