Pollo Thai Afrancesado


La receta del artículo no tenía por destino original formar parte del blog, tan solo una reseña en la versión Facebook durante el fin de semana, pero salíó tan sabrosa que es una pena dejarla en el olvido.

Y os preguntareis del por qué de este título. Obviamente contiene muchos ingredientes de salserío thailandes, pero el remate final con nata me recordó mucho a esas clásicas salsas francesas que tuvieron mucho auge en nuestro país.

No había restaurante elegante que no ofreciese su solomillo con salsa a la pimienta verde o negra, o esa salsa al Oporto. Un tipo de cocina algo trasnochada pero que no deja de ser suculenta, aunque yo no sea muy partidario del uso de las natas.

Si hablamos thai, os imaginareis que la salsa está bastante especiada y resulta muy alegre. Para ello he utilizado la famosa salsa sriracha, hecha con chiles y que es originaria de una pequeña población donde la elaboraban con chiles maduros, vinagre, ajo, azúcar y sal. Su fama traspasó fronteras y hoy en día es consumida a nivel mundial

La otra salsa es una característica agridulce, chile con jengibre, que le aporta esos matices algo dulzones.

La base no deja de ser un pollo con cebolla y champiñones naturales. La forma rara que veis del pollo, es porque es un reciclado de la masa de unas hamburguesas que había preparado el día anterior. Había que darle salida y por no repetir se me ocurrió esta receta sobre la marcha.

Para su elaboración pelamos y cortamos la cebolla en juliana y la pochamos en una sartén, luego le agregamos los champiñones laminados, ponemos un poco de sal para que suden y suelten el agua. Cuando esté listo retiramos y reservamos.

A continuación hacemos el pollo, cuando este bien dorado incorporamos el pochado de cebolla y champiñones. Regamos con abundante salsa sriracha y no demasiada chili ginger. Agregamos un poco de agua y llevamos a ebullición, finalmente ponemos la nata, removemos todo y pasamos a fuego fuerte hasta que todo quede bien ligado y la salsa tenga una buena consistencia cremosa.

Rematamos con un poco de sésamo y servimos sola o acompañada de unos noodles o arroz jazmín. Mi opción fue la primera, para mojar con pan, algo que en Asia no existe y que echareis de menos con muchas salsas.

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