Amazónico


Amazónico – C/ Jorge Juan, 20  –  Madrid     Tlf: 91 515 43 32

En el panorama gastronómico de Madrid existen dos estrellas que brillan con luz propia y ni tan siquiera son mencionados en la famosa Guía Michelin. La asturiana Marta Seco y el brasileño Sandro Silva, son los artífices de un auténtico fenómeno de masas, cada local que inauguran se convierte en el epicentro del día y la noche madrileña.

Aunque iba para futbolista, Sandro encontró en la restauración el camino del éxito bajo el protectorado del difunto Fernando Martín, donde en Trascorrales y el antiguo Raitan aprendió los secretos del oficio, en el Bocamar seguiría su formación pero Oviedo se le quedaba pequeño.

En Madrid, Benalmadena, Mallorca, Francia e Italia siguió formándose hasta que regresa a Madrid y empieza a dar que hablar con El Paraguas, después llegaría el Ten con Ten, una auténtica bomba de racimo que supuso su auténtica explosión como empresario. Ultramarinos Quintin y el reciente Amazónico se han convertido en poco más de un año en nuevos referentes del ocio, donde sus largas listas de espera no dejan de sorprender.

Dos nuevos locales en Madrid ya están en marcha y pronto abrirán sus puertas. Esto es sólo la punta del iceberg de una meteórica progresión, de la que ya han vendido, el 40% de su sociedad al turco Ferit Faik Sahenk, presidente del Dogus Holding, con el que se espera una internacionalización de su negocio.

Uno se alegra de ver como sus paisanos triunfan, y en Madrid, cada día se habla más asturiano. Sus locales son lugar de peregrinaje de lo más granado de la sociedad nacional e internacional y su cocina de raíces asturianas se va adaptando a los diferentes gustos internacionales. Al final se trata de una cocina tradicional ya se elabore un pixin con salsa de oricios o un yarikahua de carabinero con choclo morado.

Locales de cientos de metros cuadrados en las mejores zonas, cuatrocientos empleados, 3.000 comidas al día requieren una maquina muy bien engrasada y una supervisión meticulosa. Un frenetismo con el que debe ser difícil convivir, pero está claro que a esta pareja le va la marcha.

No conozco a la pareja, pero por relaciones, todas las personas que los conocen y me han hablado de ellos, llego a la conclusión de que ejercen de protectores de todo aquello relacionado con “la tierrina”. Cocineros, maitres, camareros provenientes de la Patria Querida encuentran en Marta y Sandro ese protectorado que mamó en sus inicios.

Precisamente, mi amigo Javi, que desde noviembre forma parte de ese gran equipo, fue el encargado de gestionarme y facilitarme la reserva. Cuando se planifica un viaje a la Capital las reservas han de hacerse con mucha antelación o corremos el riesgo de andar como pollo sin cabeza.

Según sus directrices ejercería las labores de anfitriona Yvonne, un encanto que nos hizo sentirnos como clientes VIP. Ahí estaba yo sentado al lado de Iñaki Gabilondo, Isabel Tocino una mesa más allá y bastante cerca Mar Flores y Valeria Mazza, por citar a personajes que mis acompañantes se encargaron de dictarme, porque yo suelo ir a lo mio. Quien sabe si de alguna mesa me señalaban a mi, “mira, el de Fuego de Mortero”.

Un viernes noche aquello era un auténtico hervidero de gente preguntando por sus reservas, incautos de última hora pretendiendo encontrar un hueco, gente que se acercaba a la barra para tomar algo y una actividad de camareros y cocineros fuera de lo común.

La decoración resulta muy refrescante y tropical, los ojos se nos van, tratando de captar todos los detalles, y las lámparas con pavos reales nos dejan atónitos. Camino a la mesa pasamos por delante de una cocina vista donde el fuego es el auténtico protagonista, zona de espetos con sus pescados ensartados, parrillas con chuletones, espadas con carnes del rodicio, piñas, hornos y un equipo de cocineros en pleno bullicio.

En la planta inferior, además de los aseos os encontrareis con un club de jazz que tratamos de visitar, pero viendo el llenazo, a mi amigo operado de menisco y con muletas no le podíamos hacer pasar por ese calvario.

En la zona de atrás tienen una terraza abierta que con sus fuentes y jirafas gigantes, en los días que el tiempo sea más benigno, seguro es una maravilla para cenar o tomarte una copa.

La carta es muy variada y apetece todo. Aúna platos de diversas nacionalidades y podemos sentirnos como si estuviésemos en Brasil, Chile, Perú, México, India, Japón o Andalucía.

Como aperitivo nos sirvieron una deliciosa crema de verduras y coco.

Eramos cinco comensales y tratamos de hacer una comanda variada, para compartir, donde poder probar tantos platos como nos fuese posible.

Comenzamos con unos patacones de cochinita pibil. Utilizan el plátano macho frito como si fuese la tortilla de maíz.

Curry de langostinos de río al coco. Se trata de un curry del sur de la India acompañado de arroz.

Seguimos en la India con los sabores del horno tandoor y la carne de cordero marinada en especias de este kofta con salsa de yogurt y tamarindo.

Terminados los entrantes pasamos a los platos fuertes, sin duda, el delirio de un carnívoro. Comenzamos con un chivo al huacatay, una hierba aromática procedente de Perú, Bolivia y Ecuador.

La picaña al rodicio nos lleva a la tierra madre de Sandro y siempre resulta muy atractivo ver la destreza de los espadeiros con el corte de la carne. El punto estaba clavado (nunca mejor dicho), por color seguro que os recuerda a un roast beef.

Viajamos al sur del continente americano y nos quedamos en Argentina con su entraña al horno de carbón. Puede que no tengan la nobleza de las carnes de Angus o Wagyu pero resultan deliciosas y yo no dudaría en probarlas.

Para el postre optamos por una degustación de helados caseros. Apetecía la piña asada, la recomiendan para 6 comensales y aunque por número la hubiésemos encajado, la verdad, 60€ por mucho que la ración salga a 10€, me parece una auténtica sobrada.

Los helados surtidos eran de los siguientes sabores: guayaba de Xilitla, açaí de Pará, mango Rey, aguacate, maracuyá, vainilla de Papantla, coco verde, lima y jengibre y yogurt griego.

Tras los cafés como os comenté, intentamos visitar el Jungle Jazz Club pero nos dimos la vuelta y regresamos a la mesa para tomar unos gin tonic.

Si hace un año no había quedado muy satisfecho con la vista al Paraguas, en esta ocasión el Amazónico ha cumplido todas mis expectativas, lo tiene todo, ambiente y buena comida.

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3 comentarios en “Amazónico

    1. Para que te hagas una idea, pagamos 210€ eramos 5 comensales y la bebida fueron 3 Alahambra, 1 Brabante, y 2 copas de Marques de Murrieta. Los gin tonic no estan ahí incluidos. Las carnes elegidas tenian precios moderados teniendo en cuenta que estamos en Madrid, si te vas al Wagyu y la piña la cosa se dispara. La degustación de helados fueron 10€, hay que pedir con cabeza 😉

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