Magdalenas y Cupcakes de Naranja


¿Qué cosas se os ocurre hacer con un par de huevos?, freírlos, cocerlos, hacer una tortilla francesa, presentar una moción de censura, o algo tan gratificante como unas magdalenas.

Casi con la misma poca convicción pero con los mismos arrestos, me decidí por hacer un Sánchez. La política no es apta para todo el mundo, hay que tener muchas tragaderas, y lo mismo puedo decir de la repostería donde todo está medido al milímetro, como las conversaciones de los congresitas.

Tomadas las medidas, vale todo, y lo mismo mezclamos una ralladura de cítricos como le ponemos unas pepitas de chocolate o un poco de café soluble. El fin justifica los medios, aunque nos salga un engendro tipo Frankestein.

Tenía un par de huevos para acabar una docena y el tiempo invernal, porque a esto no se le puede llamar primavera, hizo que mi ociosidad se convirtiera en unas productivas magdalenas con un salto mortal a cupcake.

La idea inicial fueron las magdalenas, pero me gusta complicarme la existencia y probé con un frosting para hacerlas más bonitas. Estoy contento con el resultado, creo que han quedado muy resultonas y no hay mejor aprobación que la de una niña.

La receta de magdalenas es bastante clásica y no tengo mucho que añadir, bueno, que siempre han de llevar una materia grasa y podemos optar por una mantequilla o un aceite desahumado.

Hay varias modalidades de frosting, el que hice tan sólo obedece a razones de que era lo que había en la despensa, no tenía intención alguna de salir de casa a comprar ningún ingrediente. Apañarse con lo que hay en cada momento.

Puesto que a las magdalenas les había dado un sabor a naranja, el frosting debía ir en consonancia y un buen chorretón de Cointreau, además de chispa, los matizó con ese sabor anaranjado. El color y los topings forman parte de una escenografía que al fin y al cabo es lo que los hace atractivos, de ahí su gran éxito.

El resultado con estos ingredientes han sido 10 magdalenas, que podéis convertir o no en cupcake. Eso sí, si sois de los arcaicos como yo que utilizáis varilla, hacer un frosting durante la parte de la mantequilla, es un tormento.

Ingredientes:

Para las magadalenas: 2 huevos, 4 cdas. de azúcar, 4 cdas. de harina, 4 cdas. de aceite desahumado, 1/2 sobre de levadura y ralladura de naranja y aroma de azahar.

Para el frosting: 120 grs. de mantequilla sin sal, 100 de azúcar glas,  6 cl. de leche entera, 1 chorro de Cointreau, colorante, violetas cristalizadas y rocas de frambuesa.

Comenzaremos separando las claras de las yemas. En un bowl amplio ponemos las claras a temperatura ambiente con una pizca de sal y dos gotas de vinagre, batimos a punto de nieve. Incorporamos las yemas y las mezclamos con movimientos envolventes y una vez que estén mezcladas agregamos la ralladura de naranja.

El siguiente paso será añadir el aceite que previamente habremos desahumado con una cáscara de limón, lo echamos despacito en hilo y seguimos con los movimientos envolventes para que coja aire nuestra masa. Le ponemos las gotas de aroma de azahar y agregamos la harina que tendremos mezclada con la levadura. Poco a poco aireando la mezcla con la varilla rematamos nuestra mezcla.

Pasamos la masa a unos recipientes para magdalenas, los de silicona funcionan muy bien. Los llenamos dejando un dedo libre e introducimos unos 10 minutos en el horno que habremos precalentado a 180º. Si no queréis que se bajen, cuando las veáis doradas apagáis y no abrimos el horno hasta que estén totalmente frías o de lo contrario al entrar aire se bajarán.

Como mi intención era ponerle el frosting a algunas y ya iba a tener volumen, abrí un poco para que se bajasen y así tener una superficie plana donde trabajar mejor con la manga.

Para el frosting que hice en esta ocasión hemos de trabajar muy bien la mantequilla hasta que alcance una sedosidad, no valen los atajos de calentarla. Lo mejor es partir de una mantequilla a temperatura ambiente, pero como quiera que la de Asturias siempre es fresca, me costó alcanzarla con la varilla.

El siguiente paso es añadir el azúcar glass, seguimos trabajando la pasta y para facilitarlo agregamos de una en una las cucharadas de leche. Cuando la mezcla sea homogénea le ponemos el chorrito de Cointreau, seguimos batiendo y finalmente le agregamos el colorante, más o menos dependiendo de la tonalidad que queráis darle.

Para rematar los cupcakes, rellenamos la manga y elegimos la boquilla que más nos guste. Yo utilicé un par de ellas y finalicé la decoración con unas violetas cristalizadas y unas pequeñas rocas de frambuesa.

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