Chinastur


¿Qué ha pasado con los chinos?, ¿por qué han ido desapareciendo?. El boom de los 70-80 donde todo eran Grandes Murallas, Dragones Rojos, Hong Kong, Shanghai…fueron los pioneros en la expansión de las cocinas internacionales, incluso antes de que llegaran las grandes cadenas de hamburguesas americanas.

Mi primera experiencia con un chino se remonta a Benidorm, cuando tan solo debía tener 4 o 5 años, aquellos sabores tan distintos me cautivaron. Con los años descubrí que había una cosa que se llamaba glutamato monosódico, que además de perjudicial era el causante de hacer que esos sabores engancharan.

Aunque graciosos, nunca le di validad a las leyendas urbanas respecto a la comida china. El gato por liebre ha sido la más utilizada, otras hablaban de la falta de decesos y de donde podían acabar inmigrantes ilegales que por su gran parecido nadie se daría cuenta de su sustitución.

Llevo toda la vida comiendo chino y nunca nada me ha sentado mal, también debo decir que no soy persona con escrúpulos y me aplico el dicho ese de “lo que no afuega, engorda”.

Donde mejor chino he comido ha sido durante mis años en San Francisco, uno de los chinatown más antiguos fuera de su continente. Había platos realmente deliciosos y restaurantes dignos de hacer cola de espera.

Con los años he podido viajar a Hong Kong y Shanghai y he comido de cine, al igual que hace poco en mi viaje a Nueva York donde visité Da Dong, el nuevo restaurante del más afamado chef de toda China.

Los restaurantes han ido desapareciendo y ya quedan muy pocos exponentes. Los japoneses les han tomado la delantera desde que los chinos se han trasladado al mundo del “Todo a 100”. Aún así, en general, la comida asiática no está muy conseguida y son pocos los exponentes que merezcan la pena, al menos en Oviedo.

De los pocos supervivientes fui a Chinastur, mi madre tenía ganas de ir y reconozco que hasta me hacía ilusión. Traspasé la puerta y comenzó la decepción.

Se trata de un local grande, no tiene mala ubicación pero dentro transmite más frialdad que un jugador de ajedrez. La decoración es paupérrima y se nota descuidado, han cambiado luminarias y ni tan siquiera se han dignado a dar una mano de pintura.

El servicio, con tan sólo tres mesas ocupadas resultó muy ecléptico, por no decir que requiere la mano de Chicote. Unos platos llegaban y el otro miraba, cuando llega por fin el tuyo al poco aparecen con el segundo, menos mal que es una comida que aguanta bastante caliente.

Tras analizar la carta, me dí cuenta que lo más rentable era pedir su menú. Para qué pagar más cuando hay tantas opciones a elegir entre entrantes, primeros y segundos.

La sopa agripicante muy mediocre, los tallarines un auténtico batiburrillo de pollo y ternera, el pollo con setas fue la mejor opción, el cerdo agridulce para devolverlo al instante y lo mismo con el plátano frito.

Quiero incidir en el cerdo agridulce, un plato que me encanta y que siempre suelo pedir. La primera vez en mi vida que me sirven este formato bolas que parecen firmadas por Findus. La salsa agridulce no se que coño era, parecía una macedonia de frutas triturada donde prevalecía el mango.

El plátano, ya con ver el tamaño no me pude resistir a la disección. Insípido y negruzco.

Lo siento mamá, pero la próxima vez no seré yo el que te acompañe. Creedme que siento especial tristeza porque es un tipo de comida que me encanta pero hoy por hoy, en Oviedo, me siento huérfano.

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4 comentarios en “Chinastur

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