Salazogue


Salazogue – C/ San Antonio, 3  –  Oviedo    Tlf: 984 703 319

Pasear por el casco antiguo de cualquier ciudad resulta muy evocador desde el punto de vista arquitectónico e histórico, la inquietud e imaginación nos hace sentir como personajes de otra época, pero no nos dejemos engañar por la fachada a veces el interior esconde las verdaderas joyas, y una de ellas es Salazogue.

Entrar en una zapatería de Lugo y observar que bajo su suelo cubierto de cristal se encuentran unas ruinas romanas o salir de copas por el Oviedo antiguo y que al bajar al baño exista parte de un recinto amurallado son curiosidades que guardan las entrañas de las ciudades.

Cuando comencé en el mundo de la construcción allá por 1999, nuestra primera adquisición fue un edificio en la cercana calle de La Rua. El interés por parte del Principado para la que hoy es la ampliación del Museo de Bellas Artes hizo que lanzaran un ordago a la grande para su compra, previa advertencia de Patrimonio y Cultura que esa era la calle más antigua de Oviedo y que a poco que se “rascara” podían aparecer restos que paralizasen las obras.

Ante tanta sutileza decidimos hacer caso e irnos con la herramienta a otra parte. Esa premonición se había cumplido y allá apareció una antigua fuente de semejanza con la de Foncalada.

Nos encontramos en la confluencia de las calles San Antonio y Cimadevilla, una bella y animada plazoleta a escasos metros del Ayuntamiento y La Catedral, que comparten varios locales de hostelería. Resulta delicioso poder disfrutar del trasiego habitual de viandantes en cualquiera de sus mesas exteriores.

En la Carta de Cimadevilla, se esconde una terraza interior donde poder una de las copas más disfrutonas de la ciudad y frente a ella aún recuerdo el comedor que se abría aun patio de interior de manzana de la clausurada marisquería Faro Vidio.

Salazogue es otro de esos locales que enamoran, nada hace indicar que su escasa línea de fachada y su entrada de configuración habitual de bar-enoteca-bistró desemboque en un comedor que aún no siendo grande en tamaño, es grande en gusto por una decoración que apetece llevarse al salón de tu casa.

Las originales cajas de fruta que cuelgan del techo en su entrada cobijan un espacio reducido de mesas altas y bajas donde poder refrescar el gaznate. Un biombo de cuadrantes ahuecados delimita la agitada zona de barra, que está flaqueada por los característicos muros de piedra propios de la antigüedad del edificio. Una pequeña zona de trabajo y pase, es la extensión de una cocina reducida que da más valor al trabajo que son capaces de sacar.

Ya en el comedor son varios puntos los que llaman la atención. Al fondo una medianera de carga arrastrada con una solitaria puerta en blanco, la techumbre inclinada y traslúcida aporta mucha luminosidad en este soleado día del Pilar.

Unas banderolas coloridas que se alternan con unas lamparas colgantes de la misma tonalidad dan cobijo a una mesa alta, el resto de mesas bajas combina dos tipos de sillas, siendo las réplicas de Charles Eames las que más gustan. El resto de iluminación con unas hileras de bombillas aporta un toque festivo que se alterna con unas elegantes lámpara de pié.

Pequeños cuadros formado asimetrías, y paredes decoradas con dibujos a mano alzada, conviven con parte de la historia del local donde queda constancia de recetas pasadas. Un cuadro de un orondo señor que nos recuerda a Hitchcock será el reflejo de un espejo en el que mirarnos acabada la comida.

Los artífices que hace cuatro años pusieron toda su ilusión y saber hacer en este local, son Frank y Paloma, unos arriesgados emprendedores que alejados de sus profesiones iniciales decidieron dar el salto al no menos exigente mundo de la gastronomía.

Salazogue es dualidad, pareja, y adoptan el término Bistronomie, la unión de bistrot y gastromonie. La fusión de un pequeño establecimiento donde se sirve café y comidas a precios económicos junto a la haute cuisine.

Frank se ha formado en el Basque Culinary Center y ha conocido desde dentro las cocinas del laureado Celler de Can Roca, privilegios de un aprendizaje certero en constante evolución. Como a muchos que nos gusta la cocina, su hobby es disfrutar del trabajo de otros compañeros, ser esponja y absorber ideas para seguir evolucionando. Un proyecto al que se ha unido en cocina Juan Sanchez proveniente de Ca Suso.

La fecha elegida para la visita no fue casualidad, además de la festividad nacional celebraba la onomástica de mi madre y en trío con mi novia, tuve suficiente ayuda para dar y hacer un buen repaso a la carta. Tenían un menú del día que pintaba muy bien, pero para estos menesteres documentales digamos que mis acompañantes sufrieron algún tipo de coacción.

Para beber me tuve conformar con la buena Alhambra Reserva 1925, las variedades de cerveza no incluían ninguna artesanal.

Como entrante de cortesía nos sirvieron un estupendo salmorejo aderezado con mojama de atún, una combinación muy acertada. Taquitos de jamón o atún en escabeche con huevo cocido son los acompañamientos más tradicionales.

Comenzamos con una ensalada muy colorida, refrescante y nutritiva con alga wakame, noodles de arroz, mojama de atún y lomo de sardina encurtida.

Seguimos con el original sandwich de carne gobernada con confitura de pimientos y pan de Carasau. Plato de cocina tradicional, con muy buen sabor y con una forma novedosa en su presentación y degustación. Este pan es típico de Cerdeña, también se le conoce como pan de pergamino sardo aunque el nombre carasau proviene de la “carasatura” una cocción doble que le confiere esa textura tan crujiente.

Si os gusta el pringue o lo que ahora llaman finger food, no os podéis perder sus pan bao de pierna de cordero, con apio fresco y aroma de anís. Plato de fusión con estos panes asiáticos tan de moda y un guisote de cordero muy sabroso con salseado generoso que no deja opción para no chuparse los dedos.

Lasaña negra con espinacas, pomodori secchi de Ravello, tinta de calamar y plancton marino. La pasta va frita y le aporta una textura crujiente muy divertida, los tomates secos en aceite realzan sabores y la tinta y plancton potencian un sabor marino que hace de esta lasaña un ejercicio de originalidad.

El buen taco de bacalao, confitado en su aceite, acompañado de ratatouile y polvo crujiente de jamón remata su decoración con un crujiente de la propia piel del bacalao insertado en unas lascas bien definidas.

Finalizamos con un plato de sabores que nos trasladan al oriente asiático, se trata de un pollo al curry, con dulce de canela, espuma de cilantro y velo de arroz. El velo en si, al ser de arroz no aporta los sabores de otros velos como el de tocino pero el efecto visual es muy atractivo y está en sintonía con la temática del plato.

Rematamos la visita dejando el sabor dulce de una consistente crema de limón con galleta de mantequilla y sal de cítricos que tan bien le va a este postre.

Aunque ya había estado un par de veces tomando algo de beber, ha sido un placer descubrir esta joya interior e intimista que pone de relieve aquello de no dejarse llevar por la fachada.

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Hostería de Torazo 4* Spa


Hostería de Torazo 4* Spa – Plaza de la Sienra, 1  –  Torazo    Tlf: 985 898 099

Podéis estar tranquilos, aún no me ha dado por incluir en el blog una sección en la que revisar hoteles, bastante trabajo tengo con mis recetas y los restaurantes que visito.

No soy fan de los restaurantes de hotel aunque los hay muy buenos, basta recordar las visitas al Martin Berasategui y Kabuki en el Ritz Carlton Abama de Tenerife, el Atmosphere del Hotel Armani en Dubai o el Moments del Mandarin Oriental en Barcelona.

Al contrario de lo que sucede en estos, donde el hotel es como un recipiente que alberga muchos servicios, entre ellos una variada restauración, el hotel que nos ocupa, tiene su propia cocina y sello de identidad.

Aunque ya lo había visitado en un par de ocasiones con la anterior gerencia, hoy en día forma parte del Grupo Nature, los mismos del hotel Nature en Oviedo, donde desde que abrío sus puertas el Chigre Nature, se convirtió en mi sidrería de referencia.

Visitar Torazo merece mucho la pena, y no es que lo diga yo. Fue nombrado en 2008 Pueblo Ejemplar de Asturias y en FITUR 2016 lo incluyeron como uno de los pueblos más bonitos de España.

Esta nueva visita tenía gran importancia, me iba de boda y vaya boda!!!!. Suelen ser actos tan encorsetados, que vividas no menos de 30, el margen de sorpresa resulta escaso, pero vaya si me sorprendió, hasta el punto de considerarla la mejor, no faltó detalle.

El enlace civil fue oficiado en asturiano, acompañado de un grupo de música tradicional. Tras el Si Quiero, un paseillo con unas pandereteras y unos gaiteros homenajeaban a María y Guillermo, ambos vinculados a este mundo del folclore popular asturiano.

El parque junto a la iglesia, con la hojarasca otoñal se convertía en un decorado de cuento. Los novios sentados en un chester de capitoné dieron muestras de su profesión y lejos de mostrar tensión, sus tablas cara al público hicieron que todos los allí presentes, familia, amigos y curiosos habitantes y turistas nos sintiésemos muy a gusto, pese a la galopante bajada de temperatura.

Las instalaciones del hotel para este tipo de eventos son magníficas. Un salón de gran capacidad y una zona para los aperitivos desde la que contemplar la piscina, el spa y un atardecer salido de una postal dieron paso al pantagruélico festín que en todo momento estuvo animado por música tradicional.

Uno de los platos fuertes de esos aperitivos fue la mesa de quesos a cargo de Exclusivas Luis Vega. El privilegio de tener tanta variedad, elegida por uno de los mejores entendidos del mundo del queso, hizo que me olvidara de mis problemas con el colesterol y diese rienda suelta a mi instinto más salvaje, pocos me quedaron por probar.

Esta era la segunda boda donde una gran mesa de quesos ejercía un magnetismo incomparable. Curiosamente, la primera en el Palacio de la Riega en Gijón, fue la boda de otra María y Guillermo, será que estos nombres llevan queso en su ADN.

Al habitual pase de jamón al corte se le unió algo tan gallego como las raíces de María, un pulpo a feira preparado in situ por un pulpeiro.

El resto de aperitivos nos muestran un poco de la buena cocina que preparan en su restaurante. No tenía manos ni boca para todo, así que me faltan algunas fotos del siguiente listado:

Papada de cerdo thai con penca de acelga y bigaros, chupito de carne de nécora con huevas de arenque, maki sushi de salmón y aguacate con salsa teriyaki, langostinos tigre con salsa de tamarindo y chipotle, callos de bacalao, torto de cochinita pibil con cebolla de tamarindo y croquetas de jamón.

Tras un par de horas de aperitivos en continuo trasiego de camareros, muchos nos hubiésemos ido al baile tan a gusto. Menos mal que me había saltado el desayuno y la comida y uno está entrenado en estos menesteres.

Comenzamos la cena con bogavante del Cantábrico con jugo de corales y trompeta de la muerte.

Lomo de pixin con guiso de centollo, velouté de guisantes y crujiente.

Rustido de paletilla de lechazo con ensalada y bizcocho de patata.

Pastel fluido de avellana con sorbete de mango.

Café, copa y un Cohiba robusto pusieron los puntos suspensivos a una digestión que no resultó tan incomoda al ser acompañada de bailes.

A las tres y pico de la mañana parece que los gin tonic abren el apetito y damos cuenta de boroña recién hecha y arroz con leche. Se lo que estáis pensando, imposible no reventar.

Aunque haya sido con objeto de una boda, creo que os hacéis una idea de lo bien que podéis comer en la Hostería de Torazo y si reserváis una de sus habitaciones en el spa las digestiones son más placenteras.

Mi enhorabuena a la Hostería de Torazo y sobre todo a la feliz pareja por organizar un acto tan memorable en todos los sentidos. Gracias María y Guillermo, os deseo muchos años de felicidad.

Verdinas con Setas y Jamón


Con la llegada del frío apetecen platos de cuchara y una alubias o fabes siempre entran de cine. Si encima os hablo de una variedad que por su escasez, tan sólo se circunscribe a la región de Asturias y alguna provincia de Galicia, esta legumbre se convierte en un producto gourmet.

Por su finura, es una legumbre que funciona muy bien con pescados y mariscos, así es típico encontrarlas en combinaciones con langostinos, almejas, centollo, bacalao, pulpo, etc.

No es que me guste llevar la contraria ni ser el más original del mundo, de hecho podréis encontrar alguna receta con setas por las redes, mi motivación viene de esa cocina de reciclaje que tanto me gusta.

La receta donante original fue un risotto con setas y presa ibérica, soy un poco excesivo en todo lo que hago pero rectificar es de sabios y me dí cuenta que el pochado con setas era una barbaridad. Tres bandejas de shiitake y dos bolsas de boletus deshidratados, junto con la cebolla, puerro, ajo y zanahoria arrojaron una cantidad más propia de un restaurante y decidí reservar para un futuro cercano.

Puesto que ya tenía hecho el complemento de las verdinas, el proceso de cocción no fue el clásico estofado donde van todos los ingredientes en crudo.

Aunque son verdinas, las podéis encontrar tiernas o secas, las primeras escasean más que un Iphone X pero secas no dejan de ser un Iphone 8. Además, si se trata de unas de cultivo ecológico del huerto de mi suegro, la satisfacción al cocinarlas y degustarlas fue doble.

Al igual que sucede en una fabada, lentejas, cocido de garbanzos..etc, la elaboración es muy simple, lo único que requiere es paciencia y buena materia prima.

Ingredientes:

3 puñados de verdinas, setas shiitake, boletus edulis, 1 cebolla, 1 diente de ajo, 2 puerro, 2 zanahorias, 2 nabos, 1 rama de apio, tacos de jamón ibérico, AOVE, agua, sal y pimienta negra.

Lo primero será poner a remojo la noche anterior tanto las verdinas como los boletus. Con el agua de hidratación de la setas, 1 puerro, los nabos, la zanahoria y el apio hacemos un caldo dorando los vegetales con un poco de aceite de oliva virgen extra y sal, cubrimos con el agua y en 20 minutos colamos y reservamos.

Durante este tiempo pelamos y cortamos en fina brunoise el ajo, cebolla y puerro, pochamos en una sartén lentamente con un poco de sal. Cortamos en juliana los shiitake y añadimos al pochado, que suden y suelten el agua, finalmente añadimos los boletus y la zanahoria ya cocida en el caldo y cortada en brunoise.

En una cacerola usando parte del agua de remojo introducimos las verdinas, llevamos a ebullición y añadimos el caldo de setas cuando esté caliente, por un lateral para que no haya choques térmicos, bajamos el fuego al 4/10 y cocemos durante unos 10 minutos.

Transcurrido ese tiempo añadimos el pochado de setas, agitamos para mezclar y añadimos más caldo según la cantidad de mezcla. Tapamos dejando una rendija de escape y mantenemos a fuego lento hasta que las verdinas estén tiernas y el caldo ligado.

El tiempo puede oscilar entre una y dos horas atendiendo a cantidades de líquido, calidad de la legumbre, etc. A media cocción añadí los tacos de jamón, rectificamos de sal y añadimos la pimienta negra recién molida.

Cata Atún Rojo Balfegó


A las dos de la mañana, aquí me tenéis trabajando como en las rotativas de los periódicos, sacando frescas las últimas noticias, porque si de fresco hablamos, debemos referirnos al atún rojo de Balfegó, única empresa del mundo que suministra este preciado túnido fresco, todos los días del año.

Lo primero de todo, es mostrar mi agradecimiento a Raquel Mendaña y Luis Argüelles, de Notqdes sin comerlo ni beberlo, por su invitación a este primer evento de muchos tantos que quedan por llegar, donde nos harán partícipes de experiencias culinarias con fondo didáctico.

Si a la buena materia prima suministrada por Balfegó, se une una charla tan instructiva como la de Javier Rubín y la maestría a los fogones de Iván Martínez Villar, de La Gran Vetusta, la experiencia se puede calificar de memorable y evocadora pues me he retrotraído a mis vacaciones gaditanas del mes de septiembre.

Aunque la distancia entre Zahara de los Atunes y L’Ametlla de Mar supera los mil kilómetros, ambos lugares están íntimamente ligados no sólo por su pasado imperial romano, sino por su vinculación con el atún rojo.

Los 14kms que separan la península de África son clave y fatídicos para la inmigración, pero también lo son para los atunes rojos, que cada año regresan de los mares del Norte al Mar Mediterráneo para buscar cobijo en su desove y son trabados cada año durante 21 días del mes de junio en las conocidas almadrabas, un arte de pesca milenario residual y puntual incapaz de impedir que buena parte de los bancos de túnidos alcancen su misión.

Los infatigables gigantes que pueden llegar a alcanzar un peso de 900kgs, se desplazan a una media de 200kms al dia y exhaustos, con un porcentaje de grasa de tan sólo un 2-3%, salvada la trampa mortal de las almadrabas, aún les queda lidiar con la empresa pionera tarraconense Balfegó, si es que se les ocurre irse de fiesta reproductora a las costas baleares.

Al contrario de lo ocurrido en Cádiz, aquí se trata de dar captura mediante unos cercos de redes, guiarlos con una gran piscina cerca de la costa y mantenerlos vivos en su hábitat natural.  En un principio la fiesta puede seguir, vamos al engorde, a recuperar grasas comiendo sardinas, anchoas y caballas por la cara y a procrear por millares, vamos que se sienten como Pocholo y David Guetta durante una buena temporada.

Como dice mi madre, todos los días gallina amarga la cocina y a buen seguro llegará el día en que se sientan Mike Posner con su I Took a Pill in Ibiza, y el viaje ya no será tan placentero y acaban como algunos que hacen balconing. La diferencia es que los atunes mueren tras una selección estudiada en su componente graso, con un disparo certero de adiestrados buceadores, que no somete sus carnes al stress y liberación de ácido láctico que supone la lucha de las almadrabas.

Esta semi cautividad de lujo hace que Balfegó pueda jugar con sus cupos y tener a nuestra disposición y a la de medio mundo, un producto extraordinario con la máxima frescura que queda acreditada por sus certificados de trazabilidad. Aquí podéis ver el que degustamos, sacrificado hace dos días con un peso de 316kg.

El evento me trajo muy buenos recuerdos de mis comienzos como bloguero, ya que hace más de tres años y medio asistí a una de estas catas de Balfegó en el añorado 180º de Edgar de Miguel.

Ayer pude reencontrarme con viejos conocidos de otros blogs, un cocinero de mucho futuro como Alejandro Villa del Café de Pandora en Avilés y otra gente que poco a poco voy conociendo en este mundillo. Les Fartures, Fartucate, G de Gastronomía, A Buen Bocado, Ana Rellán, Gijón Se Come, Empachate, Viajablog…etc fueron algunos de los 30 asistentes.

Ya son más de 15 años desde que conozco a Iván, en su etapa de El Montañes pasé grandes momentos culinarios, pero desconocía su afición por la cocina fusión. La base de una cocina tradicional no quita para que las inquietudes personales nos lleven por otros derroteros y tras la demostración de lo que es capaz de hacer con el atún rojo, le ruego encarecidamente que potencie esa faceta de cocinero más vanguardista, por supuesto, sin abandonar la tradición.

A la par que Javier nos iba comentando y matizando aspectos del visionado de un video, se fueron sucediendo los platos, cada uno con su maridaje.

1.- Duo de atún y sandia – Raventós i Blanc (2015)

2.- Tataki de atún con caviar de lima – Nivias Nº4 (D.O. Cangas)

3.- Sashimi de atún – Erre Punto (D.O. Rioja)

4.- Lomo de atún con caramelizado de soja – Agrícola de Cadalso (Vinos de Madrid D.O.)

5.- Toro a la brasa – Viñaredo Barrica (Valdeorras D.O.)

6.- Ossobuco de atún – Amontillado Príncipe de Barbadillo (Jerez D.O.)

No me aguantó la batería, aquí podeis ver el corte y la médula.

Aplicando diferentes técnicas como el sopleteado o la mezcla de aceites al 50% de oliva y de sésamo a 165º para cocinar in situ, unido con tradicionales ingredientes de la comida asiática como la soja, aceite de sésamo, salsa teriyaki, yuzu, jengibre o el fascinante caviar de lima, salieron estas delicatessen que nada tienen que envidiar a las elaboradas en El Campero de Barbate.

Además de la buena compañía y cocina, creo que los highlights (momentos estelares) de la velada fueron el descubrimiento del caviar de lima y saborear la médula del atún rojo. El primer contacto gustativo con un ingrediente nuevo es algo que nunca puedes olvidar, sea para bien o para mal.

El caviar de lima no deja de ser un cítrico y por sabor quizás no sorprenda tremendamente habiendo probado yuzu, kumquat, calamondin, mano de Buhda, si lo hace en textura.

Por lo que respecta a la médula, tiene una textura gelatinosa que rápidamente se diluye en boca transformándose en líquido, se echa en falta algo más de salinidad, nada que ver con un hueso típico de caña donde la potencia de sabor y textura son más contundentes.

En definitiva, una gran experiencia que me deja con tan buen sabor de boca que ya estoy esperando la próxima, a ver con que nos sorprende el equipo de Notqdes.

Naan


Hoy la cosa va de panes y nos trasladamos a la India, aunque está extendido por la zona geográfica de Asia Central y del Sur. Las aplicaciones, como las de cualquier pan, son múltiples, pero la idea de preparar esta receta fue para acompañar mi chutney de tamarillo.

Esta versión está aderezada con un ghee (mantequilla clarificada) al que he incorporado cebolla morada, chile thai y cilantro. Hay muchas versiones aunque las típicas de los restaurantes hindús son la plain (normal), garlic (ajo) o cheese (relleno de queso).

Existe otro pan similar pero que no lleva en su masa ni  yogur ni levadura y cuyas diferencias básicas son que tiene forma redonda,  y se hace en una plancha cóncava de fundición llamada tava, os estoy hablando del chapati.

El naan tiene una forma irregular, más bien alargada y además de llevar yogur entre sus ingredientes, quizás lo más característico sea su cocción. Se hacen en el tandur (tadoor, en ingles), un horno cilíndrico de barro que se atiza con carbón vegetal y alcanza temperaturas de hasta 480º lo que hace que los naan se horneen en un minuto.

Resulta muy curioso ver la maestría con la que adhieren los naan a sus paredes y literalmente los pescan con unos hierros terminados en gancho.

Puede que no sea de los panes más sabrosos del mundo comparado con la miga y corteza de otras elaboraciones, puede hasta resultar algo insípido, pero una vez que lo pruebas y acompañas con un aliño o como soporte para esas recetas especiadas, enamora.

Recién horneado, crujiente, con esas burbujas tostadas os será difícil comer sólo uno, son adictivos. No es un pan para mojar salsas aunque si lo sumergimos en un curry no defrauda.

Obviamente no creo que ninguno tengáis un horno tandur, pero si os animáis buceando por la red he encontrado algún tutorial para hacerse uno casero con una maceta de barro.

Hacerlo en el horno de casa es factible, como veis, precalentar a la máxima temperatura que alcance. En mi caso el Gaggenau llega a 300º pero quizás lo mejor que tiene es que su base es vitroceramica y sirve de superficie directa donde hornear panes confiriendoles ese punto crujiente.

Por lo que respecta a la masa, es de las más agradables que he trabajado hasta el momento, su tacto da ganas de tocar y tocar aunque no se ha de trabajar demasiado. Apenas se pega y no resulta ese infierno de verte con los dedos incapaz de sacarte los pegotes.

Ingredientes:

300grs de harina de trigo, 1 vaso de agua, 1 cucharadita de sal, 1 cucharadita de azúcar, 1 sobre de levadura en polvo, 1 yogur natural sin azúcar, 2 cucharadas de AOVE, 1 trozo de mantequilla, chile thai, cebolla morada y cilantro.

En bowl grande ponemos la harina, la sal, el azúcar y la levadura y mezclamos, a continuación añadimos una cucharada de aceite, mezclamos y seguimos con el yogur, mezclamos e iremos incorporando poco a poco el agua que ha de estar templada, le ponemos según necesitemos, hasta que se pueda manipular sin que se nos peque a los dedos.

Amasamos en la forma tradicional, con las manos, durante un par de minutos. Engrasamos un bowl con un poco de aceite, metemos la masa y tapamos con un trapo húmedo a temperatura ambiente durante hora y media.

Sacamos y formamos una bola, cortamos en cuatro partes y amasamos sin moverla del sitio, con los dedos vamos pinzando por los laterales llevando hacia el centro. Les damos la vuelta y volvemos a cubrir con el trapo durante unos diez minutos.

Primeramente aplastamos cada porción y con los dedos vamos estirando, id hundiendo los dedos en la masa, una vez que tengáis un disco de unos 10 centímetros utilizamos el rodillo dándole la forma alargada. Ha de quedar con un grosor de unos 3-5 milímetros, ni demasiado fino ni grueso.

En el horno precalentado al máximo, salpicamos con un poco de agua la masa y horneamos. Veréis como se forman las características burbujas, indicativo de que se va haciendo por debajo, abrimos el horno y les damos la vuelta, en un par de minutos nuestro naan estará listo.

Paralelamente, prepararemos nuestro aliño de ghee. Picamos la cebolla en una fina brunoise, el cilantro y finalmente el chile en rodajas. Ponemos en una cacerola el trozo de mantequilla, a fuego lento dejamos que se derrita, seguimos durante 2-3 minutos para clarificar, colamos y mezclamos con la picada. Finalmente en cuanto sale el naan caliente, pincelamos toda la superficie.