Ban Thai


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Ban Thai – C/ Gregorio Marañon, 8  Edificio Palm Beach – Marbella      Tlf: 952 770 221

Encontrarnos en un sitio tan cosmopolita como Marbella con un restaurante que no estuviese decorado para una noche de Halloween, no creáis que resulto sencillo. Si algo echo de menos en mi ciudad es un restaurante tailandés, por ello, cuando estoy fuera, no puedo evitar dejarme caer por uno y en el caso del Ban Thai llevaba tiempo queriendo probarlo.

Cuando entré debería haberles propuesto un trick or treat, hubiese sido una buena forma de conseguir una cena gratis, porque lo vivido en esta noche fue digno de cualquiera de los episodios de Crónicas Carnívoras.

Casi pegado al paseo de la playa nos encontramos con este restaurante que no lleva demasiados años, desde 2013, de hecho el anterior negocio era un Steak House llamado Carnívoro.

Ban Thai

Exceptuando el nombre y su carta, nada nos haría pensar que se trata de un restaurante asiático, la decoración es moderna, predominan los blancos y resulta muy acogedor sin la parafernalia decorativa excesiva de la que hacen gala este tipo de negocios.

Estoy muy familiarizado con este tipo de comida y considero que incluso para los detractores o excépticos con la comida asiática, esta puede ser la adecuada para su iniciación. Viví una situación en Bruselas donde un par de amigos quedaron encantados, no daban crédito de los sabrosa y sorprendente que es este tipo de cocina.

Precisamente por no tenerlo al alcance, mi comanda fue exagerada. Era momento de saciarme por una buena temporada ante el asombro de los camareros a los que ademas advertí de generosidad con el picante.

Como ya sabéis, en este tipo de comidas lo que prima es una cerveza para poder potenciar y sacar todos los matices a la comida. Para la ocasión, nada mejor que una Singha, una lager de 5 grados que puede considerarse como la Mahou o San Miguel de Tailandia y que siempre acompañan de unos cracker de pan de gamba.

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Para empezar nunca deben fallar unos satay, en este caso los gai (pollo), estas brochetas son todo un clásico y se acompañan de una salsa de cacahuete y otra de vinagre dulce con pepinillo.

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Sigo con las thod man gung (gamba/langostino). Tan cerca de Cadiz, poco tienen que ver con sus tortillitas de camarones, son de gambas tailandesas con hoja de lima, menta y judías verdes. Agradable textura crujiente exterior que contrasta con un interior de pasta compacto.

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Si en los restaurantes japoneses nunca perdono una sopa miso, en los tailandeses me inclino por la tom yam gung. Se trata de una sopa muy cítrica que os calentara por dentro y fuera, los labios quedan como si hubieseis besado un manojo de ortigas.

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Hora de afrontar el grueso de la cena y esas salsas ante la ausencia de pan deben absorberse con una ración de kao suay, o lo que es lo mismo, arroz blanco jazmín.

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Puede que el informe de la OMS haya calado en mi subconsciente y me incliné por las carnes blancas. El salteado de pollo o gai phad kapraw es un plato muy alegre y colorido, chile, albahaca, ajo y judías verdes.

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Rematé con el geang phed ped, un pato crujiente al curry rojo con leche de coco, lychee, tomate cherry, pimiento, piña, uvas, hojas de lima y albahaca. Este plato siempre me fascina por texturas y contraste de sabores, las frutas aportan un dulzor muy agradable.
Entre como una persona y salí transformado en pez globo. Nada que un buen paseo por la playa, con 20 grados pasada la media noche, no pudiese arreglar.

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El grado de satisfacción fue máximo, y ya tengo alternativa para el Sukhothai que era al que siempre iba.

14/09/2017

Casualidades de la vida hicieron que en este día me acercara a un restaurante tailandes, pues resulta que es era el cumpleaños de mi amiga Jennifer y precisamente con ella hace casi 25 años que probé por primera vez este tipo de comida en San Francisco.

Desde aquel entonces me enamoré de sus sabores, tan distintos a los de otras comidas asiáticas. Con el tiempo llegue a visitar Thailandia y sinceramente, es de esos países que enamoran y en el que no me importaría quedarme a vivir. Sus paisajes, gentes y gastronomía lo convierten en un destino muy Top.

Me hizo gracia que la camarera aún se acordara de mi última visita, aquella kilométrica comanda individual no pasa desapercibida.

En esta ocasión, con la moderación que impone el exceso de kilos, la comanda fue compartida con mi novia, aunque como siempre acabé “aspirando” los sobrantes que los demás dejan.

Comenzamos por unos Pho Phia Gung, rollitos fritos de langostinos acompañados de una salsa dulce de chile.

Los Satay Gai, nunca pueden faltar, unos pinchitos de pollo que con la salsa de cacahuete son deliciosos.

Nunca me puedo resistir a una sopa, aunque estemos en Marbella, con calor y con petición extra de picante. Los sudores que me transmitió la Tom Kha Gai, una sopa de coco con pollo, jengibre, cilantro, setas, hierba limón y lima kafir, son propios de un masoquista, pero su sabor cítrico me priva.

Como platos principales unos Phad See Ew Gai, fideos finos salteados con pollo, huevos, zanahoria, pack choi, brocoli, coliflor, ajo, pimienta blanca y salsa de soja.

Y mi irrenunciable Geang Phed Ped, pato crujiente en salsa de curry rojo, lychee, tomate cherry, pimientos variados, piña, uvas, albahaca y lima kafir.

Satisfacción máxima con unos platos muy bien elaborados, abundantes y muy amablemente servidos.

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2 comentarios en “Ban Thai

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