La Nieta


La Nieta – Camino de Los Nogales, 318   –  Somió (Gijón)    Tlf: 985 335 090

Qué sucede cuando uno pierde uno de sus restaurantes de referencia, ese que nos gusta recomendar porque sabemos sorprenderá a propios y extraños, pues ni más ni menos, que uno se queda desvalido y entristecido por semejante pérdida.

Este fue el caso de la Sidrería Marisquería Gerardo, ubicada en en la calle Sabino Fernández Campo, 2 de Oviedo. Escondidos en el bajo de un soportal con extraño acceso, era de esos lugares que conoces o ni encontrándonos perdidos como Robinson Crusoe hubiésemos recalado allí.

Sin duda el boca a boca de su excelente gastronomía basada en un buen producto y el trato recibido por los comensales, hacía que los fines de semana fuese complicado conseguir mesa. En mi grupo de amigos había dos platos que nunca podían faltar por ser de fácil reparto y por su excelencia, las almejas con verdura y el chuletón.

Alguien de raza como Gerardo, que había pasado por lugares tan emblemáticos como La Gruta, Casa Conrado o La Campana antes de abrir su propio negocio, no podía extinguirse así por las buenas ya que tras él, junto con su mujer Sara y sus hijos Alejandro y Fernando, tenía un legado de sabiduría, que por carácter no podía desaparecer.

Tras una temporada sin ir descubrí que habían desaparecido, qué gran pérdida entre casi sollozos le dije a mi acompañante, no sabes como lamento que no puedas probar esas almejas.

Transcurridos unos años y por estas maravillas de las redes sociales averiguo que Gerardo se había llevado sus fogones a Gijón. La sorpresa fue tan agradable e intensa que mis papilas gustativas tiraron del recuerdo y salivé con el sólo pensamiento.

Gerardo Fernández se había aliado con el también cocinero Jesus Antonio para revitalizar la que había sido La Posada, en Somió. Con semejantes instalaciones, el regreso no podía tener mayor visibilidad.

Si hay algo que me gusta mucho de Gijón es esa adaptación al medio rural, aunque en realidad sean satélites de una gran urbe. Subir por Somió, la Providencia, dirección Deva, Santurio…nos depara muchas sorpresas gastronómicas a la vuelta de cualquier carretera terciaria, han sabido mantener y explotar lo que es su día eran los merenderos.

Hablo de esos locales donde por las penurias económicas de los años 50-70 concitaban a familias que tupper en mano ocupaban las mesas de unas terrazas con prado en las que se autoservían las bebidas que el local de turno proporcionaba.

La Nieta se ubica en una vieja casona donde la tenada, cuadra, y resto de anejos se han reconvertido en un local de gran capacidad, que mantiene la esencia primigenia con sus arraigados muros de mampostería y vigas de madera de gran porte en los que cobijar eventos de gran magnitud, la conocida BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones).

Esa amplitud se extiende a un buen aparcamiento privado, una amplia terraza con su hórreo e incluso una zona para el disfrute de los niños que está convenientemente alejada por aquello de las molestias. En definitiva, un gran espacio que da cabida para el disfrute de todos, juntos pero no revueltos.

Encontrarlo no es muy difícil si alguna vez habéis ido a la Discoteca El Jardín. Subiendo por la carretera del Piles-Infanzón, pasado el Somió Park a mano izquierda, en el Camino de Los Nogales.

La terraza tiene muy buena orientación y en días soleados desde la hora del vermú el sol está garantizado para disfrutar antes de comer de una botella de sidra acompañada de alguno de los pinchos que van ofreciendo, el trozo de empanada recién salida estaba de muerte.

Para beber, nada mejor que ambientarnos con una sidra de la zona. Alto Infanzón toma el nombre de su ubicación en Cabueñes y pertenece a al llagar JR donde la familia Rodríguez comenzó en 1910 con su elaboración y de la que el actual propietario Juan José Tomás Pidal aprendió desde joven trabajando a las ordenes de Fermín Amador Rodrígues, último miembro generacional de la familia Rodriguez.

Comenzamos con unos calamares de potera para seguir con unas zamburiñas (volandeiras).

Llega el momento orgásmico de la comida, volver a disfrutar de las almejas con verdura. Con barquitos o directamente a cucharadas nos deleitarnos con ese repollo y puerro bien picaditos, de sabor intenso, abundancia de almejas con buen calibre, no habrá niño o mayor que se resista a chuparse los dedos o jugar con las conchas a modo de cuchara rebañando hasta la última gota de tan glorioso manjar.

Finalizamos la comida con un besugo a la espalda, con sus patatinas panadera, que decir!

Mientras comíamos, daban en la televisión el Gran Premio de Mónaco. Sus terrazas VIP llenas de bon vivants podrían producir la envidia de algunos, pero os garantizo que si las cámaras hubiesen retransmitido nuestra comida, nosotros hubiésemos sido los envidiados.

Para el café retornamos a la terraza y si no llega a ser por otros compromisos, hubiésemos hecho la sobremesa con más sidra esperando el turno de cenas.

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