Wagamama


Me apetece comer comida asiática, pero estoy dudando si me apetece chino, japones, koreano o tailandes, Wagamama nos lo resuelve y se convierte en el mejor batiburrillo posible.

También esta la opción de voy donde digan los niños, y esta vuelve a llevarnos a Wagamama. Durante nuestro viaje a Boston a casa de mi amiga Jennifer, sus hijas Lily y Ella fueron las encargadas de hacer la elección, que nos situó en esta cadena dentro del Centro Comercial Prudential, en pleno centro de la ciudad.

La comida asiática en general me encanta y no le hago ascos a ninguna, pero lo del centro comercial me echo algo para atrás, he de reconocer. Una anterior experiencia en el Fujiyama del Parque Principado con un buffet libre infame, aún seguía clavado en mi memoria.

Wagamama significa niño travieso en japones y esta travesura podía salirnos cara, ya se sabe que los niños tienen unos gustos peculiares. El local totalmente diafano esta lleno de bancos corridos de madera, al estilo de los locales de ramen japoneses. Con bastante rapidez nos encontraron acomodo para los cinco puesto que las mesas se comparten y te puede tocar al lado de un total desconocido.

Una decoración muy minimalista donde solo destacan unas lamparas y una gran cocina vista que preside el espacio. Una carta que tiene muchos de los clasicos de esas cocinas que cité al principio, y que se sirven según salen de cocina, sin orden alguno pero con bastante efectividad y rapidez teniendo en cuenta que la camarera no hizo ninguna anotación, excepto la mental.

Antes de seguir con la crónica y a la hora de escribir este artículo, me he informado y llevado alguna que otra sorpresa de lo que es Wagamama. El primer restaurante data del año 1992 y fue fundado en Inglaterra por el hongkonés Alan Yau que llegó allí con 12 años, supongo que fruto del colonialismo británico.

Mi primer error fue pensar que era una cadena americana, de hecho sólo tienen cinco restaurantes en todo el país, 3 en Boston y 2 en Nueva York. Con más de 170 restaurantes, la mayoría en Reino Unido,  se ve que Yau hizo la expansión en la Nueva Inglaterra como aquellos que formaron las colonias tras la llegada en el MayFlower.

Otra de las sorpresas es que también tenemos algunos en Madrid. Hace menos de un año que abrieron el primero de la mano de VIPS, en Serrano 41 y ya van por cuatro localizaciones. Precisamente hace poco mas de un año que no voy por el centro de Madrid y ese local era el que tenía un Starbucks al que solía ir y que me sorprendió encontrar cerrado.

Aunque no llegaron por este orden, intentaré mantener una estructura tradicional y comentaros como fueron los entrantes. La verdad que resultaron la parte más floja de toda la comida, tanto las gyozas al vapor como los baos.

Las gyozas expresamente las queríamos al vapor y el toque de plancha no agradó, creó una costra dura. Las elegidas fueron las yasai de verduras y otras de pollo, 5 unidades acompañadas de una salsa de soja tirando a dulzona.

Los bao fueron el de panceta de cerdo con manzana en panko y el de ternera con barbacoa koreana y cebolla morada. En su interior van impregnados de una mayonesa japonesa y cilantro. La esponjosidad del panecillo era buena y los rellenos correcto pero sin que te enamorases de ellos, en el Yakitoro de Alberto Chicote los recuerdo mucho mejores.

Pasamos a los platos principales. Comencemos por el ramen de cerdo shirodashi que se compone de una panceta de cerdo confitada y sazonada sobre una sopa de noodles con intenso caldo de pollo, dashi y miso, aderezado con brotes de berros, menma, cebolleta, wakame y medio huevo tintado con té.

Cocinados en el teppanyaki están los fideos planos de arroz del Pad Thai que se saltea con una salsa de tamarindo, huevo, brotes de soja, puerros, chiles y cebolla morada, aderezado con chalotas fritas, cacahuetes, menta y lima. El tema de la menta creo que es una de esas travesuras donde han sustituido el cilantro.

Las niñas optaron por el ramen de pollo, fideos con caldo de pollo, brotes de berros, bambú tierno, cebolleta y pollo a la parrilla, aunque Lily sustituyó el pollo por ternera porque no le gusta la carne blanca (increíble para una niña de 10 años).

Finalmente mi elección fue un curry, concretamente el Itame de pollo. Noodles de arroz en una sopa picante de coco, menta y lemongrass con brotes de soja salteados, cebolla morada, cebolleta, bok choi, pimientos,  setas shiitake y chiles, aderezado con lima y cilantro.

Por rapidez, abundancia, sabor y gran parecido con las recetas tradicionales, todos y cada uno de los platos principales tienen un nivel bastante bueno, como para repetir. La verdad que me sorprendió y salí muy satisfecho, además los precios son muy contenidos.

Revisando la cuenta casi se me caen las pistolas, una copa de Sauvignon la cobraron a 12$ cuando en la carta española se cobra a 2,95€. No nos extrañe que los guiris jóvenes vengan a Magaluf, Gandía, Salou, Lloret de Mar… a ponerse como piojos, a estos precios pueden abrevar para todo el año.

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