Bocamar


Bocamar – Marques de Pidal, 20  –  Oviedo    Tlf: 985 271 611 – 985 237 092

Si sonaran los acordes del Fly Me To The Moon de Sinatra, cerramos los ojos y al abrirlos tenemos frente a nosotros al mismísimo Woody Allen, muchos podrían pensar que se trata de una vivencia de la Gran Manzana cuando en realidad estamos en el centro de Oviedo.

Cuando Manuel Fernández abrió por primera vez las puertas de la Cafetería Aeropuerto allá por 1982, despegaba con un avión a hélices lleno de ensoñaciones. Un local amplio en el que se concitaban muchos viajeros con destino al Aeropuerto.

Pasaban los años y todos íbamos creciendo, de mis doce años iniciales en la apertura pasé a una adolescencia en la que se puso de moda jugar al billar americano y las cafeterías Aeropuerto y Rio Bamba eran nuestro lugar de encuentro. Cuan distinto es todo 30 años después, viendo a nuestros adolescentes hacer las mismas quedadas, pero en un McDonalds o plazoleta ávida de botellón.

Trás veinte años el Fokker F-50 de hélices decidió dar el salto a la turbina de un Airbus y convertirse en un restaurante marisquería, que desde comienzos del presente siglo, se ha consolidado en referente del buen comer en la capital del Principado.

Si hablaba de Woody Allen en el comienzo del artículo no es por casualidad, este genio cinematográfico recibió en 2002 el galardón del Premio Príncipe de Asturias a las artes y al contrario que otro genio, Bob Dylan, vino a recoger en persona el premio.

Fue tal el flechazo que tuvo con Oviedo, que años más tarde grabaría en la ciudad, alguna de las escenas de Vicky, Cristina, Barcelona. La ciudad ha sabido corresponderle y una estatua suya tamaño natural, luce mirando al Campo San Francisco.

Supongo que por recomendación o cercanía con el hotel de La Reconquista, recaló en el Bocamar y desde entonces, en cada visita que hace a la ciudad le reciben con los brazos abiertos, siendo uno de sus clientes más notables.

Por supuesto, con menos arte que el newyorkino, yo también me considero cliente y han sido numerosas mis visitas, de las que aquí recojo mis dos últimas. Ambas han sido celebraciones personales, una de ellas por el cumpleaños de mi fallecido padre, porque la no presencia física, nunca podrá eclipsar el recuerdo de quien hubiese cumplido 72 años.

La decoración del restaurante tiene alusiones a motivos marineros, desde su logotipo a un timón en la zona de bar o una escafandra de buzo en el comedor principal. Fotografías de personajes públicos, estampas del pasado y algunos cuadros de corte clásico visten sus paredes.

El comedor principal se caracteriza por un gran lucernario, mesas vestidas con una mantelería que conjuga el blanco y azul de clara alusión marinera. El servicio es muy profesional, discreto y amable.

Para beber una 1906 de Estrella Galicia y un aperitivo de manzanilla. Suelen servir algún pica pica de cortesía pudiendo encontraros con un pastel de cabracho , unas aceitunas o unas patatas aliñadas.

Juntando las comandas de ambos días os dejo por orden racional nuestras elecciones, en las que por supuesto no puede faltar algo de marisco, no en vano estamos en una marisquería y cualquier producto es de máxima calidad.

Ya sean unas simples andaricas (nécoras) o un bogavante, los puntos de cocción son impecables.

Unos calamares frescos siempre son una buena elección si tienen la categoría de estos.

Si hablamos de pescados, el respeto por la materia prima es máximo, su frescura hace que la mejor manera de disfrutarlos sea a la plancha y sus acompañamientos de patata cocida y tomate sean meramente decorativos, menos es más.

Este año voy con un poco de retraso en el disfrute de la costera del bonito del norte y esta fue mi primera ventresca, pero vaya ventresca, pura mantequilla.

Otro de los platos fue un mero, un pescado que no suelo pedir pero que resulta muy sabroso y tiene muy poca espina. Sin duda manejar formatos grandes, favorece el resultado en plato.

Para finalizar, una merluza a la cazuela, todo un clásico que nunca defrauda.

A los postres, tan solo pude probar este tiramisu, muy refrescante y con muy buenas texturas.

Aunque no pidáis postre no os marchareis sin algo dulce, a los cafés sirven unas tejas caseras que son estratosféricas, por tamaño, grosor y potente sabor a almendra puede que sean las mejores que haya probado nunca.

Poco más puedo añadir a un restaurante que resulta imprescindible para cualquier amante de los productos del mar. Los ríos tampoco se quedan atrás y en una apuesta personal de Manuel Fernández, Bocamar se hizo con el Campanu del Narcea en 2009 pudiendo ser disfrutado por unos pocos elegidos.

Feliz vuelo!

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