Mi Candelita


Mi Candelita – Playa de Bañugues, Gozón     Tlf: 985 883 150

La primera vez que escuché acerca de Mi Candelita, los inputs que entraron directamente en mi cerebro para liberar dopamina fueron #playa, #mar y #arroces. Nada desdeñables si consideramos que quedan cuatro días para el comienzo del verano, aunque no lo parezca.

La siguiente información centraba a Fran Heras como responsable del proyecto así que la cosa no hacía más que mejorar. Los afortunados que vivan en Barcelona aún pueden disfrutar de su magnífico Llamber y de El Chigre 1769, pero la orfandad que sufrimos con su marcha del primigenio restaurante de Avilés, nos ha sido devuelta con un regreso al concejo de Gozón, como el padre que se reencuentra con su hijo dado en adopción.

Y si de hijos hablamos, esta nueva apuesta tiene por nombre el de su hija, una luchadora con una cardiopatía congénita. Un proyecto con mucho corazón que se refleja en su arroz Mi Candelita, donde un euro de cada ración va destinado a la asociación APACI.

Si bien es una zona que suelo frecuentar, la playa de Bañugues no cuenta con mis favores. Con marea baja, como podéis apreciar en las fotos, la zona de baño queda muy alejada, además de tener una zona de pedrero considerable y cantidades ingentes de visitantes.

El antiguo chiringuito tampoco me resultaba atractivo a pesar de tener unas magnificas vistas, los lugares tumultuosos no van conmigo salvo que exista una fuerza mayor que prevalezca. Con Mi Candelita he encontrado esa motivación.

Domingo, día de perros, lluvia y 13º no fueron obstáculo para encontrar un lleno total, preludio de lo que acontecerá a lo largo de este verano. La estampa que nos encontramos resultaba desangelada, el restaurante cuenta con dos amplias áreas al aire libre que tenían recogidas mesas y sillas, aunque es fácil imaginárselas abarrotadas a poco que el tiempo mejores cinco grados.

En el exterior cuenta con dos terrazas atechadas destinadas a comedor. Una “más lujosa”, la diferencia es que está cerrada con estructura de aluminio, puerta automática de cristal, mesas y sillas de madera, suelo cerámico y unas lamparas colgantes; la otra abierta con toldos cortavientos plegables, goza del mismo motivo decorativo de un arbolito y un ventilador de aspas, aunque las sillas y mesas son de aluminio con plástico trenzado, el suelo es un pavimento continuo de cemento impreso e intuyo que con la salvedad de poder fumar, respecto a la otra.

El interior está presidido por una larga barra frente a seis mesas para cuatro comensales cada una, la cocina queda vista y la decoración destaca por el juego asimétrico de listones de maderas de diferentes colores, unas llamativas lámparas y troncos de árbol a modo de esculturas.

Con menos de 24h de reserva tuve la fortuna de encontrar una mesa ganando la partida a alguno que esperaría a ver como amanecía. Nos tocó en la terraza entoldada y para el fresco que hacía os anticipo que los toldos aíslan bastante bien, en ningún momento tuve frío con el jersey puesto.

Muy en la línea moderna actual no existen los manteles ni tan siquiera salvamanteles, personalmente es algo que no me altera en absoluto, hasta me parece más limpio. La bonita vajilla verde turquesa es la que decora nuestra mesa.

Para beber tienen una buena selección de cervezas, alguna asturiana artesanal pero nos decidimos por las exclusivas de Casimiro Mahou, nada que ver con una típica Mahou. Esta selección de cervezas se inspira en la antigua fábrica de papeles pintados Las Maravillas.

La Extra, de color ambar, 7º, 3 maltas y 4 lúpulos que da toques a caramelo por las maltas tostadas y notas cítricas y herbales por los diferentes lúpulos. La de trigo, con un aroma especiado a clavo y afrutados donde predomina el plátano es de sabor dulce a caramelo de miel con toques cítricos, esta cerveza algo turbia de 4,9º resulta muy refrescante y fácil de beber.

Me ha quedado una duda por saber si se sirve sidra natural. No me doy cuenta de ver ninguna botella, pero si no la sirven, les sugeriría que la incluyan, porque para el tipo de comida que ofrecen resulta muy apropiada y hoy en día con los escanciadores automáticos ya no es problema para camareros en cuanto a servicio y limpieza.

Eso si, el agua que sirven está recién filtrada.

La carta no es kilométrica y la elección resulta fácil si logramos dar con el arroz adecuado. En total tienen seis tipos de arroces y utilizan cuatro variedades diferentes de arroz, a saber: Albufera, Gleva, Bahía de L’Estany de Pals y Carnaroli.

La sorpresa y alegría del día fue que los arroces se sirven por ración individual. Se acabó la tiranía de tener que compartir un arroz, se acabaron las discusiones de yo lo quiero meloso y tu seco, por no hablar de cuando uno va sin compañía a un restaurante.

Respecto a los panes os recomiendo el de tomate, muy crujiente, sabroso y gran acompañamiento.

Comenzamos con unas gambitas de Huelva a la brasa. No podían estar más frescas y bien hechas y como veis el pan resulta muy útil.

Lo siguientes fueron unas navajas con escabeche tibio de sidra. Abundante, con mucho sabor, las navajas de muy buen tamaño y el juguillo mezclado con el escabeche, la piscina ideal para hacer barquitos.

Había pedido un pulpo a la brasa con chimichurri marino, pero lo dejaron pendiente para después de los arroces por si era demasiado y finalmente lo anulamos.

Los arroces elegidos fueron un arroz negro meloso con sepia y all i oli de ajo negro. Para este utilizan la variedad Bahía de L’Estany de Pals, de Gerona. Super cremoso, muy negro, excelente.

El otro fue un arroz al horno con pintaroja y papada 100% ibérica para el que utilizan un arroz variedad Gleva con D.O. Valencia. El resultado es un arroz de mar y montaña muy suculento, tanto el pescado como la papada estaban perfectamente cocinados, el arroz suelto, unos agradables garbanzos tipo pedrosillo, patata, tomate y el toque del ajo asado con el que no me pude resistir a ir mezclando.

A los postres volví a revivir un clásico que se ha ido perdiendo en muchos restaurantes, el carrito de los postres. Aquí vienen presentados en una bandeja y el elegido fue el mousse de chocolate relleno de melocotón.

Si al principio os hablaba de la dopamina, cumplida la fase del deseo y una vez hecha realidad, cerramos el circuito de recompensa con una sensación de satisfacción. Aquí es donde aparece la serotonina, que está relacionada con nuestro estado de ánimo y con el deseo de volver a experimentar la sensación.

Por si no os ha quedado claro tanta jerga médica, quizás se entienda mejor que Mi Candelita es un lugar para regresar una y cien veces. Junto con los arroces de Bruno Lomban en su Quince Nudos de Ribadesella, no se me ocurren mejores sitios para disfrutar de diferentes arroces con variedades específicas.

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