Hideaway of Nungwi


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¿Amanecer o atardecer?, algo tan simple y cotidiano se convirtió en vital a la hora de elegir mi hotel en Zanzibar. La elección entre la costa este u oeste de esta isla tanzana o cualquier otra que podáis elegir como destino vacacional, se convirtió en prioritaria.

A pesar de que suelo despertarme pronto, incluso en días festivos, las 6 de la mañana no parece una hora muy apropiada cuando intentas descansar unos días. El nacimiento o puesta de sol marcó mi emplazamiento, mucho mejor resulta sostener un cocktail dentro de una piscina, que tratar de despegar los párpados con un café tempranero, así que Nungwi se perfiló como el lugar ideal.

Zanzibar es una isla poco explotada y ahí radica su belleza pero también sus limitaciones. Poco más de dos centenas de hoteles hace aconsejable escoger un buen alojamiento ya que las pobres infraestructuras y escasas opciones hosteleras desaconsejan un acercamiento más intimo con la cultura local.

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No os esperéis grandes o pequeños núcleos poblacionales donde acudir a un bar o restaurante, la mayor parte de la vida se desarrolla durante el día en las cunetas de las carreteras. Puestos con frutas y poco más será lo que os encontréis y al caer la noche, unos candiles no son la invitación adecuada para el foráneo aunque para los locales sea punto de encuentro, y no hablo de seguridad porque resulta un lugar bastante tranquilo.

Circunscritos a nuestros resort y pensando en las excursiones o jornadas playeras creo que lo más adecuado será contratar una media pensión, desayuno y cena.

Los hoteles, al menos el mío, son auténticos paraísos con unas estancias decoradas en estilo colonial y unas superficies ajardinadas envidiables. En las habitaciones no han de faltar las mosquiteras aunque he de deciros que apenas vi algún molesto trompetero, creo que fumigaban el complejo todos los días.

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Por primera vez en mi vida me vacuné contra la fiebre amarilla y no se cuantas cosas más, portaba una pulsera de citronela, y además desayunaba unas pastillas para no se qué. Sinceramente, creo que te infunden más miedo de lo en realidad es, aunque más vale prevenir que lamentar.

Fui con muchas ganas de sentirme sobrepasado por la gastronomía, estaba dispuesto a probar de todo pero por desgracia, este apartado que tanto me atrae de cualquier país, en esta ocasión se vio bastante frustrado.

Lo mejor del resort fue sin duda el desayuno, una amplia variedad de productos y unas tortillas francesas rellenas de verduras y queso junto con zumos naturales hicieron mis delicias y fueron sustento hasta la hora de cenar.

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Fuera de los buffet existen dos restaurantes a los que se puede acceder dentro del plan de comidas eligiendo un menú, aunque también se puede comer a la carta. Los menús son suficientes ya que la carta no es muy extensa y no merece la pena el desembolso extra.

Carnivorous and More, se le presuponía un templo ideal para mi persona, pero me dejó muy insatisfecho. Probé la carne de búfalo y la de avestruz siendo la primera bastante más sabrosa y con mejor punto de cocción. Unos entrantes con unas tempuras muy pobres, un cocktail de pescado y marisco bastante insípido, unas gambas lavadas y unos postres demasiado empalagosos fue todo lo que dio de si. Los dátiles rellenos de cacahuetes,  son un exceso de azucares bastante cansino y la versión local del donuts especiado con cardamomo (kaimati) se deja comer.

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Ishi Tepanyaki, tampoco emocionó. El variado de tempura y sushi para olvidar, los salteados de langostinos y ternera con vegetales, ensalada con salsa kimchi que se acompañaban de fideos yaki udon y arroz nasi goreng respectivamente, fueron bastante correctos. En los postres un eclair hot dog relleno de nutella, nata y frutas, acompañado de helado y una tarta de queso de limón y jengibre gustaron mucho más que los del día anterior.

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El último día nos coincidió con una cena de gala, un gran buffet con carnes, pescados, mariscos, pasta, arroces…..Lo mejor de todo fueron los platos con raíces hindús y la selección de quesos. En general tienen una forma de cocinar muy pobre, maltratan el producto con excesivas cocciones y si hablamos del marisco que en si resulta muy insípido por estos lares, el resultado acaba en tragedia culinaria.

No se puede tener todo así que mi silueta lo agradeció y me quedo con las magnificas instalaciones y una de las mejores playas en las que haya estado. Los atardeceres africanos son inolvidables y vivir esta experiencia en la plenitud del enamoramiento eclipsa cualquier carencia.

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