Marcelino


Sidreria Marcelino – C/ Santa Clara, 6  –  Oviedo    Tlf: 985 220 111

Juernes, veroño, sinpa, son algunos vocablos que poco a poco se han incrustado con mayor o menor acierto en nuestro vocabulario. Hoy os hablaré de un viejoven, pues aunque sólo lleva entre nosotros desde 1987, podemos considerar a esta sidrería de la calle Santa Clara, como un clásico.

Claro que 27 años son muchos, especialmente en el mundo de la hostelería donde deberían equiparase a los años de un perro o gato. Existen negocios centenarios o al menos con medio siglo a las espaldas y otros que en especial durante los últimos años de crisis han durado lo que viene siendo un suspiro, por ello Marcelino es un viejoven.

Como vecino del barrio, durante los diez años que viví en la próxima calle de La Luna, el Marcelino era uno de mis habituales cuando buscaba una sidrería sin entrar en la turística Gascona. Ya sea con sus menús del día o a la carta, nunca me ha defraudado y su personal resulta muy eficiente y amable.

Si de sidra hablamos, es un local donde saben escanciar y mantienen un buen ritmo, sin tener que recurrir a los escanciadores mecánicos de los que tengo una relación amor-odio. Por un lado han hecho que la sidra vuelva a resurgir y cada vez encontremos más restaurantes que la ofrezcan, resulta limpio y no requiere de la atención de un camarero, por otro se va perdiendo una de las señas identitarias.

Zapatero a tus zapatos, mucho mejor esta excelente sidra naveta que el peor Presidente de Gobierno, ya sabíamos que cruzando el Negron, en León la sidra no espalma bien.

Mientras corrían las primeras botellas en espera de nuestra comanda, nos sirvieron un generoso aperitivo de cecina, aquí si que en León lo saben hacer bien.

Si hay niños en la mesa, la croqueta de jamón nunca puede faltar y si resulta tan sabrosa como estas, va a ser que los niños van a llegar con hambre a la merienda, mientras ellos soplan y se comen una los adultos ya vamos por el par.

Al no haber andaricas decidimos compartir un centollo recién cocido, no estaba muy lleno pero con el huevo cocido resultó un buen entretenimiento mientras se hacía el arroz.

Arroz caldoso con bogavante del Cantábrico, buen punto del arroz y plenitud de sabor en las abundantes tres raciones.

Comenzar las rebajas y cambiar algunos errores de tallaje de los Reyes abre mucho el apetito y conscientes de que esa sería la última comida copiosa de las navidades, no podía faltar la carne.

Cuando te recomiendan el lechazo que está recién asado, uno carece de fuerza de voluntad y aunque sobraron un par de trozos, ahí nos lanzamos. Como yo nunca desperdicio nada, el tupper se hizo hueco para una futura receta entre las bolsas de comercios.

Arroz con bogavante y arroz con leche de postre, sólo faltó poner a Rod Steward de música de acompañamiento. Cremosísimo, con azúcar requemado, de 10.

Hacía tiempo que no los visitaba pero hay cosas que no cambian, en el Marcelino se come de toma pan y sidra.

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