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El Regueranu


El Regueranu

El Regueranu – Lg. Santo Mededero, 13  –  Oviedo    Tlf: 984 043 048

Hay veces que nos complicamos la existencia buscando restaurantes alejados y cuando encontramos lugares como El Regueranu se nos queda cara de tontos, cómo es posible que no lo conociera con la de veces que he pasado por ahí.

Hubo una época gloriosa hace muchos años, cuando la zona de El Cristo y más allá, en Latores, había unas cuantas sidrerías o mejor dicho merenderos. El traslado de las Facultades y la urbanización de Montecerrado en vez de aportar, parece que causaron el ocaso de una zona semi rural que muchos ovetenses tenían como referencia de ocio.

Justo en la encrucijada de caminos que nos llevarán al conocido restaurante Latores, ahí se ubica El Regueranu que obviamente toma su nombre del gentilicio asturiano de aquellos residentes en el concejo de Las Regueras, aledaño con el de Oviedo.

Cuando te enteras que además está relacionado con El Tendejón de Fernando, ciertas cosas empiezan a tener sentido. Ubicado en una gran edificación de arquitectura tipo chalet destaca en su exterior por un buen aparcamiento, una terraza cubierta a la entrada y una abierta en el lateral con orientación sur y unas vistas espectaculares a la Sierra del Aramo.

El Regueranu

Aunque el día de mi visita hacía viento del sur, no lucía el sol pero ha quedado apuntado en mi retina como un lugar estupendo para tomarse unas botellas de sidra y estirarlas con una buena comida, la carta es extensa, se come muy bien y encima tienen buey de verdad.

Ya en el interior no encontramos con varios comedores, uno tradicional en la zona de bar, uno intermedio algo soso y un tanto frío y el principal, acristalado y con unas magníficas vistas, pegado a la terraza exterior. Desconozco si estructuralmente es posible, pero ese comedor intermedio pide a gritos ser incorporado al principal.

Celebrábamos una numerosa reunión familiar, algo que me ha facilitado poder probar y hacer un recorrido extenso por la carta.

Si sois de mi tribu carnívora, aquí estaréis encantados, porque tienen ganadería propia de bueyes, nada de vacas viejas, buey de verdad. Independiente de una carta anexa donde relacionan todas las elaboraciones con buey y recogen su trazabilidad, cuando leemos el precio/kilo del chuletón ya sabemos que por 60€/kg se trata de auténtico buey.

Por precio aún nos resulta barato y alejado de los trés dígitos que suelen ser habituales cuando se trata de verdadero buey. Un análisis más técnico, sin ser un lumbreras, queda delatado por la edad de sacrificio 3 años y medio, así como un peso de 422kgs, alejado de bestias que rondan una media de 1000 kilos de entre 5-8 años, aunque hay ejemplares que han superado los 2000 kilos.

Alimentar un bicharraco de estos durante tantos años tiene un coste muy elevado que se traduce en el precio final de la carne que nos comemos. Para que os hagáis una idea, “Pezuñas” fue un buey de 2.200kgs criado en el País Vasco del que su propietario dijo en 2015 que le costaba alimentarlo 13,30€ diarios, echad números.

Más allá de kilos y euros, cuando me metí el primer trozo en la boca quedó totalmente retratado, esa grasa que se te mete detrás del paladar como la del buen jamón no dejaba lugar a dudas.

Perdonad la extensión, pero cuando me pongo a hablar de buena carne se me nubla la vista y hablo con demasiada pasión.

Pero además del buey que podemos comer en El Regueranu, pues vamos al lío.

Empecemos por un pastel de cabracho de buena factura y unas croquetas caseras mixtas de cecina y queso azul.

pastel de cabracho

pastel de cabracho

croquetas de cecina

croquetas de cecina

Seguimos con unos fritos de bacalao en tempura con alioli de ajo negro. La tempura no me acabó de convencer, más bien un rebozo bueno, nada que ver con la finura de las elaboraciones japonesas. Los trozos de bacalao grandes y muy jugosos con ese alioli tan acertado.

fritos de bacalao

fritos de bacalao

fritos de bacalao

Más pescado con los chipirones y langostinos a la plancha y patatas a lo pobre.

Cazuela de bacalao en pisto y huevo escalfado.

bacalao en pisto

bacalao en pisto

No podía faltar un buen cachopo, en este caso con cecina, queso de cabra y cebolla caramelizada que igual resultó demasiado notoria por cantidad. Aún así, tamaño apropiado, buena carne, rebozo crujiente y no excesivo, y buen acompañamiento de patatas fritas y pimientos del piquillo confitados.

cachopò de cecina y queso de cabra

cachopo de cecina y queso de cabra

El solomillo de novilla con foie a la plancha y reducción de Pedro Ximenez resultó fabuloso, tanto el grueso trozo de solomillo que estaba al punto perfecto y un descomunal trozo de foie, resultó como uno de los mejores platos.

solomillo con foie

solomillo con foie

Lo mismo puedo decir de la caldereta de cabrito, servida en cazuela de barro con un toque picante muy prestoso y la típica profundidad de sabor en unos buenos trozos de cabrito.

caldereta de cabrito

caldereta de cabrito

Para rematar, el chuletón que superaba el kilo y del que creo ya he hablado suficiente.

chuletón de buey

chuletón de buey

Las cuantiosas botellas de sidra nos subieron arriba y no perdonamos unos postres, una crema de arroz con leche y chocolate blanco, la tarta de la abuela y algo de helado para refrescar.

arroz con leche y chocolate blanco

tarta de la abuela

Sin duda El Regueranu queda apuntado como un sitio para repetir, todo un descubrimiento a las puertas de Oviedo.

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Tierra Astur


Tierra Astur Águila  – Plg. Águila del Nora – Colloto   Tlf: 985 791 228

Son miles los clientes que este grupo hostelero recibe a lo largo del año en sus distintas ubicaciones de Oviedo, Gijón y Avilés, pero igual no todos saben que esto comenzó hace 37 años, allá por 1981 con la creación de Crivencar, una empresa que se afanó por recuperar y aunar el producto alimentario asturiano, en especial, sus quesos de los que tan orgullosos estamos como región.

Desde sus tiendas, han sido los responsables de que más de un conocido fuera de la provincia, haya recibido como obsequio una de sus tablas. Algo que ahora nos parece tan simple, como juntar diferentes quesos en una tabla y envasarlos al vacío para sus distribución, no era común y puso en valor uno de nuestros más preciados patrimonios.

Poco a poco el listado de productos fue en aumento, desde los embutidos, legumbres, hasta los pack de sidra con su vaso, llegando a controlar una ganadería de ternera con denominación IGP asturiana con la que nutrir los restaurantes.

Su primer establecimiento lo abrieron en la calle Gascona, el conocido como Bulevard de la Sidra y pronto se ganarían su fama en sana competencia con sidrerías de mucha solera. La decoración y abundancia siempre han sido santo y seña de la casa, por ello muchos hemos tirado de sus establecimientos para impresionar a nuestras visitas. Somos grandones, lo sabemos y nos gusta vacilar de ello.

Aún siendo un reconocido fartón, mi opinión personal es que ya han alcanzado cotas demasiado exageradas. Algunos de sus tablones si bien llenan páginas de Instagramers, excederse con comida que acaba sobrando, no me parece muy razonable.

Soy consciente que esto también es una herramienta de marketing y cada cual posiciona su empresa como quiere, sus éxitos están más que demostrados pero no por ello deja de sorprender. La carta es un ejemplar de El Quijote con ilustraciones, muy bien editado, con fotos suculentas de todos los platos que al primerizo le hará dudar de si son una realidad aumentada. Cuando llegan los platos, nadie puede decir que le han engañado con las fotos, son tal cual.

Exceptuando el de Gijón he comido en todos, varias veces, y nunca he salido defraudado ya haya sido con carnes o pescados. La calidad que ofrecen, a unos precios muy competitivos, hace que las mesas vacías se puedan contar con los dedos de una mano.

Como ya anunciaba, la decoración es otro de los fuertes de Tierra Astur. Han sabido dar un toque “franquicia” que rebosa asturianía y del que otros han imitado. Esa profusión decorativa de nuestra clásica botella de sidra llama mucho la atención y como en el caso del Tierra Astur Águila con sus más de 3.000 botellas junto con los toneles mesa hace del restaurante un auténtico museo vanguardista.

Ya que estamos en Colloto, en el polígono donde antes se fabricaba la cerveza Águila Negra, de la que toma el nombre, he de hablaros de la original propuesta que ponen en marcha todos los jueves.

Organizan espichas tradicionales en las que la música de diferentes grupos es reclamo suficiente para salir de la rutina y recibir el fin de semana adelantado. De ideas el mundo está lleno, pero implementarlas con acierto es caso aparte y sin duda ofrecer un servicio de autobuses gratuitos desde el centro de Oviedo ha sido clave para su éxito. Ya llovió desde el “si bebes, no conduzcas” de Stevie Wonder, pero hoy por hoy con el acecho de la DGT, toma más sentido.

Aunque la mayoría de platos provienen de mi última vista al Águila, he recuperado algunos del último restaurante incorporado al grupo, Tierra Astur Parrilla donde por muchos años estuviera la Sidrería Asturias en la calle Gascona de Oviedo.

La sidra por supuesto no puede faltar y en esta ocasión como nos encontrábamos en un tonel donde no escancian aunque si podemos echar sidra con los tapones, decidimos utilizar un escanciador mecánico que le acababan de regalar a nuestros visitantes vascos.

Uno de los platos que no deberían faltar son los tortos de maíz en sus múltiples versiones.

Tarta de la Abuela


¿Tarta de la abuela?, de qué abuela, no tengo recuerdo alguno de que las mías me hicieran esta simple suculencia cuando era infante. Eso si, me postulo como nieto ilegitimo de casi todas las abuelas de los restaurantes que visito, cuando la tienen me es difícil sustraerme a tanta caloría.

Desconozco el origen y las diferentes versiones que puede haber en otras provincias, aquí en Asturias casi todas suelen ser muy parecidas. Galleta, crema pastelera y chocolate, tan sencillo como rico.

Hablando de abuelas y niñez, recuerdo un tronco de chocolate que hacía la madre de mi amigo Nacho en sus cumpleaños. Mantequilla mezclada con ColaCao se untaba en capas alternas con otras de simple mantequilla sobre galletas levemente empapadas en leche y posteriormente todo recubierto por esa crema de chocolate, servida bien fría era una delicia y una bomba calórica que en aquellos años no importaba.

He comenzado el año tratando de reconciliarme con la repostería, es un campo muy amplio que tenía descuidado en el blog.

En esta ocasión se me ocurrió hacer esta tarta, la favorita de mi novia, para celebrar una fecha importante para nosotros. Regalar algo así creo que tiene más sentimiento que muchas otras cosas materiales a las que uno está acostumbrado.

No hay mucho misterio en la elaboración y se prepara bastante rápido aunque tendremos que esperar a que esté bien fría. Como anécdota os diré que tuve que realizar dos tandas de crema pastelera, el molde de 25cm lleva bastante producto y quería unas capas gruesas.

Las galletas que se suelen utilizar son las clásicas tostadas, yo he utilizado unas napolitanas, más finas, por eso cada capa es doble, ese toque de canela me resulta muy atractivo.

Otro tema es el del molde. Yo he utilizado uno desmontable redondo, hubiese sido mejor uno rectangular pero reconozco la escasez de gadgets reposteros.

Ingredientes:

2 paquetes de galletas, 1 litro de leche entera, 8 yemas de huevo, 80grs de azúcar blanquilla, 60grs de Maizena, 200grs de chocolate negro, 200ml de nata 35% M.G. y una peladura de limón.

Lo primero que haremos será engrasar con matequilla nuestro molde, yo le he puesto una base de papel sulfurizado para desamoldar mejor.

En un recipiente con leche tibia iremos remojando las galletas sin excedernos, formamos una base que en mi caso es doble por el grosor de las napolitanas.

En una cacerola infusionamos la leche con la peladura de un limón. Mientras se calienta separamos las yemas de las claras, las mezclamos con el azúcar y batimos enérgicamente hasta formar una crema. A continuación le añadimos la Maizena y batimos muy bien.

Una vez que la leche esté caliente, la he pasado a una jarra para que sea más fácil incorporarla en hilo sobre nuestra mezcla. Poned un trapo de cocina en la base para que no baile el bowl, porque habremos de ir echando la leche y removiendo al mismo tiempo.

Una vez hecha la mezcla la volcamos en la cacerola y a fuego medio-fuerte removemos constantemente hasta que se nos forme la crema. No conviene despistarse para que no se pegue. Atemperamos un poco y vertemos sobre la capa de galleta. Ponemos otra capa de galleta y una última de crema pastelera. Enfriamos en el frigorífico durante unas horas.

Para la ganache de chocolate, picamos el chocolate y lo ponemos en un bowl. En una cacerola llevamos a ebullición la nata y la volcamos directamente sobre el chocolate, removemos hasta que se funda todo, sin grumos. Volcamos sobre el molde y con una espátula repartimos uniformemente, aprovechando que el chocolate aún está algo caliente, la decoramos con unas pepitas de chocolate y frambuesa antes de volver a refrigerar hasta su consumo.

 

Cuevas de San José


Cuevas de San José – Avda. de Lugo, 151   – Raíces (Avilés)   Tlf: 985 564 076

Hoy, por fin puedo hablaros de mi experiencia en las Cuevas de San José, un merendero tradicional, pero muy poco convencional, al que había intentado ir en un par de ocasiones pero que siempre había encontrado cerrado.

Ahora ya se que abren desde el Día del Padre (19 de marzo), hasta bien entrado septiembre o quizás principios de octubre si se goza de buena climatología y se puede estirar el verano.

Se trata de un merendero-bar-parrilla en una ubicación insospechada, en la que no se cae de casualidad aunque se encuentre a escasos metros de la carretera general que atraviesa la población de Raíces (Avilés). Es un recinto muy amplio que no os dejará indiferentes, esa decoración con muñecos XXL no pasará a los catálogos de ningún museo escultórico pero resulta muy campechana y divertida.

Un gran patio abierto con una zona de parrilla al fondo, está escoltada por unas zonas cubiertas llenas de murales de trazo infantil que aportan un colorido que incita a la diversión familiar. Sus verdes bancos corridos congregan tanto a familias como a parejas ávidas de un picoteo que puede convertirse en un ir más allá si optamos por carnes más contundentes o pescados variados a la espalda.

El recinto con forma de cuevas se distribuye en diferentes comedores revestidos por unas paredes de carga con canto rodado.

Los ritmos de cocina y parrilla no se rigen por una ortodoxia, aquí la comida va saliendo al ritmo que marcan los cocineros, eso si, de una eficiencia intachable porque si de rapidez hablamos en menos que canta un gallo teníamos la mesa repleta con toda la comanda.

Un merendero es equivalente a beber sidra y si la primera de Los Angones resultó algo ácida, el cambio de palo a la de Vallina, más dulce, resultó un acierto.

La jornada playera desgasta y con un trozo de empanada y una nectarina uno llega a la cena con mucho apetito, que de no mirar un poco por esa dieta auto impuesta, hubiese dado cuenta de más raciones.

Zamburiñas, media ración de sardinas a la plancha, morcilla Matachana y unas costillas de cerdo resultaron suficientes para rematar con un par de buenos postres caseros, una tarta de la abuela y otra de queso que preparó la simpática y servicial camarera, habitualmente cocinera.

No es de extrañar que este negocio con 60 años a sus espaldas siga siendo cita obligada de aquellos que visitan el concejo de Castrillón, no hay mejor remate para una jornada playera.

Las Canteronas del Centro


Las Canteronas del Centro – C/ Suárez de la Riva, 5   –  Oviedo    Tlf: 984 118 234

Renovarse o morir. Tampoco hemos de ser tan tremendistas, existen negocios que nos gustan tal y como son, darles un giro decorativo harían que se perdiera el encanto y en este caso sería una gran perdida de la historia de Asturias.

La genialidad de Chus Quiros quedó plasmada en este local a finales de los 90 cuando abrió sus puertas como La Tabla del Rey Ramiro (Ramiro I fue Rey de Asturias entre los años 842 y 850). Años después el negocio cambió de manos y se consolido como Punto y Coma, recientemente se convirtió en La Brasa Al Punto, del que he tomado la base del artículo que publiqué, pero en poco más de año y medio cesaba y ocupa su lugar Las Canteronas.

 

Aunque disponen de un local en La Florida, al que solía acercarme era la parrilla que tenían en la Avenida de los Monumentos, uno de esos locales que a pesar de su buena ubicación, parecen gafados y al tiempo me remito desde que lo conociera como Meraxko. Parece ser que el vecindario residencial de chalets no resulta muy amistoso por lo que me comentan y los malos humos no eran los que salían de una chimenea industrial. Veremos lo que dura el actual Terra Verde.

A rey muerto, rey puesto, ley de vida y el corto reinado de La Brasa al Punto esperemos que de lugar a uno bien largo por parte de la nueva gerencia de Las Canteronas, porque me gusta disfrutar de una parrilla en el centro de la ciudad sin tener que sacar el coche.

Otro de los puntos atractivos del local, es su terraza, no demasiado extensa pero totalmente mimetizada con el entorno.

Exceptuando detalles, la base decorativa sigue siendo la misma y así deberá permanecer. El concepto de parrilla sigue intacto y al no tratarse de noveles el tratamiento de sus carnes es muy aceptable.

Aunque la carta es variada lo que impera es disfrutar de aquellos productos cocinados en las brasas. Aquí tenéis una muestra de lo que hacían en la antigua ubicación, que por otro lado entiendo no variará sustancialmente.

En la última visita cayeron la típica morcilla tipo Matachana, chorizo criollo, churrasco, una milhojas y una mousse de chocolate.