Cabrales El Teyedu – Simply The Best


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Si tuviésemos que poner una banda sonora a este queso, no se me ocurre otra que la canción de Tina Turner, además, si veis la letra traducida se puede identificar fácilmente con la relación intima que tiene el afinador Pepe Bada con sus quesos.

La música, la pintura, la escritura, el cine, son las disciplinas artísticas por antonomasia, pero ya hace algunas décadas, la gastronomía de autor se ha convertido en una forma de expresar y transmitir sentimientos de una forma más completa. Juegan con nuestros 5 sentidos y por ello a mi modo de ver, estamos ante la expresión artística perfecta.

Seamos reconocidos chef de Estrella Michelín u ocasionales cocineros caseros de fin de semana, transformamos materias primas, y si son simplemente las mejores, facilitan nuestra labor.

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Ser el mejor en una disciplina, cualquiera que sea, no resulta nada fácil y llegar a la cima del reconocimiento público suele ser un trabajo de equipo. La elaboración de este queso Cabrales no se entendería sin el triunvirato formado por Andrea Fernández y Carlos Soberón de la ganadería-quesería Arangas con el propio Pepe Bada.

Mientras uno se ocupa de las vacas de ordeño, la otra elabora el queso y el afinador en confluencia con la naturaleza, hace el resto. El resultado final es un queso de leche cruda de vaca con más medallas que Michael Phelps, tantas que casi ya no caben en su etiquetado.

La última conseguida, fue una Medalla de Oro en el Certamen Internacional de Queso celebrado en noviembre del año pasado en San Sebastian.

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Este queso artesanal se madura en Tielve, en la cueva natural El Teyedu, sita a más de 1.200 metros de altitud, donde las únicas perturbaciones existentes para que el «penicillium roquefortis cabraliensis»  y el tiempo actúen, son las gotas de agua que caen de las estalactitas y las visitas semanales de Pepe.

El frío, la humedad, el agua de las estalactitas limpiando el queso, hace que estos se afinen con mayor lentitud y tras 6-7 meses de ese mimo que Pepe y su sexto sentido aplican, dé como resultado un queso que una vez lo pruebas te habrá enganchado de por vida.

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Así fue como yo me enamoré, probando. Hace año y medio en mi primera visita al restaurante Quince Nudos de Bruno Lombán, me dio a probar la manzana prohibida y no me refiero a la excelente sidra hielo Valverán 20 Manzanas, que también, hablo de la cata del Teyedu en su edición limitada. Ese día probé por primera vez lo que era un auténtico Cabrales y no como muchos otros que he degustado en mi vida, que quieren o dicen ser.

Hace un par de semanas visitaba Aramburu en busca de la sidra aperitivo Viesk del Llagar Panizales, recibía la visita del ilustre maquillador David Francés y a los foráneos siempre me gusta regalar producto asturiano de calidad.

Aramburu

Una mirada de reojo fue suficiente para detectar la “Caja Negra”, no puede ser, estaba ahí como Rodolfo Langostino, ¿os acordáis del anuncio? “lleváme a casa”. Oportunidades como estas no se presentan todos los días, El Teyedu en su versión limitada de 250 unidades, perteneciente al lote ganador de la Medalla de Oro.

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Que si, que no, que son 149€ por la pieza entera, qué carajo! me voy a dar un homenaje justificado. Algunos pensaran que es una locura y no sabrán lo que dicen porque no es que hablemos solo de su excelencia, son piezas de entre 2-3kgs y su disfrute da para muchas jornadas sólo o acompañado.

Cuando gastamos ese mismo importe en la gasolina del coche o en la factura de las eléctricas, pasamos por el aro, protestamos y agachamos la cabeza resignados. Yo en cambio lo he pagado y me he quedado más hinchado que un pavo real del Campo San Francisco, de vez en cuando hay que mimarse y ya sabéis que la gastronomía me pierde.

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Para definir el queso podría bucear por internet y buscar palabras rimbombantes de ese léxico que utilizan los catadores pero me entenderían cuatro gatos. Cremoso, potente pero suave, más untuoso que las cremas base de David, de los que te dejan el fondo del paladar como adormecido, así es El Teyedu, más adictivo que un cocktail de drogas de Amy Winehouse que hasta los niños prueban y repiten.

Compartí con unos amigos y Mateo sabiendo de mi afición con los fogones preguntaba al comérselo en un bocata, que como lo había hecho. Para comérselo ¿verdad?, al crío y al bocata.

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Seguro que se os ocurren muchas recetas donde aplicarlo pero la mejor manera de disfrutarlo es con buen pan o unas regañas y sidra, vino, cerveza, vermouth…algo de beber se hace indispensable.

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Cena Mensual – Eolo, Dios del Viento


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Hoy es día de saldar cuentas pendientes. Cuando se trata de amigos que precisamente se dedican profesionalmente al tema de la abogacía, no me viene otra cosa a la cabeza que Temis, la diosa de la justicia, que con su espada y balanza acaba de equilibrar el desajuste y compromiso adquirido con mi grupo de cenas mensuales.

Tenía intención de haber concluido este artículo doble en la tercera edición, pero el año pasado no pude acudir a la cena de mis adorados Mariana y Dani. Hablando de justicia, cómo podían faltar mis palabras sobre aquellos que con una cena temática mallorquina, iniciaron el germen del que a día de hoy celebramos el cuarto año de estas cenas mensuales caseras de amigos.

Mi estupidez y fantasía literaria está de paseo por el Monte Olimpo y os preguntareis que carajo pinta aquí Eolo. Cierto es que Dani en uno de esos arrebatos pitopaúsicos que nos dan a los que superamos los cuarenta, decidió retomar el mundo de la bicicleta y lleva en sus piernas más kilómetros que la flota de taxis de todo Oviedo. Seguro alcanza medias de vértigo, pero de ahí a compararlo con Eolo, hay un trecho.

Los vientos a los que me refiero soplan de cola. Hay otro Dani apellidado García, que para su restaurante **Michelín, ha creado en este año el menú Caleidoscope y puede que mi Dani se haya inspirado en el que yo he llamado Menú Aerophagus.

Repollo y garbanzos para una cena resultaba más arriesgado que un menú mexicano en la Casa Blanca de los Trump, corría el riesgo de exclusión social y de que alguno pulsara indebidamente el botón rojo. No fue así y cada cual supongo aireó sus trapos sucios en su casa por más que nos encontrásemos muy a gusto en la suya.

Éxito y sufrimiento de convocatoria, pleno de 16 comensales cada uno con su silla y trozo de mantel. Si dar de comer a tantos ya supone un gran esfuerzo, jugar a Tetris con los platos y cubiertos se convierte en una misión hercúlea.

Tras un picoteo a base de paté y sobrasada el primer plato fue un pastel de repollo con una veloute. Presencia y sabor muy fino.

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Turno del plato fuerte, nunca más literal. Un arroz de cocido y otro de verduras con salchichas blancas y rojas denominado Catalina por la abuela de Mariana.

Supongo que su abuela tuvo que sufrir muchas veces la gracia de “que si quieres arroz, Catalina” y yo no iba a ser menos. Muy sabroso pero a mi gusto totalmente eclipsado por el de cocido.

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A priori, cuando llegó la paella, las caras de asombro fueron generalizadas y parecíamos el icono del Whatsapp del Grito de Munch. Arroz de cocido???????, como hubiese dicho la gran Sara Montiel, pero ¿que invento es este?.

Ya desde el sosiego, aunque atenazados por el temor, comenzamos el análisis y la idea se planteaba como una genialidad. Para que cualquier arroz este bueno necesita un buen caldo y qué mejor riego que una sopa de cocido. Si además los garbanzos son de tipo pedrosillano y se mezclan con todas las carnes desmigadas, la cosa prometía.

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Majestuoso, manjar de dioses, los anfitriones habían alcanzado el nivel Zeus y Hera con una receta de reciclaje.

Mis preocupaciones eólicas pasaron a un tercer plano, el de los tres platos que me metí entre pecho y espalda. Acaso no hubieseis hecho lo mismo viendo este vídeo foodnográfico.

Para los postres se nos pusieron romanticones, hacía tres días de San Valentin. Fresas con nata o con chocolate, ¡vamos a ver! tras ese arroz, por mucho Apolo o Afrodita que se nos hubiese puesto delante no hay fresa que encienda la llama del amor o quizás si, porque luego llegó el turno de los espirituosos.

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Hace dos años ya nos habían sorprendido con las mini tortillas de patata hechas al horno y esta vez volvieron a hacerlo con los arroces. Por aquel entonces redondearon el menú con unos pimientos del Padrón, ensalada, papas arrugadas al romero, jamón asado, frixuelos y mousse de chocolate.

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Yo me he apuntado la receta del arroz de cocido y queda pendiente para el recetario del blog, aunque también se me ocurre visitar la maragatería en León o dejarse caer por Cantabria y comerse un cocido lebaniego e ir aprovisionado de unos tupperware.

Enhorabuena a los anfitriones, gracias por aguantar a la tropa y darnos de comer tan rico. El próximo año me llevaré unos sobres de Almax Forte y unas capsulas de Fino Carbo Plus por si os da con la fabada de la tía Paquita o la coliflor con bechamel de la prima Tere.

Estrella Galicia – Buenas Prácticas Cerveceras


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En su paso por Asturias, las Beer Master Sessions de Estrella Galicia han dejado un ganador como maestro tirador de cerveza, Martín Galán Rozada de la cafetería Cervantes en El Entrego, que junto con el subcampeón Borja Vijande Larriba, De Larriba Café, Noreña nos representarán en la final del IV Campeonato Nacional de Tiraje de Cerveza Estrella Galicia.

Martín Galán Rozada

Para un amante y defensor de la cerveza como yo, la oportunidad de que mis amigos de Bebalia me infiltraran en la charla de buenas prácticas, que tuvo lugar por la tarde en el Hotel de la Reconquista, supuso mucho aprendizaje.

Estrella Galicia

Como ya os relate en mi artículo del 110 Aniversario de Estrella Galicia, este pasado verano di buena cuenta de muchos litros y unos cuantos kilos de los que aún estoy intentando deshacerme.

La charla, impartida por Xabier Cubillo iba dirigida a hosteleros y distribuidores porque desde la fabricación hasta que el cliente puede degustarla, existe una cadena muy importante que puede afectar a la calidad final del producto.

Xabier Cubillo

Transporte, almacenamiento, reparto y servicio afectan mucho a la calidad. Sin ser exhaustivo os diré que la cerveza es un ser vivo e igual que nosotros, se ve sometida a un periodo de envejecimiento cuya fecha de consumo preferente marca el fin de su vida útil, que no de su muerte. La cerveza puede ser bebible durante mucho más tiempo, ahora bien, con unos estándares de calidad no recomendados.

De cómo envejecer bien, las buenas prácticas tienen mucho que ver. Esa vida útil se establece en 6 meses y una cerveza con un mes de vida, maltratada en su transporte y almacenaje resulta mucho peor que una que ha sido mimada y tiene cercana su fecha de caducidad.

En el transporte hemos de poner especial cuidado con la colocación y estabilidad de la mercancía, la limpieza del vehículo, la protección climatológica con camiones toldados y tratando de evitar la agitación.

Ya en el almacén, debemos seguir protegiendo los envases del sol y la lluvia, separarlos de puertas, paredes, techos y fuentes de calor, facilitando una buena ventilación. Limpieza y orden hará que siempre tengamos a mano el producto más fresco.

¿Sabíais que el color topacio de la mayoría de botellas no es casual?. La luz afecta al lúpulo y el vidrio con esta tonalidad protege mejor a la cerveza, en oposición a los de color verde o transparentes.

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En el reparto, se deben seguir los mismos pasos que con el transporte. La carretilla es fundamental para evitar golpes e innecesaria agitación. Por supuesto, si se trata de barriles, estos nunca deben ser rodados.

Finalmente, en el servicio existen tres elementos claves: la elección de la copa, la temperatura  a la que se sirve y el ritual del tiraje.

Existen muchos diseños de vaso, siempre es recomendable usar el que nos propone el fabricante. Han de estar extremadamente limpios para que el carbónico no se adhiera a las paredes interiores, nunca usar las famosas copas heladas y enjuagar con agua fresca antes de servir. En el caso de la Estrella Galicia, la temperatura de servicio deben ser unos 4-5º.

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Si queremos ser un beer master deberemos seguir los siguientes pasos, dependiendo de si se trata de una botella o tirada desde un grifo. En cualquier caso, se establecen dos tiempos: en el primero buscamos no descarbonatar la cerveza y huimos de la espuma; en el segundo queremos crear una capa de espuma a modo de protección del carbonatado.

Como supongo que la mayoría de vosotros no tiene un grifo en casa, servir bien una botella de cerveza debe igualarse al mismo trato que le dais al vino. La cerveza no es una bebida menor y si sabéis apreciarla os puede dar tantas o más satisfacciones que un buen vino. Hay comidas que maridan mucho mejor con la cerveza.

1.- La Preparación. Las copas se refrescan en agua para crear una fina película que permita a la cerveza deslizarse con suavidad.

2.- La Inclinación. Se inclina la copa unos 45º y se acerca la botella (sin que se toquen) dejando deslizar la cerveza suavemente por la pared interior de la copa.

3.- La Precisión. Cuando hayamos llenado la copa en sus 3/4 partes la colocamos en posición vertical.

4.- La Coronación. Jugando con la altura entre la botella y la copa vaciamos el total del contenido. Veréis como se crea una capa de espuma (giste).

5.- La Presentación. Servimos apoyando en un posavasos con la marca del vaso orientada hacia el cliente.

Al igual que yo, puede que en vuestra vida hayáis servido una caña desde un grifo, pero si que si conocéis la técnica podréis juzgar si está bien tirada cuando veáis al camarero de turno servirla. Sin necesidad de probarla ya sabréis de su calidad, huid de esos “profesionales” que suben y bajan la copa o te hacen la centrifugadora.

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La creación de esa capa de espuma o crema en el caso de las que se tiran con grifo, tiene por objeto actuar de barrera creando una nebulosa de carbónico que si está bien tirada se regenerará en los 2-3 primeros sorbos. Deberá tener un grosor de unos dos dedos y en caso de que se eche bien, si la posamos, con el tiempo se convierte en líquido.

Los pasos con el grifo son muy parecidos pero con esta herramienta nos permite optimizar y perfeccionar el servicio. Ya sabéis, la caña es mucho mejor que una botella, y la botella mejor que una lata.

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1.- La Preparación. Las copas se refrescan en agua para crear una fina película que permita a la cerveza deslizarse con suavidad.

2.- El Descarte. Abrimos el grifo de un solo golpe de manera que el primer golpe de espuma caiga en la bandeja , nunca en la copa.

3.- La Inclinación. Se inclina la copa unos 45º y se acerca al grifo dejando deslizar la cerveza suavemente por la pared interior de la copa.

4.- La Precisión. Cuando hayamos llenado la copa en sus 3/4 partes la vamos llevando a una posición vertical. Cuando alcanza el nivel, cerramos el grifo de un solo golpe.

5.- La Coronación. Abrimos 1/4 del grifo y dejamos caer sobre la cerveza un fino hilo de crema. Cuando alcance el borde, cerramos el grifo de un solo golpe. Cuanto más se restrinja el paso, mas fino será el hilo y la crema será más densa al tener menos burbuja.

6.- La Presentación. Servimos apoyando en un posavasos con la marca del vaso orientada hacia el cliente. Si la hemos tirado de forma adecuada obtendremos una crema (giste) de unos 3cm que permitirá la formación de esa nebulosa de carbónico.

La verdad es que fue una charla muy amena y aprendí muchas cosas, además perdí mi virginidad con el grifo y aunque con defectos me supo de las mejores cañas que haya tomado. Aquí me podéis ver en acción.

Tirar una buena caña marca la diferencia entre querer tomarse más o no volver a pisar un bar. Gracias Estrella Galicia por divulgar los valores de una cerveza #ExageradamenteBuena.

 

Papas con Choco


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Claro esta, que un blog como el mío, no tiene ni un ápice de la presión que se puede respirar en una cocina profesional. En esta última semana tras visionar la película El Chef y el comienzo de la nueva temporada de Top Chef, mi auto presión se queda en agua de borrajas.

Cada cual en lo suyo, mi nivel de auto exigencia es máximo y cuando una empresa como La Chulapona confía en mi trabajo para ensalzar su producto, la patata, uno además de orgullo siente vértigo.

Nos debemos trasladar a la Comunidad de Madrid, concretamente al sur de la provincia, en Aranjuez. En las tierras bañadas por el Tajo y el Jarama, crecen estas patatas nuevas de la variedad Spunta, certificadas con el sello M de la Comunidad de Madrid con las que he tenido el privilegio de trabajar.

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La variedad Spunta es  un tipo de patata modificada genéticamente para que aguante enfermedades. Funciona muy bien cocida, frita, al horno, en puré, podríamos decir que es la variedad más versátil. La única pega es que al ser nueva no puede almacenarse por largos periodos sin que espigue, por ello debemos aprovechar su sabor suave y mantequilloso cuando están en su punto, con esa piel fina y ese aporte extra de agua propia de una recolección temprana.

Aunque seguiré probando con platos en los que la patata sea la reina o la princesa, ¿quien se resiste a una buena tortilla de patata?. Mi primera aproximación ha sido este guisote, estamos en invierno y es lo que pide el cuerpo.

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Ya sabéis que siempre me gusta dar una vuelta de tuerca y ofreceros platos que aún siendo tradicionales, tengan ese punto diferente que nos haga destacar. Viendo el telediario y los próximos carnavales de Cádiz, me vino la inspiración, papas con choco pero disfrazadas.

Se trata de un plato muy andaluz, un guiso tradicional con un envoltorio diferente. Las aportaciones de Ángel León al mundo de la gastronomía son mundialmente reconocidas, su embutido marino, la luminiscencia y cómo no, las diferentes aplicaciones del plancton marino.

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Desde que me hice con el plancton marino de Veta la Palma, he trabajado en recetas con las que trato de aplicar las diferentes técnicas y para estas papas con choco, se me ha ocurrido pintar una patata cocida que sirve de recipiente.

La idea conceptual es que al partir la patata, rellena con el choco y su caldo, el líquido se desparrama por el plato y se entremezcla con el plancton. Para el relleno, obviamente he prescindido de la patata guisada y el choco lleva un corte más fino, acorde con el recipiente.

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El plato en su ejecución básica, no pierde la esencia tradicional y como veis, también puede ser servido a la vieja usanza. Guiso con mucho sabor al que me hubiese gustado añadir un majado con las entrañas del choco, pero no pude encontrar la sepia entera, ya estaban limpias.

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Aunque el plancton aporta mucho sabor, la patata no podía cocerse sin más. La cocción la hice en un caldo de pescado hecho con alga kombu, apio y congrio, el mismo que utilizo para mojar el guiso. Se trata de un caldo suave hecho con un pescado que no domine al protagonista de la receta, el choco.

Otro de los puntos interesantes de la receta es el tostado del choco en seco. Al ponerlo en la cacerola directamente, sin nada de aceite, crea una costra en la base que se transferirá a las verduras aportando mucho sabor.

Aquí podéis ver la vídeo receta con una amplia explicación.

He quedado muy satisfecho con el resultado, es tal y como había surgido en mi cabeza. Vosotros si no queréis complicaciones, podéis hacerlo al modo tradicional, pero si algún día os sentís modernos y decidís impresionar, esta versión no tiene nada de chirigota por mucho disfraz que lleve.

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Ingredientes:

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1 sepia, 6 patatas nuevas, 2 dientes de ajo, 1 tomate, 1 pimiento verde, 1 cebolla, 2 sobres de azafrán, perejil, romero, plancton marino, alga kombu, 1 trozo de congrio, 1 rama de apio, 5cl de vino Fino, sal y AOVE.

Comenzamos por lavar y pelar las patatas y limpiar muy bien la sepia. Mientras, hacemos nuestro caldo de pescado con el apio, alga kombu de Algamar y congrio. Transcurridos 5 minutos desde su ebullición añadimos un par de patatas enteras y dejamos cocer.

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Picamos el ajo, pimiento y cebolla en una fina brunoise. El tomate lo pelamos y en esta ocasión lo rallamos. Cortamos el choco en trozos grandes y en una cacerola baja lo tostamos sin nada de aceite, apenas suelta agua, no se os va a quemar, la costra que se crea en el fondo será fundamental para aportar sabor.

Retiramos el choco y parte lo picaremos en dados pequeños. Reservamos. Sacamos las patatas cocidas y cuando enfríen un poco, con la precisión de un cirujano y un sacabolas las vamos vaciando hasta obtener un recipiente de patata. Las virutas de patata podéis añadirlas al guiso más adelante si queréis más espesor en el caldo.

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En la cacerola con la costra de choco añadimos un poco de aceite, pocharemos el ajo, cebolla y pimiento. Veréis que cuando empiecen a sudar la costra se irá despegando y transfiriendo a la verdura.

Cuando el pochado esté listo añadimos el tomate y dejamos que se haga soltando todo su agua. Hecho el tomate incorporamos las patatas, han de estar escachadas (meter punta del cuchillo y tirar, rompen de manera irregular y es fundamental para que ligue la salsa). Las rehogamos un par de minutos, mientras pulverizamos en un mortero el azafrán La Barraca, añadimos, removemos unos segundos y ponemos el choco removiendo un minuto más.

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Vertemos el fino Jarana de las Bodegas Lustau, removemos y a fuego fuerte dejamos que se evapore el alcohol. En este momento añadimos nuestro caldo de alga y pescado, cubriendo la patata. Tapamos y a fuego medio lo dejamos hacerse durante unos 20 minutos.

Cuando casi esté listo retiramos la tapa y añadimos el perejil y el romero, un par de minutos será suficiente. Retiramos del fuego, dejamos reposar y ya tenemos nuestras papas con choco tradicionales.

Hidratamos el plancton con un poco de caldo, removemos muy bien hasta que no queden grumos. Pincelamos las patatas que habíamos vaciado asiéndolas por su interior boca abajo. Las colocamos en un plato hondo.

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Con un cucharón vamos rescatando en un bowl los trozos de choco que cortamos menudos, rellenamos la patata y salseamos sólo en el interior. Habéis de ser un poco pacientes, si prisas, primero el caldo va siendo absorbido por la patata hasta que ya no retiene más líquido, es cuando el hueco se irá inundando, tened cuidado porque no queremos que rebose.

Ya está listo para servir. El efecto es brutal, cuando hundimos la cuchara y partimos la patata, el caldo empieza a escurrirse y se impregna del plancton. Espero os haya gustado y os animéis a prepararla, si lo hacéis mandadme alguna foto por las versiones de Fuego de Mortero en Facebook, Twitter o Instagram.

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Por último os enseño la versión más cañera. Con el guiso reposado un día, le añadí el plancton que me había sobrado directamente al caldo y además le puse un par de guindillas cayenas. Ahora si que es un guisote ponente de verdad.

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Pollo con Mole


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Esta es la típica receta que te puede llevar 5 minutos o 5 días. Todo depende de vuestro nivel de exigencia, de si habéis sido previsores, de si sois más vagos que un concursante de Gran Hermano o de si queréis alcanzar el nivel soy Pancho Villa y nada se me pone por delante.

El único y gran mérito de esta receta es el mole, por ello quisiera establecer 3 niveles de dificultad:

1.- Fácil. Compramos un brick, calentamos y salseamos el pollo, frito o cocido, como más os guste.

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2.- Medio. Compramos pasta de mole, tan sólo deberemos añadir agua (ya te vale, vago!) o un caldo de ave casero. No insistas con el brick de caldo o la pastillita, para eso quédate con la primera opción.

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3.- Difícil. Preparamos nuestro mole casero tal y como te enseñe en mi artículo. Soy consciente de que es más largo que los 248 episodios de Los Ricos También Lloran, pero aunque seáis más pobres que una colonia de okupas, el resultado os hará llorar de emoción y competir con la mismísima Verónica Castro.

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Con la comodidad de tener el mole hecho, os podéis permitir licencias decorativas que seguramente gustaran mucho a vuestros amigos mexicanos. ¡Viva México, cabrones!.

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Ingredientes:

1 pechuga o muslo de pollo, mole, 1 tomate, 1 aguacate, arroz blanco, sésamo, sal y aceite de oliva virgen extra.

Primeramente cocemos nuestro arroz en abundante agua con una pizca de sal. Limpiamos bien el pollo y salamos. Pelamos el tomate y el aguacate, para el primero deshechamos las semillas y cortamos en cubos pequeños. Con el aguacate cortamos los cubos e intentamos separar los de la parte superior que tienen un color más verde.

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En una sartén con un poco de aceite freímos el pollo al punto de que esté un poco tostado por el exterior pero hecho en su interior. Un pequeño truco si la pieza es gruesa, como esta pechuga, es atraversarlo con un cuchillo para que haga de chimenea y se haga su interior.

En un molde rectangular de emplatar, con cuidado, montamos nuestra bandera. Sacamos la pechuga y le hacemos unos cortes de porción. Salseamos con el mole bien caliente y espolvoreamos un poco de sésamo para decorar.

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