Pizza Loves Emily


La historia que esconde el extraño nombre de este local, está basado en una historia de amor que se remonta a la época de instituto de los dos protagonistas, por su puesto Emily y su ahora marido Matt Hyland se conocieron comiendo pizza, repitieron la segunda vez que se vieron, en la primera cita formal fueron a una pizzeria y así hasta el día de hoy.

Cuando planeé el viaje a Nueva York hice mis deberes con esos restaurantes upscale, pero no menos importante era el apartado de pizzas y hamburguesas, debía nutrirme de las mejores y pronto las redes me informaron de la apertura de este local en el West Village.

Precedido de una buenísima fama ganada en tan solo tres años con su local de Brooklyn, Emily y Matt han cruzado el Hudson para jugar la liga de los grandes. Aunque la pizza es la reina del local, su única hamburguesa que en Brooklyn hacen en cantidad limitada a 25uds, es el rey.

La elección del local no es casual, sus mazmorras esconden un horno de leña que data de 1860 que había sido restaurado por los propietarios del antiguo negocio Blue Ribbon Bakery Kitchen, inquilinos durante dos décadas.

Sin duda un buen horno garantiza unas buenas pizzas, y Emily Loves Pizza es el único lugar que ofrece bajo el mismo techo las clásicas round pies en tamaño 12inch (30cms) y las versiones cuadradas al puro estilo Detroit-Grandma pies 8×10 inch (20x25cms).

El local, como todos en NY cuando anochece bajan sus luces y crean ese especie de ambiente intimo, anaranjado que tanto me desespera porque no se ve bien la comida y me arruina las fotos.

El cansancio del día turístico se suma al de los cinco días anteriores y la espera hasta la hora concertada de reserva se nos antoja demasiado larga. Probamos fortuna y consiguieron encajarnos con una hora de antelación, algo que agradecimos como si hubiésemos presenciado una aparición mariana.

Según entramos una pequeña barra de bar a nuestra izquierda parecía demasiado concurrida en caso de no haber salido nuestro plan. A simple vista parecía que no había sito disponible, pero nuestra sorpresa vino cuando además de acceder, nos acompañan a un subterráneo.

Ya os comente en otras ocasiones que el subsuelo de Nueva York esconde muchos misterios y este fue uno de ellos. Diversos recovecos de vetusto ladrillo alojaban un comedor, un reservado con vistas a la bodega, la cocina con su horno de leña y los aseos.

Ya sentados, lo primero era refrescarse con unas cervezas, una pinta de Other Half Forever Ever y una Crooked Stave St. Bretta.

Me hubiese gustado estar sentado en una mesa grande rodeado de un nutrido grupo de amigos para poder probar unas cuantas elaboraciones, al final la realidad es que entre dos no pudimos cometer grandes excesos, una hamburguesa y una pizza para compartir parecía abundante comida.

Como para la hamburguesa solo había una clase resultó fácil. Lo complicado vino con las pizzas, primero elegir si la queríamos fina o estilo Chicago, la segunda opción resultaba más atractiva por se inusual en España. Nos dejamos aconsejar por la camarera y nos dijo que la For The Nguyen era una de sus top sellers, adelante!.

La hamburguesa se llama Emmy Burger Double Stack. Dos piezas de ternera madurada LaFrieda, salsa Emmy, cebolla caramelizada, queso americano y pepinillos sobre un bollo Tom Cat Pretzel, se acompaña de unas patatas fritas rizadas.

El secreto de la salsa Emmy es la mezcla de mantequilla y una ácida pasta de chiles koreanos fermentados, llamada gochujang. El queso que utilizan es un Grafton Cheddar envejecido.

Jugosa, sabrosa, un pan que aguantó a la perfección, grande….sin duda alguna pasa por ser la hamburguesa mejor que haya comido en mi vida, y os garantizo que han sido muchas durante los tres años que viví en San Francisco.

La pizza elegida se compone de pollo, una salsa koreana que utilizan en sus también afamadas alitas de pollo, cebolletas, buttermilk blue (un tipo de queso azul) y unos rábanos rosados.

Los trucos de esta crujientísima pizza estilo Detroit están en ponerle una capa de salsa de tomate en crudo durante el horneado de la masa, el queso se esparce incluyendo los bordes para que queden crujientes y mantenga su interior mullido, la salsa de tomate elaborada se echa cuando se saca la pizza.

No quedaron ni las migas pero si las ganas de haberse comido media más de otro sabor, ahora que lo pienso teníamos que haberla pedido y llevarnos los restos al hotel.

Ese hueco que nos había quedado lo llenamos con un postre de calorías y contundencia propia de los americanos. S’moresby es un pudding de chocolate denso, nubes requemadas (marshmallow) y crumble de graham crackers. Lo ideal para meterse en un taxi, llegar al hotel y que no nos molesten, no quiero pensar lo que hubiese sido la caminata hasta el hotel que teníamos pegado junto a Grand Central Station.

Habiendo comido el Rey y la Reina, pues eso, quedamos satisfechos como reyes. La fama que han adquirido es totalmente justificada y sin duda os recomiendo buscarlos en esta ubicación o la de Brooklyn.

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