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Cibo


Cibo – Blvd. Príncipe Alfonso von Hohenlohe, 11 – Marbella   Tlf: 952 900 380

Hoy os hablaré de un restaurante italiano que me ha sorprendido por su calidad y del que estaba lleno de prejuicios, en el que casualmente acabé cenando durante mis pasadas vacaciones.

Son muchos los años que llevaba viendo este local, esta casi pegado a uno de mis restaurantes thai favoritos de Marbella, y a pesar de que siempre lo veía lleno, me echaba para atrás el hecho de que la gran mayoría de clientela es extranjera.

Al escribir este articulo y buscar información, descubro que pertenece a Metro Group, que cuenta con una serie de restaurantes y bares distribuidos entre Marbella, Puerto Banus, Benalmadena y Puerto Cabopino.

Los de Puerto Banus los conozco todos de hacer mi paseillo: el piano bar Joys Live, una brasseria americana como el Jacks Smokehouse, y el restaurante hindú Mumtaz.

Esta ha sido la confirmación de que son negocios orientados al turista, sobre todo de habla inglesa pues no hay más que echar un vistazo a su web y al Facebook para comprobar que el ingles predomina.

Superado ese primer rechazo, insisto una estupidez por mi parte, ya dentro del Cibo (alimento, comida en italiano), se trata de un amplio local con una buena terraza. La decoración es muy agradable aunque el rollito de leds multicolor no le pega para nada.

El servicio fue de lo más amable y el horno de piedra, sin duda una garantía en las pizzas. Para acompañar unos grissini que venían con cuatro salsas a parte, pedimos la archiconocida birra Peroni, que en este caso era de barril, algo que mejora esta suave elección.

De primero una ensalada cesar con pollo a la parrilla, que además de los clásicos ingredientes,  incluía unas llamativas anchoas.

La pizza elegida fue una de champiñones con queso Fontina y aceite de trufa, excelente tamaño y calidad además de una masa de grosor y crujiente ideal.

El otro plato elegido fue una pasta, unos fettuccine gamberetti con langostinos, ajo, guindilla y limón. Una de las mejores pastas que haya tomado fuera de casa.

En conclusión, los prejuicios nos llevan a errores y me recuerda al lema del anuncio de Aquarius: “convierte tus prejuicios en posjuicios”.

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Nobu


Nobu Marbella – Blv. Príncipe Alfonso von Hohenlohe, s/n – Marbella   Tlf: 952 778 686

El lujo asiático ha desembarcado en las costas españolas este verano. Si el 15 de junio se inauguraba el restaurante Nobu en Marbella, en el complejo del Hotel Puente Romano; quince días más tarde se inauguraba el Nobu Hotel Ibiza Bay en la Bahía de Playa Talamanca, un resort 5* que por supuesto incluye la oferta gastronómica junto a otros tres restaurantes.

En Marbella, ya se está trabajando para abrir durante la primavera  de 2018, las primeras 49 suites del proyecto hotelero que complementará el restaurante, en su misma ubicación de Puente Romano.

¿Qué y quien esta detrás del Nobu?. Nobu es el apodo por el que se conoce a Nobuyuki Matsuhisa, un japones de 68 años más famoso que el emperador Hirohito y Yoko Ono juntos, si al mundo de la gastronomía y el business lo trasladamos.

Habiéndose desplazado hace más de cuatro décadas a Perú desde su Saitama natal, en 1987 se instaló en Los Ángeles para acabar creando un imperio gastronómico que abarca 32 restaurantes en 28 ciudades punteras, bajo las marcas Nobu y Matsuhisa.

Pero, ¿cómo haciendo sushi y friendo tempuras uno llega a este nivel empresarial?. Pues supongo que por trabajo, carisma, visión y estar en ese sitio ideal en un tiempo concreto. Hollywood, la gran meca del cine conoce de muchas historias de éxito y fracaso, y cuando el actor Robert De Niro y el productor Meir Teper se cruzaron en la vida de Nobuyuki, se empezó a escribir el guión de una oscarizada mega producción.

Una cosa lleva a la otra y este poderoso trió se ha diversificado al mundo hotelero, abriendo su primer hotel en Las Vegas en 2013 dentro del Caesars Palace. A fecha de hoy ya tienen abiertos además en Miami, Malibú, Manila, Riad, Londres e Ibiza y pronto sumarán el de Marbella, Chicago, Los Cabos, Toronto y Barherin.

Estás cosas pasan con más frecuencia de la que creemos, el mundo del cine, deporte y espectáculos en general mueve mucho dinero y los inteligentes bien asesorados buscan la diversificación. Ahí tenemos un ejemplo muy español como es Tatel, proyecto tras el que están Rafa Nadal, Pau Gasol, Enrique Iglesias y el recién incorporado Cristiano Ronaldo.

Grandes inversiones buscan grandes rentabilidades y al final de toda la cadena, lo paga el consumidor con precios desorbitados. Si te compras un Ferrari, no te puedes sentir engañado cuando te cobren por la revisión 2.000€, ya sabes lo que hay.

No pretendo hacer crítica negativa pues cada cosa tiene su clientela y la del Nobu es elitista, con listas de espera. Por suerte gente adinerada nos visita, somos referente turístico y el chiringuito convive perfectamente con decenas descorchadas de Dom Perignon o Cristal, cada uno debe saber donde está su sitio.

Tengo claro que mi sitio natural no se encuentra en el Nobu, de hecho os confieso mi incomodidad cuando lo visité en Miami Beach hace doce años, me sentí que estaba de prestado con todo el mamoneo y postureo que me rodeaba. Todo esto no quita para que uno pueda vivir y contar experiencias e incluso disfrutarlas, aún cuando sabes que te van a afeitar el bolsillo, sarna con gusto pica menos.

Vale que pagar 18€ por un cocktail u 8€ por una Sapporo es una sobrada, pero doy gracias que no me gusta el vino porque leyendo el artículo de Carlos Maribona en su Salsa de Chiles del ABC, su título lo deja bastante claro, Crónica de un disparate.

Dejemos los preludios y pasemos a lo que realmente interesa, la experiencia de Nobu Marbella. El hotel Puente Romano no era ningún desconocido, dentro de su precioso patio ajardinado ya había disfrutado de las maravillas que Dani García ofrece en su restaurante 2* Michelín y Bibo.

Precisamente, por conocer el entorno, mi petición de reserva fue para la terraza y en horario guiri, cena a las 8:30pm. En septiembre los días se acortan mucho y quería mostrar a mi novia el recinto aún con luz solar, que por otro lado me venía mucho mejor para las fotos.

El Nobu se encuentra en la parte alta, decoración minimalista, profusión de maderas, porcentaje de mesas bastante parejo entre las de la terraza y las del interior. Me gusta que muchas de ellas sean redondas y el resto utilizan bancos.

Destaca su barra de sushi con capacidad para unos 10 comensales y como gran elemento decorativo una bodega vista iluminada. En la terraza tienen una barra de bar desde donde ofician la bebida y otra denominada lounge donde poder alternar con música.

En general, el ambiente del patio es muy bullicioso y a medida que pasan las horas se convierte en ruidoso. Los españoles tenemos fama de hablar alto, pero los extranjeros en cuanto se cargan de alcohol son más escandalosos que una granja de ocas y se vuelven obnoxious con aires de prepotencia.

Nos identificamos en la recepción y cuando nos acompañan a la mesa todo el personal al unísono nos da la bienvenida coral en japones, irasshaimase!

Por defecto, el idioma que emplean es el ingles, algo muy común en Marbella y que como español me molesta mucho. Afortunadamente, al contrario de muchos establecimientos en Puerto Banus, al identificarnos como nacionales emana el acento y gracejo andaluz.

Si no os empapizasteis con el precio y os ha dado por seguir leyendo, los cocktail elegidos fueron el Yuzu Kumquat Cooler (kumquat, naranja, menta, vodka Ketel One Citron, yuzu y limonada) y el Peruvian Caipirihna (pisco, lima fresca, shiso y cerveza de jengibre).

Comenzamos con unos tacos de sashimi al estilo Nobu, el de salmón con miso picante y el de wagyu con salsa ponzu picante. Excelente bocado, literal, con ese tamaño va todo de una sentada.

Seguimos con un temaki de cangrejo de concha blanda. No se si es por su forma cónica o porque son más grandes, los temaki son mi sushi favorito.

Turno de los maki roll. El de anguila y pepino junto con el especial de la casa que llevaba varios pescados se sirven en formato seis unidades. Deliciosos, al nivel esperado.

Rematamos con algo que debería ser más contundente, aunque ya sabemos que el japones no es excesivo en su gastronomía. Un toban-yaki de ternera con setas y verduras para el que incorpora una salsa de sake, yuzu y soja. Se trata de una sabrosa elaboración hecha en ese plato cerámico, cuidado de no quemarse.

Comer en un japones para aquellos que somos de buen diente y salir satisfechos en cuanto a cantidad, es algo que nunca he conseguido hacer por menos de 100€, pero cuando superas estas cifras con creces y acabas comiendo una hamburguesa a las 12 de la noche en Puerto Banus para no irte a dormir con esa sensación de estomago vacío, parece que duele un poco.

Que si, que los restaurantes japoneses son caros, que todo estaba muy bueno, que la calidad del producto es innegable, que el ambiente es exclusivo pero señor@s, por lo pagado prefiero cruzarme el patio y coger una congestión en el Bibo de Dani García.

A un par de kilómetros en el centro de Marbella tengo el Takumi que nada tiene que envidiar y en Tenerife el Kazan, un Estrella Michelín japones del que no te arrepientes de pagar ni uno solo de sus euros.

La experiencia en el Nobu Marbella me ha dejado igual que el Kabuki Abama, satisfecho por la calidad, contento por la experiencia, pero hambriento y desperrado.

Lobito de Mar


Lobito de Mar – Blvd. Principe Alfonso von Hohenlohe, nº 178 – Marbella  Tlf: 951 554 554

Desde que escuche las primeras noticias sobre el nuevo proyecto de Dani García en Marbella, reconozco que a medida que iba conociendo mas información, mi entusiasmo crecía exponencialmente.

Ese entusiasmo se veía alimentado por el hecho de tener una parte de las vacaciones en Marbella, para ese entonces la apertura y los primeros meses de rodaje ya serían una realidad.

Lobito de mar es uno de los nombres con el que se conoce al cazón, un escualo santo y seña de la cocina andaluza costera. Desde Almeria a Huelva, pasando por Granada, Málaga y Cadiz, este pescado adobado forma parte de las clásicas frituras.

¿Que buscaba Dani con la apertura de su bar resalao?, ni mas ni menos que la reivindicación de una cocina tradicional de la costa malagueña a precios democráticos. Producto de gran calidad, tratado con mimo para el que utiliza técnicas tradicionales revisadas y mejoradas.

El espeto es tan malagueño como Picasso, es uno de los patrimonios de sus playas. El chiringuito, con sus barcas anexas llenas de arena y las brasas proyectando el calor a unas tradicionales cañas que con la inclinación adecuada y su pescado ensartado, aportan ese delicioso sabor ahumado al que nadie se puede resistir.

Dani es un amante y estudioso de la cocina asiática, pero sobre todo en Japón ha encontrado la pureza y veneración a las especies marinas, que con técnicas milenarias que a priori resultan simples buscan la excelencia en la textura. El sangrado, el corte, la fritura son secretos que su amigo y colega Nobuyuki “Nobu” Matsuhisa ha compartido, un nuevo vecino de élite en las instalaciones del hotel Puente Romano.

Entre esas técnicas renovadas de las que os he hablado, se encuentran los espetos horizontales. Boquerones, jureles y salmonetes de roca tendidos y prendidos por la cabeza para cocinarlos casi intactos a la lumbre de unas brasas de olivo.

Otro de los clásicos que se puede encontrar en cualquier chiringuito de la costa española son las paellas, esas que nos han dado fama internacional. En Lobito de Mar se afanan por conseguir unos arroces donde el fuego de unas brasas de sarmiento (3kgs por paella) es el buen comienzo que este, a veces vilipendiado manjar, requiere.

En la zona del Levante, los puristas los considerarían arroces y no paella, algo que en Lobito de Mar se encargan de matizar. Se trata de paellas andaluzas con alma alicantina, para las que emplean 6 y 10 veces más de caldo por peso de arroz, dependiendo si se trata de un arroz seco o meloso.

Situado en plena Milla de Oro, el local que ocupa Lobito fue en su día El Portalón, un restaurante de carnes que durante el esplendor de finales de siglo acogía a lo mas granado de la Jet Set y de esos infames políticos que tanto daño hicieron al pueblo y al turismo marbellí.

Si algo he observado en esta ultima visita es el renacer de una nueva Marbella, mas sosegada y menos excesiva, un levantar cabeza para volver a posicionarse como uno de los destinos privilegiados de los cinco continentes.

Lobito de Mar es un chiringuito urbano, eso si, con mucha clase y gusto, ese que caracteriza a todos los locales del Grupo Dani Garcia. Una estética que no se queda en la fachada, detalles como los diseños gráficos de cartas, las tarjetas de visita, la barca con la cuenta espetada, la cortesía de las botellas de agua a la entrada/salida, el numeroso y amable personal (68 lobit@s) y detalles como una copa de champagne por las molestias de reubicarnos a otra mesa, son muestras de la elegancia y know how a la hora de regentar un local puntero.

El local cuenta con parking propio y lo primero que nos encontramos es una agradable terraza donde poder tomarnos el aperitivo, el cafe o una copa nocturna de esa magnifica carta de atractivos cocktail.

Cruzamos la puerta roja de entrada y el pequeño hall nos emboca a la mesa de recepción desde donde nos acompañan a nuestra mesa. A primera vista, bajo la cúpula, una gran barra de bar que delimita de manera abierta dos áreas, una mas informal de tapeo con mesas altas a nuestra izquierda y otra con diferentes comedores mas formales a nuestra derecha.

Mención especial merece el escaparate del Tiffany del mar, uno queda alelado por el tamaño de un mero o por la frescura de sus carabineros, salmonetes, langostinos de Sanlúcar, cigalas del Atlántico andaluz, gambas roja de Garrucha, rodaballo, conchas finas, cañaillas, bolos, coquinas, etc. Al igual que sucede con las joyas, nos gustan todas y nos lo comeríamos todo, por lo que se antojaban decisiones y disyuntivas difíciles de tomar.

Recorro todo el local aprovechando mi reserva temprana, horarios en los que no molesto ni incomodo a los comensales con mis numerosas fotos. Busco la cocina y la encuentro pegada a una especie de reservado desde el que observar todas las evoluciones a través de la vidriera vista.

No deja de resultar extraño ver las brasas y espetos dentro de una cocina industrial, no es el habitat natural, pero ya podían animarse muchos mas a ofrecer este tipo de elaboraciones. El trinomio de fuego, brasas y humo eleva en gusto la calidad de muchas elaboraciones.

Además de las frituras, espetos, paellas, mariscos y pescados, el atún rojo salvaje de almadraba procedente de la cercana Cádiz, ocupa un lugar muy prominente dentro de la carta. Recién aterrizados en Marbella, tras diez días en Zahara de los Atunes, nuestro cupo de atún ya estaba cubierto.

Dani es una persona muy activa en redes sociales. Su restaurante 2* Michelín, Bibo Marbella, Bibo Madrid y ahora Lobito de Mar, nos deja a diario a sus fieles seguidores, numerosas imágenes y vídeos de platos terminados y otros en proceso de elaboración.

Por todo ello, cuando tienes la oportunidad de visitar sus restaurantes, quieres vivir y sentir en primera persona todo el entusiasmo y buen hacer que transmiten. Una visita se quedaba corta, no me podía marchar sin probar uno de sus arroces, así que todo lo que aquí veréis se enmarca dentro de las dos cenas que disfrutamos mi novia y yo.

Para beber, agua y una Cruzcampo Reserva que está rica pero….se echa en falta una mayor diversidad de cervezas. Hay que potenciar esas numerosas malagueñas salerosas y artesanas e imponerse al dictado de las grandes marcas.

Como plato de apertura, el que da nombre al chiringuito urbano, un lobito de mar en adobo. Mucho sabor y un rebozo muy sutil que se aleja de esas costras excesivas.

Por seguir con las excelentes frituras, servidas sobre un clásico papel, las deliciosas ortiguillas fritas.

Con esta machacada de gambas y aceitunas, ya son tres las versiones de ensaladilla rusa que he probado en sus restaurantes. La de ventresca de atún y otra con huevos de codorniz y ajitos fritos fueron las afortunadas a primeros de año en Bibo Madrid.

Uno de los días tenían dentro de la carta especial esta tapa de pez limón al limón, una marinado que se acompaña de una salsa sriracha.

Turno de los moluscos y crustáceos. Dos de mis favoritos a los que nunca doy la espalda cuando visito Málaga. Unas conchas finas, esta vez a la parrilla.

Y el elegante carabinero por el que suspiro y muero de amor.

Espetos verticales de toda la vida, unas sardinas con las que mancharse los dedos sin ningún pudor. Gente que utiliza los cubiertos, por favor, dejad de hacer el ridículo, tanto postureo no tiene sentido.

Los horizontales de salmonetes de roca, ¿de verdad existe algún pescado más sabroso que este?.

Rematamos con uno de los platos estrella, esas paellas donde cada grano parece estar alineado formando esa fina capa que esconde el socarrat de una buena terminación. En esta ocasión nos inclinamos por una seca de pescado y marisco con jibia, rape, gambas, mejillones y aroma de azafrán.

A nadie nos gustan las esperas, pero reconozco que los 25′ que se tardan en elaborar las paellas, son minutos de entusiasmo, deseo, salivación, expectación que forman parte de un ritual que se consuma cuando el camarero aparece mostrándonos tan hermoso cuadro.

Aunque el camarero te la suele revolver para servir, este acto supremo de veneración me gusta disfrutarlo en la intimidad así que espátula en mano solicité que la pusieran al centro de la mesa, junto con su alioli.  Suelen decirme que no hace falta que rasque hasta el último grano (literal), para mi no es grosería, es respeto y una forma de comunicarle al cocinero mi total satisfacción.

La suculencia de toda la comida se debía rematar con un par de postres a la altura, de ello se encargaron el Happy Hippo Lobito de Mar, una versión en helado de avellana del famoso snack dulce de Kinder (Ferrero). Hasta el recipiente es una réplica del famoso hipopótamo que hace las delicias de pequeños y grandes.

Yo, que nunca he sido de chuches, me incliné por algo más acorde con mi carácter, una tarta suave de queso azul payoyo. Pese a soledad de una presentación sosa que se arreglaría con un plato más colorido y llamativo, lo que realmente importa es su sabor.

 

Con una textura suave y muy cremosa el sabor se asemejaba mucho al de los quesos azules de mi tierra, Asturias, y sabiendo que Dani había estado de visita por Güeyu Mar me recordó a la de Gamoneu de Abel. Tanto le insistí a la camarera en su ejecución, creía que llevaba mezcla de Payoyo con Cabrales o Gamoneu, que acabó mandándome a un superior.

Pues resulta que hay un queso azul Payoyo, algo que desconocía. Se llama Andazul y es el único queso azul andaluz desde 2014 (San José del Valle, Cádiz) y uno de los únicos tres azules del país que se elabora con leche de cabra. Incluso me trajo la pieza a la mesa y mantuvimos una instructiva charla, una muestra más del gran servicio.

Una vez más, salgo entusiasmado de uno de los restaurantes del Grupo Dani García. Lejos de mi admiración, creo ser objetivo con mis valoraciones, pero la mejor manera para refrendar mis palabras es que lo comprobéis por vosotros mismos.

Bibo


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Bibo Andalusian Brasserie & Tapas – Puente Romano Beach Resort / Bulevar Príncipe Alfonso von Hohenlohe s/n – Marbella     Tlf 951 607 011

“Cuéntame un cuento y verás que contento, me voy a la cama y tengo lindos sueños” era la estrofa de la canción de los Celtas Cortos que iba a utilizar para el nuevo cuento que Dani García nos va a contar con su próximo menú de El Principito en su restaurante gastronómico de Marbella.

Los astros se habían alineado tejiendo el croché de una fulgurante escapada de fin de semana rumbo sur. Tendría la fortuna de poder inaugurar el nuevo menú degustación desde su arranque, al igual que año y medio atrás hice con el “Once Upon a Time…”

Problemas logísticos propios de un lanzamiento hicieron que tras una llamada advirtiendo del contratiempo me quedara como un burro amarrado en la puerta del baile aunque no les dije “good bye” tan ricamente, pasaría del último de la fila al primero en hacer una reserva, esta vez para Bibo.

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En el mismo idílico entorno del Hotel Puente Romano, anexo al restaurante, podréis disfrutar de un concepto muy internacional de brasserie & tapas que da respuesta a la amalgama de nacionalidades que se dejan caer por la Costa del Sol sin renunciar a las influencias de la gastronomía tradicional andaluza a la que tan apegado está Dani.

En Bibo se aúnan diferentes ambientes que cubren la demanda del exigente viajero que imbuido por la luz y sol del Mediterráneo gusta de opciones más casual. Desde un cocktail bar a un raw bar & oyster bar pasando por una zona de terraza o una zona tan entrañable como El Rincón de la Abuela donde celebrar reuniones familiares o de amigos.

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Soy seguidor de un Dani muy activo en las diferentes redes sociales, en las que tan pronto te puedes encontrar a mi amigo Javier Rodríguez del Asador Siboney compartiendo uno de sus cochinillos, como ver los nuevos ingenios, probaturas, ideas conceptuales que salen de Bibo como si de un taller experimental se tratase.

Tipo afable y campechano gusta de compartir sus “secretos” culinarios o propagar a los cuatro vientos de donde han podido surgir ideas que adaptadas a su cocina provienen de otros maestros. Un comportamiento que dice mucho del carácter personal de alguien que no se comporta como un divo a pesar de haberse alzado al universo estelar Michelín.

La tiranía de los menús de restaurante, deja paso al dinamismo de una carta que evoluciona con la misma fluidez que las ideas pasan por la cabeza y manos de este genio malagueño. Conviene recordar que fue uno de los primeros chef del mundo en utilizar la hoy tan extendida técnica del nitrógeno líquido.

La carta en su presentación ya es una clara declaración de intenciones, habla de sueños, viajes por el mundo, cocina sin fronteras y libertad para ser uno mismo disfrutando. En definitiva, una cocina que nos abre la puerta de otros continentes fusionándola con productos tan nuestros como el atún rojo de Almadraba o un rabo de toro. He podido leer la línea de sus manos y dejarme llevar incluso hasta La Luna.

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Haciendo referencia al grupo que tanto le gusta, El Último de la Fila, el interior es un Nuevo Pequeño Catálogo de Seres y Estares. Nos podemos encontrar desde unos tentáculos, elefantes, rinocerontes, setas y hasta un caracol gigante que forman parte de una decoración alegre y divertida que como aquél álbum de 1990, supuso un giro más experimental.

Cuando me indicaron mi mesa la sorpresa fue mayúscula, miro a la izquierda y frente a mi, me encuentro al mismísimo Dani comiendo en familia. Aunque me apetecía charlar con él un rato, un saludo y poco más fueron las palabras que crucé, en esos momentos era su vida privada y no ejercía de chef, ¿quien soy yo para molestar?.

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Aunque al frente de la cocina se encontraba su mano derecha, Víctor Rubiales y todo lo que probé, fijo tendría el mismo sabor que como si estuviese él en cocina, no deja de ser destacable que en su día libre, decida comer en su lugar de trabajo. Para mi, indica la confianza que tiene en su equipo y en el carácter perfeccionista que hace a uno situarse en la posición de un comensal más.

Era mi último día en Marbella, así que en este caso nada mejor que un cocktail de despedida. Un Mai Tai al estilo de Bibo, servido en un vaso con forma de moái llevaba ron, limón, pomelo, ruibarbo y almendras.

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Puesto que el menú degustación largo del restaurante se había truncado, en Bibo elaboré mi propio menú, que a pesar de ser ostensiblemente más corto quedó contrarrestado con porciones mayores. Me incliné por un mix al 50/50 con platos clásicos y nuevos añadidos a la carta, que con el tiempo había ido salivando al ver las fotos en Facebook o Instagram.

Empece por las consideradas como el Bugatti de las ostras. Estos ejemplares franceses de Guillardeau eran del nº 2 (de menor a mayor en escala del 5 al 0) y destacan por su forma ovalada y cavidad honda, carnosidad con ternura que equilibran dulzor con salinidad.

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Extrañamente me arrugue en la comanda y sólo pedí un par, aderezadas con gazpacho verde y jengibre.

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Y la versión con ajoblanco cítrico de yuzu. Quedaron en el tintero la de salpicón especiado de manzana verde y la de perla de vinagre y chalota.

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Turno del nuevo y refrescante salmorejo de centollo de Marbella con jamón ibérico de bellota y huevo duro. Servido en el propio caparazón es una ración muy generosa, estaba muy cremoso con una densidad muy agradable, con bastantes tropezones, daban ganas de llevárselo a la playa.

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La pequeña decepción de la jornada fue a la hora de elegir una cerveza, me tuve que conformar con una Cruzcampo Gran Reserva cuando en la provincia de Malaga existen muchas cervezas artesanales que podrían maridar perfectamente con muchos de los platos. Hay versiones hechas con caña de azúcar, cítricos y frutas de la zona, toques de caramelo, etc. La Axarca, Murex, Rosas de Malaga, Jaleo, Trinidad, Malaqa, Rebeldía, Rondeña, Casa de Guardia, Carma….etc son algunos de los ejemplos que pueden hacer las delicias del turista extranjero.

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Continúo con el Bun de Costilla BBQ. Groseramente podríamos decir que es un bocadillo asiático viajado por los Estados Unidos pero aterrizado en España. Utilizando un pan bao hecho al vapor se rellena de una costilla de cerdo ibérico ultra tierna, bañada en una salsa barbacoa y miso y decorada con hoja de sisho que también aporta sabor. Apretamos y extraemos el hueso con suma facilidad, ahora solo queda cerrar los ojos y gemir.

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Seguimos con un clásico, otro finger food que utiliza un esponjoso brioche relleno de rabo de toro, champiñón crudo, rúcula y salsa. Desde una perspectiva cenital es como si visionáramos una plaza de toros, lo recibí a puerta gayola y entre a matar, todo un Victorino gastronómico.

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La Costa del Sol cuenta con una gran comunidad rusa asentada desde hace años y estos novedosos Belyash seguro que a más de veinte grados centígrados los disfrutan más que en su país. Yo ni conocía de su existencia, pero cuando veo algo diferente me lanzo a probarlo. Se trata de unos pastelitos de carne, fritos con una crema agria (sour cream) y eneldo fresco. Por lo que he investigado la masa es harina, levadura, agua, leche y sal. El relleno es carne de ternera, cebolla y pimienta. Obviamente esta es una idea general que seguro Dani ha versioneado con su toque particular.

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Me gustaron mucho por su jugosidad en el relleno, el crujiente de una masa fina, aunque conceptualmente no me sorprendieron. Siendo españoles son sabores habituales aunque el punto de la sour cream no sea algo que sea muy frecuente en nuestro catálogo de salsas.

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Turno de uno de los platos que más me apetecían, el Steak Tuétano Tartar. Presentación, sabor, originalidad, riesgo, no es apto para todos los gustos aunque a mi me enamoró.

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Cuando un steak tartar de solomillo de ternera no gusta a todos los públicos por aquello de la carne cruda, si lo acompañamos de un tuétano glaseado en su jugo se trata de un plato para valientes.

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La escenificación es teatro del bueno, esas regañas que llegan hinchadas, como un globo hueco se golpean con la cuchara y el tartar se precipita al centro, se rebaña y reparte el tuétano. Uff, esto es heavy metal del bueno, un concierto de AC/DC.

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Nos acercamos al final de este festín con la pluma de cerdo ibérico adobada al estilo Bibo. 200 gr. que están hechos a la parrilla, al punto según mi gusto y que se acompaña de bimi asado con limón y pipas de calabaza.

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Puede que no estéis familiarizados con algunos cortes del cerdo ibérico, la pluma es una de las partes más sabrosas, de forma triangular es la parte anterior del lomo y no conviene pasarse con el punto para que no reseque.

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Por otro lado el bimi aunque tenga aspecto de brocoli estilizado no lo es, es un cruce con col china y tiene muchas buenas propiedades entre las que se encuentra la prevención de enfermedades cardiovasculares y la formación de cataratas.

Para finalizar un postre que no sólo está muy rico, es precioso y su presentación magnífica. La Luna Llena, de Marbella es todo un clásico que se representa a la luna reflejada en el mar. Una esfera plateada de chocolate blanco con un interior de crema de chocolate blanco con vainilla, mandarina y yuzu. El exterior es una tierra de brownie y esponja de chocolate y flakes crujientes.

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Con el café decidí darme una vuelta para fotografiar el resto del local ahora que quedaba poca gente. Descubrí una vitrina con una serie de objetos que estaban a la venta, entre ellos este estupendo libro que no dudé en comprar, con aprender un 5% me daría por satisfecho. Una pena verlo tan tarde, porque con Dani tan cerca, le hubiese pedido una dedicatoria. Ya me veo cargando con él en mi próxima visita, pues no dudéis un sólo instante que la espinita del Principito me la saco pronto.

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Creo que de mis palabras habréis podido sacar dos conclusiones bastante claras, me encanta Bibo y me fascina la cocina de Dani García. Espero que cada lector pueda tener la oportunidad de acercarse y sacar las mismas conclusiones.

Los Tres Pepe


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Los Tres Pepe – Avda. Fontanilla, S/N  –  Marbella    Tlf: 952 778 930

Los que seguís este blog sabéis de mi especial predilección por los chiringuitos, me parecen unos establecimientos fundamentales dentro del panorama gastronómico español, no solo dan servicio al turismo nacional, a los extranjeros les fascina este concepto y no debemos olvidar que el turismo supone el 15% del PIB nacional.

Si han de preocuparnos los parques naturales, los monumentos catalogados, en definitiva, nuestro patrimonio, los gobernantes no deberían poner tanta cortapisa a estos iconos que podemos encontrar a lo largo de nuestras costas.

Llevo desde finales de los años ochenta visitando Marbella, he vivido muchos cambios y no siempre han sido para bien. Los primeros años del “gilismo” fueron buenos, se hicieron muchas cosas por Marbella pero con el tiempo todos pudimos comprobar que el servir se convirtió en el servirse, creó tendencia y esto pasó a ser un enjambre corrupto donde quiera que mirases, el glamour había dado paso a la chabacanería.

La Jet Set europea ha migrado, los árabes ya no desplazan tanto séquito y ahora lo que prima es el turismo ruso y no es que vengan de visita, están aquí establecidos de continuo y por lo que he podido pulsar son gente muy particular en cuanto a sus costumbres.

Todo este turismo podrá ir o venir, pero lugares como Los Tres Pepe siguen aguantando estoicamente los flujos de veraneantes, un trato afable y sobre todo un gran conocimiento del medio y mucho sacrificio horario posicionan este chiringuito como uno de los referentes de Marbella.

Los Tres Pepe

Ubicación y conveniencia son las claves de estos negocios, pero serían incapaces de subsistir sin una importante oferta gastronómica basada en los productos locales. Pescados y mariscos frescos, son el reclamo perfecto para un receso a medio día o una agradable cena escuchando el susurro de las olas con unas temperaturas nocturnas muy benignas.

Tan atractiva como la materia prima resulta su peculiar forma de hacer pescados a la parrilla, hablamos de los famosos espetos, todo un arte que bordan en las costas andaluzas. Un buen espetero es como un buen escanciador de sidra, fundamental para hacer brillar el producto.

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Podríamos pensar que este arte esta reservado para los autóctonos de la zona pero no podemos estar mas equivocados, al igual que sucede con los diestros escanciadores africanos o latinoamericanos podemos recalar en Los Tres Pepe y comprobar que un ingles es el artífice de unos espetos de 10.

Han sido muchas las visitas y gente a la que he recomendado este lugar, para ellos se ha convertido al igual que para mi, en un imprescindible.

Es una pena que no os pueda ofrecer mas fotos que las de mi ultima comida, tengo muy buenos recuerdos de un arroz caldoso con marisco, entre otros. Espero que el rodaballo, os de una idea de lo que aquí se espeta.

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Cuestiones del azar y más concretamente la época otoñal, hicieron que mi visita coincidiera con una gota fría que también ha tenido su encanto, comer con el mar picado amenazando con inundarnos no resulta muy frecuente por estos lares.

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Al sentarme poco tuve que pensar, una Alhambra Reserva 1925 acompañada de unas aceitunas aliñadas es sin duda un gran comienzo antes de escudriñar la carta.

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Tenía claro que el plato fuerte había de ser algo hecho al espeto, ese olor que inunda el paseo es el mejor reclamo que un restaurante puede tener. Tras comprobar tamaños y disponibilidad en la vitrina no podía esquivar un poco de fritura malagueña para comenzar, media ración de puntillitas crujientes, carnosas y nada aceitosas siempre sientan de maravilla.

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Continúo con unas conchas finas, se venden por unidad y los precios varían según el tamaño, aunque no lo parezca, estas no eran de las grandes.

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Turno de unos carabineros, media docena de este manjar carmesí. Una pena que no tuviesen de los grandes, es uno de mis mariscos favoritos.

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En cuanto me sirvieron los carabineros pude observar que había sido el pistoletazo de salida para poner mi hermoso rodaballo al fuego, una pieza de 1,2kgs que como de costumbre pensaron que no podría acabarme.

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Si preparar el espeto en su punto tiene mucho mérito, no menos tuvo el camarero al ser capaz de servirlo quitando todas las espinas sin que se produjera un mínimo desperdicio, menudo artista.

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El acompañamiento de diferentes salsas, pisto y unas patatas con bechamel debería ser entendido como decoración, semejante pez no podía disfrazarse de ninguna manera por mucho que estuviésemos en el fin de semana de Halloween.

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Cada bocado del rodaballo fue puro jubilo, frescura, punto de sal, sabor a parrilla, ese matiz gelatinoso de la carne de las espinas que lo rodean. No hace ni veinticuatro horas que lo comí y escribiendo este articulo, aún es capaz de esbozar media sonrisa.

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Con un café di por terminada la gloriosa visita, me esperaba el postre en otro sitio emblemático.

Pegado al parque, en las proximidades del faro me esperaba el postre, El Piave tiene unos tartas y helados magníficos. Aunque sea día 1 de noviembre, la temperatura invita a disfrutar de una terrina de sorbete de frambuesa y leche merengada, ahora si, ya estoy plenamente satisfecho.

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Editado 15/09/2017

Las vacaciones en septiembre por mucho que salgan más económicas y haya menos gentío, no son lo mismo. Los días son ostensiblemente más cortos y eso se nota en el ánimo del veraneante, el preludio del otoño nos hace añorar aquellos días largos del mes de junio.

Sea como fuere, toca disfrutar y cuando bajo a Marbella, Los Tres Pepe es uno de mis clásicos, ese chiringuito al que retornas uno y otra vez.

En esta ocasión ya llevábamos 15 días de comilonas y la falta de fuerzas se nota en las comandas, moluscos y crustáceos son chucherías con las que pasar un buen rato por más que abulten en la mesa.

Coquinas, conchas finas, espeto de gambones, espeto de sardinas y cazón en adobo es todo de lo que disfrutamos en un ambiente algo desangelado.