El Jardín de Yume


El Jardín de Yume – C/ San Bernardo, 16  –  Avilés     Tlf: 985 568 515

Lleva abierto poco más de dos meses pero el olor que sale del Jardín de Yume no es precisamente olor a nuevo, huele a pan y a repostería hecha con mimo, la familia Yume crece.

Aprovechando la última visita a su hermano mayor, no se me ocurrió mejor forma de terminar la comida que ir a tomar el postre y el café a la terraza del Jardín, aun a sabiendas que me perdería los deliciosos postres que ofrecen en el restaurante.

La cocina moderna, quizás saturada de espumas, esferificaciones, bajas temperaturas y demás experimentos que nos han aportado grandes momentos culinarios, está realizando una introspección a los orígenes, en busca de productos y técnicas milenarias que nos transporten a sabores y olores del pasado.

Una de esas búsquedas cada día más presentes, está en el pan, ese que dio de comer a los pobres en épocas de hambruna pero que sabía y olía como el mejor de los manjares. Afortunadamente la baguette ha muerto, y no me refiero a la excelente barra francesa, hablo de los engendros pre-cocinados, congelados y sabe dios que más maltratos.

Masas madre, fermentaciones largas, variedad de cereales, complementos naturales que den sabor, especias, semillas…etc es el nuevo camino a seguir y buscar para completar una buena comida.

El Jardín de Yume es un lugar con mucho encanto, de esos que no te esperas cuando juzgas la fachada de un local. Cuando localicé la calle y vi que era la misma del Café de Pandora, rápidamente sin poner un pie dentro ya me hice a la idea de cómo sería el local, al menos en su morfología.

Esta manzana tiene una zona interior con unos patios muy agradables en dos niveles, es como un oasis, un remanso de paz que te hace desconectar rápidamente de la ciudad.

La decoración sigue la línea vintage romántica del Yume (no se si existe este término pero es lo que me sugiere). Tiene ese je ne sais quoi que engancha, eso que llaman lugares con encanto o cuquis (tranquilos, no fui a tomar café con Tamara Falcó Preysler, mi compañía fue más grata).

Además de pan y café podemos encontrar diferentes tipos de bollería artesanal, dependiendo del día ofrecen unas cosas u otras. Por si fuera poco, los sábados y domingos previo encargo, realizan bruch a medida.

Un espacio como este invita a ser compartido y por ello, desde su apertura han venido organizando diferentes talleres, uno de ellos florales, qué mejor sitio que un jardín.

Supongo que a la mayor parte de los humanos les pasará desapercibido, pero una de las estrellas es el horno abovedado junto al pozo. Ahí se hacen panes de calidad pero también podríamos hacer unas pizzas de lujo, unos asados de quitar el sentido…etc, ay! como se me ve el plumero con lo salado.

Ya visteis más arriba el pan que degustamos en la comida, ahora os enseño la caracola, el doughnut y las madalaines de commercy que acompañaron nuestros café y tés.

El viejo catre de hierro que hace de sofá resultó demasiado tentador y con lo lleno y a gusto que estaba, a poco que me hubiesen animado, ahí hubiese echado una plácida siesta.

Desayuno, media mañana, café después de comer, merienda…ahora que ya entró la primavera, el Jardín de Yume no puede faltar en vuestras agendas.

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2 comentarios en “El Jardín de Yume

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