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A Tafona by Lucía Freitas


A Tafona by Lucía Freitas

A Tafona by Lucía Freitas – Virxe da Cerca, 7  Santiago de Compostela  Tlf: 981 562 314

Cualquier excusa siempre es buena para visitar Santiago de Compostela, seamos peregrinos o simples turistas en busca de una ciudad acogedora con mucha historia, que además destaca por una gastronomía ligada a un excelente producto gallego, nadie abandona Santiago sin la promesa de regresar.

Plaza del Obradoiro

En mi caso se cumplían justo tres años desde mi última visita en la que pude disfrutar de aquel maravilloso concierto de Mark Knopfler, un virtuoso de la guitarra al que al menos una vez en la vida os recomiendo ver en vivo.

En esta ocasión volví a disfrutar de otra virtuosa, pero esta vez de los fogones, se trata de Lucía Freitas, compostelana de raíces asturianas por parte de padre y cada vez más ciudadana del mundo. Formada en el País Vasco, donde cursó estudios se desplazó a Barcelona para seguir formándose en el mundo de la pastelería de restaurante en el Espai Sucre de Jordi Brutón.

La constante evolución ha hecho que parte de su vida peregrinara por alguno de los templos de la gastronomía nacional, como el Celler de Can Roca, Mugaritz, El Bohío y Tapies.

Aunque ya lleva 9 años regentando A Tafona en su vuelta a casa, esa inquietud por seguir evolucionando y que apunta a la constelación Michelín, la está llevando a viajes de trabajo y aprendizaje tan dispares como Japón o India, además de presencia nacional en pop-ups como Saberes y Sabores. Diferentes culturas, productos nuevos y dispares ayudan a que en su proceso creativo se note una evolución, pero siempre manteniendo la esencia gallega de una cocina tradicional con producto de proximidad, aderezada con vanguardia.

Importar ideas, conceptos, sabores resulta muy interesante, pero como buena gallega, su cocina también se exporta y se encargó de asesorar y diseñar la carta de Tomiño, un restaurante gallego en plena Little Italy del bullicioso Manhattan, al que me pude acercar el pasado febrero.

Escasos 50 metros la separan del excelso y nutrido Mercado de Abastos de Santiago, un lujo que garantiza la frescura del producto que además complementa con los de su propio huerto, una tendencia cada vez más apreciada por chefs y comensales.

 

Lucía pertenece al magnifico grupo Nove, una asociación de 24 cocineros cuyas premisas son el mantener la esencia de la cocina gallega, recuperar la tradición y renovarla teniendo en cuenta la sostenibilidad, la recuperación de productos y de esta manera crear una imagen de marca en la que la calidad y el sentimiento está por encima de todo.

Poco a poco voy descubriendo el trabajo que hacen y ya son unos cuantos. En Lugo, Álvaro Villasante del Restaurante Paprica, en Pontevedra, Javier Olleros del Culler de Pau, Rafa Centeno e Inés Abril de Maruja Limón, Pepe Solla en su Casa Solla y Yayo Daporta con el restaurante de su propio nombre.

Si tuviésemos que buscar una definición de la comida que Lucia hace, podemos decir que se basa en el mar y en la estacionalidad del producto. Su menú de mercado lo deja bastante claro, de los 11 platos si quitamos los tres postres, los ocho restantes tenían como base el marisco o pescado, si bien el ultimo era un mar y montaña de cigala y papada.

A Tafona by Lucía Freitas

Hablemos del restaurante, A Tafona se traduce al castellano como Tahona, ese lugar en el que originariamente se elaboraba el pan partiendo de la molienda del trigo, para lo cual se utilizaba una pesada piedra que trituraba el trigo y que tras un tamizado sirve para elaborar panes.

Unos panes que en A Tafona tienen gran presencia, probando hasta cuatro variedades: castaña y pipas de girasol; cebolla, cerveza y aceituna negra; de uvas pasas; agua de mar.

Panes

Panes

Ubicado dentro de A Tafona do Peregrino, un hotel desde el que podemos acceder al restaurante, pero que también cuenta con una entrada independiente por la Ruela da Tafona.

Tanto el logotipo como la entrada en marquetería de madera hacen alusión a ese origen del que toma el nombre, unas formas geométricas nos recuerdan a las espigas del trigo.

Se intuye que donde ahora lucen mesas y la cocina vista, en su día fue un espacio abierto al aire. Le delata esa cubierta transparente, las escaleras que dan acceso al hotel, y sobre todo las argollas encastradas en el granito que nos recuerdan que ahí se amarraban los animales.

El restaurante ha cambiado su decoración y mobiliario por lo que si ya lo conocíais, es ocasión para volver y comprobar el nuevo cambio de imagen que ya cumple un año. Unos cambios que no sólo se circunscriben al diseño interior, ha eliminado los menús del día para centrarse en la parte gastronómica.

A Tafona by Lucia Freitas

Consciente de los diferentes poderes adquisitivos, no renuncia a que su cocina sea conocida en todos los ámbitos, un contacto más directo e informal entre comensal y cocinero.

Platos más contundentes que no encajan en la amplitud de los menús degustación que ofrece A Tafona, por ello Lume se instala en la Rúa das Ameas, una de las más gastronómicas, también paralela al Mercado de Abastos, donde la gente podrá compartir platos de una manera más desenfadada.

Para conocer en profundidad la cocina de un restaurante gastronómico siempre recomendaré que optéis por sus menús largos, en este caso se llama Menú de Mercado. Acompañado por mi madre, hacía inviable que esta pudiese comerse todos platos y tuvieron la deferencia de poder acomodar parte a la carta y el menú, una práctica que no se realiza porque estos han de ser servidos a mesa completa.

Por estructura del artículo os mostraré primero los platos que ella eligió. El primero formaría también parte del menú degustación así que podréis ver la diferencia entre las porciones.

Para beber opté por las dos variedades de cervezas Alhambra, la clásica Reserva 1925 de botella verde y la Reserva Roja que no estoy seguro si es la antigua Mezquita.

Alhambra Reserva 1925  Alhambra Reserva Roja

Común a los dos servicios se sirven una serie de snacks que complementan a dos de los panes que se acompañaba de una mantequilla de tomate seco y albahaca.

Mantequilla de tomate seco y albahaca

Mantequilla de tomate seco y albahaca

Un primer pase con un tiradito de mujol de batea servido sobre una hoja de limón brasileño, regado con una salsa ponzu y un airbag relleno de pil pil de tomate cubierto con una panceta de Guijuleo y esferificación de aceite de oliva.

snacks

Tiradito de mujol

Airbag de pilpil de tomate y panceta de guijuelo

A continuación un trío formado por unos conos con paté de pollo y membrillo, unas mini croquetas de morcilla dulce con topping de manzana y una brandada de bacalao servida sobre su piel crujiente sobre una tierra de olivas negras y rematada con una tempura de codium.

Snacks

conos de pate de pollo y membrillo

croqueta de morcilla dulce   croqueta de morcilla dulce

Brandada de bacalao

Finalizamos los aperitivos con una gloriosa re interpretación de empanada líquida de maíz y berberechos servida en unos llamativos vasos diseñados por Ojea Studio.

empanada liquida de maiz y berberechos

Empanada líquida de maíz y berberechos

Como entrante en un día caluroso, nada mejor que un gazpacho. Este era de cereza, remolacha y bonito de Burela, aderezado con piñones, pimienta rosa y otros toques, las diferentes elaboraciones formaban este delicioso cuadro que ha de mezclarse para entender toda la explosión de sabores.

Gazpacho de cerezas, remolacha y bonito de Burela

Gazpacho de cerezas, remolacha y bonito de Burela

Gazpacho de cerezas, remolacha y bonito de Burela

El siguiente y último plato que alcanzó a probar mi madre, fueron las mollejas con berenjena y queso. Un señor plato, contundente, armónico y con una combinación de sabores sorprendente.

Mollejas, berenjena y queso

Mollejas, berenjena y queso

Mollejas, berenjena y queso

Mollejas, berenjena y queso

Mi Menú de Mercado comenzaría con una ostra, manzana verde y encurtidos. Muy refrescante contraste de ácidos, salados y dulces aportados por una gelatina de manzana y esferificaciones de pepino y piparra.

ostra, manzana y encurtidos

ostra, manzana y encurtidos

ostra, manzana y encurtidos

Seguimos con el marisco, un cebiche de vieira curada en sal acompañada de un helado de leche de tigre y una huevas de trucha. Juego de texturas y sabores.

cebiche de vieira y helado de leche de tigre

Cebiche de vieira y helado de leche de tigre

Cebiche de vieira y helado de leche de tigre

Cerramos la parte refrescante con el ya mencionado gazpacho de cerezas y remolacha en porción menú.

Gazpacho de cereza, remolacha y bonito de Burela

Gazpacho de cerezas, remolacha y bonito de Burela

Choco, cebolleta a la parrilla y pera. Un delicioso choquito acompañado de un finísimo tartar de pera y sus propios jugos.

Choco, cebolleta a la parrilla y pera

Choco, cebolleta a la parrilla y pera

Choco, cebolleta a la parrilla y pera

Turno de la xarda lacada en soja y ahumada con romero, con guisantes y tirabeques sobre un caldo de salazones de pescado y algas. El caldo junto al potente sabor del jurel hecho al punto ideal deja un gran sabor a mar en cada bocado.

Xarda lacada en soja

Xarda lacada en soja

Xarda lacada en soja

Contrastamos ahora con la suavidad de una pescadilla de Celeiro acompañada de una crema de apionabo y una salsa de citronela. El sabor terroso del apionabo se equilibra con los aromas cítricos de la citronela que junto a la textura de la pescadilla hacen un bocado meloso.

pescadilla con crema de apionabo y salsa de citronela

pescadilla con crema de apionabo y salsa de citronela

pescadilla con crema de apionabo y salsa de citronela

El siguiente plato es un transgénero, ¿como?. Se trata de un pinto o maragota, un pez que durante sus primeros ochos años son todo hembras y que luego algunos se convierten en macho. Tras esta curiosidad animal, este Pinto se sirve sobre una meunière con botarga, tirabeques y mini calabacines de la huerta de Lucía.

Pinto sobre meuneire

Pinto sobre meuniere

Pinto sobre meuniere

Cerramos los platos principales con el mar y montaña de cigala sobre una melosa papada que se posa sobre un cordón de cebolla asada y completa con unos puntos de limón.

cigala y papada

Cigala y papada

Cigala y papada

Amante de la pastelería, Lucía se define como “cocinera y pastelera” y no la entiende como algo desligado de la cocina. Como veréis, en los postres plasma toda su delicadeza y buen gusto por la armonía, creaciones en las que da pena meter la cuchara.

Comenzamos por este kiwi, chocolate blanco, albahaca, manzana ácida y esferas de aceite.

Kiwi, chocolate blanco, manzana y albahaca

Kiwi, chocolate blanco, manzana y albahaca

Kiwi, chocolate blanco, manzana y albahaca

El siguiente postre tiene mucho que ver son su viaje a la India. Mango Alphonso, fruta de la pasión, zanahoria, curry, leche de coco, flores….Namasté.

India

India

India

Finalizamos con La Vie en Rose, fresas, frambuesas, litchee, yogur…..armonía de color y sabor donde aúna diferentes técnicas.

La Vie en Rose

La Vie en Rose

La Vie en Rose

Tras unas tres horas de hedonismo, rematamos con los abundantes petit fours, que por sí solos ya habrían supuesto un postre.

Petit fours

Petit fours

Un colofón estupendo para una gran experiencia en nuestra particular ascensión al Monte do Gozo, donde la típica lluvia de Santiago, se había transformado en un nítido cielo azul, como si la cálida y serena mirada de Lucía quisiera haber guiado a estos peregrinos asturianos por un camino lleno de verdad, sabor e ilusión.

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A Casa Do Tella e Rosalía


A Casa do Tella e Rosalía

A Casa do Tella e Rosalía – Praza do Curro, 6     Portosín / A Coruña     Tlf: 981 766 529

Cinco largos años han pasado desde mi ultima visita a la Ría de Muros y Noia, muchas cosas han cambiado en mi vida, pero el encanto de esta zona de rías baixas gallegas, permanece intacto.

Como en aquel entonces, me desplacé a la zona para visitar a una muy buena amiga que lleva veraneando muchos años en la playa de Caveiro, próxima a Porto do Son. Se trata de una zona poco masificada donde no abundan los alojamientos y al final me tuve que quedar en el cercano Portosín.

El hotel O Noso es un alojamiento perfecto para aquellos que no buscan grandes infraestructuras, reúne lo necesario, limpieza, habitaciones correctas, buen precio e incluso una piscina.

Habiendo salido tarde de Oviedo, en unas tres horas llegamos para una tardía comida, la hora extraña de las 4 de la tarde para el check in no nos apremiaba.

Tras un breve paseo por el puerto de Portosín y la playa de Coira, buscamos donde ser bien recibidos, algo sencillo en Galicia, donde el carácter de sus gentes hace que el viajero se sienta como en casa.

Puerto de Portosin

Playa de Coira

Situado en la que debía ser la plaza más céntrica, Praza do Curro, nos adentramos en A Casa do Tella e Rosalia, un restaurante con una bonita historia familiar que gira en torno a una edificación de 1860 que al principio fue una fabrica de salazones y vivienda.

El nombre de la casa quiere recordar a los antiguos propietarios, Tella (Manuel Lorenzo Carleos), de oficio marinero, y su mujer Rosalia Aguirre López, hija de emigrantes vascos.

Durante los años 30, Tella emigró a Brasil con el fin de poder comprar la casa y criar a sus 13 hijos y comenzar su andadura como armador de barcos por la que “Vamos Indo” acabo convirtiéndose en uno de los barcos con mayor numero de capturas.

El logotipo del ancla y las rosas hace referencia al tatuaje que Tella se grabó en Brasil para honrar a su esposa. Dos de sus nietos , Juan Mendez Lorenzo y Montse Santos Lorenzo han formado una Sociedad para abrir la casa al publico con su restaurante, en el que conservan como guiño a la tradición marinera familiar, desde el horno de la abuela, las paredes de piedra o elementos relacionados con las salazones.

A Casa do Tella e Rosalía

Aunque disponen de una zona de terraza a la entada, dentro del local podemos destacar como la parte noble el comedor que se encuentra en un agradable patio ajardinado abierto.

La carta es reducida pero muy interesante, sin duda el protagonista es el producto y tanto pescados como carnes elaborados para mantener sus jugos y sabor fresco son el reflejo de una cocina tradicional que sabe jugar con lo que ofrece el entorno.

Estando en Galicia no podía faltar en la mesa una cerveza Estrella Galicia, una compañía muy dinámica en lo que al marketing se refiere. Recordareis aquel articulo que hice hace un par de años donde recogía las etiquetas conmemorativas por su 110 aniversario.

Estrella Galicia

Este año el etiquetado de verano es diferente y soporta una campaña de promoción con premios bajo el lema Un Camino Diferente.

Si buscáis pulpo a feira al modo tradicional no lo encontrareis, pero en su lugar una versión en croqueta fue nuestro primer entrante. Muy acertadas, crujientes, cremosas y con mucho sabor a este plato tan característico de la gastronomía gallega.

corquetas de pulpo a feira

croquetas de pulpo a feira

El segundo entrante fue uno de los platos que mas me llamo la atención, ya sabéis que tengo especial querencia por las algas. Se trataba del arroz tostado con algas, una torta de forma redonda que emulaba un socarrat elaborado con espirulina y decorado con alga codium, alioli y brotes de lombarda. Un plato muy conseguido.

Arroz tostado con algas

arroz tostado con algas

arroz tostado con algas

Como principales un lenguado de ración generosa, unos 400grs. Nada que decir de un pescado de gran calidad bien ejecutado a la plancha, imposible que no fuese de 10.

Lenguado

Lenguado

Lenguado

Un chuletón de 1,2kgs de ternera gallega resultaba muy tentador pero la cordura hizo que me decantase por un entrecot de vaca que al igual que el pescado rondaba los 400grs.

Entrecot de vaca

Entrecot de vaca

Entrecot de vaca

Carne sabrosa, destacable sabor a parrilla, punto adecuado con interior crudo pero caliente.

Para finalizar compartimos una refrescante tarta de lima al punto de sal. Muy cremosa y cítrica elaborada sobre una base de galleta de mantequilla.

Tarta de lima

Tarta de lima

Si a esta buena comida le añadimos una jornada playera en compañía de Carmen, un baño en aguas de la ría que tenían la temperatura optima, avistamiento de delfines desde la arena y una puesta de sol cautivadora, resulta imposible no enamorarse de Galicia, máxime cuando habíamos dejado el Mordor ovetense bajo una capota gris y un constante orbayo.

Playa de Caveiro

Puesta de sol en Caveiro

As Garzas


As Garzas – Porto Barizo, 40 (Malpica) – A Coruña  –  Tlf: 981 721 765

Muchos son los factores determinantes para que la economía de un país se mueva y sin duda las infraestructuras viales, ferroviarias, portuarias y aeroportuarias son pilares básicos que hacen que por ejemplo, un asturiano se incline por visitar la cercana comunidad gallega durante un puente.

Concluida la Autovía del Cantábrico, ya no resulta descabellado irse a comer o de concierto a Coruña o Bilbao y regresar el mismo día. Sin duda es más apetecible hacerlo con pernocta incluida y disfrutar en plenitud de lo que Galicia, Cantabria, y el País Vasco puede ofrecernos, que aunque tengan muchas similitudes con Asturias no dejan de sorprender por paisaje y gastronomía.

La cornisa cantábrica-atlántica suma 57 Estrellas Michelín de las 182 que la Guía 2017 ha repartido por toda España. Llama la atención que siendo Galicia poseedora de 12, aún se les resista el doble galardón a restaurantes tan destacados como Casa Solla y Culler de Pau, hecho del que sus propios compañeros se extrañan.

Aunque el destino de mis escapadas siempre acaba en las Rías Baixas, en esta ocasión no quise dejar aislada a la provincia de A Coruña, con 6 estrellas que de facto son 5 por el inesperado cierre de A Estación (Cambre).

Ya puestos a elegir uno de ellos, busqué uno de los más alejados. As Garzas se sitúa en Porto Bariza – Malpica y Fernando Agrasar junto a su hijo Jorge son los chef de un restaurante que no solo enamora por su comida, las vistas son privilegiadas y sin duda alojarse en una de las cuatro habitaciones disponibles en el establecimiento, os dejarán imágenes y sensaciones imborrables ya sea en un día soleado como el que tuvimos o en esos que parece el fin del mundo.

El viaje se complicó por una meteorología cambiante donde inesperados aguaceros ralentizaron la marcha, algo que hicimos saber al restaurante avisando por el camino, conscientes de la inesperada puntualidad y del rigor que deben mantener con las reservas. Fueron muy amables y comprensivos, llegamos por los pelos dentro de la franja horaria en que se puede disfrutar del menú degustación.

As Garzas tiene una arquitectura bastante diferente a la que se estila por la zona, esa pronunciada cubierta a dos aguas jalonada por unos casetones, forma una silueta tan diferente que forma parte de su logotipo.

Unos grandes ventanales forman el marco perfecto de un cuadro natural digno de las mejores marinas en lienzo. Una confortable terraza nos recibe al subir las escaleras, lugar ideal para un aperitivo o el café.

La sala está muy bien estructurada en dos niveles pudiendo disfrutar de las vistas desde todas las mesas, exceptuando la que tapa una chimenea. Los solados de cerámica rústica y madera tropical en tonos rojizos contrastan bien con el blanco de paredes y mantelería donde las confortables butacas color mostaza serán el trono perfecto donde disfrutar como reyes y reinas.

Además de los habituales platos a la carta, disponen de dos menús gastronómicos. Uno corto con 7 platos más los aperitivos y el largo que suma 11 más los aperitivos y un pre postre. Estamos de relax, no hay prisa, Vigo seguirá allí una hora arriba o abajo, así que el menú largo se impone.

Los seguidores habituales os sorprenderéis al saber que pedí una botella de vino blanco, concretamente un D.O. Valdeorras de 2015 llamado Louro, de Bodegas Rafael Palacios, mezcla de Godello y Treixdura.

Dejaré que los de Vivino expresen mejor mi ignorancia, que tan sólo llega a decir que entraba muy suave y combinó perfectamente con el menú. Color amarillo pajizo, con reflejos verdosos, limpio, brillante, casi transparente. En nariz con buena intensidad, hay presencia de fruta cítrica (naranja, pomelo) con buenos aromas de pastelería, flores blancas, leves notas de anisados y naranja confitada, tenues tostados; una nariz expresiva y compleja pero todo muy sutil. En boca tiene cuerpo medio, excelente acidez, mostrando protagonismo los cítricos (pulpa y pieles) que se acompañan de toques de cremosidad.

Variedad de panes caseros muy satisfactoria, el clásico gallego, nueces y arándanos se acompañaron de una mantequilla artesana cuya cremosidad nos cegó más allá de los brillos nacarados de la concha de abalon en que fue servida.

Comenzamos con unos aperitivos que sirven en conjunto: una crema de caldo gallego con alta concentración de sabor; un mejillón escabechado que impedirá que volvamos a probar uno enlatado en buen tiempo; un trozo de empanada de xouvas (sardinas) que me gustó especialmente por utilizar hojaldre en vez de masa de pan y una potente y crujiente croqueta de bacalao.

El plato de arranque son unos espárragos blancos de temporada, su crema y ensalada de tirabeques. El único plato que nos mantiene en tierra firme antes de zarpar por los mares.

Bonito listado, remolacha y toque ácidos es un plato que pese a su aparente sencillez es muy complejo en boca, con ese sabor terroso de la remolacha, el marinado en manzana ácida, y el ligero picante de los rábanos.

Hay platos realmente atractivos y este calamar, su jugo y plancton es uno de esos. Camuflado bajo un aire de plancton poco a poco van emergiendo unos cortes de calamar que competían en textura con la de la mantequilla y que multiplicaba exponencialmente su sabor con ese fondo de plancton.

Los dos platos siguientes combinaban a la perfección un mar y tierra. El primero con una soberbia cigala y alcachofa estofada.

El segundo, unas zamburiñas con parmentier de champiñón.

El consumo responsable, hizo que tras dos copas de Louro decidiese bajarme del barco. Pregunté por alguna cerveza artesana y aunque bien advertido por el sumiller, insistí en probar la Estrella de Mar, una artesanal de trigo elaborada con agua de mar. Un atractivo packaging y branding no hace honor a su contenido, una elección muy floja.

No podía faltar en cualquier mesa gallega que se precie, el pulpo. En este caso hecho a la plancha con su guiso y un falso cachelo. El punto del cefalópodo perfecto, como se ha de comer, al dente. El cachelo esta muy logrado, esconde en su interior la crema de patata y está recubierto de una gelatina que engaña y consigue su efecto de piel.

La cococha en tempura tiene un crujiente perfecto que contrasta con la melosidad del pescado y que se acompaña de un ligero pil pil con notas cítricas de lima y una hoja de ostra también tempurizada.

Cerramos los platos principales con la finura de un lomo de merluza cocida a la perfección acompañada de unas verduras y un fondo clarificado de una minestrone.

Por más que se empeñaran en traernos la bruma marina con el pre postre, la manzana “gin tonic”no pudo cubrir el luminoso día en Malpica. Disipada la bruma del hielo seco los trozos de manzana son un auténtico pelotazo, la acidez esta presente y muy contrastada con el amargor de esta cocktail clásico.

El primero de los postres como mejor se degusta es de un bocado, como una auténtica obra de orfebrería, esta panna cotta cítrica y helado de frambuesa es una explosión de sabor en boca.

Parece que quisieran que dejase el coche aparcado ante posibles controles de alcoholemia. La tarta de mojito, ademas de refrescante tiene una cobertura con mucho sabor a playa, parece que adivinaron nuestras intenciones.

Finalizamos con el postre más dulce, un fenomenal trampantojo de unos espaghetti carbonara. Hechos con mango y fruta de la pasión, los chocolates simulando la pimienta y trufa y una crema “carbonara” pusieron el remate más original.

Los petit fours de macaron, trufa, teja y magdalena acompañaron al café que degustamos en la soleada terraza, toda una invitación a rendirse en brazos de Morfeo.

Aunque en el menú, eché en falta al menos un plato de carne, tal y como les hice saber, su respuesta no podía ser más contundente señalando al mar “con toda la despensa que tenemos ahí…”, “en temporada si que incluimos alguna elaboración con caza”. Pues va a ser que tiene razón, no se me hizo la gallega.

As Garzas es un restaurante de cocina de mercado donde sobretodo prima su excelente producto, ese del que Galicia está tan orgullosa.

El viaje continuó con el mismo éxito logrado en la primera parada y ya desde la rutina diaria de mi escritorio, anhelo volver para no ser esquivo a Morfeo y mecer mis sueños al compás de las olas en una de esas privilegiadas alcobas, por supuesto, tras repetir esos bocados al mar.