MasterChef 3


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Recientemente celebraba el aniversario del blog haciendo un resumen del año transcurrido y los hitos alcanzados. En un principio, tenía pensado incluir esta experiencia, pero rápidamente me dí cuenta que era merecedora de su propio artículo.

Lo que empezó como un juego, un lanzar una moneda al aire, acabo convirtiéndose en una vivencia realmente difícil de olvidar, repleta de sentimientos, ilusiones y por supuesto, cierta dosis de decepción.

Soy asiduo seguidor de los programas de cocina y hemos de remontarnos al año 1984 cuando TVE estrenaba Con Las Manos En La Masa. Conducido por Elena Santonja, durante siete años este programa entró a diario en los hogares españoles con aquella pegadiza canción de la que Sabina formaba parte. Luego llegaría el dicharachero Karlos Arguiñano revolucionando los platós con su perejil y sus chistes.

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De aquellos días hasta hoy, con el nacimiento de las cadenas privadas, muchos han sido los que incorporaron este formato. Era hora de dar una vuelta de tuerca, la cocina resultaba muy mediática, grandes chefs eran constante noticia en televisión y prensa escrita, los fogones se habían revolucionado. Aprovechando este punch pasamos al formato competición en sus adaptaciones amateur o profesional.

Creo que el gran éxito de Masterchef ha sido poner cara a la marías y pepes de este país, gente anónima con la que nos sentimos muy identificados. Ver semanalmente sus carencias, progresos y emociones transmite mucha empatía. Son juzgados por reconocidos profesionales sin pelos en la lengua, de ahí la credibilidad, aunque siendo televisión sepamos los roles que unos y otros desempeñan.

A nivel particular, seamos asiduos de la cocina o la pisemos menos que la cola de un vestido de novia, todos tenemos algún plato que creemos bordar y nos gustaría que alguien con conocimiento nos pudiese valorar.

A sabiendas de la gran dificultad que encerraba, me propuse el reto. Sin duda, éste era el año para intentarlo, la carga de trabajo es exigua y no me ataba ninguna relación sentimental, bien podía desaparecer unos meses.

Mis motivaciones para entrar en el programa eran bien simples. Buscaba una gran oportunidad para aprender de profesionales, crecimiento de la autoestima y poder comprobar si realmente me podría ganar la vida con una de mis pasiones. Nunca se me paso por la cabeza ganar el concurso, aunque ya os digo que de haber entrado habría dado mucha batalla por conseguirlo. El objetivo era mantenerme cuantas más semanas mejor y poder sacar partido al aprendizaje de las clases y pruebas que proponen.

Los que me conocen bien siempre me han visto como una persona que podría dar bastante juego televisivo, soy bastante “personaje”, no me asustan las cámaras y el umbral de mi sentido del ridículo está muy alto. Tengo un carácter afable que favorece las relaciones personales, no me callo ni debajo del agua y aunque soy competitivo, sé reconocer cuando otros lo hacen mejor.

Con todos estos mimbres y desde el más estricto de los silencios con el otoño ya avanzado, me inscribí en la web enviando una fotografía reciente y comentando algunas de las motivaciones descritas anteriormente. El 2 de diciembre recibí un correo donde me daban la bienvenida al casting de Masterchef 3, pensé que era algo rutinario hasta que mi amiga Marta me abrió los ojos haciéndome ver que aquello ya iba en serio.

Nos dieron ocho días para enviar una extensa documentación entre la que se incluía: un cuestionario de dos hojas, una redacción personal, fotografías, documento de cesión de imagen, vídeo de presentación personal y vídeos de una receta donde debía presentarla, destacar alguna parte de la elaboración y el emplatado.

Como podréis imaginar los nervios se apoderaron de mí, tanto en tan poco tiempo. Menos mal que no tenía nada planificado para el puente de la Constitución e Inmaculada y pude dedicarle unas cuantas horas. Tenía que buscar un plato que lo bordara, que a la vez resultara atractivo y reflejara mis habilidades en la cocina. Tras muchas vueltas a la cabeza, decidí que el elegido sería el risotto de confit de pato, boletus y foie, no podía fallar.

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Buscando el apoyo de mi amiga Isabel Vallejo, concluimos que había que darle la vuelta al formato de presentación y plantear algo que se pudiese comer en pocos bocados. Así fue como empleé la piel crujiente a modo de tosta, un formato mucho más efectista.

Las grabaciones resultaron de lo más divertido, el making off daría para un programa entero del Club de la Comedia. El resultado, para no ser profesionales, fue inmejorable. Los vídeos quedaron bastante naturales y el risotto estaba de escándalo. Ahora sólo quedaba esperar noticias.

Pasaron los días y llegaron las navidades sin saber nada, me fui a Escandinavia con el miedo a poder perder una oportunidad por no reaccionar a tiempo con lo próximo que fuesen a pedir. El día 30 recibo un correo estando en Mälmo, seguía en la pomada y la próxima cita era ya un casting presencial el 19 de enero en Bilbao. Menuda excitación y qué manera de despedir el año, mi cabeza entre el sueco y Masterchef estaba que explotaba.

Para estos casting presenciales las ciudades elegidas fueron Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y Sevilla. Por cercanía mi primera elección fue Bilbao y la segunda Madrid. Yo contaba con unas 500 o 1000 personas pues para Bilbao lo razonable era que se acercasen gallegos, asturianos, cántabros, vascos, navarros y castellano-leoneses.

Nos dieron algunas instrucciones, había que llevar un plato y tendríamos 20 minutos de tiempo para hacerlo, terminarlo y emplatarlo. No tendríamos fogones, hornos o microndas, pero estaba permitido llevar lo que entendiésemos necesario para elaborar y presentar nuestro plato. Obviamente, y aunque se nos dijo que el jurado tendría en cuenta los contratiempos y vicisitudes, la idea del risotto pasaba a mejor vida. Aunque hubiese llevado todo lo necesario, para el momento que los jueces pudiesen valorarlo podía convertirse en arma arrojadiza, debía recurrir a un Plan B.

Tiré de memoria histórica y se me ocurrió hacer una mezcla de dos recetas, algo que pudiese transportar con facilidad y sobre todo que fuese un plato para comer en frío. El plato en cuestión sería un tartar de salmón con mango con una sopa fría de coco y cilantro. Tuve tiempo suficiente para hacer las pruebas, rectificar sabores y complementos, diseñar un emplatado y preparar la logística del transporte, no quería dejar nada en manos de la improvisación.

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Cada día que pasaba se me ocurría alguna idea diferente, hasta que dí con la definitiva. Tenían que quedar boquiabiertos y cuando pensé en presentarlo dentro de una cáscara de coco natural tuve la sensación de haber descubierto la penicilina. Ahora debía ejecutar la idea, comprar un par de cocos e intentar sacar un cuenco lo más perfecto posible. Por su forma picuda busqué el más plano en base para que tuviese un sustento adecuado. Después me puse a serruchar, a ojo y con mucha paciencia conseguí una simetría casi perfecta sin falta de lijar.

Aunque tengo buenos amigos viviendo en Bilbao preferí coger un hotel por causar las menos molestias posibles. La cita coincidía en lunes y no podía apurar el reloj así que el domingo con calma partí junto a mi amiga Marta, cómplice de buena parte de este sarao. Había sido mi ayudante en las grabaciones y coincidió que por esas fechas estaba de vacaciones, aceptó mi invitación y para allá nos fuimos con una maleta llena de comida e ilusiones.

Aunque los termos que me prestó mi madre son excelentes, al tratarse de pescado crudo, el hotel podía tener spa, peluquería y hasta parque de atracciones pero lo más importante era que fuese céntrico y sobre todo, que tuviese mini bar, un lugar donde mantener refrigerados mis alimentos sin romper la cadena de frío. El NH Collection Villa de Bilbao, a escasos 100 metros del Palacio Euskalduna reunía todas las características para poder acudir puntual a mi cita de las 9:30am.

La noche no fue nada buena, muchos nervios y tensión acumulada. Suena el despertador a las 7:00am y me pongo a cocinar sobre una mesa de la habitación, tabla, cuchillo afilado, pelar y cortar la cebolleta, trocear en dados pequeños el salmón y el mango, emulsionar la yema de huevo, bajar a por hielo para llenar el termo….menos mal que la sopa de coco y cilantro la había cocinado en casa de madrugada el día antes de partir.

http://www.rtve.es/m/alacarta/videos/masterchef-3/arana-trae-mejor-del-casting-masterchef-3-bilbao/3064601/?media=tve

Cargando una bolsa que pesaba un quintal, a las 9:20 ya me encontraba en la cola. Lo primero que me llamó la atención fue la poca gente que había, nos había reclamado puntualidad y me sorprendió los pocos que éramos. Estábamos sufriendo una ola de frío y nieve, ¿tantos se habrían quedado por el camino debido al temporal?.

En la cola, pegado a mi se encontraba un chico cuya cara me resultaba familiar, menuda coincidencia, mi ojo clínico no falla y resulta que era de Oviedo. Nacho, un policía con el que rápidamente conecté, después hemos tirado del hilo y resulta que tenemos amigos comunes. Junto a nosotros estaba María José, una guapa logroñesa con mucha soltura, que nos hizo salivar con las manitas de cerdo rellenas que presentaba.

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Grabación de algunas escenas haciendo la ola, algunas entrevistas, el show daba comienzo. Una vez dentro nos mandaron ponernos nuestras mejores galas, delantales, gorros….cada cual a su estilo. Para la ocasión creé un logotipo de Fuego de Mortero que hice bordar in extremis en Asturiana de Bordados, les estoy muy agradecido por la prioridad y molestias que se tomaron.

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Pasamos uno a uno recogiendo nuestro dorsal, allí me dijeron que había sido uno de los primeros en apuntarme, exactamente el 443. Este número determinaría nuestra posición en las mesas, en mi caso me permitió estar en primera fila siendo espectador de lujo de todo lo que allí iba a pasar.

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Esther González, Directora de Casting nos dió la bienvenida y nos explicó lo que allí iba a suceder. Nos desveló que, a esta edición, se habían presentado unos 15.000 concursantes y que los presentes allí éramos tan sólo 70 porque ya habían hecho una criba muy importante gracias a toda la documentación aportada. Todo cobraba sentido y ya habíamos averiguado el por qué de tan poca gente, sin duda un gran orgullo haber llegado hasta allí y mucha más responsabilidad.

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Pistoletazo de salida y todos nos ponemos a preparar nuestros platos, no disponemos de mucho espacio y tenerlo todo bien organizado ayuda a poder trabajar con más calma y soltura. Preparo el plato con su decoración de piedras y trozos de azulejo, abro los diferentes termos y completo el tartar añadiendo más mango, los piñones que aportarían cierto crujiente, trituro en mortero un poco de pimienta de Jamaica,añado el sésamo negro, mezclo bien y emplato dentro del coco manteniendo el aro y coronando con unas huevas de salmón. Aderezo la sopa con unas gotas de aceite de sésamo, ralladura de lima, un toque de shichimi togarashi, coloco el bowl sobre un lecho de musgo de Irlanda, relleno el mini mortero con unos trocitos de coco y remato con una flor de orquídea natural, han pasado los 20 minutos, manos arriba!!!!!!. La suerte estaba echada.

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Turno de los chefs del programa para ir probando cada uno de los platos, sin duda una labor complicada pasar de la tarta de queso deconstruida de mi compañera logroñesa Merche, a mi tartar, y seguir con la ensalada de bacalao de César, un leonés que estaba a mi izquierda. Al estar en primera fila soy de los primeros en ser juzgado, el chef David, integrante de la plantilla de cocineros de Masterchef, prueba el tartar y comentamos la receta, echó en falta un poco de sal y aunque no estaba soso, tampoco me había querido pasar, no todos tenemos los mismos gustos, al coger las huevas de salmón la cosa cambia y me da su aprobación. Su cara me dijo mucho y me veía con posibilidades.

Mientras los chefs pasaban juzgando, diferentes personas de la organización fueron pasando haciéndonos entrevistas informales. Cuando se acercó Esther, tuvimos una conversación muy entretenida, nos tenían a todos controlados, sabía de cabo a rabo todo lo que les habíamos contado en nuestros vídeos y cuestionarios. Bromeamos con mi soltería, pero parece que sus amigas y compañeras solteras y yo, nos quedaremos con las ganas de conocernos.

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Pasaban las horas y el cansancio hacía mella, mucho tiempo de pie y la impaciencia de saber la decisión de los jueces. Sin duda acerté cambiando la receta, aunque hubiese llevado algo caliente, hubo compañeros a los que tardaron más de hora y media en probar sus platos. El examen fue concienzudo y pasaron con cada uno de nosotros un buen rato. Por fin habían terminado y se retiraron a deliberar, mientras, nos visitaron Aimar de Masterchef Junior 1 y Mendicuti del 2. Realmente unos niños sorprendentes, vaya cómo controlaban y todas las preguntas que hacían, creyeron que mis piedras se comían.

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Se abrió la puerta y todos empezamos a temblar, había llegado el momento. El mismo David fue el encargado de ir recorriendo las mesas entregando el tan deseado cucharón. Al ir por orden, mi calvario iba a terminar pronto, cuál sería mi sorpresa al ser el primer elegido, soy bastante frío pero, he de reconocer, que me emocioné mucho y abracé a mis compañeros. Cómo me hubiese gustado tener allí a mi madre…  la cámara grabando captaba mis primeras impresiones y sentimientos, una sensación indescriptible.

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Uno a uno hasta entregar 16 cucharones, fui viendo cómo se frustraban las ilusiones de unos y se exaltaba la alegría de otros. Nacho, María José, Merche y César no lo habían conseguido pero otros como Alma, Berta, Julia, Víctor y Mustafa serían mis compañeros de viaje en la segunda parte del día.

Ya por la tarde crearon dos grupos de ocho, tocaba cocinar en serio. Creo que a todos nos cogió de sorpresa y no esperábamos que ese día fuésemos a realizar más pruebas, creíamos que de pasar iríamos citados a otro casting en una ciudad diferente. Unos a las 16:15 y otros a las 18:15, aunque a mí me había tocado en el primero, le cedí el turno a una chica que tenía problemas para poder encajar la siguiente hora. Había ido a disfrutar de la experiencia, a pasármelo bien, y aunque el viaje de regreso era largo, no tenía ninguna prisa. Me fuí a mal comer, con tantos nervios, tenía el estómago cerrado.

Paseando por la Gran Vía me encontré con la Alma Sehovic y su marido, imposible no verlos, él mide 2,22. Cambiamos impresiones y compartimos nervios, hablamos de todo un poco y es que ella también tiene un blog http://www.almasehovic.com. Cuando le dí el mío, al grabarlo le salió como página visitada, ella presentó un steak tartar y me dijo que buscando recetas de otros encontró el mío, que era el que más se parecía al de ella, vaya casualidad!!!!.

Había llegado la hora de volver al Euskalduna. Nos indicaron lo que nos íbamos a encontrar, según entramos a la derecha, un pequeño supermercado y a la izquierda una mesa con los ocho puestos de cocina. Con los nervios a flor de piel fuimos desfilando, analizamos y comentamos entre nosotros los productos que allí había, bastantes cosas aunque ni punto de comparación con el que vemos en la televisión. Tendríamos que cocinar un ingrediente sorpresa que estaba escondido en una caja común, entre todos levantamos la caja y allí aparecieron unas vieiras.

Comentamos entre todos qué recetas se nos ocurrían, yo me decanté por una vieira rellena, ya la tenía publicada en el blog y para la presentación, la famosa concha del peregrino da mucho juego. Pasaron a explicarnos el funcionamiento de las placas, horno y los utensilios de los que disponíamos. Con los nervios no recuerdo si nos dieron 45 minutos o una hora, sólo sabía que debía estar muy concentrado y sacar mi plato a toda pastilla.

Preparados?, cámaras, acción!!!. Lo primero era hacer una bechamel que es lo que me llevaría más tiempo. Mantequilla, harina, leche, sal y pimienta, vamos como las miles de veces que la había preparado pero, cuál sería mi sorpresa al comprobar que no tenían mantequilla, comienzan los sudores, tengo que hacerla con aceite, sería mi primera vez y no estaba dispuesto a cambiar a otra receta, era un reto que debía afrontar y sacar adelante.

Busco una cuchara de palo y sólo tienen las de silicona, casi me entraron ganas de utilizar el cucharón que me habían dado. Pues nada, a tirar de varilla metálica, otro contratiempo más, nunca la utilizo para la bechamel porque hasta que coge la cremosidad la masa se queda en el interior. Voy a por la leche, la única botella de vidrio blanca que había, vierto la cantidad inicial necesaria y me dice uno de los chefs que si no será demasiada nata, como???????, nata!!!!!!!, madre del amor hermoso, ¿dónde está la cámara oculta?, ésto no puede empezar peor. Tengo que rebajar con agua sobre la marcha, de saberlo habría mezclado la proporción necesaria antes de echarla. Poco a poco va tomando forma en unas placas que subía de intensidad al 30 y que cuando retirabas algo del fuego empezaban a pitar como locas. Añado sal, pruebo muchas veces y al final consigo la textura adecuada aunque el sabor difiere de la que preparo habitualmente.

Como no hay gambas, langostinos u otro marisco que potencie la bechamel me las debo ingeniar. Pochamos ajo y unas chalotas, añado vino blanco, evaporo, caldo de pescado y reduzco. Todo para la pota de la bechamel, en la misma sartén salteo una vieira y el coral de otra, disponíamos de dos por persona. Troceo y paso a triturar todo el conjunto, no está mal pero le falta más sabor así que utilizo unas lonchas de buen jamón, bien picadito lo salteo e incorporo. Quiero gratinarla, cojo el único queso disponible, un tipo emmental, de los más insípidos del mundo, rallo encima y para el horno a gratinar. Nueva sorpresa, no existe la función gratinado en ese horno y ya van ni se sabe las dificultades encontradas. Mientras funde preparo el emplatado, unas hojas de rúcula aliñadas sobre las que colocar la concha, medio tomate con unas ramas de tomillo, retiro la vieira del horno, marco el corazón de la otra vieira a fuego fuerte para no pasarme en su cocción, la coloco encima de la bechamel y rallo un poco de lima para terminar de dar color.

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Pocas veces en cocina había encontrado tantas dificultades juntas. Me preguntan por el nombre del plato y sobre la marcha se me ocurre “El Peregrino Que Perdió El Norte”, un juego de palabras en alusión a las dificultades y a la mezcla de ingredientes mar y montaña. Se acerca David y me pregunta qué tal, le respondo que satisfecho pero no contento, soy capaz de hacerla mucho mejor, aún así la bechamel tenía una cremosidad perfecta y la vieira estaba marcada al punto pero no tenía la potencia de sabor que yo hubiese deseado.

Creo que fui bastante organizado y metódico, también mantuve mi área de trabajo limpia, como a mí me gusta y como debe ser. Ahora tocaba una entrevista personal con prueba de cámara, pan comido, ni un solo nervio, parecía una cotorra. Habían pasado 12 horas desde que puse mis pies en el Euskalduna, tocaba relajarse y soltar toda la tensión con una buena caña antes de emprender viaje de vuelta.

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Ahora sólo quedaba esperar noticias, ¿sería uno de los 50 que llegara al casting de Madrid?. Pasaron los días y mi padre estaba ansioso y nervioso como nunca lo había visto. Aunque no había dado publicidad y lo he llevado bastante en secreto, por convicción personal y en un momento dado por reglas del programa, algunos amigos íntimos pensaron que estaría en Madrid pero que no podía decirlo. Tres semanas y poco después me informaron que no era uno de los elegidos.

Algunos se han llevado una gran desilusión, me veían incluso dentro del programa. Como comenté al principio siempre supe que ésto era un juego y aunque podía tener mis oportunidades, sería muy difícil que entre los 15.000 no hubiese gente más guapa, más simpática y mejores cocineros que yo. Claro que me entristeció la noticia, pero estoy realmente satisfecho de donde llegué, estar entre los últimos 80 ha sido todo un éxito. Me he demostrado de lo que soy capaz y sobre todo me he divertido mucho.

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Cocinar bajo presión, con un ingrediente sorpresa, en modo competición, ha sido un gran aprendizaje, he vivido una experiencia Masterchef casi al completo, me he llevado unas cuantas amistades y espero ver a alguno de los que estuvieron conmigo en Bilbao cocinando delante de Samantha, Pepe y Jordi. Yo lo viviré en el sofá de mi casa con los mismos nervios, ya durante los Junior tuve esas sensaciones así que no quiero pensar como viviré esta nueva edición de Masterchef 3

Gracias a Masterchef, Shine Iberia y todos aquellos que me han apoyado e ilusionado con este ambicioso proyecto personal. Gracias también a todos los que habéis llegado al final de este artículo, acabáis de leer nada más y nada menos que 3.515 palabras. Espero no haber hecho la lectura muy aburrida.

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15 comentarios en “MasterChef 3

  1. Hola……… que ganas tenía de escribirte CAMPEON…. desde que supe de yu blog el día 19 de enero, no he dejado de leeryte puntaulmente y ya me sé de memoria casi todas tus recetas, jajaja…….

    Pues hoy ha sido el día, después de ver lo quepublicas hoy, no me ha quedado más que ponerme a la máquina de las teclas ( con lo poco que me gusta), y edcirte dos cositas. La primera, ENHORABUENA!!!! , eres todo un artista de los fogones y un vividor gastronómico y viajero que me dá una envidia que me mata pero que me hace disfrutar cuando te leo. Y la segunda, que esta noche tengo cena con mis compañeros cocinillas y me toca cocinar a mí ….y sabes lo qué voy a poner???, un gazpacho de mango sobre la base del tuyo de caqui y un timbal de pote gallego que ya probé el lunes y me quedó riquísimo……y porrrrrr supuessssstoooo diré que es copia de un asturiano encantador que conocí un 19 de enero. Sigue cocinando con ese entusiasmo y no dejes de publicarlo porque nos entretiene y nos ayuda a muchos como a mí, que a pesar de gustarnos cocinar no somos ni la mitad de creativos que tú ni tenemos la posibilidad de comer en los sitios que tú lo haces. Un abrazo enorme de esta logroñesa  que te sigue……..muaaaaaaaa

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    1. María José?, dime que eres tú. Estuve hablando con Nacho y no te teníamos localizada, queríamos pasarte el enlace de un video en el que sales http://www.elcorreo.com/videos/bizkaia/201501/19/recetas-picantes-para-entrar-3998186610001-mm.html
      No sabes como me ha emocionado leer este mensaje, menudo sorpresón. Te voy a matar, todo este tiempo de seguidora en la sombra y yo sin saberlo. Que dos buenas recetas has elegido y para ti seguro que han sido pan comido. Espero que les guste a tus compis cocinillas. Supongo que sabes que tengo una version Facebook, si quieres mándame unas fotos y las comparto. Publicar recetas y que otros las repliquen me enorgullece mucho. Un día que me acerque a Logroño nos tomamos algo, tengo ganas de conocerlo pues nunca he estado. Ya ves tanto viaje y lo más cercano lo vas dejando con la excusa de que está a tiro de piedra. Un besazo.

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    1. Me vas a matar pero ahora me despista el nombre, eres la chica morena del karate?
      Por mi parte y con lo que lo disfruté me tienen ganado para el MC4.
      No tengo ni idea, deseando que empiece y ver alguna cara conocida.

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  2. Creo que llegar hasta ahi es todo un éxito, he sentido una gran envidia sana leyendo todo el texto, ya tener ese cucharón es una pasada! Sólo te puedo aplaudir y animarte para la próxima edición!!! Yo creo que sería incapaz de ponerme delante de todas esas cámaras jaja además la presión como la has contado tiene que ser la leche.. Ya te digo envidia sana!! Y enhorabuena que ya quisieran muchos ese cucharón!!

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