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Gaucho Fierro


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Gaucho Fierro – Camino La Pereda, 10  –  Granda (Siero)   Tlf: 985 792 735

Hablar del Gaucho Fierro es hacerlo del decano de las “parrillas argentinas” en Asturias, un modelo de restaurante, que por muy común que nos parezca en la actualidad, data de principios de los años 70.

Corría el año 1974, el que suscribe con sus dientes de leche y sólo cuatro años era capaz de comer carne casi como los mayores. Creo que es necesario contextualizar el hito que hace 42 años esta parrilla supuso en el panorama gastro regional donde lo que se estilaba eran los merenderos y casas de comidas.

La Guerra Civil hizo que mucha gente emigrara por razones políticas y de subsistencia, desembarcaron en el Nuevo Mundo con una mano delante y otra detrás. En los diferentes países de acogida se forjaron muchas historias de éxito, pero también de fracaso (quizás las menos conocidas, pero no por ello menos numerosas).

Con el final de la dictadura y una incipiente democracia, muchos encontraron ocasión para el retorno. Los aquí llamados indianos y gallegos allá, comenzaron a regresar, algunos con mucha plata y otros con menos pero con la misma dosis de morriña y ganas de emprender en su tierra natal.

Vivir en el extranjero abre la mente y modelos de negocio propios del lugar, que funcionan a las mil maravillas, son susceptibles de poder montarse en la patria de origen donde no existen o escasean. Esto funciona en los dos sentidos y encontrar sidrerías o pulperías en Sudamérica, es más fácil que encontrar El Dorado.

No me quiero poner muy nostálgico, porque el Gaucho me trae infinidad de recuerdos. En su origen, el cordero desfilaba en aquellos platos de madera como hordas de shoppers en el primer día de rebajas. La palabra chimichurri resultaba tan compleja de decir para un niño, como sabrosa estaba mezclada con la carne, se trataba de un aliciente más de aquel sitio donde no cansábamos en repetir cuando las condiciones económicas lo permitían.

Ya con la mayoría de edad y la privilegiada motorización de la que disponíamos en la pandilla, el Gaucho era un clásico y solíamos juntarnos mesas de 20 comensales con bastante asiduidad. El cordero dejó paso al mundo de la costilla de cerdo, nuestro particular fast food cuando 500 pesetas era todo lo que manejábamos para una noche de juerga. Comíamos y bebíamos en abundancia y aún sobraba dinero para salir de copas, igualito a hoy, que con 3€ no se si nos llegaría la gasolina para ir a Granda y regresar.

Hacía mucho que no me acercaba, años, y me sorprendió mucho el lavado de imagen, estaba irreconocible. Un lugar muy agradable en el que uno de sus grandes valores además de la comida está en sus amplías instalaciones. Son numerosos los comedores y por ello la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones) encuentra en Granda un lugar a la altura para este tipo de celebraciones.

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El el exterior disponen de dos terrazas, cubierta y descubierta, además de una zona de juegos infantiles que no incordia en el normal funcionamiento de aquellos que buscan algo más de paz en su interior.

La sidra corre de la mano de Viuda de Palacio, una gran sidra de la zona de Tiñana, que haciendo bueno resulta deliciosa como aperitivo en la terraza o para seguir con la comida dentro del restaurante.

La carta es muy amplia y aunque en estas dos últimas ocasiones no probé las costillas supongo que estarán muy buenas y no hayan perdido la mano que tenían con ellas. Suelen hacer unas jornadas del pulpo muy recomendables, para este evento suelen contar con la pulpeíra Aurora de Carballiño.

Mientras disfrutamos de unos culines previos nos sirvieron un aperitivo de crema de foie y manzana muy sabroso.

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Cogollos con anchoas y bonito
Cogollos con anchoas y bonito

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Calamares
Calamares

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Canutillos de gamba
Canutillos de gamba

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Zamburiñas
Zamburiñas

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Chorizo criollo
Chorizo criollo
Churrasquitos de buey
Churrasquitos de buey

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Chuletón de buey con patatas
Chuletón de buey con patatas

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Y para terminar unos cafés con unos chupitos cortesía de la casa.

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Editado 18/02/2017

En esta nueva visita vino un amigo ilustre desde Madrid y por aquellas cosas de los vuelos, acabamos reservando bastante tarde y eso en un sábado resulta complicado. No tuvimos ningún problema, todo lo contrario, amabilidad a raudales y una mesa redonda apta para 10 comensales.

Croquetas de jamón
Croquetas de jamón
Pastel de cabracho
Pastel de cabracho
Zamburiñas
Zamburiñas
Cocohas de Skrei y almejas con salsa marinera
Cocohas de Skrei y almejas con salsa marinera
Cocohas de Skrei y almejas con salsa marinera
Cocohas de Skrei y almejas con salsa marinera
Chorizo criollo
Chorizo criollo
Chuletón de buey
Chuletón de buey

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Queso La Peral
Queso La Peral
Tarta de queso
Tarta de queso
Tocinillo de cielo
Tocinillo de cielo

Editado 24/04/2017

Al final, en este día daría cuenta de un chorizo criollo y otro rojo y las deseadas costillas de cerdo. Ahora se puede decir el artículo ha quedado redondo.

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La Querencia


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La Querencia – C/ Joaquín Villa Cañal, 7 esq. Avda del Cristo – Oviedo    Tlf: 985 257 370

Hablar de La Querencia es hablar de nostalgia, una palabra que allá por la Argentina utilizan y que el fundador del restaurante Anselmo Martínez conoce bien. Hace décadas que muchos fueron los asturianos que tuvieron que emigrar (la historia se repite), pero no son tantos los que pudieron regresar.

Anselmo fue uno de los afortunados que regresó al terruño. Siendo oriundo de Vegadeo, rodeado de vacas y con una experiencia en aquel país donde la carne es religión, hizo que a su regreso fundara la primera parrilla de Oviedo. A día de hoy, una vez jubilado, pero con la dirección de Jaime Álvarez, sigue siendo un referente de aquellos que veneramos este producto, aún no siendo argentinos.

Esa nostalgia también nos invade a los que vivimos las décadas gloriosas del barrio de El Cristo. El Hospital Central era el epicentro de una zona en la que se fueron instalando exitosos negocios, aquellos merenderos clásicos como Las Vegas, El Benidorm, la primera ubicación de Casa Fermín. Después llegó la Universidad, un hervidero de gente subiendo y bajando por la Avenida del Cristo, zona de pubs, etc.

Épocas gloriosas en las que nuestra modesta Plaza de Toros albergaba corridas y conciertos de la talla de Lou Reed, Camarón de la Isla, Miguel Ríos, El Último de la Fila. Un espacio que han dejado morir y en el que nadie piensa, por ejemplo, para dar cabida a la Feria de La Ascensión. El Oviedo de la dejadez ha vuelto.

El Hospital ha desaparecido y las luchas políticas nos deparan un auténtico desierto urbanístico. La salvación del barrio ha sido la consolidación de la zona de Montecerrado, nuevos negocios y mantenimiento de los clásicos como La Querencia, de la que aún recuerdo haber estado durante una comunión siendo yo infante.

Cuando mi amiga Judit, que también guarda muchos recuerdos, me propuso acercarnos para darnos un festín carnívoro, me alegré por volver a esta céntrica parrilla que tenía algo abandonada, será que los días de universitario me quedan ya muy lejanos.

La Querencia

El local cuenta con una zona de bar totalmente ajena al restaurante, bien parece que se tratan de negocios diferentes. El comedor tiene una decoración típica de mesón castellano, mesas y sillas robustas de madera, suelos cerámicos, ladrillo cara vista y un entramado de vigas afeado por una instalación de ventilación industrial  nada efectiva. Es la única pega que le encuentro al restaurante, saldréis oliendo a parrilla si o si, no es que me desagrade el olor, esto es Channel nº5 comparado con el olor a fritanga.

¿Que pedir?, no se vosotros pero yo tengo claro que en una parrilla no puede faltar el trío de ases, a saber: chorizo criollo, costillas de cerdo y chuletón (os dejo escoger entre ternera o buey, me da igual).

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Raciones muy abundantes os harán rozar la épica. Las costillas vienen partidas, están crujientes por fuera y jugosas por dentro, me recuerdan a las de la parrilla Los Corzos.

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El chuletón viene con un sellado, cortado y servido con una plancha individual de gas para que le demos el punto que nos guste. Este sistema me gusta más que las famosas piedras calientes con las que siempre acabo comiendo a contra reloj porque pierden el calor y eso que casi la como cruda.

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El postre no esta ni se le espera, un chupito de sal de frutas es lo único que necesitáis después de una pitanza como estas. Venga, vale!, un café, un paseo y un gin tonic en el Click si queremos hacer las cosas bien.

https://www.facebook.com/La-Querencia-422455827849305/?fref=ts

Casa Lin


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Casa Lin – Avenida de Colón, 14 – Oviedo    Tlf: 985 274 489

El ser humano es inconformista por naturaleza y siempre desea lo que no tiene. Podemos ir de lo tangible a lo intangible y aunque estemos conformes con nuestra vida, siempre hay aspectos que nos gustaría incorporar para lo que consideramos una vida plena.

Los que vivimos en las ciudades buscamos evadirnos de vez en cuando en el campo, visitar pueblos, oler naturaleza y sentirnos parte de un pasado no tan lejano de una España que ha cambiado mucho en pocos años.

Por otro lado, la gente de los pueblos quiere sentirse participe de ese cambio y las visitas a las grandes ciudades les producen iguales sensaciones. Entrar en un centro comercial, visitar un restaurante de comida rápida, ir a un espectáculo son actividades infravaloradas para el que las vive con rutina.

¿A donde nos lleva todo esto?, a un reducto llamado Casa Lin. Una vinoteca en medio de Oviedo en la que cada vez que entro me siento como si estuviese de fin de semana en Taramundi o por Muniellos.

Me gusta su decoración, ese batiburrillo de objetos, cuadros, pizarras y botellas que han ido dando sabor al local con el paso del tiempo. Me gusta lo auténtico, vintage, kitsch, cutre, demodé, no importa si es capaz de transmitir, y que ya me cansan esos locales salidos del departamento decorativo de El Corte Ingles. Si quiero un fake de verdad, me voy de visita a los Estudios Universal o al desierto de Almería.

Casa Lin

Tan honesta y tradicional, como su decoración, es su oferta gastronómica llena de manjares calóricos provenientes del Alto Aller y León. Disfrutados en un ambiente desenfadado, hace que sea un lugar que frecuento con cierta asiduidad.

No hay visita a Casa Lin que no pase primero por la cercana cervecería La Internacional, punto de encuentro para arrancar la noche con la solvencia de cualquiera de las cervezas que me ofrece Juan Carlos.

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Ya en Casa Lin siempre tengo garantizada una Alhambra Reserva 1925 aunque su fuerte son los vinos, como no podía ser de otra manera en una vinoteca.

En mi grupo de amigos no solemos innovar demasiado y si hay un fijo que siempre repetimos es el chuletón de buey. El resto de entrantes varía dependiendo de nuestro estado de animo y lo mismo te caen unos embutidos variados, salteado de setas, como unos callos o morcilla de Boñar .

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Puede que me arrepienta de este artículo la próxima vez que llamemos y no tengamos sitio, pero mi incontinencia verbal no podía dejar al margen mis escapadas rurales sin coger el coche.

Editado 21/06/2017

Aprovechando la visita de mis amigos españoles residentes en México nos acercamos a Casa Lin, una garantía cuando buscamos buen producto y los que viven fuera no tienen la oportunidad diaria de disfrutarlo.

La cecina y el entrecote son dos fijos junto con los callos que esta vez sustituimos por unas mollejas. Nuevos platos que aún no había probado y que mantienen la misma buena línea de todo lo que tienen en carta.

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Ensalada de ventresca
Mejillones al vapor
Mollejas

Queso Gamoneu
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Casa Arturo


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Casa Arturo – Plaza de San Miguel, 1  –  Oviedo    Tlf: 985 229 488

Hablar de segundas o terceras generaciones me pone en una situación un tanto incómoda, indicativo de que uno ya va cumpliendo años y la perspectiva temporal empieza a verse con cierto vértigo. Lejos de asustarme, confío en convertirme en un abuelo cebolleta y poder rememorar momentos del pasado sin esa superioridad moral de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

En un futuro cada vez más cercano, no me veo inmerso en un club cicloturista recorriendo la antigua N-634 ni de tertulia en una sidrería hablando del gol de Bango en la temporada 91-92 cuando jugamos aquella eliminatoria UEFA con el Génova. Tampoco creo que sea de justicia decir que la movida de la Calle Rosal no tenía color comparado con el botellón de la Plaza del Sol, cada cosa tiene su momento y lo importante es disfrutar de lo que toca en su tiempo.

¿Cuantos años han de pasar para que un lugar se convierta en clásico?, ¿serán 25 como en el caso de los coches?. En el caso de la hostelería resulta muy complicado llegar a unas bodas de plata, oro y no digamos de platino aunque más allá del tiempo creo que es justo asimilarlos al calado que han tenido en la Sociedad aunque “sólo” hayan sido 10 años.

Para mi, hablar de Casa Arturo es hacerlo de un clásico. Este asador al estilo vasco sigue maravillando y en la actualidad Roberto Gómez dirige el local que hace muchos años fundaron Arturo Gallo y Manolo Gómez.

Casa Arturo

En un ambiente neorústico, como lo define la Guía Michelín, podremos disfrutar junto a la ovetense Plaza de San Miguel de unas de las mejores carnes que podáis encontrar en el Principado de Asturias. Ambiente formal y selecto, nada de barullos, lugar ideal para una relajada comida de trabajo, celebración de aniversario o simplemente que os gusta comer bien.

Mucho ha cambiado el barrio y las costumbres, el oasis en el que convivían Casa Arturo, la primera Cuadra de Antón y el Dorado del recientemente fallecido Manolín, ha dado paso a numerosas vinaterías en las que poder comer de manera informal con calidad. Los sufridores vecinos que durante años tuvieron que aguantar los tumultos de la marcha juvenil que se concentraban en el Me Da Igual, Corintia, Chaquetón, Zumería Al Loro…etc ya pueden bajar a sus calles de forma más distendida y relajada o quizás debería decir que somos los mismos con treinta años más pero ya civilizados.

A día de hoy, aún podemos disfrutar de su terraza para tomarnos el vermú. Esperemos que la grotesca ordenanza de terrazas se quede en agua de borrajas y no priven al ciudadano y negocios hosteleros de unos espacios que desde el respeto, dan respuesta a una demanda social y a los hechos me remito, si no gustaran no estarían llenas.

Suelos cerámicos, aplacados de piedra, ladrillo cara vista, recias sillas y bancos corridos de madera junto con una estructura a modo de cenador ya nos da indicios de una cocina contundente.

En el día de mi última visita tenían expuesta una pieza de 29kgs de Trasacar, para un amante de la carne, ver esa maravilla, me produjo los mismos sentimientos que a un amante de la pintura, ver la Gioconda en el Louvre. Esbocé la misma media sonrisa de la Mona Lisa, no sé lo que Leonardo quiso transmitir pero ya os digo que la mía era sinónimo de incurrir en unos cuantos pecados capitales.

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 Acompañado de otros tres comensales y al margen de mi Alhambra Reserva 1925 dejé paso a los entendidos en vinos, su elección fue este Numanthia 2011 de Toro que tras 18 meses de envejecimiento, es descrito por la misma bodega de la siguiente manera:

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Color: Rojo oscuro, brillante y profundo, con intensos reflejos rubí. Aroma: Un vino intenso y complejo que presenta notas de fruta madura y fresca, especialmente de fresas e higos, acompañadas de aromas de crema pastelera. En nariz, hay ligeros toques balsámicos perfectamente ensamblados con especias como la pimienta negra, además de notas de hoja de tabaco y tiramisú. Gusto: Un vino intenso, potente y vigorosos, de gran estructura. Una expresión afrutada acompañada de taninos dulces y maduros conforma una sensación untuosa marcada en boca. El final es muy largo y persistente, con notas especiadas y de cacao.

Estaba claro que habíamos venido a comer carne en abundancia pero para comenzar hay un par de platos que en Casa Arturo preparan muy bien y no tienen relación con la carne. Se trata de la ensalada de bacalao, unas hermosas lascas acompañadas de oricios, puerro y un aliño de balsámico. Un conjunto que una vez mezclado tiene una cremosidad inusual.

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El segundo envite vino en forma de tortilla de merluza, un tamaño muy considerable con una cantidad de huevos que no acierto a saber. La frescura del pescado, el punto del huevo y una forma perfecta nos indica que son expertos en estas lides.

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Ya es otoño, temporada de setas, y dentro de las recomendaciones nos ofrecieron unos boletus con foie a los que fue imposible renunciar.

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Llega el plato fuerte que previamente nos habían presentado, un par de chuletones que pesaron entre los dos, un par de kilos setecientos gramos. A primera vista asustaron al resto de la mesa y pensaron que quizás me había excedido en la comanda considerando los dos entrantes, les transmití seguridad, firmeza y por supuesto la garantía de que allí sólo quedarían un par de huesos que un perro rechazaría.

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Servidos en dos turnos para que no se enfriaran los acompañamos de unas patatas fritas y unos pimientos del piquillo caramelizados. El corte, color, olor, sabor, ternura hizo nuestras delicias y a costa de ser cansino, lo mejor es que podáis deleitaros y salivar con estas imágenes. El punto estaba perfecto para los que nos gusta más cruda que sin demora tomamos un trozo según llegó, para el resto, un par de minutos en el plato de barro caliente obtuvo el resultado deseado.

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Tal y como había predicho allí sólo quedaron un par de maltrechos huesos y excesos de grasa que hace años, bien turrada, no hubiese tenido contemplación con ellos.

Para el postre unánimemente compartimos dos raciones de un soufflé de chocolate acompañado de sorbete de mango. Aún no siendo muy goloso, este tipo de postre me fascina por sus contrates de temperatura y textura, además el chocolate va muy bien con el mango.

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Cafes y chupitos ayudaron a una larga sobremesa para digerir el exceso de una comida que como siempre no defraudó. Espero poder seguir pecando en Casa Arturo durante mucho años más aunque la penitencia fuese tener que subir los sesenta y nueve peldaños de las escaleras del Seminario.

Editado 26/12/2016

Hacer una celebración a medias, cuando falta uno de los actores principales resulta muy insulsa, mucho más si se trata de tu esposo o padre, pero 48 años de casados han celebrarse, porque la muerte nunca los separará y ahí estuvo con nosotros toda la comida.

En estas fechas repletas de acontecimientos y excesos se da la paradoja de que cuanto más comemos más capacidad estomacal tenemos pero más nos hartamos de comer.

Quien me iba a decir a mi que por hastío renunciaría a uno de sus magníficos chuletones, preferí reservarme para otra ocasión en que lo disfrutara mejor. Aún así en Casa Arturo, la carta esta repleta de producto excelente y cualquier elección es buena así que aproveché para ampliar el artículo.

Para abrir boca con mi Alhambra Reserva, un buen salchichón como aperitivo de la casa.

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La ensalada de bacalao me parece irrenunciable y por suerte sirven medias raciones, todo un alivio.

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La chuletillas de lechazo de mi madre estaban deliciosas, mucho sabor. Yo nunca las pido porque siempre me saben a poco, podría comerme 4 platos sin despeinarme.

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El descubrimiento del día fue el cachopo y pensareis, habla de que esta cansado de comer y renuncia a un chuletón, pero se pide un cachopo. Olvidaros de esos cachopos grasientos que tengáis en mente, esos rebozos o empanados que acaban por saturar, esos tamaños desmesurados que en muchos casos resultan de batalla, esas carnes demasiado hechas que de no ser por el queso se nos harían bola, este cachopo es de 10.

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Dicho esto, reconozco que no es un cachopo apto para todos los paladares, ha de gustarte la carne poco hecha porque no entiendo otra manera de hacerlo sin perder la calidad. Elaborado con solomillo de buey, cada bocado era como meter mantequilla, el rebozo se nota pero no satura y tanto el jamón como el queso tienen una proporción equilibrada que mantiene la calidad de la carne.

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De postre lo que llaman una tarta tatin, no se parece en nada, el nombre no es acertado pero el postre es excelente. El cubo relleno de manzana con un helado de avellanas tiene un dulzor muy equilibrado, nada pesado.

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Ofrecen muy buenos pescados pero no se si algún día llegaré a probarlos, aquí ¿quien se puede resistir a los placeres de la carne?.

Editado 26/12/2017

El destino suele ser muy caprichoso, y en un dia tan especial como el del aniversario de boda de mis padres, quiso que volviéramos a repetir en el mismo restaurante donde lo habíamos hecho el año pasado.

Que conste que no hubo premeditación, de hecho tras unas gestiones en Gijón, la lógica indica que allí deberíamos habernos quedado. No solo eso, una llamada a Casa Lobato y una presencia en La Nozaleda de Bueño, ambos cerrados por descanso, hizo que nos decantasemos por el asador.

Este año iba más sobrado de sitio en mi estómago y el chuletón fue irrenunciable, una pieza de 850grs tan sabrosa como tierna que acompañe de unos pimientos del piquillo caramelizados, la patatas a esas alturas de la navidad ya me sobran.

Para picar la recurrente ensalada de bacalao con oricios y unos calamares frescos de potera.

Mi madre tenía capricho de unos huevos con patatas, en Casa Arturo los sirven acompañados de foie pero ante la pregunta de si tenía chorizo, hubo suerte y cumplió sus simples gustos.

De postre la ya conocida versión de su tarta Tatin.

Se que soy de sota, caballo, rey pero para qué cambiar cuando lo que pides es lo que te gusta.

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Sidrería Llagar Cabañón – Naves de Llanes S/N  –  Llanes     Tlf: 985 407 550

Comer en un llagar-sidrería resulta tan común para un asturiano como lo es para un leonés hacerlo en una cueva-bodega, sin embargo analizándolo desde el punto de vista de un turista, resultan lugares con mucho encanto y en cierto modo visitas gastronómicas obligadas.

Hace poco más de una semana visitaba la zona de Llanes en compañía de un par de amigos, pero cosas del destino y sobre todo de la cercanía entre cualquier población del Principado de Asturias, hizo que acabásemos reuniéndonos ocho íntimos para pasar la noche del sábado.

Casi tan turístico como empaparse de la cultura de la sidra, estando en Naves de Llanes, no debería faltar la visita a la playa interior de Gulpiyuri, una belleza natural que con los años se esta convirtiendo en un icono de la región.

Sin embargo yo huiría de este lugar en los meses de verano y os propongo otras no menos atractivas visitas como las vistas de la Playa de San Antolín desde la antena, la menos conocida Cobijeru del estilo de Gulpiyuri, y la preciosa Playa de la Huelga.

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Comer en una sidrería tiene su encanto pero si encima se trata de un llagar, lugar donde se elabora la sidra, duplica la experiencia. En el Cabañon elaboran su propia sidra y la decoración del lugar no puede ser más autóctona.

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Dependiendo del establecimiento, lo que os podréis encontrar en sus cartas suelen tener muchos platos en común. Obviamente se pueden visitar en pareja pero son lugares en lo que es frecuente acudir en grupo y por ello se ofrecen muchos platos que resultan fáciles para compartir.

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Poco que descubrir entre los platos que pedimos, sin embargo aunque nosotros estemos habituados, a efectos didácticos debo hablar del borono.

El borono es un producto típico de la comunidad de Cantabria, aunque también se extiende al norte de Palencia y al este de Asturias. El borono se elabora a partir de una masa desangre de cerdo, tripa de cerdo, cebolla, sal, manteca, especias (comino, pimienta…), harina de maíz y harina de trigo. Esto depende de quien lo elabore, puesto que los ingredientes, sobre todo las especias pueden variar, como por ejemplo la pimienta. Esto hace que el borono de cada zona sepa diferente, por ejemplo hay una considerable diferencia entre el borono de Cervera (Palencia) al de Potes (Cantabria).

Aquí os dejo una foto del que podéis probar en la zona de Potes, concretamente en el Hotel del Oso, en Cosgaya, un lugar idílico no sólo por su borono.

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Un poco de verde para digerir mejor los platos calóricos.

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El borono, sabroso y crujiente.

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Unos buenos chorizos criollos que no debéis perder mezclando con un magnífico chimichurri.

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De plato fuerte estos dos hermosos chuletones de buey. Dos piezas de lomo alto al que supieron dar un punto perfecto en la parrilla.

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Buena compañía, buen ambiente y buena comida hicieron que la incesante noche de lluvia fuera una simple anécdota, aunque fuese capaz de romper un canalón en el comedor del patio y yo confundiera con el crepitar de la carne.