21 Restaurante


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21 Restaurante  – C/Palacio de Las Pilas, 21, – Zahara de los Atunes    Tel: 696 46 22 36

Al igual que el año pasado, edito mi paso por el 21 Restaurante desde el principio, ya son unas cuantas visitas y lo justo será que veáis las últimas creaciones y si os interesa, seguir leyendo experiencias pasadas.

Este año las vacaciones resultaron tardías y hasta septiembre no pude acudir a mi cita obligada y deseada con Ali y Marina. Es el único restaurante con el que repito una y otra vez, porque además de comer opíparamente ya los considero amigos, y a estos siempre hay que cuidarlos.

Os queda menos de un mes, hasta el 21 de octubre que cierren sus puertas por esta temporada para disfrutar de sus escuetos pero muy elaborados menús. Creatividad y técnica con una cocina internacional es lo que os encontrareis en este coqueto restaurante.

De todos los días que tuve disponibles elegí el sábado 9, era una fecha especial para mi pareja y especial para mi era celebrarlo con el romanticismo que destila cada una de las esquinas de este restaurante.

Para brindar por la fecha, un spritz con sus medidas justas fue el arranque de una noche espectacular.

La elección de esta ocasión comenzó con un cangrejo de concha fina en tempura con ensalada de hinojo fresco, naranja y manzana. Parece mentira que se pueda comer un cangrejo de esta manera, resulto con el crujiente de la tempura perfecto y muy refrescante con las frutas y aromatizado por el hinojo.

Uno de los clásicos es el foie fresco a la plancha sobre un brioche casero y puré de dátiles. El punto del foie lo clava y la pieza que nos sirven resulta abundante, la combinación con los dátiles y frutos secos es una delicia.

Para los platos principales nos inclinamos por un carré de cordero con boniato y verduras al horno. La simplicidad del nombre se complica cuando vemos el plato con una presentación exquisita y los puntos de la carne y verdura cada uno en su justa medida.

Por muy carnivoro que seas, cuando te encuentras con este soberbio lomo de bacalao hecho a baja temperatura, te entran las dudas y los arrepentimientos. El grosor y desprendimiento de las lascas eran auténtico porn food. Se acompaña de unas espinacas baby, huevas de trucha y vitutas de bonito seco o katsuobushi.

Rematamos con un postre compartido, una mousse de chocolate tan cremosa que apetecía untársela como si de crema solar se tratase, la acompañó de unos physalis, arándanos, pimienta rosa, manzana y unos kiwis enanos que nunca había visto.

El grado de satisfacción y nivel que me encuentro cada vez que visito el 21 Restaurante lo convierten en mi recomendación número 1 para todos aquellos que viajéis a Zahara de los Atunes y busquéis algo diferente al atún rojo salvaje de almadraba.

Editado 21/07/2016

No es que empiece la casa por el tejado, pero en esta ocasión me apetece editar mi última visita al principio del artículo y si mostráis interés por conocer mi primera visita, seguid leyendo.

Ya en mi primera y única visita al 21 hace dos años, tuve una conexión especial con Marina y Ali que hizo que siguiéramos nuestras andanzas a través del mundo Facebook. El año pasado tras un periplo por Dubai y la participación de Ali en el programa de Telecinco, Cocineros al Volante complicó mi visita y no llegué a tiempo para la re apertura estival.

En este año no quería fallar y tuve la fortuna de poder hacer reserva un día 21, fecha del calendario en que cada mes elaboran un completo y distinto menú degustación. Estaba ansioso por reencontrarme y volver a degustar su cuidada cocina que como veríais, incluso en un food truck, junto a Olly en el Somewhere Café, eran capaces de aportar una cocina diferente y creativa.

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El recibimiento fue muy afectuoso y tal y como me había despedido la última vez, hice incursión en cocina para un breve saludo entre los ajetreados pases. Algo había cambiado, la terraza había aumentado de tamaño y aunque preferí cenar dentro, el espacio exterior resulta de lo más agradable, como comprobaría en mi larguísima sobremesa.

El mismo dinamismo de los platos se refleja en la decoración, había cambiado pero mantenía la esencia primigenia. Un ambiente cosmopolita donde es frecuente encontrarse una Torre de Babel donde la cúspide esta presidida por el turismo alemán, fuertemente asentado en la zona.

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La cocina de Ali digamos que se aleja bastante de lo que en general podéis encontrar en Zahara de los Atunes, es un concepto internacional basado en el producto y sobre todo en las cocciones y punto de los ingredientes, algo distante del monopolio del atún rojo y carne de retinta que reina en la zona.

Procedente de una familia italiana dedicada a la salumería de la mortadela, conoce el producto de cerca y en sus múltiples viajes alrededor del mundo siempre muestra interés por conocer lo autóctono en origen, ya sean una fiesta del cabrito en el Nepal o unos germinados en Holanda.

Creo que el menú en si, es bastante descriptivo, por lo que prescindiré de hacer mis habituales comentarios. Todos y cada uno de los platos aportan mucho sabor, texturas, calidad, decoración, algo que esperamos conociendo su background profesional y del que no nos extrañaría pudiese obtener una Estrella Michelín si estuviese ubicado en otra población, pongamos Marbella, por cercanía.

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Tal y como os comentaba antes, tras el servicio, Marina y Ali se sentaron conmigo en la terraza, disfrutando de algún espirituoso mantuvimos una animada charla de gastronomía y viajes  a la que se unió una encantadora pareja de pacenses. Aunque no teníamos música, ya os digo que la banda sonora fue de Sabina, …y nos dieron las dos y las tres, aunque nosotros hicimos un extended play hasta las cuatro y las cinco.

Cuando se está tan a gusto no existe el tiempo y por desgracia transcurrirá un año hasta la próxima, aunque espero acepten mi invitación y puedan añadir Asturias a ese listado de tierras que explorar, en busca de productos autóctonos.

Julio 2014 – Erase una vez, un renegado del balonpié…

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Me gustaría empezar este artículo dando las gracias a todos los amantes del fútbol, gracias a ellos he podido disfrutar de una cena maravillosa en un restaurante estupendo que tal parece hubiese reservado para mi solo.

La final del mundial de fútbol fue la ocasión elegida para acercarme al 21. Mientras media humanidad estaba frente a un televisor, mi estomago regateaba entre plato y plato y os garantizo que vivir en un constante fuera de juego da muchas satisfacciones. Poder charlar con el personal (Marina y Nadia) y cambiar opiniones con el chef en la cocina, como si estuviese en la de de mi casa, es una oportunidad que con una sala repleta resulta complicado.

Precisamente un alemán, Ingo, fue el que me recomendó este restaurante, así que me alegro por el ya que ambos disfrutamos esa noche, él con su copa de Campeones del Mundo y yo con una cena a la altura de una final mundialista.

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El restaurante tiene una pequeña terraza que nos da la bienvenida con un par de exclusivas mesas. El interior resulta muy acogedor, unos techos altos inclinados y con una apertura cenital que nos permite contemplar las estrellas.

La madera predomina contrastando tonalidades castaño con techos y paredes blancas, una gran alacena preside la entrada, una antigua cámara de fotos llama la atención en una de sus esquinas y la frescura que aportan las plantas de gran porte y unas mesas decoradas con flores frescas aportando colorido. No soy ningún experto en decoración pero yo diría que se trata de una mezcla de estilo nórdico con colonial y toques marineros.

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La carta esta presentada en un sobre, son pequeños toques de originalidad que valoro muy positivamente, dicen mucho de un lugar, significa que prestan atención al más mínimo detalle y para los que nos gusta el diseño reparamos en cosas como esta, al igual que lo hice con la colocación transversal del mantel de mi mesa.

El chef Ali Palmieri copropietario junto a Marina Azahara, hace honor a sus raíces aussi e italianas y en su carta podemos encontrar varios guiños a ambas cocinas. Precisamente el solomillo de canguro era uno de los platos que tuve claro que tenía que probar pero no tuve suerte y se había agotado, que le vamos a hacer, estas cosas pasan y lo que unos puedan ver como algo negativo yo lo valoro como una señal positiva ya que sin duda volveré en otra ocasión para saldar mi particular cuenta pendiente.

En esta ocasión hacer mi elección pese a la contrariedad del canguro resulto bastante sencilla ya que entre los entrantes, primeros y segundos su carta se compone de una docena de platos que cambian cada día 21, este dinamismo y adaptación al mercado de su carta nos garantiza frescura de productos sobre todo teniendo en cuenta que es un local que exceptuando el día loco de mi visita esta permanentemente lleno.

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Antes de que nos sirvan el primer plato me sirven un pan con mantequilla, lo que en otros lugares resulta un mero complemento en el 21 se convierte en arte, unos panes artesanales y unas mantequillas caseras de sal negra volcánica de Hawaii que conozco perfectamente por utilizarla mucho en mi casa y otra de especias marroquíes que tenía una potencia de sabor inaudita.

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Mientras espero por el entrante me sirven un aperitivo que se compone de una gamba , crema de almendra, aceite de vainilla, crumble de brioche, caviar negro y de aceite de oliva y germinado de lombarda.

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Llega mi entrante de sardinas ahumadas sobre hojaldre comprimido, con tomate caramelizado, cebolla y aceituna negra. Sorprende el grosor de los lomos y sobre todo la mezcla de sabores.

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Turno del foie fresco de pato de Saint Pierre du Mont con brioche casero y puré de leche quemada y dátiles. El punto del foie era perfecto y la combinación con el brioche crujiente recién hecho todo un acierto así como la decoración con el crujiente de patata violeta.

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Rompiendo mi regla de oro de no comer ni arroz ni pasta para la cena me vi “forzado” a pedir el risotto con porcini, codorniz y trufa blanca. Quería comprobar esas raíces italianas y la verdad no me defraudo, muy cremoso, el arroz al dente, ese olor de la trufa blanca que inundaba mis pituitarias, la simulación del parmesano que era nuez de Brasil rallada, el crujiente brioche de tinta que servía de base a los muslitos de una codorniz en su punto hicieron mis delicias.

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Ya que no cuadró el canguro no nos movemos de las antípodas y mi elección para el segundo plato fue un carré de cordero de Nueva Zelanda de 8-9 meses de edad, servido con puré de guisantes y espinacas, boniato y salsa de tomillo y lavanda. También llevaba una salsa demi-glacé y un crujiente de patata con lavanda.

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Terminé con una tarta de almendras acompañada de helado de vainilla que estaba muy suave, no se me hizo nada pesada.

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A parte del magnífico sabor de todos sus platos, la decoración de cada uno de ellos merece una mención destacada. Sin duda uno de los mejores sitios visitados en estas vacaciones, el equilibrio sería la palabra que mejor definiría este restaurante, no cojea por ningún lado y los que lo han catalogado en el Tripadvisor como el mejor de Zahara de los Atunes no están equivocados.

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Crema de Melocotón


Gracias a los Hermanos Torres y a postres como este, os sentiréis grandes reposteros. Rara vez puedo ver su programa Torres En La Cocina, porque tan temprano no suelo regresar del trabajo, pero esta vez me coincidió visionar un programa con este postre de temporada tan sencillo, que no dudé en replicarlo.

Tampoco es que necesiteis que llegue el verano para disfrutar de los melocotones y este postre, se puede sustituir por muchas frutas y estará igual de sabroso. A bote pronto se me ocurre utilizar la piña, disponible durante todo el año y estará igual de rico.

Se trata de un postre muy equilibrado en dulzor, no empalaga nada y mezclaremos lácteos con fruta, una combinación que nunca falla. Con unos pequeños y sencillos toques aromáticos, conseguimos dar a este postre un punch que lo hace diferente.

Tengo mi canal de Youtube algo abandonado, me supone gran esfuerzo de tiempo y si tenemos disponible el enlace donde Sergio y Javier os lo explican con más gracia, para qué complicarme la vida, veréis que el resultado esta calcado.

Ingredientes:

2 melocotones, 1 1/2 melocotón en almíbar, 1 vaina de vainilla, 50ml de ron, 100ml de agua, 2 1/2 Cdas de azúcar moreno, 500ml de leche entera, 100ml de nata, 3 yemas de huevo, 50grs de azúcar moreno, 20grs de Maizena, 1 trozo de jengibre, 1 rama de canela, 1 yogur griego, un toque de miel, y azúcar para requemar.

Si no lo tenemos hecho con anterioridad, comenzaremos preparando una esencia de vainilla casera. Para ello necesitamos una vaina de vainilla que partiremos a la mitad, extraemos todas las semillas y en una cacerola con el ron, agua y las dos cucharadas abundantes de azúcar, dejamos infusionar sin que llegue a romper a hervir. Reservamos 24h, cuantos más días pasen más sabor concentrado obtendréis.

El siguiente paso será hacer una crema pastelera tradicional en la que infusionaremos la leche y nata con la habitual rama de canela, la mitad del azúcar (25grs) y en vez de utilizar cascara de limón o naranja, sustituimos por dos trozos de jengibre. Infusionamos sin que llegue a hervir y mientras, en un bowl mezclamos las tres yemas de huevo, el resto de azúcar y la Maizena hasta obtener una crema que nos evitará que salgan grumos.

Vertemos la leche templada en el bowl, disolvemos bien y volvemos a trasladar a la cacerola removiendo constantemente con una varilla hasta que la crema engorde. Mantenemos la canela y el jengibre durante el proceso para que sigan aportando sabor, y una vez espesado los desechamos y añadimos el melocotón en almíbar, trituramos y dejamos enfriar.

Pasamos a cortar los melocotones, les hacemos dos cortes pegados al hueso, los trozos resultantes a su vez, los cortamos a la mitad, y sacamos unas láminas finas con el cuchillo y reservamos. La parte del hueso la pelamos y cortamos en unos cuadraditos pequeños a los que pondremos un leve toque de miel, mezclamos con el yogur bien removido, añadimos un poco de esencia de vainilla y mezclamos bien.

Pasamos la mezcla del melocotón y yogur a la cazuela de barro donde presentaremos el postre, cubrimos con una capa de crema pastelera, colocamos en círculo las láminas de melocotón natural, esparcimos un poco de azúcar moreno, requemamos y servimos.

Tortillitas de Camarones


Mi padre no era persona de utilizar muchos refranes, pero si que tenía tres o cuatro que utilizaba con frecuencia. Era un trabajador incansable y por ello entre sus favoritos estaban el de “quien mucho abarca, poco aprieta”, y este que me resulta tan apropiado para esta receta “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”.

Señala que siempre debemos permanecer atentos a las oportunidades para aprovecharlas y, a las situaciones inoportunas para evitarlas o solucionarlas. También, censura la pereza.

Pues resulta que durante mis recientes vacaciones en Zahara de los Atunes, en el apartamento de unos amigos, disponer de una cocina y un buen surtido de utensilios, hizo que dedicase una jornada al cocinado, por aquello de la costumbre y de no oxidarme demasiado con las intensas jornadas de bronceado.

Tras la visita matutina al Mercado de Abastos me proveí de manjares tan gaditanos como el choco, el atún rojo salvaje de almadraba y unos camarones. El resultado fueron estas tortillitas de camarones como entrante, un choco a la sidra y una ventresca a la plancha.

  

Tenía muchas ganas de preparar esta receta tan típica de Cádiz y la ocasión se presentó pintiparada, nada como acudir a los orígenes y abastecerse con materia prima adecuada, que sin duda marca la diferencia en cualquier elaboración.

Las frituras andaluzas tienen mucha fama y tampoco es que escondan el milagro de Lourdes, pero además de los buenos pescaditos, resulta de vital importancia la elección de las harinas y de un aceite de oliva virgen extra a la temperatura adecuada.

Las mías son unas más, como muchas recetas que podréis encontrar por las redes, he querido hacer algo al alcance de todos y que respete la tradición. Las hay de autor, minimalistas, delicadas y soberbias, como las de Ángel León en su Aponiente y otras que encharcadas de aceite quemado os darán un ardor de estomago mas desgarrador que el cante de Camarón de La Isla.

En algunas recetas utilizan el doble de agua por peso de harina, en otras la mezcla de harinas al 50%, las que yo hice son de ojimetro, esa técnica milenaria que tanto detestan los cartesianos de las recetas.

Ingredientes:

200grs de camarones, 60% de harina semolada de trigo duro, 40% de harina de garbanzo, agua fría según pida, 1/2 cebolleta, perejil fresco, cúrcuma, sal y aceite de oliva virgen extra.

Primeramente picamos en una fina brunoise la cebolleta y el perejil (al gusto), reservamos. Mezclamos las harinas con una pizca de cúrcuma y sal y vamos añadiendo poco a poco agua fría hasta obtener una textura cremosa pero líquida, más o menos lo que podría ser una mezcla para crepes.

Añadimos la cebolleta, perejil y los camarones y mezclamos muy bien, podemos rectificar de agua. En una sartén calentamos a 180º abundante aceite de oliva virgen extra, vertemos una garcillada y removemos con la base del cazo para tratar de distribuir los ingredientes sólidos.

Cuando están casi hechas tienden a flotar y el burbujeo del aceite mengua, cuando adquieran una buena tonalidad dorada pero sin que se chamusquen, las retiramos a un plato con papel absorbente para retirar los excesos de aceite. A medida que se enfrían un poco se convierten en crujientes.

Resultan muy apetecibles como entrantes y tienden a ser adictivas, pero cuidadito, bajo su delicada apariencia acaban llenando bastante.

Tataki de Bonito, Higos y Mole


La receta que hoy os presento es de esas que salen casi sobre la marcha con un poco de aquí y otro poco de allá. Con lo mucho que me gusta el bonito del norte, este año está siendo raro para mis costumbres veraniegas y no lo he consumido tanto como otros años por ello, antes de marcharme de vacaciones tardías, con tantas cosas que hacer, buscaba una comida sencilla.

Preparar un tataki no os puede llevar más de cinco minutos, sobre todo si tenéis una pescadera profesional, como Isa, que cuando se lo pido en mi supermercado Alimerka, me deja los cortes perfectos para no tener que hacer casi nada.

Tenía la receta más o menos pergeñada, y el mole sería el otro gran protagonista del plato. Cuando haces elaboraciones complejas, sobre todo en tiempo, lo mejor es preparar en abundancia y congelar, así que resulto sencillo tirar del mole congelado.

Si os animáis y conseguís todos los ingredientes esta es mi receta de mole que ya publiqué, pero si os queréis evitar tanto trabajo, podréis encontrar esta elaboración ya hecha en la sección de productos mexicanos de vuestro supermercado.

Cuando fui a comprar el bonito, pasé por la frutería para hacerme con cebolleta y tomate, ambos parte de la elaboración. Allí tenían unos higos y aunque parezcan algo ruines, tenían un sabor muy dulce que combinó a la perfección con el pescado semi crudo para suavizar el picante del mole pero sobre todo de la crema de pimientos del Padrón de una huerta amiga.

El resto de ingredientes, por supuesto aportan sabor pero fundamentalmente han servido para decorar y terminar de montar el plato. La pulpa de tomate, el tallo de la cebolleta, las escamas de bonito seco o katsuobushi y la cebolla encurtida en lima y chile piquín acabaron de redondear un plato de fusión japo-mex.

Ingredientes:

Una rodaja de bonito del norte de unos 3 dedos de grosor, mole, higos, 2 tomates, 1 cebolleta, cebollas encurtida, pimientos del Padrón, katsuobushi, sal y AOVE.

Lo primero será hacer una crema de pimientos del Padrón friéndolos sin que queden chamuscados. Retiramos el rabo y trituramos con la batidora, pasamos por un colador de rejilla para eliminar las pieles y pepitas, salamos y reservamos.

Salamos los “solomillos” de bonito (salen cuatro por rodaja), a fuego fuerte con muy poco aceite los marcamos por todo el contorno, iréis viendo como se hacen los bordes debiendo quedar la parte central sin hacer. Retiramos y cortamos unas rodajas gruesas.

Del tallo verde de la cebolleta sacamos unas rodajas finas, del tomate extraemos la pulpa con una cuchara y con los higos pelados partimos en cuartos para obtener unos gajos.

Ahora sólo queda montar el plato. Yo elegí uno alargado para poner en el centro y a lo largo una generosa cantidad de mole. Montados por una esquina sobre el mole, dos rodajas de bonito recostadas y enfrentadas a cada lado, en el centro una en vertical. Cubrimos huecos con los gajos de higo, el tomate en las esquinas, puntos de crema de pimiento guardando simetría, cebolla encurtida sobre el bonito contrastando con el verde de la cebolleta y rematamos con el katsuobushi aleatoriamente.

Pulp O Fiction


Como ya he comentado alguna vez, visitar restaurantes es una experiencia global que me aporta conocimiento y un sin fin de estímulos más allá del mero placer del comer. Al igual que uno visita El Prado, El Louvre, Guggenheim, Tate Gallery…etc para su deleite pictórico, la visita a restaurantes Michelín supone la máxima expresión del que debería ser considerado el Octavo Arte, sin perjuicio de que en muchas otras pequeñas galerías, museos o restaurantes se exhiban o sirvan magníficas obras.

La visita al MOments de Carme Ruscadella y Raül Balam en Barcelona, con su menú basado en el Septimo Arte, ha sido el estímulo de la receta que hoy nos ocupa. Con los postres llegaba su homenaje a una de mis películas favoritas, Pulp Fiction, y su Batido de $5 resultó delicioso, tan seductor como Mia Wallace.

Aunque la traducción de Pulp Fiction sería aplicable a un tipo de literatura barata, tipo folletin, de mala calidad en su impresión, mi idea no ha ido por esos terrenos. La traducción de pulp es pulpa y a partir de ahí pensé en frutas y vegetales, después me vino el juego de palabras y claramente el pulpo debía ser el ingredientes principal. Por lo que respecta a la ficción, su definición lo deja bastante claro: Cosa, hecho o suceso fingido o inventado, que es producto de la imaginación.

No se que pensareis vosotros, pero a nivel visual es una de mis creaciones más bonitas. Resulta muy minimalista, estética y me transmite delicadeza en cuanto a su aspecto visual; en el terreno gustativo es sutil, refrescante y a la vez compleja en la mezcla de matices dulces, ácidos, picantes, con una impactante variedad de texturas.

Aunque el plato está muy asiatizado, no pierde su parte patria del popular pulpo a la gallega. La patata y el pimentón picante lo he incorporado en unas bolas de patata cocida que he tempurizado, mezclando el pimentón con la harina y el agua.

Ingredientes:

1 tentáculo grueso de pulpo, 1 tomate, 1 pepino, 1 trozo de jengibre fresco, 1 patata, 100ml de leche de coco, 10grs de alga wakame deshidratada, 20grs de maíz tostado, uvas negras, cebolla morada encurtida, pulpa de tamarindo, harina de tempura, pimentón picante, coco rallado, agua, aceite de girasol y sal.

Lo primero que haremos es pelar el jenjibre, cortar en trozos, añadir a la leche de coco e infusionarla a fuego muy suave durante 15 minutos. Pasado este tiempo, la colamos y reservamos en el frigorífico.

Mientras se infusiona la leche remojamos las algas en agua fría, en 5 minutos se habrán rehidratado, eliminar casi toda el agua, triturar y colar hasta obtener una pasta fina.

Trituramos los maizitos en un mortero sin ser demasiado concienzudos, no queremos un polvo demasiado fino. Pelamos las uvas, cortamos por la mitad y extraemos las pepitas. Reservamos.

Pelamos una patata, con un sacabolas extraemos unas cuantas bolas, las cocemos en abundante agua con sal, escurrimos y secamos en papel absorbente.

Mientras cuecen las patatas, con mucho cuidado cortamos el tomate en cuartos y extraemos con una cuchara la pulpa. Con el pepino, lo pelaremos, cortamos a la mitad y con el apoyado le hacemos cuatro cortes dejando un largo rectángulo con su pulpa, cortamos en tacos gruesos y reservamos.

Para la pulpa de tamarindo yo sólo tuve que descongelar un bote, es un proceso largo y tedioso del que ya escribí receta. Os recomiendo hacerla y congelarla, tiene muchas aplicaciones si no os la fundís preparando margaritas a lo loco.

La cebolla encurtida suelo tener un bote, de vez en cuando hago en abundancia. Pelamos y cortamos la cebolla morada en juliana fina, la ponemos en un frasco con chile piquin y el zumo de 3 limas, cerramos, agitamos y refrigeramos cuanto más tiempo mejor.

 

Mezclamos harina de tempura con pimentón picante, hay que ser generoso con el pimentón. Añadimos agua bien fría poco a poco según necesitemos hasta la obtención de una crema densa. Con un palillo largo pinchamos las bolas por la base teniendo cuidado de no atravesarlas por completo, remojamos en la tempura dejando libre la base, giramos el palillo como quien hace una bolita de plastilina con dos dedos para que recuda los excesos. Freímos en el aceite bien fuerte un par de segundos sosteniéndolas con el palillo, colocamos sobre papel absorbente.

El tentáculo de pulpo ya venía cocido así que con la ayuda de un soplete le dí un poco de calor sin llegar a turrarlo. Cortamos en rodajas gruesas.

Con todos los ingredientes listos pasamos al emplatado. Cada cual podrá darle la forma que quiera, pero este plato/bandeja alargado ha funcionado muy bien. Empezamos por colocar una tira de maizitos en el centro, servirá de sustento para el resto de elementos.

Seguí con las bolas de patata, una al centro y otra a cada extremo con un poco de coco rallado. Los huecos empece rellenando en el centro con el tomate y la uva, a cada lado un trozo de pulpo, uno en vertical con la cebolla encurtida y otro en horizontal apoyado sobre el pepino que había anclado con la pasta de wakame, coronamos con una gota grande de pulpa de tamarindo. En la patata del centro abracé la punta del tentáculo.

Se sirve el plato y se acompaña con una jarrita con la leche de coco, que verteremos con cuidado por cada lado, haciendo una línea.