
Ya había dado por zanjadas las recetas de mermeladas con las ya publicadas de tamarillo y la de melocotones pero al darme cuenta que aún no tenía una vídeo receta de este básico, he aprovechado la ocasión que la huerta de Dorinda en Arancés, me ha proporcionado.
Partiremos de la base en la que casi todas las frutas son susceptibles de convertirse en mermeladas, confituras o chutneys, sin embargo hay algunas que por su excesivo contenido de agua como son la sandia y melón, puede que no sean tan adecuadas con las ciruelas que me ocupan. Puede darse la circunstancia que una huerta amiga os regale una gran cantidad, que vosotros seáis los que tenéis los frutales o simplemente que habéis comprado en exceso porque había oferta, sea cual sea la circunstancia, convertir producto en mermelada es una forma de obtener desperdicio cero.
En este mundo dominado por el postureo y la pretendida perfección, las grandes distribuidoras desechan en origen aquellas piezas que no tengan la forma y el color perfecto, y el problema es que los consumidores nos hemos acostumbrado a ser gilipollas y rechazamos un tomate feo, unas cerezas de poco calibre o unos plátanos moteados. Tirar tanta comida es un crimen muchas veces premeditado y si todos volviéramos a pasar hambre nos dejaríamos de tanta pijada, ya os garantizo que la Ucrania que se vuelva a reconstruir tras la guerra, primará otro tipo de valores.

Otra de las cosas favorables que nos aportan nuestras propias conservas de mermelada, es poder controlar los azúcares. Será porque la dieta me ha dado un chispazo o porque no me gusta mucho lo dulce, o quizás que voy para mayor, pero lo cierto es que no resulta nada bueno su consumo excesivo y es causante de muchas enfermedades directas o indirectas.
Hace poco un compañero se alegraba porque había leído su artículo y le avisaba de una pequeña errata, por supuesto que leo a mi competencia, siempre podré aprender de los demás para imitar o seguir por un camino totalmente diferente. Os cuento esto porque hay muchas recetas en internet que recomiendan usar la mitad del peso de fruta en azúcar y a mi me parece una salvajada porque la fruta madura ya nos aporta muchísimos azúcares. Tal es el caso que para mis 2,5kgs de ciruela sin pepita tendría que haber usado 1,25kgs de azúcar, solo pensar en echar un paquete y cuarto me pone malo.
Mis proporciones de azúcar con fruta madura suelen ser de un 25% e incluso las rebajo al 20% como en esta ocasión. Mi mermelada tiene un punto de acidez que le dan las pieles y eso es precisamente lo que me gusta, no perder la esencia de comérmela al natural cuando la piel hace que se me erice el pelo y luego lo aplana con el resto del bocado más dulce de su interior. Esa es la razón por la que no suelo pelar la fruta, además de fibra, me proporciona estas sensaciones. Ojo, los plátanos, naranjas, kiwis, etc. si que los como pelados.
No tengo mucho que contar de una receta más que fácil, ya vais sobrados de bronca y moralina, pero en serio que os animo a ponerla en práctica. Aunque no aporta complicación, si os gustan las especias aromáticas, siempre podemos aportar nuestro toque personal y en este caso además de una clásica canela y clavos de olor, he añadido cardamomo y pimienta de Jamaica.
Por otro lado, me parecía muy soso enseñar en fotos un tarro de mermelada, por muy casera que fuese y como en la que hice de melocotón ya mostré en unas tostadas, esta vez he querido hacer algo más divertido que ha surgido sobre la marcha. Hacía tiempo que tenía un paquete de obleas de barquillo gigantes, las compré para hacer algún postre y ahí se quedaron esperando el día. Se me ha ocurrido untar una con la mermelada, otra con queso crema light, juntarlas a modo de bocadillo y luego trocearlas en triángulos para montar una especie de tarta milhojas que he rematado espolvoreando cacao y azúcar glasé.

Ingredientes:

2,8kgs de ciruela claudia amarilla, 500grs de azúcar, zumo de 1 limón, 1 rama de canela, 3 clavos de olor, unas vainas de cardamomo, unas bolitas de pimienta de Jamaica.
El primer paso es cortar las ciruelas a la mitad y extraer la pepita. Si es de vuestro gusto podéis pelarlas haciéndoles una cruz con el cuchillo y escaldándolas, pero ya os digo que perderéis mucha vitamina y fibra. Las ponemos en un bowl, exprimimos el zumo del limón y añadimos la cantidad de azúcar indicada o al gusto, dejando reposar durante una hora.
Para ir ganando tiempo con los aromáticos, extraje las semillas de las vainas de cardamomo y junto al clavo y la pimienta los triture en molinillo hasta obtener un polvo que agregué a las ciruelas junto al palo de canela partido a la mitad.

Pasada la hora, veremos como la fruta ha ido soltando parte de su agua y junto al azúcar tenemos una especie de almíbar aromatizado. Lo volcamos en una cacerola adecuada y lo pondremos a fuego alto hasta que rompa a bullir, luego a fuego medio durante una hora y cuarto. Depende del volumen de fruta pero más o menos para un kilo coceríamos durante 45 minutos.
Si es de vuestro gusto la textura muy fina podremos turbinar aunque corremos el riesgo de formar una papilla de fruta. Yo prefiero ir rompiendo la fruta con la cuchara de madera o con una maza de madera que uso para las caipirihnas.

Una vez listo, en caliente, lo pasaremos a unos botes que previamente habremos esterilizado cociéndolos y dejándolos secar al natural, sin tocar el interior. Dejamos enfriar primero a temperatura ambiente y luego ya lo llevaremos a refrigerar para obtener tras unas horas, la textura final.
Como ya os comenté, esta opción de hacer una milhojas es muy sencilla y aparente, si os ha gustado no dudéis en compartirla.


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