Casa Eutimio


Sexo, drogas y Rock & Roll era lo que se estilaba en la prolífica y fatal década de los 60 donde muchos se quedaron por el camino tratando de emular los excesos de una descontrolada juventud de artistas.

El tema no se quedó ahí y en décadas posteriores, los 70 y 80 la bola de nieve se iba haciendo más grande y países con cierto retraso musical como España, vieron como “La Movida” dejaba el mismo reguero de víctimas.

Los 90 y el cambio de siglo fueron a peor, la evolución musical nos llevó al Bakalao, Tecno, Electrónica o como queráis llamarlo, las drogas ahora son de diseño y los pipiolos ávidos de fiesta siguen cayendo como moscas, o lo que es peor, unos walking dead descerebrados.

Ahora estamos inmersos en el reggeton, perreo, twerking  y no se cuantos más ritmos latinos. Se me antoja que las secuelas acabarán con prótesis de cadera y meniscos destrozados, además de una pérdida de vocabulario, la R se extingue y la L toma posiciones, esto es veldad veldadera amoles.

De los supervivientes de aquellas épocas gloriosas, se dice que hacían lavados de sangre, alcanzaron la categoría de mitos y de vez en cuando se pasean por nuestro país. El año pasado me tocó AC/DC, este vuelven sus Satánicas Majestades, Aerosmith, U2 (30 aniversario del Joshua Tree) y los causantes de este artículo, los “re amigados” monto una gira y me lo llevo crudo, Guns & Roses.

La edad no perdona y mucho menos a los castigados por los excesos, todo tiene su época gloriosa, pero aquí seguimos idolatrando y comprobando de primera mano que son tan mortales como nosotros. Las arrugas y sus movimientos escénicos evidencian que muchos ya son abuelos y que por más botox que Axl Rose se ponga, ya es incapaz de contonearse como antaño, parece que hubiese probado todos los cachopos de Asturias.

Aún con todo, tres horas de concierto en el nuevo San Mames de Bilbao dieron para mucho Rock & Roll. Del sexo mejor ni hablar, aunque compartí cama matrimonial y mi amigo Christian se conserva muy bien, no me van los peludos, yo aún soy joven y me depilo.

Tan sólo me quedan las drogas y a esas reconozco estar enganchado. Con casi 47 años, mi droga es la comida, siempre salgo a pillar y el material que suelo encontrar siempre suele ser bueno, aunque esta claro que hay que saber buscarlo.

Un concierto a las 9:30pm es sinónimo de bocata y hasta en esto acertamos. En la calle Juan Antonio Zunzunegui Etorb, a escasa distancia de la boca de Metro de San Mames, nos encontramos con La Ibérica, una charcutería donde hacían bocadillos al momento.

Uno de paleta ibérica (bien cargado) con una cerveza al módico precio de 4,50€, no había tiempo para txuletones de asador, pero supo a gloria. Además pegado hay un kiosko para comprar pipas, una pastelería y un bar de copas, vamos que no pudimos encontrar mejor lugar tan cerca del estadio.

Las resacas ya no son lo mismo, ahora el motivo de quedarse pegado a las sábanas es por el cansancio de tanta hora de pié. Frescos como lechugas batavia emprendimos viaje de regreso sin rumbo fijo, la hora y ubicación nos marcaría el lugar del almuerzo.

A eso de las 13:30 pasábamos por Llanes y tocaba pensar, hice mis cálculos mentales y estos me situaban en Lastres para las 14:00. Para los de fuera, la villa marinera de Lastres con sus casas escalonadas, activará el resorte del recuerdo con la serie Doctor Mateo o el reciente spot de la Lotería de Navidad. Para los de aquí, inmediatamente pensamos en Casa Eutimio donde este restaurante-hotel, con su torreón al inicio de la cuesta de acceso al puerto, es imagen inseparable de Lastres.

Ya que os habéis tragado un poco de historia de la música, hablemos de la historia de este lugar emblemático, que a fin de cuentas de este va el artículo.

Los comienzos se remontan a 1964 cuando Rafael Eutimio Busta Otero y su mujer Aida Rosales Cambiella abren el Miramar, un pequeño local sito frente al actual. Ajenos al mundo de la hostelería pero con mucho amor por la profesión, estos emprendedores decidieron ganarse la vida con los fogones basándose en una cocina tradicional “de la abuela”.

Entre el fogón y la barca, por si les faltaba tiempo, alumbraron 7 hijos. Auténticos titanes, incansables trabajadores y con el pensamiento de alguien sin descendencia en 2017, unos locos. Pero viendo el resultado obtenido al esfuerzo, sin duda, el que estoy equivocado soy yo.

En 1976 habiéndose quedado pequeño el Miramar, compran y rehabilitan el edificio en su ubicación actual. Con los años han transformado la parte superior de la casona en un hotel de 11 habitaciones que ofrece unas vistas espectaculares.

Muchos son los éxitos obtenidos durante todos estos años, pero sin duda uno de los mayores réditos es saber que la continuidad está asegurada de mano de alguno de sus vástagos. Rafael, el único varón, ejerce de carismático anfitrión y jefe de sala junto a su hermana María Busta, que ha tomado plenas riendas de la cocina pese a su juventud.

Además de haberlo mamado desde niña, parte de su aprendizaje tuvo lugar en el emblemático Casa Fermín de Oviedo y es una de las integrantes más jóvenes del Club de las Guisanderas. A María le empiezan a sonreir los éxitos y recientemente acaba de alzarse con el primer puesto del 1er Concurso Nacional de Cachopos, algo que en este blog no podía pasar por alto y disfrutar en primera persona.

Con capacidad para 50 comensales, el restaurante tiene ese ambiente elegante y resulta luminoso. De no existir el edificio del Miramar las vistas serían prodigiosas, aún así nos conformamos con una de las mesas que tienen vista directa al mar.

Por ubicación, lo más sensato, es disfrutar de los frutos del mar en cualquiera de sus variantes, mariscos o pescados en diversas elaboraciones, pero en cuanto veáis y leáis acerca de su cachopo, la disyuntiva de carne o pescado se os hará cuesta arriba, por ello recomiendo no visitarles en solitario, entre dos podéis hacer un buen combo.

Para empezar y fuera de carta, nos ofrecieron un pulpo de pedreru de Lastres con boletus, sencillamente inigualable.

Para entretenerme me apeteció uno de mis mariscos preferidos, las andaricas o nécoras. Recién cocida y bien cargadita sofocó junto a la cerveza los calores del viaje.

Rape, besugo, virrey, merluza, mero, son los pescados que en la visita tenían, se ofrecen al horno o espalda exceptuando la merluza que puede ser a la cazuela o con la receta de Eutimio.

El elegido fue un San Martin o pez de San Pedro, no muy habitual en las cartas y que por su poca espina y textura es muy del agrado de aquellos que no nos gusta lidiar mucho con las espinas (tengo un trauma infantil al casi axfisiarme con la espina de un reo).

Fresco, perfecto con ese ligero toque de vinagre y unas patatas cocidas de acompañamiento.

El “cacholetus”, esta formado por un par de finos filetes de ternera asturiana IGP, jamón ibérico, queso Cueva de Llonín y boletus edulis.

La elección de este queso de leche de vaca elaborado en Peñamellera Alta resulta muy acertado por la tremenda cremosidad, que nos hace recordar a los Brie y Camembert. Se ve que no iba muy desacertado cuando hice mi receta de cachopo de setas y algún asturianista me puso en la picota por utilizar un queso Brie francés.

El empanado es brutal, ni un ápice de aceite y más crujiente que la Falla de San Andrés, no es broma, hacía ruido al cortarlo. El citado queso muy fundente, generoso, desbordante. El buen jamón se nota y el sabor de los boletus al igual que con el pulpo, divinos. Además esta bien acompañado por unas patatas y unos tomates cherry confitados.

De la ternura de la carne y el conjunto del cachopo, creo que con la siguiente anécdota os podéis hacer una idea muy gráfica. Como compartimos la carne y el pescado, mi amigo fue el segundo en afrontar el cachopo y sin darse cuenta lo fue cortado con la pala del pescado como si fuese espuma hasta que cayó en la cuenta, él y la camarera 🙂

Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición así que seguimos compartiendo hasta el postre. El semifrío de mango y chocolate está logradísimo, el chocolate es cacao del bueno, además adornan con un crujiente de azúcar como el de la costra del arroz con leche. Dulce pero sin pasarse, gustó mucho.

Y por si fuera poco, para rematar nos obsequiaron con unos vasitos de tarta al whisky caseros que nos dejaron con el mejor sabor de boca posible en esta nueva visita a Casa Eutimio.

Y ya que os he narrado una jornada de concierto y gastronomía completaré la historia dando un poco más de envidia. Para bajar la comida, con unos 22º en el ambiente y 18º en el agua, visitamos la vacía Playa de La Griega donde disfrutamos de 45 minutos de palas y uno de esos baños que siempre quedarán en mi memoria.

Casa Eutimio – C/ San Antonio S/N – Lastres (Colunga)      Tlf: 985 850 012

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