Adega de Sao Roque


Adega de Sao Roque

Adega de Sao Roque – R. Da Misericórdia, 120 – Lisboa   Tlf: +351 21 343 2167

Este artículo está estructurado como la segunda parte del que recientemente habéis leído de la Pastelaria Benard. Es uno de los múltiples ejemplos que os podéis encontrar en vuestro primer día en la capital lisboeta, habiendo llegado a la hora de comer.

Dejaba el relato de Benard yéndonos de siesta al hotel para descansar del viaje y evitar unas horas de sol en que realmente pegaba fuerte, había que aclimatarse y sobre todo darse una reparadora ducha fría.

Teniendo en cuenta lo céntrico del hotel, en una boca calle de la Plaza Rossio, la cruzamos y llegamos a la Estación Central donde los amantes de Starbucks pueden obtener su dosis diaria, aunque yo os recomiendo tomar el café en alguna de las pastelerías de la próxima Rua Augusta.

A la izquierda de la Estación hay una calle estrecha llamada Largo do Duque Cadaval que desemboca en una plaza muy agradable ideal para tomarse un gin tonic. Veréis unas escaleras con un tránsito desmedido, es la Calçada do Carmo, el comienzo de un infierno de más de 250 peldaños que se extiende por la Calçada do Duque y que os llevará al Barrio Alto.

Elevador de la Gloria

Si amigos, esto es Lisboa, el San Francisco europeo, una ciudad con unos desniveles imponentes que os pondrá en forma, si o si. Pero tampoco os asustéis, para vagos o lesionados tienen algunos elevadores situados estratégicamente, como en este caso es el Elevador da Gloria que podéis tomarlo en la Plaza de los Restauradores en sentido ascendente.

Pero ya puestos a alcanzar la gloria, mejor subir cual sherpa manteniendo siempre un ojo en la calzada, es fácil despistarse y darse una morradinha que por muy graciosa que resulte, será dolorosa, no en vano habremos de sortear una elevación de 265mts con un porcentaje de inclinación sostenido del 17%.

Calçada do Duque

Y, ¿cual es la gloria que nos espera en el Barrio Alto?. Además de los numerosos locales para tomarnos una merecida cerveza, encontramos el jardín y mirador de Sao Pedro de Alcântara, con unas vistas increíbles sobre Baixa, Chiado y el también elevado barrio de Alfama, con su emblemático Castelo de Sao Jorge.

Mirador de San Pedro de Alcantara

Castillo de San Jorge

Habiendo recuperado el aliento se acercaba la hora de cenar, os recuerdo que en Portugal están muy influenciados por los británicos y no es que cuenten con una hora menos, además suelen hacer sus comidas a horas más tempranas de las que tenemos costumbre en el resto de la península.

Como toda gran ciudad, si estais empeñados en comer en algún sitio en concreto que os hayan recomendado o que os haya gustado al pasar, se hacen necesarias las reservas y así nos dieron la vuelta en uno que mi amiga Marta nos había indicado. Dejando el trabajo hecho para el día siguiente tocaba seguir buscando y ahí dimos con la Adega de Sao Roque.

Básicamente llegamos a él porque estaba en la zona y porque tenía una última mesa en la pequeña terraza. Tras un verano lluvioso y frío en Asturias, el primer día de vacaciones poder cenar en una terraza para nosotros ya era todo un lujo, la comida estaba en segundo plano.

Adega de Sao Roque

En el interior había bastante clientela, es luminoso y nos recuerda a una bodega, como su nombre en portugués indica, incluso tenía jamón al corte y una cetarea decente.

Pues resulta que esta bodega pertenece a un grupo empresarial llamado Fullest, que en 2009 comenzó su andadura llamándose Grupo Bellalisa, en el que englobaban tres restaurantes de corte italiano.

Tal ha sido su crecimiento, que a día de hoy ya tienen 16 restaurantes variados y han derivado su negocio al alojamiento, con nueve apartamentos de alquiler y organización de tours y eventos.

Al sentarnos y pedir dos jarras frías de cerveza me monté en el Delorean retrocediendo a 1982 en una vacaciones por el Algarve. En Portugal es muy típico que te den el sablazo con unos aperitivos que piensas son cortesía de la casa, así mantequilla, aceitunas o incluso un mini queso los degustareis con ganas y se os atragantarán cuando pidáis la cuenta. Sabedor de esta práctica, con las mismas le hice marcharse al camarero con esos aperitivos envenenados.

Desilusionado con el cocktail de gambas de por la mañana, soy como don erre que erre, nos animamos con unas al ajillo. Estas volvían a tener buen tamaño y el ajo y guindilla estaban muy marcados, pero cuando haces este plato con gamba cocida previamente, lo bajas de calidad muchísimo, por no hablar del exceso de aceite.

Gambas al ajillo

Con un par de horas que recorráis la ciudad, os daréis cuenta de la devoción que tienen por las sardinas, sus conservas son muy llamativas y las tiendas de souvenirs están plagadas de versiones cerámicas, en tela, de goma…etc.

Incluso hay una tienda llamada O Mundo Fantastico do Sardinha Portuguesa, donde venden llamativas latas con cada año en el que reflejan una efeméride y el nacimiento de famoso. Pues resulta que en 1970, mi año, se inventó el diskette para ordenador y nacieron Mariah Carey y Claudia Schiffer.

Bueno, que me desvío de la comida. Probar unas sardinas a la plancha era casi algo obligatorio y aquí tenéis una ración algo escasa, incluso algo chamuscadas, pero que estaban jugosas. Nada que envidiar a las que podamos comer en la Fiesta de la Sardina de Candás.

sardinas

sardinas

Dispuesto a darme un atracón de bacalao durante estos cuatro días, la versión elegida fue un bacalhau com broa. Se trata de un bacalao al horno que se cubre con una masa elaborada con migas de pan de maíz, aceite, ajo, cebolla y vino blanco.

Bacalao con broa

Bacalao con broa

Bacalao con broa

Supongo que irá por zonas, no me queda claro si la receta original se hace con un lomo o desmenuzando en lascas. Muchas recetas si que incluyen la aceituna y como acompañamiento verde, unos grelos o espinacas. Sea como fuere, me resultó algo aceitoso y el bacalao un tanto correoso.

Terminamos un día un tanto aciago en lo que al tema gastro se refiere, no puedo decir lo mismo del trato recibido que siempre fue muy amable y profesional. Menos mal que ahora sólo quedaba caminar cuesta abajo por la Rua da Misericórdia, la que tuvimos para esperar a días venideros para hacer un juicio más positivo en aquello del comer.

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