Gunea


Gunea – Avda. del Campo, 20 – Cruz de Illas (Avilés)   Tlf: 985 546 527

Según la traducción literal del euskera, gunea significa área, pero si lo trasladamos a los sentimientos y significado que Begoña Martínez y Pablo Montero han querido dar, se trata de ese lugar al que quieres regresar, una vuelta a los orígenes y a la historia que ambos nos quieren trasladar.

El pasado 31 de enero dio comienzo una nueva etapa en la que tras diez años desde que coincidieran en las cocinas del reconocido restaurante de Koldo Miranda, en La Cruz de Illas (Avilés), volvían en una doble faceta de cocinero y jefa de sala además de empresarios.

Una década de aprendizaje y éxitos que en el particular espacio de los chef trotamundos ha llevado a Pablo por lo más granado del mundo de la restauración. El citado Koldo Miranda, Andoni Luis Aduriz en Mugaritz, Dani García en Calima, Josean Alija en Nerua, Heston Blumethal en The Fat Duck y bajo el paraguas de Aduriz en el Refectorio conseguiría la primera Estrella Michelín de este restaurante en el hotel – bodega Abadía Retuerta LeDomaine.

Ya es casualidad que hace un año hubiese planeado visitar el restaurante en Sardón de Duero para la celebración de los 70 años de mi madre, pero al servir solo cenas lo cambié por el también Estrella Michelín de Víctor Gutierrez en Salamanca, camino de un encuentro familiar en Olmedo.

Esta vez el cumpleaños se lo organicé en Gunea y no pudimos quedar más satisfechos, por cocina y por el trato recibido. Se trata de una cocina de profundidad, de sabores, de mercado, a la que obviamente aplica técnicas de vanguardia pero más orientadas a la cocción y respeto por el producto que a una puesta en escena de escaparatismo.

Si accedéis desde la Autopista del Cantábrico, una vez que tomáis la salida y en la glorieta cogéis dirección Avilés, esta a pocos metros a mano izquierda, pasa desapercibido por la frondosidad de unos árboles. Se distingue fácilmente por su gran ancla en el patio de entrada y si continuáis por la pequeña carretera encontráis un amplio parking privado.

Se trata de una casona asturiana con su galería de madera al frente,  aunque llama la atención un módulo con cubierta inclinada anexo que alberga el comedor central con una doble altura libre hasta el techo.  La superficie acristalada en fachada principal y posterior confiere gran luminosidad, algo que el la plata superior han aprovechado para dejar un gran vano acristalado que también aporta luz natural a la sala, que de otra manera se vería algo cegada.

Desde el aparcamiento se accede a un jardín lleno de anclas y hélices atravesando la cubierta de un antiguo pozo. Una terraza que con el buen tiempo seguro se le saca mucho partido.

Las gruesas paredes de piedra vista ya son bastante decorativas, al igual que las vigas metálicas del comedor que junto con abundancia de maderas en tonos rojizos dan protagonismo a un espacio donde la arquitectura es la propia decoración. Sin embargo tanta presencia de anclas y hélices en su exterior nos confunde con un ambiente marinero que no se refleja en el interior.

La carta tiene una sección de platos que pueden degustarse a modo individual en raciones enteras o ser compartidas en formato media ración, algo que resulta muy interesante para poder probar más cosas. Además al guiarse por una cocina de mercado, en esta ocasión nos ofrecieron unos cuantos “fuera de carta”, perfectamente explicados con sus precios y no sufrir el temido “me la metieron doblada, por no preguntar”.

Para abrir boca nos sirvieron una mantequilla de quesería La Fontona en la cercana San Martín de Luiña, Cudillero. Venía sazonada y especiada con hierbas, acompañada de un pan de hogaza magnífico que nos acompañó el resto de la comida.

Comenzamos con una sardina ahumada y puerro en vinagreta, una unidad por persona. Los lomos eran espectaculares, carnosos, muy sabrosos y el puerro braseado con la cebolla roja encurtida resultó una gran combinación.

Seguimos con una ensaladilla de gamba blanca al ajillo que no dudo en situar entre el Top 3 de ensaladillas que haya probado, de cualquier versión. La gamba, casi cruda, como si hubiese pasado de puntillas por la sartén mantenía toda la pureza de su sabor.

Nuestro primer fuera de carta resultaron unos callos a la madrileña, acompañados de unas patatinas sufladas. A lo largo del año como muchos callos, las diferentes versiones al estilo que se preparan en Asturias, pero cada vez que caen unos “a la madrileña” y si son tan buenos como estos, me hacen inclinar la balanza a esta forma de cocinarlos.

Por seguir con el fuera de carta, ya dentro de las elecciones como principal, mi madre se decantó por un tartar de palometa. Estaba bueno pero tampoco entusiasmó, por el tipo de pescado, no por la perfecta elaboración que tenía muy bien equilibrados los sabores.

El guiso de calamar encebollado fue otro de los platos, salsita bien trabada, potente y un calamar tierno.

Dentro de los pescados del día otra de las elecciones fue esta buena pieza de rodaballo acompañado de verduritas de temporada.

Yo me decanté por el lomo alto deshuesado de vaca raza Casina. Había visto una foto en el Facebook del chuletero de 20 kilos con 35 días de maduración y aunque decía que era para dos personas, no me pude resistir. Al final resultó una pieza de 480grs libre de hueso acompañada de unos pimientos rojos asados y patatas con su piel, vamos, el sueño de cualquier buen carnívoro. Difícil distinguir de la mantequilla servida al principio.

Para los postres me apeteció un esponjoso savarín al ron, avellana y naranja. Aunque de origen polaco este postre es toda una institución de la pastelería francesa. Con el helado de avellana, el ron y la naranja no resultó nada pesado y si muy refrescante.

A mi llegada les había facilitado una vela para el postre de mi madre que pretendía prescindir de el. Con mi insistencia eligió al menos un delicioso helado de canela, pero en cocina vieron que no era muy apropiado y montaron un plato con unas trufas de café y la felicitación escrita. Todo un detalle que es muy de agradecer.

Para finalizar nos obsequiaron con unos caramelos caseros de mango y fruta de la pasión.

Una gran comida para celebrar un gran día y la satisfacción personal de haber acertado con mi apuesta. Sin duda alguna Gunea dará mucho que hablar en el futuro; juventud, ganas y profesionalidad en un entorno mágico son los ingredientes para una formula de éxito.

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